En una noche lluviosa, don José manejaba su taxi en avenida Héroe de Nacozari de sur a norte, casi para llegar a la Glorieta del Quijote, en una parada de camiones, justo frente a un centro comercial una mujer le hizo la seña para que se detuviera. Vestía una falda larga bastante anticuada de color gris, una blusa blanca y zapatos negros bajos así como de tela. Se cubría la cabeza con un reboso negro. Ella subió al asiento trasero del taxi, don José miro por el espejo retrovisor no pudo distinguir la cara de la mujer, sin que ella se lo indicara se dirigió a la colonia Alta Vista al parecer involuntariamente, al llegar a la calle Santa Irene esquina con Carlos Averedo, sintió que ella puso su mano sobre su hombro. Experimento un frio intenso, detuvo el auto, cerca de su oído escucho una mezcla sobrenatural de rezares y/o palabras oraciones y gemidos, al voltear hacia atrás; don José, vio como la mujer desaparecía ante sus ojos. Acelero el taxi a fondo para alejarse del sitio; eran casi las 2 de la mañana por lo que decidió regresar a su casa, la cual se ubicaba en Jardines de la Cruz, cuando menos pensó iba circulando por la avenida López Mateos, casi llegando a la glorieta, pensó evitar pasar por donde recogió a aquella mujer- no lo hizo- al llegar a la glorieta miro hacia la parada de camiones donde había recogido a aquella fantasmal mujer y ahí estaba ella de nuevo; a la distancia noto como ella volteaba hacia el y de pronto don José, sintió aquella mano sobre su hombro y escuchó nuevamente aquel sonido, desde entonces don José nunca volvió a pasar por las noches por ese lugar.
jueves, 18 de diciembre de 2014
lunes, 15 de diciembre de 2014
La Monja que flotaba

En 1978, todos los domingos Doña Carmen asistía a misa de seis de la mañana, su hijo que entonces tenia seis años, la acompaño aquel día, había poca gente casi a oscuras pero súbitamente una monja apareció cerca de ellos, la madre no lo noto, el hijo se sintió inquieto; el abito no dejaba ver cara, manos, ni pies de la monja.
La monja comenzó a moverse hacia el altar de la iglesia, entonces el niño descubrió que no caminaba iba flotando, el niño solo pudo gritar:
-¡Mira mami!
Al escuchar los gritos de terror aquel ser volteo intempestivamente hacia ellos y reclamo:
-¡ACASO YO NO TENGO DERECHO DE ESTAR EN LA CASA DE DIOS!
El niño, ahora adulto, no ha vuelto a esa iglesia porque tal ves ella aun siga ahí.
La Muñeca que Envejecio Extrañamente

Una señora decide abrir su ático después de varios años, y se lleva una gran sorpresa encuentra la muñeca de su hija envejecida, parecia una momia.
Cuando las muñecas se descomponen, pueden tomar las formas más horribles, ojos haciendo estallar hacia fuera, la descomposición de plástico, las mandíbulas de goteo, los miembros rotos y así sucesivamente. De hecho, el más macabro de piezas artísticas son de las muñecas. Hay muñecas espeluznantes que se venden en eBay sólo para satisfacer sus curiosidades! pero, he aquí una historia escalofriante, a la que ninguno tendría comparación.
Jim Eaton, investigador de lo paranormal, recopiló más de una historia espeluznante en su serie de libros. Hay una historia espeluznante de una de sus muchas experiencias, que comenzó con una familia aparentemente normal la familia le compra una muñeca aparentemente normal para su hija.
Al igual que cualquier otra chica de su edad, la hija jugaba con la muñeca con el mayor entusiasmo, pero en un momento, la niña creció y ella encerro a su muñeca en su ático. Probablemente te estés preguntando por qué los detalles de la familia en cuestión nunca han dado a luz, que es debido a su firme insistencia en el anonimato. La muñeca, así encerrada, quedó en el olvido durante varios años.
Unos once años más tarde, los familiares decidieron que era hora de reorganizar su ático. Para su sorpresa, ya que continuaron su expedición de limpieza, de ahí salió una vieja muñeca arrugada remanente de lo que podría llamarse una muñeca. Era como un ser humano envejecido, las arrugas, la piel, e incluso demasiado grandes ojos brillantes que eran tan realistas que se convirtieron en la parte más espeluznante de esta muñeca de maravillas.
Al principio, incapaz de reconocer, la familia era seguramente sorprendida. Pero más tarde, al ver la ropa de la vieja arrugada, reconocieron como era la misma ropa de la muñeca brillante que una vez habían comprado para su hija. La familia asustada dio la muñeca a un nuevo propietario, que, a su vez, lo vendió fuera a otro propietario de una gran suma de dinero. Nadie sabe qué pasó con la muñeca después de eso, esta imagen, capturada justo antes de las manos de la muñeca cambia, es la última pista que nos queda.
Se puede decir que la muñeca simplemente se había descompuesto. Sin embargo, los expertos saben que las muñecas tienden a agrietarse a medida que decaen, debido a su fragilidad, no se arrugan como una momia. Muchos han afirmado que la muñeca estaba embrujada o poseída, por algún espíritu que posee lograr este cambio sobrenatural.
Existe la posibilidad de un engaño, aunque uno podría preguntarse por qué se podría ir a tales extremos para crear un engaño que les dio nada. La primera familia permaneció totalmente anónima, por lo que no se trata de conseguir la fama. Aunque la muñeca no termino a ser muy cara, la primera familia sólo la dio de forma gratuita, por lo que no se benefició monetariamente. Se sabe muy poco acerca de esta historia, pero en realidad es una historia llena de misterio y algo espeluznante.
lunes, 27 de octubre de 2014
HISTORIA ESPELUZNANTE SOBRE ANNABELLE
En 1970 una madre compró a su hija de 20 años una inocente muñeca de trapo que, con el correr de los días, pareció cobrar vida.
Una de las presencias sobrenaturales más aterradoras que aparecen en la película de terror “El Conjuro”, la taquillera cinta del director James Wan basada en hechos reales ocurridos en la década del 70’ en la casa de la familia Perron en Rhode Island, Estados Unidos, es una muñeca diabólica llamada Annabelle.
Si bien en la historia real de los sucesos paranormales que afectaron a la familia Perron no aparece esta muñeca (el director James Wan la rediseñó para darle un aspecto más inquietante), su existencia fue totalmente verídica. Y los pormenores de su caso, que le harían erizar los cabellos al más valeroso, también fueron investigados por Ed y Lorraine Warren, la famosa pareja de demonólogos e investigadores paranormales que aparecen en la película “El Conjuro” luchando contra los espíritus malévolos de la casa.
La historia de espanto de la muñeca Annabelle comenzó en 1970, cuando una madre compró en una tienda especializada una vieja muñeca de trapo, de la tradicional línea de productos infantiles conocidos como Raggedy Ann, para regalársela a su hija Donna, una joven de 20 años que estudiaba enfermería. Lo primero que hizo la muchacha, que compartía un apartamento con una amiga llamada Angie, fue poner a la muñeca en su cama.
Pero a los pocos días comenzaron a suceder cosas extrañas. La muñeca, que siempre era dejada por su dueña en el dormitorio o en un sillón en una posición horizontal y con las piernas cruzadas, comenzó a aparecer misteriosamente en otras partes de la casa. Aparecía en el comedor, en posición vertical o de pie, o bien arrodillada en la puerta de entrada, como si de repente hubiera comenzado a moverse por sí sola. Para empeorar la situación, las dos moradoras del apartamento comenzaron a encontrar mensajes escritos en un papel de pergamino, con una letra de niño pequeño, que decían: “Ayúdanos” y “Ayuda a Lou” (Lou era el nombre del novio de Donna).
El siguiente incidente también fue sorprendente. Las dos amigas encontraron a la muñeca con gotas de sangre en su pecho y sus manos, por lo que decidieron buscar la ayuda de una médium para que hiciera una sesión de espiritismo en el mismo apartamento. De ese modo supieron que el presunto espíritu que animaba a la muñeca correspondía al de una niña de siete años llamada Annabelle Higgins, quien había muerto trágicamente hace muchos años en el mismo lugar donde vivían.
El espíritu, además, le comunicó a la médium otra cosa inquietante. Dijo que se sentía en paz viviendo con Angie y Donna, por lo que quería seguir viviendo en la casa bajo la forma de la muñeca. Las dos chicas, compadecidas por la historia de la niña muerta, respondieron afirmativamente. Ignoraban que el supuesto espíritu de Annabelle escondía en verdad a una presencia ominosa.
La muñeca diabólica
Lou, el novio de Donna, fue el primero en sufrir las consecuencias. El joven no sólo había querido deshacerse de la muñeca desde la primera vez que la tuvo en sus manos, sino que también comenzó a sufrir recurrentes pesadillas con el juguete. Una noche, tras despertar de un mal sueño, miró al pie de su cama y vio, estupefacto, la aterradora figura de la muñeca de trapo. El juguete trepó en cuestión de segundos a su cama e intentó estrangularlo, aunque sólo consiguió desmayarlo.
Tras recuperar la conciencia, Lou se dirigió de inmediato a la casa de su novia decidido a destruir a la muñeca. Pero, tras llegar y saludar a Donna, escucharon ruidos procedentes del dormitorio de la chica, como si varias personas estuvieran hablando allí. Al entrar no vieron a nadie, sólo a Annabelle sentada en una esquina. En ese preciso momento Lou se tocó el pecho transido de dolor. Cuando se abrió la camisa, que sorprendentemente estaba empapada en sangre, descubrió que tenía siete marcas de garras distintas, tres verticales y cuatro horizontales, que le desgarraban la piel como si fueran quemaduras.
Convencidos definitivamente que el espíritu que animaba a la muñeca era hostil y maligno, Donna y sus amigos se pusieron en contacto con algunas autoridades eclesiásticas, quienes los pusieron en contacto con Ed y Lorraine Warren. Esta pareja de investigadores paranormales llegó de inmediato a la conclusión más obvia: el espíritu que se encontraba unido a la muñeca no era el de una inocente niña, sino que una presencia diabólica no humana que deseaba poseer el alma de Donna.
Los Warren, para mantener a salvo a los tres jóvenes, decidieron llevarse a Annabelle a su casa y lo consiguieron a duras penas. En el viaje el motor, la dirección y los frenos del auto comenzaron a fallar y los desperfectos sólo cesaron cuando Ed Warren roció a la muñeca de trapo con agua bendita. Ya en el domicilio de los investigadores, la muñeca siguió dando problemas. Levitó al menos un par de veces y comenzó a aparecer en las distintas habitaciones de la casa, incluido en el mismo asiento de Ed Warren.
Los Warren, convencidos que la muñeca estaba embrujada por una entidad demoníaca, contactaron al sacerdote Jason Bradford para que hiciera un exorcismo. Pero éste, al ver a Annabelle, sólo exclamó: “Es sólo una muñeca de trapo. No puede hacer daño a nadie”. Increíblemente, cuando el religioso se retiró de la casa de los Warren, su auto sufrió un desperfecto en los frenos y terminó fuera de la carretera. El cura salvó con vida de milagro.
Encerrada en una urna de cristal
Los Warren, que en 1952 habían fundado la Sociedad de Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra, finalmente, hicieron construir una urna de cristal y encerraron allí a Annabelle. Con los años se transformó en una de las principales atracciones del famoso museo del ocultismo de Connecticut, lugar donde permanece en la actualidad.
La muñeca llamada Annabelle nunca más volvió a moverse, pero hace varios años hizo de nuevo noticia por un hecho bastante misterioso. Un adolescente, que visitaba el museo en compañía de su novia, se burló de la muñeca y comenzó a golpear la casilla donde ésta estaba encerrada. El propio Ed Warren los expulsó del lugar y vio como la pareja se alejaba en moto. Lo increíble es que mientras el muchacho seguía haciendo chistes sobre Annabelle, perdió de repente el control del vehículo y se estrelló contra un árbol. El adolescente murió en el acto y su acompañante debió pasar varios meses internada en un hospital.
Los entendidos afirman que la urna de cristal donde descansa Annabelle parece evitar que la muñeca se mueva, pero no son pocos los que especulan que la espeluznante entidad que le dictaba sus movimientos sigue allí, a la espera del día en que nuevamente pueda ser libre.
jueves, 23 de octubre de 2014
LA ATERRADORA HISTORIA DETRAS DE ANABELLE
¿Qué pasaría si llegara a ti una muñeca que aparentemente es inofensiva pero que en realidad quiere poseerte? Esa es la pregunta que se plantea, desde el inicio, “El Conjuro”, cinta que fue estrenada el año pasado.
Ahora, “Annabelle”, el “spin-off” de esta firma, llega este jueves a las salas de cine de México y promete hacer gritar de miedo a más de uno.
La historia en la que está basada “Annabelle” se remonta a los años 70 cuando dos jóvenes que estudiaban la universidad se ven acechadas por un demonio, que intenta poseer a una de ellas.
Las dos chicas piden ayuda a una espiritista, sin mucho éxito. Los Warren –un matrimonio de parasicólogos muy reconocidos- son quienes logran salvar del peligro a las estudiantes y se llevan a Annabelle al cuarto que tienen destinado en su casa para los objetos que han sido poseídos por demonios.
El reparto con el que cuenta este filme ya no es el mismo que aparecía en “El Conjuro”.
“Annabelle” cuenta con las participaciones de Annabelle Wallis, quien apareció en la serie “Los Tudor”; Ward Horton, coprotagonista; Alfre Woodard, quien actuó en “12 años de esclavitud” el año pasado, y Brian How, conocido por haber personificado a Jay Twistle, un corredor de bolsa en la película “En busca de la felicidad”.
lunes, 28 de julio de 2014
UNA HISTORIA REAL
Les voy a relatar una historia que sucedio en mi familia hace años; resulta ser que mi tia rentaba una casa alrededor de los años 90´s era una casa algo pequeña ya que eran mis 2 tios y sus 3 hijos, mi primo me conto que por las noches solia escuhar ruidos extraños; cuando todos estaban durmiendo despues de la media noche se escuchaba que alguien bajaba la palanca del inodoro y por los pasillos se esuchaban ruidos como si alguien estuviese arrastrando unas cadenas pesadas. Despues de algun tiempo decidieron cambiarse de casa, esta estaba bastante alejada de la zona de la otra de hecho no coincidia ni la colonia. Extrañamente comentaba mi primo que en la casa nueva a donde fueron a rentar, se escuchaban los mismo ruidos por las noches en el baño y las cadenas arrastrandose, sin embargo, el señalo que se levanto una noche a ver que sucedia pero no encontro nada raro, ni mucho menos paranormal. Volvieron a cambiarse de casa despues de algunos años, pero ya no me ha comentado nada al repecto. He pasado por ambas casas yaun viven familias ahi.
¿Algo raro no les parece?
martes, 1 de julio de 2014
EL MANUSCRITO DE VOYNICH: MANUSCRITO INDESCIFRABLE
Hace siglos que los eruditos tratan de descifrar los secretos de un antiguo libro, conocido como «manuscrito Voynich». Según creyeron algunos de los que lo han estudiado, anticipa muchos de los descubrimientos de la ciencia moderna.
A finales de 1912 un vendedor de libros antiguos de Nueva York llamado Wilfred M. Voynich volvió a su ciudad natal de una visita a Europa con un pequeño manuscrito, cuidadosamente empaquetado. Tenía gruesas tapas de pergamino, separadas, debido al uso, de las 204 hojas de pergamino delgado de que constaba el manuscrito; Voynich calculaba que, originalmente, tenía 28 páginas más, que se habían perdido. Su formato era de cuarto grande, ya que medía unos 15 por 22 cm y el texto, escrito en caracteres apretados y con tinta negra, iba ilustrado con más de 400 pequeños dibujos en rojo sangre, azul, amarillo, marrón y verde brillante.
Las ilustraciones mostraban curiosos arabescos y tubos que parecían intestinos, figuras femeninas desnudas, estrellas y constelaciones y cientos de plantas de extraño aspecto. El pergamino, la caligrafía y la historia conocida del manuscrito indicaban a Voynich que era de origen medieval, y la abundancia de especímenes vegetales sugería que podía tratarse de un herbario, un libro de texto mitad científico, mitad mágico, que describía las cualidades místicas y médicas de las plantas y su preparación. Pero esto era una simple conjetura, ya que estaba escrito en un lenguaje que Voynich no pudo identificar; aunque el texto podía ser descompuesto en «palabras», cuyas letras eran familiares a medias, no tenían sentido. Voynich sólo pudo suponer que estaban escritas en un idioma poco conocido, en un dialecto o en un código.
¿Magia negra?
Dos páginas de lo que ha sido descrito como «el manuscrito más misterioso del mundo». Desde 1912, año en que fue adquirido por el especialista en libros antiguos Wilfred M. Voynich , los expertos han utilizado, sin éxito, los métodos de la criptología moderna para tratar de revelar sus secretos.
Aunque Voynich no era criptólogo, tenía, indirectamente, algunas nociones de simbología. Su suegro había sido el profesor George Boole, el matemático inglés que fue uno de los primeros en usar símbolos matemáticos para expresar procesos lógicos: fue elegido miembro de la Royal Society por sus trabajos sobre la moderna lógica simbólica. Voynich también sabía que existían convincentes pruebas circunstanciales que sugerían que el autor de la extraña obra por él adquirida era Roger Bacon, monje franciscano del siglo XIII que había combinado sus estudios de filosofía, matemáticas y física experimental con la alquimia. Quizá Bacon había logrado inventar, 600 años antes que Boole, un sistema de lógica simbólica, o quizá simplemente había elaborado un código para camuflar sus investigaciones en torno a la piedra filosofal y el elixir de la vida, eludiendo así la acusación de practicar la magia negra, acusación que en la Edad Media solía tener fatales consecuencias.
Mientras daba vueltas a todas esas posibilidades, Voynich se dirigió al mundo académico buscando una solución; hizo hacer docenas de copias del documento y se las envió a todos los especialistas que pudieran colaborar con él. Con cada copia, envió un resumen de lo que él sabía del manuscrito.
Lo había comprado, pagando una cantidad no revelada, a principios de 1912, tras haberlo hallado en la biblioteca del Colegio Mondragone de los jesuitas, en Frascati (Italia). Antes de llegar allí, el manuscrito había permanecido custodiado durante 250 años en el Collegium Romanum de los jesuitas; había sido depositado allí por un célebre erudito y criptólogo jesuita del siglo XVII, llamado Athanasius Kircher, quien había intentado, sin éxito, descifrarlo.
Según una carta fechada el 19 de agosto de 1666, Kircher había recibido el libro de manos de su antiguo alumno Joannes Marcus Marci, rector de la Universidad de Praga; el libro había formado parte de la biblioteca del Sacro Emperador Romano Rodolfo II, hasta su muerte en 1612. A todos los efectos, Rodolfo había cedido el gobierno de sus reinos de Hungría, Austria, Bohemia y Moravia a los jesuitas, prefiriendo dedicar su tiempo a patrocinar las ciencias y pseudociencias. Las que más le interesaban eran la botánica y la astronomía; creó un complejo jardín botánico y construyó un observatorio en Benatky, cerca de Praga, para el astrónomo danés exiliado Tycho Brahe. (El que era por entonces su ayudante, Johannes Kepler, bautizaría después sus Tablas rudolfinas en honor a su antiguo protector.)
Una de las intrincadas y extraordinariamente confusas páginas del manuscrito Voynich. La abundancia de dibujos vegetales sugiere que podría tratarse de un herbario, pero muchos de los especímenes de plantas y arbustos resultaron ser inventados.
Pero los intereses más personales de Rodolfo se orientaban hacia la alquimia, y empleó mucho tiempo y mucho dinero en la instalación de un laboratorio alquímico al que invitó a alquimistas de toda Europa. Uno de ellos, Johannes de Tepenecz, firmó su nombre en un margen del manuscrito Voynich, según se descubrió posteriormente. Otro alquimista más famoso era el inglés John Dee, quien entre 1584 y 1588 vivió en la corte de Rodolfo como agente secreto de la reina Isabel I. Es posible que fuera Dee quien trasladara el manuscrito a Praga.
Dee, que había sobrevivido al encarcelamiento en tiempos de la reina María Tudor, en 1555, acusado de brujería, se transformó en favorito de su media hermana Isabel. Los experimentos necrománticos que realizó con su ayudante Edward Kelley suenan a superchería, pero poseía un profundo conocimiento de la teoría y de la práctica alquímicas, así como de astrología, astronomía, matemáticas, geografía y navegación celeste (una de sus obsesiones era hallar el pasaje noroeste hacia la India); pero sobre todo era un espía de capa y espada. Intentó la creación de claves secretas y estudió las que ya existían, en beneficio de su jefe, lord Burghley.
Dee también admiraba mucho los trabajos de Roger Bacon, y coleccionó muchos de sus manuscritos. Tenía numerosos puntos en común con el monje franciscano; ambos se interesaban, por ejemplo, por las escrituras secretas. En cualquier caso, parece que fue el doctor Dee quien regaló a Rodolfo II el manuscrito de Voynich, diciéndole que era obra de Bacon. Sir Thomas Browne afirmaba que Arthur Dee, hijo del doctor Dee, le había hablado de un «libro que sólo contenía jeroglíficos, en cuyo libro su padre había ocupado mucho tiempo, pero no me dijo que lo hubiera descifrado».
Éstos son, entonces, los antecedentes del problema que Voynich planteó al mundo académico en 1912, problema que provocaría angustia en muchos círculos intelectuales de Europa y América, ya que, aunque los grupos de letras y «palabras» que allí aparecían daban la impresión de ser tan sencillos «como el nombre de un viejo amigo cuando lo tienes en la punta de la lengua» –como dijo un escritor– en realidad no lo eran.
PERSONAJES RELACIONADOS CON EL MANUSCRITO VOYNICH
Esta ilustración, que parece representar a un grupo de mujeres bañándose en tinta verde, es típica de los misteriosos dibujos del manuscrito. También podemos observar un ejemplo de la caligrafía del manuscrito.
Wilfred M. Voynich especialista en libros antiguos, adquirió en 1912 este manuscrito, donde los expertos han utilizado, sin éxito, los métodos de la criptología moderna para tratar de revelar sus secretos. Roger Bacon (1214-1294), monje franciscano y alquimista, de quien se ha dicho que es el autor del manuscrito Voynich. Quizás había logrado inventar, un código para camuflar sus investigaciones en torno a la piedra filosofal y el elixir de la vida. George Boole, matemático del siglo XIX , inventó un sistema de lógica simbólica que, según algunos expertos, podría ser similar al empleado en el manuscrito Voynich Rodolfo II de Habsburgo fue el propietario del manuscrito hasta que murió en 1612. Posteriormente pasaría a manos de un ex rector de la Universidad de Praga, y este a su vez se lo entregaría a Athanasius Kircher.
Athanasius Kircher, un conocido estudioso jesuita, había intentado sin éxito descifrar los secretos del misterioso manuscrito Voynich durante el siglo XVII. Edward Kelley, ocultista y alquimista fue el ayudante que realizó experiencias necrománticas junto con John Dee, quien tiempo más tarde se haría con la posesión del famoso manuscrito. John Dee (1527-1608), matemático y astrólogo pasó cuatro años en la corte de Rodolfo II como agente secreto de Isabel I de Inglaterra. Dado su interés por lo oculto y lo misterioso, parece posible que fuera Dee quien llevara el manuscrito a la corte de Rodolfo. El profesor William Romaine Newbold, especialista en filosofía e historia medieval, que en 1921 anunció que había logrado descifrar el código del manuscrito Voynich tras largos años de investigaciones
Los filólogos buscaron en vano trazas de un lenguaje conocido y después utilizaron todos los métodos que suelen emplearse para leer idiomas perdidos; en vano. Varios criptoanalistas –incluido un especialista de la Biblioteca Nacional de París que había trabajado con códigos alquímicos del siglo XV– lucharon y se rindieron. En 1917, el manuscrito llegó a atraer la atención de la sección de criptología de la División de Inteligencia Militar de los Estados Unidos, el MI-8.
El MI-8 estaba encabezado por un joven y brillante director, Herbert Osborne.
Yardley –quien se transformaría después en una leyenda en el mundo de los descifradores de códigos–, y por su brazo derecho, igualmente brillante, el capitán John M. Manly, doctor en filosofía, que antes de la guerra había sido director del departamento de Inglés en la Universidad de Chicago. En 1917 Manly trabajaba en el llamado criptograma Witzke, un código de 424 letras que descifró en tres días, revelando la identidad de Lothar Witzke, agente secreto alemán que operaba desde México. Pero después de trabajar mucho con el manuscrito de Voynich él también se dio por vencido –al igual que su jefe, Yardley–, y dijo que el texto era «el manuscrito más misterioso del mundo».
Las ilustraciones del texto eran igualmente desconcertantes. Nada parecía tan sencillo como identificar las plantas desde el punto de vista botánico, y servirse luego de sus nombres para descifrar las leyendas; pero el problema era que la mayor parte de plantas y arbustos eran inventados, y los nombres de los que existían carecían de sentido desde el punto de vista criptográfico. Los astrónomos creyeron reconocer cuerpos celestes, como la estrella Aldebarán, la nebulosa de Andrómeda y el cúmulo estelar de las Híades, pero después volvieron a perderse en un torbellino de galaxias imaginarias. Especialistas en Bacon estudiaron el manuscrito, buscando coincidencias, mientras un profesor de anatomía de Harvard trataba de descifrar lo que le parecían diagramas fisiológicos; todo fue inútil.
Pero hubo un hombre para quien el manuscrito de Voynich se transformó en obsesión. El profesor William Romaine Newbold, especialista en filosofía e historia medieval de la Universidad de Pennsylvania. Lingüista y criptógrafo –como Manly–, comenzó a trabajar en el texto en 1919. Su sistema era muy complejo: comenzó por examinar el manuscrito con una lupa y descubrió que existía un texto secundario microscópico dentro de las letras; creyó que se trataba de una especie de taquigrafía. Utilizando técnicas de desciframiento logró reducir esto a una clave de 17 letras romanas y con esto realizó seis «traducciones» diferentes, cada una de las cuales conducía a la siguiente. Después hizo un «anagrama» del sexto texto, con el que llegó al «texto» final –la solución– en latín.
En abril de 1921 convocó una reunión de la Sociedad Filosófica Americana en Filadelfia y anunció sus conclusiones provisionales ante un público asombrado, al que finalmente logró convencer. En su opinión, la obra era de Roger Bacon, que la había puesto en clave para evitar que sus ideas se calificaran de «novedosas». Se sabía que Bacon había sido el inventor de la lupa y que había especulado con la posibilidad de construir telescopios y microscopios mucho antes de su invención. Según el profesor Newbold, el manuscrito Voynich demostraba que Bacon había construido un microscopio y lo había usado para estudiar y describir gametos, óvulos, espermatozoides y la vida orgánica en general. No sólo eso, sino que había construido un poderoso telescopio reflectante, con el que había estudiado sistemas estelares desconocidos en su tiempo.
Aquí podemos apreciar otra página del manuscrito, representando lo que parecen ser dos mapas estelares.
El profesor Newbold era hombre de sólida reputación, y sus descubrimientos –aunque sensacionales– parecían posibles. Muy pocos de los académicos que se reunieron para escucharle sabían algo de criptología, pero sus «descubrimientos» parecían razonables. Un importante fisiólogo, por ejemplo, consideraba que un dibujo y su leyenda describían las células epiteliales y sus cilios (se trata de las células que recubren las trompas de Falopio y los bronquios y que favorecen el paso de las mucosidades y de los óvulos) ampliadas a 75 veces su tamaño. John Manly, que ya había colgado su uniforme de mayor y había vuelto a su cátedra de la Universidad de Chicago, prefirió no tomar partido, pero escribió en la revista Harper's una reseña bastante favorable a Newbold.
Durante cinco años, hasta su muerte en 1926, Newbold prosiguió su criptoanálisis del manuscrito, en colaboración con su amigo y colega Roland Grubb Kent; fue éste quien publicó los descubrimientos de Newbold en 1928, con el título de The cipher of Roger Bacon (La clave de Roger Bacon). Las reacciones de especialistas y curiosos no se hicieron esperar.
Por supuesto, John Manly seguía interesado por el asunto, y en cuanto se publicó el libro quiso conocer el método de trabajo de Newbold y comprobar sus resultados. Aunque admiraba a Newbold –a quien consideraba una autoridad– lo que halló no le gustó nada, y después de discutir su punto de vista con, entre otros, antiguos colegas del MI-8, publicó en 1931 un artículo en la revista Speculum: en él, mediante un análisis cuidadosamente razonado, despojaba de todo valor los trabajos del difunto profesor Newbold.
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