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jueves, 23 de enero de 2014

Daniel Lutz cuenta por primera vez la historia real de Amityville









Todos los amantes de lo paranormal tienen en sus mentes los trágicos acontecimientos a los que se vieron implicados la familia Lutz en la terrorífica casa de Amityville. Casi 40 años después, continúa siendo uno de los casos de casas encantadas más conocidas de la historia que conmocionó a gran parte del mundo. Los fatídicos eventos fueron una fuente de inspiración para multitud de libros y películas. Muchas personas afirmaron que la historia era un elaborado engaño, pero algunas pruebas sugirieron lo contrario. Ahora, otro de los testigos ha decidió hablar, Daniel Lutz, el niño que entonces tenía 9 años de edad hijo de George y Kathy Lutz. En un nuevo documental llamado “Mi morada del miedo (My Amityville Horror)” Daniel Lutz, de 46 años” decide por primera vez a hablar sobre el horror que experimentó en la casa de Amityville y que le afectado para toda la vida.



El trágico asesinato de los Defeo

La casa de Amityville fue testigo de un asesinato en masa en 1974 cuando Ronald Defeo asesinó a toda su familia con un rifle. La madre de Ronald, el padre, las dos hermanas y sus dos hermanos fueron encontrados boca abajo en la cama. Uno de los grandes misterios fue que nadie había tratado de salir de sus camas para salir corriendo y escapar del asesino. Pero todo no acabo ahí, ese invierno, George Lutz, Kathy Lutz y sus tres hijos de un matrimonio anterior, se mudaron a la casa colonial holandesa en el 112 de Ocean Avenue, a unos 48 kilómetros al este de la ciudad de Nueva York. Durante los siguientes 28 días, la familia sufrió extraños acontecimientos que iban desde inexplicables hordas de moscas a visiones demoníacas. Los Lutz huyeron, dejando atrás todas sus posesiones. Su historia, sin embargo, nunca se fue. El caso tuvo un gran impacto social que provocó un fenómeno mediático que todavía en la actualidad continua en la memoria pública.



Las experiencias de Daniel Lutz

En este nuevo y revelador documental, Daniel Lutz, el mayor de los hermanos Lutz, que tenía 9 años cuando ocurrieron los hechos, explica en primera persona que tenía una relación conflictiva con su padrastro y afirma haber estado sin hogar durante un período de tiempo después de dejar a su familia en su adolescencia:

“Él ha estado cargando con este peso durante casi 40 años”, dijo Eric Walter, el joven cineasta que dedicó tres años para la realización del documental.

Daniel Lutz todavía recuerda los extraños fenómenos vividos en su infancia, que para muchos serian auténticas historias de terror:

“Mi trabajo consistía en colocar cajas dentro. Entonces entré en la sala de juegos de la casa y encontré unas cuatrocientas o quinientas moscas zumbando alrededor. Empecé a golpear las paredes y ventanas con un periódico. Maté a un centenar de moscas en unos cinco minutos. Luego corrí escaleras abajo para decírselo a mamá y cuando regresé hasta las moscas muertas habían desaparecido, incluso habían desaparecido los periódicos.”

Daniel afirmó que lo sucedido en la casa de Amityville le afectó profundamente:

“Yo creo que el mal puede manifestarse de cualquier manera o forma que elija y yo estoy seguro de que era una víctima de eso. Mi madre solía decir que las cosas buenas le pasan a la gente buena y que las cosas malas le pasan a la gente mala. Pero a veces las cosas malas también le pasan a la gente buena.”



Cuando Daniel se mudó a la casa con su madre Kathy, el padrastro y ex-marine George, su hermano de siete años Christopher y su hermana de cinco años Melissa, no tenía ni idea del pasado oscuro de la casa:

“Yo no sabía nada de lo que pasó allí hasta el día en que entré en la casa. Mamá nos dijo: “Hay algo que quiero que sepas. Había una familia que fue asesinada aquí”. Ella nos preguntó si nos molestaría. Pero cuando uno tiene esa edad apenas sabe lo que es un asesinato.”

A parte del incidente con las moscas, los primeros sus días en la casa fueron relativamente tranquilos, hasta que una noche, la familia escuchó unos extraños ruidos en el exterior de la casa:

“Toda la familia vio la puerta del garaje golpeando de arriba abajo. Fui allí con George y estaba colgando de un lado de la puerta y él tiraba hacia abajo desde el otro lado.”

Lo peor estaba por venir, cuando Danny levantó la vista y vio a una criatura de aspecto maligno en la ventana del dormitorio de Melissa. Parecía un personaje de dibujos animados con los ojos rojos:

“Subí corriendo a su habitación y la mecedora se estaba moviendo sola.”

En otra ocasión, Daniel dice que una fuerza desconocida le levantó:

“Yo estaba en el segundo piso cuando se proyectó la escalera en la pared. Me levanté y ya no tenía el control de mí mismo. Mi madre estaba a 4 metros detrás de mí y estaba en shock. Algo la había tocado. Desde algún lugar en la sala una misteriosa voz que dijo: “Eres tú”.”

Aunque los acontecimientos siniestros alcanzaron un punto culminante en la noche del 14 de enero de 1976:

“Mi hermano y yo compartimos una experiencia de levitación en la cama. Los dos nos despertamos y nuestras cabeceras y pies estaban aplastándonos y golpeándonos uno al otro en el techo. Después de eso mamá me dijo: “Ve a preparar tu maleta. Nos vamos a casa de la abuela, vamos a salir de aquí.” Yo no sabía que nunca regresaría a la casa de Amityville.”

En una entrevista al hermano menor de Daniel, Chris Lutz reveló que su padrastro George podría haber sido el causante de la actividad paranormal en el hogar mediante la práctica de la brujería y la celebración de sesiones de espiritismo. Tras esta impactante confesión, Chris también afirmó que los fenómenos paranormales le han seguido después de mudarse de la casa de Amityville.



El misterio continúa

Muchos creen que la historia de la familia Lutz era un engaño, otros creen que George Lutz tenía un interés en lo oculto y que los acontecimientos desencadenados en la casa eran debido a ese interés. Otras personas afirman que Daniel está recordando cosas que no sucedieron, conocido como síndrome de la memoria falsa. Pero la realidad es que los Lutz nunca buscaron la publicidad. En la actualidad, Daniel vive en el suburbio de Nueva York y conduce una furgoneta de reparto. Se fue de casa a los 15 años, pero se reconcilió con su madre. Ella murió en 2004 a los 57 años. En el documental “Mi morada del miedo (My Amityville Horror)” Daniel rompió su silencio, dando respuesta a todas las dudas que quedaban.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Revelaciones sobre el más allá




Salidas de “El cuerpo astral y otros fenómenos celestes” de Arthur Powell, las ideas que verán ofrecen una explicación racional sobre el Infierno y lo que ocurre al morir; y, a través de una concepción del más allá como una realidad en que la subjetividad interviene en la construcción del espacio en que el sujeto se mueve, permiten unificar las distintas visiones sobre el Paraíso.


Lo que se verá a continuación son ideas de gran relevancia en torno al tema de la vida ultraterrena y la reencarnación. Las ideas que han sido extraídas (a modo de síntesis) del libro “El cuerpo astral y otros fenómenos celestes” de Arthur Powell, uno de los libros más serios, racionales y profundos dentro de un campo en el que abundan las teorías superfluas y/o descabelladas.
.La muerte y ‹‹el más allá››



Tras la muerte de todo ser humano, éste habrá de pasar por cada subplano del mundo astral hasta finalmente llegar al mundo mental una vez que el cuerpo astral se haya desgastado y entonces su conciencia pase al plano mental. Ahora, esa destrucción del cuerpo astral no implica la destrucción de todos los sentimientos y emociones, implica más bien un tipo de purificación en que evidentemente los afectos elevados y libres de sujeciones e impurezas permanecen en tanto que elementos favorecedores de la evolución espiritual.


En cuanto al tiempo en el mundo astral, aquel suele variar siendo en promedio de20 a30 años, pero puede durar hasta siglos en ciertos casos


Volviendo al proceso del tránsito post-mortem, sucede queinmediatamente después de la muerte el sujeto ve desfilar ante él todas las escenas de la vida que abandona, pero no de cualquier forma sino de una manera que implica la comprensión[2] de las causas profundas asociadas a cada hecho vital, de modo que así pueda lograr la conciencia que brota del autoconocimiento. Cabe no obstante mencionar que tras la muerte la conciencia pasa del cuerpo físico al etérico, donde en general permanece unas cuantas horas para luego pasar al astral. Una vez que eso ha pasado tiene lugar un proceso extremadamente importante, una bifurcación en la que la mayoría de personas termina yendo por el peor camino. Ocurre pues que existen distintos subplanos en el plano astral, siendo que cada subplano se diferencia del inmediato superior en el hecho de que sus vibraciones energéticas son más bajas y menos sutiles, espiritualmente menos elevadas, por así decirlo. Así, cada uno de esos subplanos astrales representa tendencias, pulsiones y estados de conciencia. La bifurcación entonces se da a partir de que el Elemental del Deseo[3] intenta redistribuir la materia astral en un conjunto de capas en que la más externa es la de menor vibración, la más densa, la de peor naturaleza.




Si eso ocurre (si el Elemental del Deseo logra tal redistribución), el sujeto experimentará el peor camino en la bifurcación anteriormente mencionada, por lo que no tendrá una visión clara del mundo astral: solo verá lo propio del subplano en que se encuentre, apareciendo primero en el más inferior de los subplanos y pudiendo llegar al más elevado subplano sólo después de haberse deshecho de la materia astral de todos los anteriores, de esta forma permanece en cada subplano hasta agotar la capa de su envoltura astral perteneciente al subplano en cuestión, que a su vez sólo puede lograr mediante un proceso de evolución en el que supera las tendencias de dicho subplano fijando su atención y voluntad en cosas espirituales y elevadas (que habrán de mantenerlo ocupado cuando llegue al plano mental). Lo anterior explica un tanto aquellas comunicaciones con los muertos que parecerían confirmar la creencia en el Infierno, ya que lo que en verdad ocurre es que la mayoría de sujetos, al sufrir el proceso de reordenamiento en capas y encontrarse en los subplanos más bajos, ven sólo las cosas negativas —ven, por ejemplo, solo el lado oscuro de los cuerpos astrales de los vivos, confundiéndolos así con demonios—; y, en algunas ocasiones, hasta ven exteriorizaciones de sus temores y de temores ajenos, viendo así muchas ilusiones aterradoras, sobre todo en los casos de quienes, cargados de remordimientos, mueren pensando que van al Infierno y entonces en efecto terminan dentro de un infierno producido por sus propias mentes: aunque claro, ese infierno es sólo temporal pues durará hasta que se purifiquen de las tendencias de dicho subplano astral poco elevado o tomen conciencia de que lo que ven es sólo una ilusión… Lamentablemente muchos sujetos se estancan pues se niegan a poner su pensamiento en cosas elevadas y se aferran a lo terrenal aunque, por más que persistan en su necedad, la propia naturaleza del proceso de desgaste astral hará que vayan perdiendo contacto con los mundos inferiores. Cabe en este punto recalcar que la cremación es muy útil para ayudar al espíritu del difunto, ya que un cadáver (que afortunadamente se va desgastando solo) representa un cierto grado de vinculación astral con el mundo físico.


El que la redistribución quede inoperante puede darse de dos formas: 1. En la primera el sujeto tiene conocimientos de la enseñanza sobre las condiciones del plano astral y sobre lo que ocurre con respecto a la redistribución[4] y mantiene una firme determinación en contra del Elemental del Deseo para que la redistribución no opere, consiguiendo así que las partículas astrales se mantengan entremezcladas tal como estuvieron en vida y, de ese modo, no se confina a un solo subplano sino que tiene conciencia y libertad de todos los subplanos según sea la naturaleza de su cuerpo astral. Evidentemente el Elemental intentará infundir en el individuo el temor en torno a evitar la redistribución; mas, si el hombre tiene conocimiento de la claridad de visión y de la libertad que conllevaría impedir la redistribución, lógicamente tratará de hacer “oídos sordos” de dicho temor y persistirá en su resolución. 2. La redistribución ya se ha dado pero una o más personas vivas le prestan ayuda al difunto y logran hacer un trabajo astral lo suficientemente poderoso como para invertir la redistribución.


Llegados a este punto podemos preguntarnos: ¿cuáles son los diversos subplanos astrales y en qué consiste cada uno? Los subplanos son siete y se puede decir lo siguiente en torno a ellos:


Séptimo subplano: este subplano tiene al mundo físico como telón de fondo aunque a veces se lo ve parcialmente deformado[5] y en sus zonas más densas ni siquiera se ve nada porque todo es oscuridad; es, como nos dijo Arthur Powell, “como si uno se abriera camino a través de un fluido viscoso negro”. Afortunadamente la mayoría de la gente, después de la redistribución del cuerpo astral, pasa inconsciente en todo el tiempo que está en éste subplano, razón por la cual no sufre ya que no puede estar consciente pues en vida su conciencia no llegó a estados tan bajos de la condición humana como los asociados a las vibraciones de éste subplano. Es un lugar realmente terrible y sombrío, es el lugar que mucha gente (mala) que ha estado a punto de morir y no ha muerto ha descrito como el Infierno. Allí permanecen mucho tiempo las almas de los asesinos, de los violadores, de los drogadictos impenitentes y borrachos consumados, de los ladrones y otras alimañas: allí pululan los rostros malditos de quienes en vida conformaron la escoria de la Humanidad… Para hacernos una idea de cómo es, veamos lo que cuatro mil años atrás escribió el Escriba Ani (quien deliberadamente lo visitó en viajes astrales): “¿Qué clase de lugar es éste al que he venido? No tiene agua, ni aire; es profundo y sin fondo; es negro como la noche más oscura; los hombres vagan sin rumbo; en él un hombre no puede vivir con el corazón tranquilo”.


Sexto subplano: la inmensa mayoría de los hombres permanece aunque sea un tiempo en este subplano de manera consciente. ¿Por qué? Pues porque este es el subplano cuyas vibraciones, si bien ya no están asociadas a pulsiones malvadas o viciosas como las del subplano anterior, sí están asociadas en esencia a aquellas actitudes en virtud de las cuales los hombres concentran sus deseos y pensamientos en cosas mundanas, materialistas, superficiales, vacías… Y claro: casi toda la gente adolece de cierta superficialidad y mundanidad, por lo cual casi todos pasan aquí aunque sea un tiempo. Ahora, al igual que en el anterior, aquí se percibe el mundo en el cual se existía en vida, aunque lo que se ve ya no es ese mundo en sí mismo sino solo su duplicado o contraparte astral; mas, y esto hay que aclararlo, ya no en una suerte de versión siniestra como sucedía en el séptimo subplano. Arthur Powell nos dice que los habitantes de este subplano suelen estar en los lugares donde habitaban o habitan aquellos con quienes más estaban vinculados en sus vidas terrenas. Esto podría explicar multitud de casos en los que la gente ha visto a los espíritus de sus familiares fallecidos, lo cual es posible ya que este subplano muestra a la perfección la superposición entre el mundo astral y el físico; pues, como vemos, a un punto dado de la Tierra le corresponde un punto (superpuesto) de este subplano.


Subplanos quinto y cuarto: Estos subplanos también tienen por fondo al plano físico (al igual que los anteriores), solo que en ellos las vibraciones se corresponden con actitudes que ya no son mundanas o viles como en el sexto y séptimo subplano, siendo por ello que sus habitantes se sienten más ligeros, menos densos, más alejados del mundo de la materia y cercanos al mundo de la mente. Ahora, hay algo muy importante que empieza a darse en estos dos subplanos con gran fuerza: la entrada de la subjetividad y de la intersubjetividad en la construcción del entorno. Lo que queremos decir es que quienes viven aquí (sobre todo en el cuarto subplano) pueden modificar (consciente o inconscientemente) hasta cierto punto su entorno de acuerdo con lo más persistente de sus contenidos mentales (recuerdos, creencias, etc). Cabe decir que aquí la percepción de lo que sucede en el mundo de los vivos es menor que en los planos anteriores…



Subplanos tercero, segundo y primero: En estos subplanos lo subjetivo y lo intersubjetivo desplazan a lo objetivo. Aquí la distancia con el mundo físico se ha hecho tan grande que se requiere de los médiums para comunicarse con los vivos, siendo casi imposible dicha comunicación en el primer subplano; aquí ya no se ve nada del mundo de los vivos y los lugares que uno ve pueden ser de los siguientes tipos: 1) los creados por uno mismo, 2) los creados por otra persona particular, 3) los creados por un grupo humano, grupo que generalmente contiene un conjunto de generaciones que durante siglos han mantenido creencias comunes que se han plasmado en lugares estables dentro de estos subplanos. Un pintor lloraría de felicidad al llegar a estos subplanos pues podría vivir en sus propios cuadros y, si se encuentra con otro pintor, podría visitar los cuadros del otro pintor…En estos subplanos, sobre todo aquellos que han asimilado las enseñanzas ocultistas relativas a la naturaleza del mundo astral, suelen proporcionarse a su antojo el entorno en el que viven. Así, si uno es un gran fan de The Legend of Zelda o Final Fantasy, podría vivir voluntariamente en cualquiera de los paisajes de ambos juegos: aunque claro, no tanto en los paisajes como realmente son sino como uno los recordaría… Pero hay algo que cabe resaltar y es que los lugares construidos por uno o pocos sujetos no tienen el mismo grado de estabilidad que los lugares construidos por generaciones de seres humanos. Por ello, si llegas a estar allí y recuerdas estas líneas, no te esperances mucho de dejar construido un lugar para los otros que pueda ser usado un tiempo considerable luego de que tú hayas dejado el mundo astral y pasado al mental. Y es que los únicos escenarios que sobreviven al tiempo son, como ya dije, los construidos por grandes grupos humanos. Por eso ocurrirá lo siguiente si se desconocen estas enseñanzas ocultistas y se es un hombre de fe: el judío verá su Jerusalén Dorada y creerá que el judaísmo estaba en lo cierto; el creyente del Islam verá palacios de oro y plata, caballos de blancura inigualable y jardines deslumbrantes, y creerá que su religión estaba cierta; etc. En síntesis, toda persona de fe verá el cielo de su respectiva religión en la medida en que la naturaleza de los planos astrales superiores lo permitan. Pero hay algo muy importante que debemos tener en cuenta y es que todo esto en gran parte es posible porque, como indican los espiritistas en eso que llaman “Tierra de Verano”, la gente en los planos astrales tiende a agruparse según características como el idioma, la nacionalidad y aún más el credo: de allí que, si eres testigo de Jehová de habla hispana y te topas con esos campos llenos de belleza y animales que conviven tranquilamente con la gente, seguramente encontrarás personas que hablen español… Ahora, si alguien muere y no tiene credo alguno o sabe de estas enseñanzas y en consecuencia de la naturaleza en cierto modo artificial de los distintos paraísos, eso no impide que pueda visitarlos…
.Reencarnación



Después de abandonar el mundo astral, pasar al mundo mental y terminar el periodo prescrito (que varía de individuo a individuo) en el mundo mental, el Ego[6] debe volver al mundo físico a través de otra encarnación. Como todos saben, a la hora de elegir un nuevo cuerpo (que incluye un nuevo cerebro…) el Ego tiene una carga kármika y arrastra los gérmenes y simientes de su última vida (llamados “skandhas” por los budistas), los cuales habrán de manifestarse en cualidades físicas, ideas abstractas, facultades mentales, tendencias de la mente, etc. No obstante cabe resaltar que lo anterior no es suficiente para determinar las características que tendrá el nuevo sujeto ya quecomo en realidad comienza no es como estaba al morir en su anterior encarnación sino como estaba al termino de su vida en el plano mental luego de haber muerto en su anterior encarnación…De allí que los gérmenes de su vida anterior solo habrán de operar en la medida en que estuvieron presentes en el susodicho último estado dentro del plano mental; además de que, por otra parte, el sujeto bien pudo haber desarrollado ciertas cualidades en el plano mental y en los astrales superiores que le precedieron, incorporando así elementos adquiridos post mortem en su siguiente encarnación.


Una vez que la encarnación se ha consumado hay que advertir que las tendencias con que se viene son más tendencias latentes que tendencias en pleno funcionamiento. En cuanto a las facultades que tiene como producto del karma, o bien puede desarrollarlas al punto de hacer que jueguen un papel mucho más importante que en vidas anteriores, o bien puede ser que, en parte por el entorno, las deje en un estado de latencia y quietud tal que acaben por atrofiarse al punto de no volver a aparecer en la próxima encarnación… Así que ya saben: tengan cuidado con no utilizar los talentos que tienen…


En cuanto a la belleza o fealdad con que se nace, A. Powell nos da un dato curioso cuando dice quemuchos rostros horribles (o incluso amorfos o monstruosos) con rasgos animales son el producto kármico de que su portador haya tenido demasiado exacerbado su lado instintivo o ciertas características ligadas a la animalidad como, por ejemplo, el ser iracundo… Y no es un disparate, sobre todo si tenemos en cuenta que las personas con caras horriblemente fieras son por lo general violentas…



Finalmente, hay algo muy importante que debe decirse y es que tanto en A. Powell como en el libro de Urantia, la reencarnación no solo puede ir en vía ascendente (evolución) y lograr que el Ego deje de reencarnarse en la Tierra y continúe su ciclo evolutivo en mundos superiores sino que, y esto es de funesta gravedad, la reencarnación puede ir en vía descendente (involución) y culminar con la disolución del alma… ¿Cuándo sucede eso? Sucede cuando todo rastro de bondad y amor por las cosas sublimes (arte, ciencia, filosofía, espiritualidad, valores éticos universales, etc) ha desaparecido, cuando el sujeto ha perdido toda posibilidad de arrepentirse y cambiar su rumbo: cuando ha perdido lo necesario para que sea posible que lo salven o él mismo se salve…Siendo más técnico, podría explicarse la situación diciendo que lo anterior equivale a que el sujeto llega a un punto en el cual la parte divina del individuo ya no puede comunicarse con la mente consciente, lo cual implica que el llamado “hilo de plata”[7] se ha roto y el alma se ha perdido…El que un ser humano (si se le puede llamar así a lo que queda después de aquello…) llegue a ese punto es nefasto porque no es que le llegará la muerte biológica y nos libraremos del malvado que ha perdido su alma; no. Cuando eso ocurra quedará de él una entidad astral capaz de reencarnar con cuerpo humano, una entidad astral formada de pura energía negativa a la cual se conoce como Elemental Humano[8]. Afortunadamente ese Elemental Humano dejará de reencarnarse tras unas cuantas encarnaciones en las cuales se haya agotado por completo su energía. Cuando eso pase simplemente el Elemental Humano dejará de existir…

[1] Arthur Powell fue un teósofo cuyas obras se publicaron a principios del siglo XX. Su conocimiento fue muy amplio, llegando a estudiar a profundidad la obra completa de importantes ocultistas como Helena Blavatsky, Charles Webster Leadbeater y Annie Besant.


[2] Aquí se puede acotar que el muerto conserva sus recuerdos y el mismo grado de inteligencia que tenía de vivo cuando estaba en la plenitud de sus facultades intelectuales (de modo que si alguien con Alzheimer muere, al morir recobrará su lucidez); incluso conserva su personalidad y sus tendencias; pero, como se verá luego, irá depurándose de muchas de esas tendencias y de ciertos aspectos de su personalidad.


[3] Una especie de entidad energética relativamente autofuncional ligada a la naturaleza de las tendencias y deseos del sujeto y condicionada por dicha naturaleza. Como todo elemental, el Elemental del Deseo tiende a una fusión con la material, razón por la cual el Elemental del Deseo intenta, luego de la muerte, hacer que el sujeto se apegue a sus deseos terrenos para de ese modo sumergirlo en la materialidad ligada a lo más bajo del astral (donde imperan las bajas pasiones típicas del materialismo del hombre: lujuria, avaricia, apego a las posesiones, etc)


[4] Diversas experiencias han demostrado que en realidad la comprensión ocultista de este tipo de cuestiones tiene gran utilidad práctica en el más allá, incluso si en vida se las tenía en cuenta como meras hipótesis de probabilidad.


[5] Esto explica que, en tantas experiencias de desdoblamiento astral entre los vivos, el sujeto que viaja astralmente haya hablado de lugares muy parecidos a lugares de la tierra, lugares que suelen ser como versiones macabras o siniestras con ligeras alteraciones: esto, claro está, si hablamos del séptimo subplano.


[6] El Yo inmortal y divino que habita en el cuerpo causal (cuerpo sutil que es el que guarda las experiencias de vida en vida en el proceso de encarnaciones)


[7] Este hilo de sustancia sutil conecta al sujeto con su alma


[8] El Elemental Humano puede explicar la existencia de monstruos como Gille de Rais que, desde niños, mostraron una incomprensible tendencia a la maldad y una ausencia total de humanidad…