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martes, 10 de diciembre de 2013

El cartucho maldito de Majora’s Mask




Nadie sabe a ciencia cierta si lo que les voy a contar fue el creepypasta de algún friki que quería sentirse importante o si en verdad fue algo que ocurrió. Todo lo que se sabe es que, la primera vez que apareció en la web, tenía un tono tal que resultaba difícil pensar que aquello fuera un engaño…


Todo comenzó cuando a un joven sin mucho dinero le regalaron un Nintendo 64. El joven, que quería juegos pero no tenía la billetera gorda, decidió que una buena opción era comprar cartuchos usados. Y estaba de suerte porque justo al día siguiente de que le regalaran la consola, un anciano abrió una venta de garaje en la cual, entre muebles, lámparas, utensilios de carpintería y otros objetos innecesarios, gritaba su presencia un pequeño cartucho de Majora’s Mask (un juego de la saga The Legend of Zelda).


En cuanto al viejo que vendía el juego…bueno, digamos que su apariencia no le inspiraba demasiada confianza al muchacho: había algo un tanto raro y siniestro en su rostro, en algunos de sus gestos y sobre todo en la mirada perdida en el infinito de sus pequeños ojos negros… A pesar de eso, después depreguntar si funcionaba el chico se arriesgó a comprarle el viejo cartucho —ya un poco desgastado, negro y con el nombre “Majora” escrito con marcador rojo-sangre permanente— al anciano. No le preocupó la rara apariencia del juego: pensó que aquello se debía a excentricidades de su antiguo dueño que… ¿quién sabe?… a lo mejor era uno de esos góticos extravagantes… Así, el chico se lleva el cartucho sin sospechar que aquello sería el inicio de una larga pesadilla.


Cuando el chico encendió el juego, se dio cuenta de que debía tratarse de una versión beta porque habían pequeños errores en las texturas: nada grave, fuera de eso todo parecía estar bien. Aparte había un archivo bastante avanzado (aunque no acabado) bajo el nombre de “Ben” pero el chico quería comenzar desde cero así que creó un archivo propio en que bautizó a su personaje como “Link”.


Al empezar a jugar creyó que todo sería normal hasta que, habiendo ya avanzado en la historia, se percató que en definitiva la programación del juego hacía que, sin explicación alguna o patrón lógico perceptible, unas veces apareciera el nombre de “Ben” y otras el de “Link”. El chico, que sabía algo de informática, pensó que aquello se debía a algún extraño bug[1] y optó por borrar el archivo de Ben a ver si así acababa el problema. Sucedió justo lo contrario: empezaron a pasar cosas aún más raras, escalofriantes en algunos casos. Comenzó a salir la música al revés, a aparecer diálogos muy extraños, a ocurrir cosas ajenas a la trama normal del juego, a surgir glitches[2], risas macabras de fondo, etc. Y todo eso repitiéndose, volviendo una y otra vez…


Mas lo peor de todo vino cuando el juego se reseteó solo y creó un archivo llamado “Drowned” (‘ahogado’ en español). Fue allí que Skull Kid (el antagonista principal del juego) se le empezó a aparecer todo el tiempo, asesinándolo de forma instantánea cada vez que aparecía; fue a partir de eso que Link empezó a aparecer contorsionado en posiciones igual o más demoníacas que las que salen en el film El Exorcista. Incluso Link llegó a aparecer de forma tétrica como un zora que moría ahogado (cuando los zoras pueden respirar bajo el agua…).


Todo lo anterior resultó perturbador y a veces aterrador para el chico que adquirió aquel maldito cartucho. Pensó en dejarlo, quiso dejarlo pero no pudo porque la curiosidad y la fascinación lo anclaban ante aquellas visiones siniestras que desfilaban por la pantalla. Disfrutaba y a la vez sentía la angustia de la perturbación viendo como el nombre de “Ben” volvía una y otra vez junto a Skull Kid que, entre horrendas risas de fondo y música invertida, lo asesinaba sin piedad.


“Afortunadamente” el chico llegó a un punto en que ya no aguantó más y decidió ir a ver al anciano para que le diga quién era ese tal Ben. Pero el viejo no estaba, había desaparecido junto a las respuestas que de él podía obtener. Desesperado, fue a averiguar entre los vecinos a ver si alguien sabía dónde había ido el viejo y si en efecto vivía donde él creía que vivía. Y sí, vivía en la casa del garaje y, según le dijeron, era un tipo muy raro y algo ermitaño, un hombre al que rara vez se lo veía pues casi nunca salía de casa. Desgraciadamente había salido justo cuando él lo había ido a buscar pero, lejos de esperar a que vuelva, se dejó llevar por la ansiedad y preguntó por Ben. La respuesta que recibió le heló la médula: le dijeron que Ben era un muchacho que vivía en la casa en que ahora vive el anciano y que, hace ocho años, Ben tuvo un horrible accidente en el que…murió ahogado…


Se dice que el chico de la historia que les he contado aún vive con el temor en la sangre, que nunca más volvió a jugar Majora’s Mask, que tiene miedo de meterse al mar, que a veces sueña con que Skull Kid lo asesina y que vendió el cartucho a alguien que pidió reservar su identidad en secreto…Vaya Dios a saber quién será el portador del cartucho maldito y cuántos locos (incluyendo el que les ha contado la historia) darían una buena cantidad de dinero por el cartucho negro de las letras rojas. En todo caso, les dejo los vídeos que se han filtrado sobre algunas de las cosas que se ven en el cartucho maldito de Majora’s Mask:











[1] Un bug es un error de programación, en este caso vendría a ser un error en la creación del programa del juego.


[2] Un glitch es un error que, en el contexto del videojuego, no afecta a la jugabilidad, al rendimiento o a la estabilidad del programa del juego. Es simplemente algo así como una “característica no prevista”. Un ejemplo sería la versión original de Gears of War 2, en la cual podías saltar a lugares inaccesibles con el escudo y disparar balas infinitas…

lunes, 9 de diciembre de 2013

Los 151 cartuchos malditos de Pokémon


En Marzo de 1996, casi dos semanas tras el lanzamiento de Pokémon Rojo y Pokémon Verde 1.0, se registraron 104 muertes entre niños de 10 a 15 años. Todas esas muertes fueron suicidios. La mayoría de los niños saltaron desde áticos de edificios, o se colgaron. No obstante, hubo casos estremecedores de víctimas que empezaron a cortarse sus extremidades, otras que saltaron a las vías del tren en marcha, incluso hubo quienes forzaron su brazo por la garganta, ahogándose así con su propio puño.

Se cuentan con los dedos de una mano los casos de niños que pudieron salvarse. Éstos mostraban comportamientos variopintos. A todos se les tenía que atar de brazos y pies para evitar que comenzasen a arrancarse los ojos de sus cuencas o desgarrarse la carne. Y todos gritaban mensajes en un extraño idioma irreconocible.

Dado que todos los casos de suicidio fueron de niños que recientemente adquirieron sus ediciones de Pokémon, decidieron probar suerte poniéndoles una Game Boy ante sus narices. Al verla, se calmaban. Pero cuando la encendieron, los niños empezaron a chillar histéricamente y a morderse la lengua al escuchar el tema del inicio. No se pudo hacer nada.

Los pocos supervivientes murieron por tragar demasiada sangre…

Las autoridades confirmaron la sospecha de que los cartuchos de Pokémon fueron la causa inicial de tales comportamientos. Pero, ¿y los otros miles de niños que compraron el juego?

Afortunadamente y misteriosamente, tras esas primeras semanas no hubo más casos.

La historia de la leyenda es en esencia como sigue:

El Detective Nagaraki Sataoba, al cargo del caso junto a su grupo, recogió todos los cartuchos de los fallecidos y los guardó como pruebas. Lo primero que hizo fue interrogar al creador de la franquicia, Satoshi Tajiri.

-Os aseguro que yo no me he involucrado en la programación del juego – respondió Tajiri, sorprendido por lainformación que le proporcionó Sataoba.

-Sí he puesto un elemento secreto, pero no tiene nada que ver. Sígame.

Los detectives conocieron allí a Takenori Oota, un programador principal. Éste les aseguró que era imposible que un juego pudiera ser causante de tantas muertes, y que probablemente se tratase de un caso de histeria colectiva. Lo que sí escuchó era un rumor que hablaba de un caso de unos niños que cayeron enfermos al escuchar la música de Pueblo Lavanda, pero que no era más que un rumor.

Los detectives decidieron probar los juegos. Entonces continuaron la partida que los niños dejaron, en todos los casos con un pokémon en el inventario y unos 15 minutos de partida aproximadamente.

Era imposible que los niños hubiesen escuchado la música de Pueblo Lavanda, pues no habían ni siquiera llegado a Pueblo Plateado. No era pues la música, ni el título, ni el inicio de menú. Tenía que ser algo que sucediese al inicio de partida.

Investigando el organigrama de Game Freak, descubrieron que uno de los programadores del juego se suicidó poco antes de sacar al mercado el juego: Chiro Miura, de 25 años. Al parecer era un hombre cerrado, oscuro, que aportó unos detalles finales al juego.

Investigando el caso, descubrieron unos folios en que Chiro escribió estas frases con Tacker: “ENCUENTRA EL ORÍGEN”. “DA LA VUELTA YA”. “VEN Y SÍGUEME”.

Aquello debía tener relación con el juego, aunque no tuviera sentido.

Había dos pistas:

Un co-programador llamado Nishino, al que fueron a interrogar. Pero Nishino llevaba encerrado un mes entero en su casa y no respondió a ninguna pregunta. Sólo dijo “¡dejadme en paz! Yo no soy el origen de todo esto…”, tras lo cual tomó una pistola de su escritorio y se disparó en la sien, salpicando de sangre a los detectives.

Posteriormente fueron a buscar al otro programador: Sousuke Tamada. Al parecer Chiro le mandó una carta donde salían las frases que él mismo escribió antes de morir, y donde se hablaba de un elemento revolucionario que había introducido en el juego.

La conversación comenzó fluida:

-Buenos días. Nos permite hacerle unas preguntas?

-Cómo no.

-¿Es usted un programador del juego?

-Efectivamente. Yo di forma a las ideas de Satoshi Tajiri. Eso es todo.

-Así que se le da bien.

-Digamos que sí.

-¿Trabajabais en equipos, no?

Sousuke calló un momento.

-Estáis en lo cierto… –dijo vacilante.

-Usted tenía un compañero, llamado…

-Chiro Miura.

El ambiente se puso tenso.

-Sabía de su comportamiento, entonces.

-No lo conocía bien, sólo nos encontramos unas cuatro veces para intercambiar datos. Pero os puedo decir que era un tío cerrado y excéntrico, debía arrastrar algún trauma de la infancia. Estaba siempre buscando la oportunidad para conseguir la gratitud de cualquiera. Creo…

-¿Qué? ¿Qué cree?…

Sousuke se tomó un rato.

-Creo que era un hombre muy débil. Tenía ideas grandes, pero… ya sabéis, jeje.

-¿A qué vienen ésas risas?

-No era nadie especial. No se puede cambiar el mundo sólo con una idea. Has de ser alguien para recibir reconocimiento. Y creo que él era consciente de ello.

Los detectives callaron, sin saber cómo dirigir la conversación. Al poco, reaccionaron:

-¿Qué parte tocó Chiro del juego?

-Nada… digo, nada especial. Unos pocos detalles iniciales casi irrelevantes.

Sousuke parecía que iba a decir algo más, pero se lo callaba. Escondía algo.

-¿Qué más, señor Tamada? Usted sabe lo de las muertes de los niños, ¿no? Y Chiro estaba metido en el ajo, ¿no?

-¡Escribió parte del discurso del profesor Oak! ¡Ya está!

-¡Más cosas! ¡No se lo calle! ¡Usted trabajó con él! Seguro que es responsable de las muertes.

-¡No podéis demostrarlo!

-¡¿Qué cojones le hizo Chiro al juego?!, ¡responda!

-Hizo…hizo lo que le dije que hiciera

Silencio absoluto.

-¿Cómo?

-¿Queréis saber de qué va esto? Mirad. Chiro era una mente brillante, pero era un inútil programando, y era un maldito payaso. Hacía lo que fuera para no pasar desapercibido. Si estaba en el proyecto era por su brillante idea. Y porque daba pena, claro. Le decías “Haz esto” y lo hacía. ¡Ni se lo pensaba! ¿Cómo no iba a aprovecharme de un pelele como Chiro? Las ideas son mías. Él las impuso en el juego. Con su filosofía y mi influencia, conseguiríamos revelar un secreto que el mundo necesita descubrir.

Sousuke se acercó a la ventana. Los detectives sacaron sus armas.

-¡Aléjate de la ventana! ¿Qué no nos oyes? ¡Aléjate! ¡Último aviso!

-Al comenzar el juego, camináis hacia el norte de Pueblo Paleta, y cuando tocáis la hierba, viene Oak a deciros que es muy peligroso, ¿no? Bien, nosotros lo cambiamos. Imaginad que os aventuráis solos…

-¿Qué quieres decir?

-Ibamos a colocar éste cambio a todos los cartuchos, pero un error de encargo sólo nos permitió poner el cambio a una primera tirada de juegos. Exactamente 151. Pero sólo han muerto 104 niños, eso es lo que me extraña…Quizá han caminado y no se lo han encontrado aún…

-¡Apártate de la ventana! ¡No nos hagas disparar!

-¿Dispararme? ¡Ja! ¡Sois aún más idiotas que Chiro! Él se dio cuenta de la que lió, y que podría iniciar una cadena de caos, dado que el mundo no parece preparado para ésta revolución, y mirad, ¡se ha disparado! ¿Queréis saber qué puso Chiro en el juego? Iniciad nueva partida. Descubridlo por vosotros. Probad suerte, y quizá descubrís el secreto…

En un momento de flaqueza, Sousuke reaccionó y desarmó a uno de los detectives. Le cogió su pistola.

Los detectives estaban atónitos por lo que Sousuke les contó…

Sonó un disparo. Y otro. Y otro. Hasta 15 disparos. Parecía increíble, pero los detectives no se movieron, encontrándose con la muerte. Lo que Sousuke no sabía es que Sataoba aún estaba vivo, y llevaba un micrófono oculto en su camisa. Todo quedó grabado. Tras los disparos se podía escuchar:

“……………..”

Un último disparo sonó. Los refuerzos entraron en el piso y presenciaron una situación dantesca: cuatro hombres muertos y uno en estado grave. Sataoba se recuperó, y decidió cerrar el caso, pues no recordaba el secreto.

Año 2001, 15 de marzo.

Sataoba llevaba ya 5 meses retirado; el trabajo pudo con él. Justo ése día se celebraba con gran atenciónmediática el 5º Aniversario de Pokémon y el gran éxito comercial que supuso. Sataoba volvió a recordar las famosas 104 muertes de las que ya nadie parecía acordarse. Se acordó de sus compañeros muertos. De Nishino, que se mató ante él. De Chiro y sus mensajes póstumos. Incluso de Tamada, el cerebro de tal brutalidad, muerto por suicidio. “Es hora de que resuelva este caso yo mismo”, se dijo.

Estaba retirado, pero aún tenía acceso a los archivos de la Policía. Retiró las cartas que una mujer dio a la autoridad al enterarse del caso. ¿Sería la madre de Chiro o la de Sousuke? Aunque eso no importaba. Cerró el archivo. A su lado, vio otro que decía “Prueba #2104A”. Lo abrió. Era uno de los cartuchos de Pokémon Rojo de la tirada maldita. Había 150 más, ya dispersos. Y uno de ellos estaba delante de él. Su corazón iba a mil. Retiró una de las Game Boy que se usaron en los experimentos con los niños hace ya cinco años.

Encendió la Game Boy. La música de Pokémon Rojo estaba sonaba. Se puso los cascos. Estaba temblando. Empezó una partida nueva, se puso nombre e inició su aventura. Habló con su madre, y se dirigió a la ruta norte.

Por sus cascos escuchaba un murmullo:

“………”

A cada paso que daba, se acercaba más a la hierba. Y con ello, se acercaba más a que el Profesor Oak lo detuviese. O no. Quizá se encontraría con lo que Chiro puso en el juego.

Dio un paso. Oak no vino. Sataoba estaba paralizado.

La pantalla se desvaneció a negro. No se podía creer lo que veía.

¡Un Mew salvaje había aparecido!

Sataoba estaba exactamente en la misma situación que los 104 niños experimentaron. El Mew salvaje habló:

“SOY EL ORÍGEN DE TODO LO EXISTENTE. TODO LO QUE VES ALREDEDOR DE TU MUNDO ES PRODUCTO DE MI CREACIÓN.”

Sataoba empezó a apuntar lo que dijo. Hasta que no pudo más. Cogió su vieja pistola y se disparó a través de la boca, directo al cerebro. Al enterarse, las autoridades recogieron el cartucho y la Game Boy. En su libreta volvían a aparecer las famosas frases, las mismas que Chiro escribió…

El cuerpo de Sataoba, junto con los 104 cartuchos que retenían, fueron incinerados. Se decidió no cerrar, sino eliminar el caso. No se podían tolerar más muertes.

Al año siguiente, los Eventos Pokémon celebrados por todo el mundo distribuyeron a Mew por cable link a todos los jugadores que lo deseaban.

Tajiri aún se hace el loco y nunca ha alegado que haya relación entre Mew y los suicidios. Pero su secreto salió a la luz: “Mi plan era incluir a Mew como pokémon especial sólo conseguible por Eventos Pokémon. En el guión del juego, Mew debía aparecer al inicio de todo, como un deseo de buena suerte (no era consciente del terrible cambio que Chiro y Sousuke le dieron a la idea), antes que viniera Oak a buscarte (justo como ocurre en el primer episodio del anime, donde Ash ve a Ho-Oh.) Al final lo dejamos estar. Es una lástima, pero no hay ningún cartucho donde se pueda presenciar esto.”

Sin embargo Satoshi Tajiri estaba equivocado: sólo se han incinerado 104 (los que la Policía confiscó) de los 151 cartuchos. Eso quiere decir que AÚN RONDAN POR EL MUNDO 47 UNIDADES DE ESA EDICIÓN MALDITA…