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miércoles, 11 de diciembre de 2013

La Chica de la Curva






Una de las más escalofriantes leyendas urbanas, la chica de la curva, un fantasma atormentado que busca venganza en la curva en la que fue atropellada.


Pasaban quince minutos de las nueve de la noche cuando Cobos decidió irse. Llevaba varias horas delante de la pantalla del ordenador, sin apenas pestañear y pensó que ya era hora de marchar a casa.


Fuera, en la calle, ya había anochecido hacía un buen rato. El viento soplaba con una fuerza inusitada, como antesala de una tormenta que estaba a punto de llegar.


Antes de cerrar la oficina con su llave, tecleó en la pequeña consola la clave para activar la alarma electrónica. Esperó unos segundos tras cerrar la puerta hasta que escuchó un pitido agudo que indicaba que la alarma quedaba en servicio, y con un gesto instintivo se echó la gabardina por encima de los hombros. El frío arreciaba y empezaba a lloviznar.


Con paso rápido alcanzó su vehículo, un viejo Renault verde oscuro que pese a los años, se encontraba en bastante buen estado. Abríó la puerta y con rapidez se introdujo en su interior.


Introdujo la llave en el contacto y en breves segundos una tenue luz dió vida al cuadro de mandos. Giró la rueda de la calefacción al tope, y se dispuso a iniciar la marcha hacia su hogar.


La tormenta se fue volviendo cada vez más virulenta a medida que se alejaba de la oficina. Aún le quedaban unos 50 kilómetros hasta llegar a su casa, situada en las afueras de una pequeña ciudad dormitorio. Decidió encender la radio para hacer el trayecto más apacible; sin embargo la grave voz del locutor de ese programa de misterio que tanto le perturbaba, inundó el oscuro interior del vehículo.


Giró a la derecha para incorporarse a la carretera comarcal por la que tendría que transitar varios kilómetros. No le gustaba nada regresar a casa por este camino, máxime cuando hacía una noche tan desapacible como esta, ya que el firme no se encontraba en buen estado y apenas había iluminación. De hecho se había producido en ella varios accidentes en los últimos años, alguno de ellos mortal. Esto también había dado lugar a habladurías de la gente, que afirmaba que en una curva se aparecía una mujer joven vestida de blanco y con aspecto desaliñado.

Cobos no era una persona que diera mucho crédito a este tipo de historias. Sin embargo tenía que reconocer que había algo en esa carretera que le provocaba una sensación extraña, de intranquilidad.


Ya había dejado atrás las luces de la pequeña ciudad, y la oscuridad lo inundaba todo. Sólo el resplandor de los faros delanteros era capaz de romper con la negrura de esa noche sin luna. De pronto, una sensación muy extraña se apoderó de él. Se dió cuenta que no se escuchaba ningún ruido, salvando la radio y el sonido del motor y los neumáticos sobre la gravilla.Decidió parar en el arcén sin saber bien para qué, ni que se encontraría. Abrió la puerta del coche y salió. Fuera llovía copiosamente, pero apenas se escuchaba algomás que el ruido del motor y el golpeteo de las gotas de lluvia en el techo del coche. Se introdujo de nuevo en el vehículo, e inició la marcha, sin haber despejado del todo ese hormigueo que tenía en el estómago.


Su incertidumbre duró poco tiempo. Al mirar por el retrovisor interior del coche se dió cuenta de que no iba solo. Una mujer totalmente empapada, con un vestido blanco, y la mirada ausente se encontraba en el asiento trasero.


Era imposible que se encontrara allí: el vehículo sólo tenía dos puertas y de ninguna forma se podía acceder a la parte trasera, salvo por la puerta del lado del conductor, ya que la otra se encontraba averiada desde hacía varios días y no se podía abrir.


Su corazón empezó a latir aceleradamente. Frenó en seco y con sus manos se tapó el rostro, con la esperanza de que todo fuera fruto de su imaginación. Sin embargo al volver a mirar por el retrovisor, la figura seguía sentada en el mismo lugar.


Cobos se giró y balbuceando preguntó a la mujer quién era, y que hacía allí. Sin embargo esta no articuló palabra. Su mirada seguía perdida Dios sabe donde…


No podía ser. No podía estar nadie allí. No podía ocurrir que esa vieja historia de la mujer de la curva le estuviera ocurriendo a él. No creía en ese tipo de tonterías. Decidió salir del coche y echar un vistazo desde fuera. Tenía que ser fruto de su imaginación.


Asió la palanca de la puerta con la mano dispuesto a abandonar el coche, y de repente sintió una fuerte presión en el cuello. Notó como dos manos frías como el acero le presionaban impidiendo el paso de aire a los pulmones. Miró sorprendido por el retrovisor y la imagen que vió le provocó pánico. La mujer ya no tenía esa mirada fria y distante sino todo lo contrario: los ojos parecían que se iban a salir de las órbitas y reflejaban un odio que nunca había visto en ningunta otra mirada.


Intentó zafarse de las manos de la mujer pero le resultó imposible. Poco a poco, a medida que el oxigeno apenas llegaba a sus pulmones, fue perdiendo la consciencia, seguro de que iba a morir, pero sin entender aún porqué. Hasta que la mujer aproximó sus labios y dijo con una voz carente de expresión: nos veremos en el infierno, donde estoy desde aquella noche que me atropellaste en la curva que acabamos de pasar. ¿Recuerdas?


Fueron las últimas palabras que escuchó. Después reinó la oscuridad más absoluta.

martes, 10 de diciembre de 2013

Accidente en un Abismo










Un matrimonio con su hijo pequeño viajaban de noche por una peligrosa carretera al filo de los escarpados barrancos que bordeaban una montaña. De improviso una mujer con la ropa ensangrentada se cruzó en la carretera…


Un matrimonio con su hijo pequeño viajaban de noche por una carretera prácticamente abandonada que servía de atajo para cruzar la montaña, sus continuas curvas, la estrechez de la calzada y la espesa niebla que cubría todo el trayecto hacía que aventurarse por ese camino al filo del abismo fuera realmente peligroso.


De improviso una mujer con la ropa ensangrentada se cruzó en la carretera obligando al padre de familia a frenar en seco, tras el susto el señor bajó del coche con la intención de ayudar a la mujer que muy alterada y llorando les explicó que había tenido un accidente y su coche había caído por el barranco.


La mujer le rogó que la ayudara ya que su bebé aún se encontraba en el vehículo atrapado entre unos hierros y ella era incapaz de sacarle de allí por si sola. La caída era de varias decenas de metros y aunque el coche había destruido parte de la vegetación, mientras rodaba montaña abajo, de no haberle avisado la mujer muy probablemente nadie hubiese encontrado al bebé nunca, mucho menos con esa niebla que impedía ver a mas de dos metros. El señor guiado por el llanto del niño consiguió llegar hasta el lugar del accidente.


Al rato subió muy nervioso con el bebé en brazos y le preguntó a su esposa dónde estaba la mujer. Esta le respondió que se había sentado en una piedra grande que había al lado de la carretera. Su hijo y ella se entretuvieron unos momentos mientras trataban de buscar señal para llamar a los equipos de emergencia pero cuando miraron ya no estaba.


Entonces el hombre se metió rápidamente en el coche con el bebé y le dijo a su mujer e hijo que hicieran lo mismo. Arrancó el coche y se fueron. Su mujer, muy asustada, le preguntó que por qué se iba con el bebé sin buscar antes a la mujer. El marido le dijo que se tranquilizara y que cuando llegaran a la próximagasolinera le contaría.


Cuando llegaron, la mujer le pidió explicaciones al marido. Este le contestó que cuando bajó y encontró elvehículo accidentado vio a la mujer que les había dado el aviso muerta. Estaba muy fría y probablemente el accidente se había producido horas antes de que ellos pasaran por ese punto.


El espíritu de la mujer era el que le había pedido ayuda para que salvaran a su hijo.

Sin Luces por la Carretera










Un hombre circula a altas horas de la madrugada por una carretera secundaria, de repente se da cuenta de que un vehículo de gran cilindrada conduce sin luces en su dirección. Para avisarle decide hacerle un juego de luces…


Manuel regresaba de su pueblo a altas horas de la madrugada, antes de llegar a la autopista debía circular varios kilómetros por carreteras vecinales y comarcales que se encontraban en un estado lamentable. Además de carecer totalmente de iluminación, las curvas y lo irregular del asfaltado hacían que aventurarse en ellas de noche fuera jugarse la vida. Mucho mas cuando llevaba casi un día sin dormir debido a que su “visita al pueblo” se debía al fallecimiento de un tío lejano pero muy querido por la familia.


Luchando contra el sueño y casi por casualidad, en unos de los pocos trazados en los que la carretera permitía que la Luna iluminara la vía, divisó a lo lejos un todo terreno negro que circulaba con las luces apagadas en sentido contrario al suyo. Se consideró afortunado de no haber impactado frontalmente con él y pensando que era algún borracho que olvidó encenderlas le hizo un juego de luces con los faros de larga distancia.


El todo terreno prendió entonces sus luces de máxima intensidad, era un modelo con unas potentes luces instaladas en la parte superior del vehículo como los utilizados en algunos safaris de África. Manuel casi se sale de la carretera al ser deslumbrado por tan potentes “faros”, enfadado empezó a pitar y vociferar toda clase de insultos por la ventanilla. Lo que no esperaba es que el todo terreno haciendo un derrape típico de películas de acción cambiara el sentido de su marcha comenzando a perseguir al coche de Manuel.


Aterrorizado comenzó a acelerar con la intención de dejar atrás a su perseguidor. Pero este parecía más veloz y diestro al volante y aprovechaba la mayor cilindrada de su vehículo para empujar y golpear el coche del asustado conductor. Hasta que sucedió lo inevitable, Manuel perdió el control de su vehículo en una curva y tras dar dos vueltas de campana acabó estrellándose contra un árbol. Al salir por la ventanilla del coche pensó por un momento que había sido afortunado de sobrevivir al accidente. Pero su alegría pronto se vio interrumpida cuando al levantar la cabeza observó como cuatro individuos bajaron del todo terreno con martillos en la mano…


Al día siguiente la policía encontró el vehículo a varios metros de la calzada y el cuerpo de Manuel casi irreconocible, machacado a golpes de martillo durante varios minutos. En el informe policial se advirtió que una vez más una de las bandas más peligrosas de la zona había vuelto a matar en uno de los ritos de iniciación a sus nuevos miembros.


Su modus operandi consistía en conducir sin luces por una carretera secundaria hasta que algún incauto trataba de advertirles haciéndoles un juego de luces. De este modo elegían a su víctima a la que obligaban a salir de la carretera o accidentarse para que después el nuevo miembro de la banda le golpeara hasta la muerte.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El Peaje










Un hombre vivirá la experiencia más aterradora de su vida cuando un coche ocupado por unos individuos de peligroso aspecto se acerque a la cabina de peaje en la que trabaja por la noche.


Era una noche aburrida y tediosa como cualquier otra en el gris trabajo de un viejo cajero de peaje. Además esa semana le tocaba trabajar en el turno de noche y el aburrimiento se multiplicaba en una de esas largas noches en las que casi no pasaba ni un vehículo. Su única compañía hubiese sido su compañero Ernesto, pero por desgracia a él esa noche le tocaba la entrada de camiones y vehículos pesados que se encontraba en la cabina más alejada.


Hacían mas de veinte minutos desde que pasó el último coche y estaba empezando a perder su lucha contra el sueño cuando a lo lejos apareció uno de esos coches tuning que parecían una atracción de feria con sus luces de neón y su música a todo volumen…


Escuchar Daddy Yankee a todo volumen a las cuatro de la mañana ya hubiese sido motivo suficiente para odiar al grupo de macacos que había en el interior del vehículo. Pero al bajar los cristales tintados de la ventanilla su repulsa aumentó al ver a un niñato de unos veinte años con una camiseta sin mangas y el típico cuerpo de haberse machacado en el gimnasio aderezado con un poco de esteroides. Además tenía todo el brazo, el cuello y parte de la cara tatuados, pero lo más impactante de su aspecto de matón de discoteca era una funda metálica en los dientes superiores que hacía que su aspecto fuera incluso más amenazante y aterrador.


- ¿Qué pasa abuelo tengo algo pintado en la cara o qué?


Tras hacer la pregunta se escucharon unas risas de los otros ocupantes del vehículo, debían ser unos tres mas y cuando vieron que su “líder” se envalentonó aprovecharon para asomarse por las ventanillas para ver la cara de miedo del viejete mientras su amigo le empezaba a molestar.


- Vamos Tutankamón que no tenemos toda la noche ¿Cuánto es?

- Un euro y medio – contestó el viejo sin levantar la cabeza.

- ¡¡Pero serás ladrón!!! No me jodas cada día es más caro.

- Tiene usted razón señor pero yo no pongo los precios, yo solamente soy un “mandao”.

- Jajaja mira el viejales que educado que me llama de usted y todo. Me has caído bien Tutankamon, ¡¡¡Sal de la cabina que nos vamos de fiesta!!!

- Disculpe señor pero no puedo abandonar mi puesto.

- ¿Seguro que no te quieres venir? – El matón alargó el brazo y le dio un billete de cinco euros para pagar el peaje.

- No, muchas gracias – le dijo el hombre que no levantaba la mirada del suelo de puro terror.


Mientras contaba el cambio que tenía que devolverle aprovechó para levantar la barrera, cuanto antes se fueran mejor.


- Aquí está su cambio señor – dijo tratando de no cruzar la mirada con él.


En ese momento un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando sintió como una fuerte mano le agarraba de la muñeca.


- ¡¡¡Te vas a venir con nosotros quieras o no!!! – Mientras pronunciaba esas palabras sacó una cuerda y con un nudo que ya tenía preparado le ató la mano.


Sin mediar mas palabra el matón aceleró su coche al máximo y salió quemando ruedas mientras de la ventanilla salía más y más cuerda que debían tener enrollada dentro del coche.


El hombre paralizado por el miedo, intentó desesperadamente deshacer el nudo, pero era muy complejo y se notaba que lo habían preparado para resultar casi imposible deshacerlo. No sabía cuanta cuerda había dentro del coche y en cualquier momento recibiría un fuerte tirón que le podría arrancar el brazo o lo que es peor le arrastraría detrás del coche de los matones. Esa gente desalmada podrían arrastrar su cadáver durante kilómetros antes de soltar la cuerda.


El hombre recordó que sus hijos le habían regalado una navaja suiza por el día del padre, una de esas multiusos que sirven para todo y en realidad no sirven para nada. Intentó en vano cortar la cuerda, pero parecía una de esas de alpinismo ultra resistentes y preparadas para soportar roces contra la roca y grandes tirones.


Su compañero de trabajo al escuchar sus gritos salió corriendo hacía su cabina sin saber que sucedía y al ver la cuerda atada a la muñeca de su amigo y como el coche se alejaba a toda velocidad se quedó petrificado.


Cuando todo parecía perdido, sucedió lo que menos se hubieran podido esperar, el otro extremo de la cuerda salió por la ventanilla del coche que se alejó a toda velocidad…


Realmente la cuerda nunca había estado atada al interior del coche. Tan sólo fue una broma macabra y de mal gusto con la que los matones pretendían darle el susto de su vida al pobre hombre del peaje.


Mientras su corazón bajaba el ritmo de pulsaciones, que a punto estuvieron de causarle un ataque cardíaco, se dio cuenta de que del miedo se había hecho pis encima, pero la verdad es que eso le importaba poco cuando había visto tan cerca la muerte. Esa noche no volvería a pasar sueño en su turno.

Las Gemelas










Se dice que entre los hermanos gemelos hay un vínculo tan especial que cuando le sucede algo a uno de ellos el otro puede sentirlo. Un caso extremo es lo que les sucederá a las niñas de esta escalofriante leyenda urbana…


Había dos hermanas gemelas que se llevaban muy bien, como si hubiesen nacido siendo amigas: nunca se peleaban, rara vez discutían, compartían todo lo que podían, tenían las mismas aficiones y aversiones y hasta vestían parecido.


Toda su vida habían estado en un barrio tranquilo, una zona residencial algo alejada del ajetreo propio de tantas partes de la urbe. Aunque ahora por razones laborales, su madre les había dicho que debían mudarse a una zona distinta de la ciudad, una parte en la que había mucha más actividad y en consecuencia debían tener más cuidado.


Llegó así un día en que llamaron a la madre del trabajo y, a diferencia de tantos otros días, las niñas debían cruzar solas una calle bastante transitada. Como habían atravesado esa calle cientos de veces junto a ella, la madre pensó que podía despreocuparse de sus hijas y les dijo que tenía que irse rápido y que ellas podían cruzar solas sin problema siempre y cuando miren a uno y otro lado y estén bien atentas a los automóviles.


Las niñas siguieron el consejo de la madre y esta siguió su rumbo dándoles la espalda; pero, ni bien hubo caminado un par de metros, oyó un ruido espantoso, algo parecido al ruido que hace un coco al quebrarse.


Eran sus hijas, tendidas sobre el pavimento con las cabezas aplastadas y los cerebros desparramados junto a esquirlas de hueso. A lo lejos un camión huía a toda velocidad, el conductor probablemente distraído con el teléfono o quizás tras haberse tomado un par de copas a la hora de la comida, las arrolló sin tan siquiera reducir su velocidad. El imprudente conductor al sentir los cuerpecitos aplastarse bajo las ruedas del camión aceleró y no solamente no las auxilió, si no que además puso en peligro a otros conductores que pudieron sufrir un accidente al cruzarse con él en su desesperada huída.


Por desgracia todo el mundo quedó tan conmocionado que nadie tuvo tiempo de apuntar su matrícula por lo que escapó impune.


La madre lloraba desconsoladamente en medio del tráfico detenido, gritaba y agitaba sus cuerpecitos como esperando que se levantaran de nuevo y le ofrecieran una de sus sonrisas. ¿Cómo podría superar la pérdida de sus angelitos de tan solo ocho años?


Dicen que el tiempo es el mejor remedio y así fue… Era joven, tenía apenas unos 28 años y un par de años después, se quedó de nuevo embarazada. Casualidades del destino tuvo otra vez gemelas: el problema es que no lograba olvidar del todo a sus hijas fallecidas, sobre todo porque de alguna u otra forma sus nuevas gemelas —que ahora tenían justo la edad en que murieron las anteriores— le recordaban a sus primeras hijas.


Tenían tantas cosas en común que algunas veces incluso se equivocaba de nombre al llamarlas y estallaba en lágrimas al recordarlas…


Pero esta vez por nada del mundo descuidaría a sus pequeñas. Las tenía terminantemente prohibido cruzarla calle solas.


Un día sin embargo vio que mientras jugaban en el parque cerca de su casa se estaban acercando demasiado a la calle y, aterrorizada, les gritó para que se detuvieran, a lo cual ellas respondieron al unísono:

—No pensábamos cruzar, ya nos atropellaron una vez aquí y no volverá a ocurrir…

El Autobús Fantasma










Cuenta la leyenda que en una peligrosa carretera entre montañas un autobús sufrió un accidente muriendo todas las personas que en él viajaban. Desde entonces dicho autobús circula de noche y aquel osado que atreva a montarse en él…




De la ciudad de Toluca a la ciudad de Ixtapan de la Sal, anteriormente era obligado transitar por una carretera bastante sinuosa y peligrosa, pues bordea un precipicio sumamente profundo casi vertical y de roca sólida. Actualmente existe una autopista.


Un día de tantos un autobús partió de Ixtapan de la Sal con rumbo a Toluca. El viaje era de lo más normal aunque circulaba por la noche, muchos de los pasajeros habían hecho ese viaje varias veces así que aprovechaban para dormir. El autobús inició el viaje lleno, subió por la cuesta sin problemas cuando comenzó a llover, como tantas veces en esa parte del camino, entonces alcanzó el punto más alto y luego inició el descenso e iniciaron las famosas curvas de Calderón, un tramo de carretera, en el cual las curvas son sumamente cerradas y peligrosas, además se caracteriza porque sin importar si se va a Toluca o se viene de ella esa parte es de bajada, pues es parte de una hondonada bastante grande y donde hay un puente en el cual sólo cabe un auto y está además al salir de una curva muy cerrada.


En ese puente han ocurrido accidentes muy graves y muchos de ellos mortales, está tan hondo que a no ser por la cantidad de piedras afiladas a los lados, fácilmente podría sujetarse un “bungee”. El autobús en cuestión inició su descenso, con lluvia y por supuesto el pavimento mojado. De repente los pasajeros se percatan de que el autobús está ganando velocidad y se asustan, reclamando al conductor, quien no dice nada en absoluto, entonces sumamente nervioso al fin atina a decir:


¡¡¡Están fallando los frenos!!!


En poco tiempo el autobús toma tanta velocidad que es imposible controlarlo y en una curva el autobús se precipita al vacío, muchos mueren instantáneamente a causa del golpe, otros yacen inconscientes, hasta que el autobús se incendia y en poco tiempo es consumido por las llamas. Nadie escuchó los gritos de los pocos pasajeros que pedían ayuda y todos mueren de una forma horrible.


Mientras tanto en las oficinas de la central de autobuses no reciben el reporte de que el autobús número 40 de esta línea de autobuses haya llegado, está demasiado atrasado y era el último de la noche de modo que si se averió, no habrá otro que lo alcance y pueda traer a los pasajeros, de modo que se envía un vehículo a investigar. No parece haber rastro de él en todo el trayecto, al menos no hasta llegar a las curvas de Calderón, donde una patrulla de la policía ha localizado un terrible accidente. No hay supervivientes y los cuerpos están unos destrozados fuera de lo que quedó del autobús y otros calcinados dentro del mismo.


Sólo fue noticia por poco tiempo, pero a partir de esa fecha y por las noches si te encuentras en la carretera de Ixtapan de la Sal, con rumbo a Toluca por la noche e intentas subir a un autobús, es posible que sea el número 40 el que se pare y te abra la puerta. Al abordarlo notarás que es un autobús antiguo, pero en buenas condiciones, y como algunas líneas de autobuses usan vehículos no tan nuevos, no te importará mucho, pero entonces te percatarás de que aún cuando va lleno, con personas de pie, hay siempre un lugar vacío, o dos o tres, siempre de acuerdo con el número de personas que se acaben de subir. Nadie ocupa esos asientos así que te sientas aún cuando te parece raro, y sientes un vacío en el estómago. Te percatas de que a pesar de la hora nadie va dormido, mujeres hombres y niños van despiertos, pero nadie habla, ni siquiera los niños, es un silencio pesado, además todos van bien arreglados ¿Por qué? Nadie lo sabe.


El auxiliar del chófer quien revisa los billetes (o te cobra el pasaje) comienza pocos minutos después a revisarlos, preparas el importe de tu pasaje pero, jamás pasa a tu lugar para solicitar el costo, eso es aun más raro, pero piensas que al bajar en la terminal pagarás.


Llegas a Toluca sin contratiempos, pero pasada la media noche, entonces el chófer detiene la unidad antes de llegar a la Terminal y te dice que debes bajar en ese momento, aunque el trayecto no ha acabado y no entiendes la razón obedeces. Entonces al llegar a la altura del chófer, el único que habla, y al intentar pagar tu pasaje, te dice que no es nada y añade:


“Baja ahora y no te gires antes de que cierre la puerta o jamás dejarás el autobús”.


Quienes obedecen, bajan y no se giran, si no hasta que se escucha el sonido de la puerta al cerrar y el motor del autobús arrancar, sólo para darse cuenta de que no hay autobús, este mismo ha desaparecido. Los desobedientes al bajar y girarse ven el autobús hecho pedazos, dentro esqueletos descarnados y el chófer mirándote sin decir nada. El autobús desaparece y la persona en cuestión muere unos días después.


Se dice que a partir de ese momento su fantasma sube al autobús y viajará eternamente en él por causa de su desobediencia. Si por casualidad algún día viajas a Ixtapan de la Sal y de regreso tu auto no funciona, no te arriesgues, si es de noche, a subirte a un autobús, quizá sea el número 40.


Si es así sólo obedece las instrucciones de ese modo podrás contarlo, de lo contrario serás condenado a viajar por esa ruta en ese autobús por la eternidad…



Leyenda escrita por: heavenly hell

La Chica del Asiento de Atrás



Un conductor de autobuses regresa su vehículo a las cocheras. El autobús está vacío y el sueñoempieza a vencerle, cuando de repente una chica se cruza en la carretera e irremediablemente la atropella. Asustado escapa del lugar…

Julián acababa de terminar su turno de noche, únicamente debía dejar el autobús en la cochera antes de regresar a casa, un trayecto de unos 25 minutos (saliendo de la ciudad) que siempre se le hacían eternos.

Mientras transportaba pasajeros su trabajo era entretenido, siempre podía escuchar las conversaciones de los demás o entretenerse mirando la minifalda de alguna jovencita por el espejo retrovisor; pero, con el autobús completamente vacío, los minutos se volvían horas.

Además estaba especialmente cansado, ya que la noche anterior apenas había dormido cuatro horas. Mientras conducía, el sueño le iba venciendo y sin querer pegaba algún pequeño cabezazo.

Se durmió apenas unas décimas de segundo, tiempo suficiente para perder el control del autobús y pegarse el susto de su vida al encontrarse en mitad de la calzada a una chica que asustada trataba de esquivar el pesado vehículo. Todo fue en vano: la velocidad a la que iba el vehículo, unida al estado de aletargamiento del conductor, provocaron que, incluso pisando el freno hasta su tope, el autobús arrollara a la joven. El sonido de las ruedas destrozando los huesos de su delicado cuerpo mientras el trasporte saltaba como si acabara de pasar un obstáculo, estremeció a Julián y lo dejó helado.

Estaba bloqueado, sin duda había sido su culpa, la chica estaba muerta, de eso no había duda. Mirando por el espejo una vez detenido el autobús, se podía ver como el cuerpo boca abajo estaba destrozado. No había nadie cerca que hubiese visto el accidente y miles de ideas se agolparon en su cabeza. Se imaginó en la cárcel y sin nadie que pudiera llevar el pan a la mesa de sus dos hijos. En el mejor de los casos perdería su trabajo ya que había excedido las horas legales en que podía conducir un trasporte. Seguro que su jefe, cuando se iniciara una investigación, le echaría a la calle antes de buscarse problemas él mismo.

Asustado y aún confuso pegó un acelerón comprobando que no hubiera nadie cerca que pudiera identificarle, escapó de allí sin tan siquiera bajarse del autobús y en su huída no respetaba señales de tráfico ni los límites de velocidad. Una fuerte culpa le oprimía el pecho y como por instinto miró por el espejo interior del vehículo, no había nadie en los asientos pero sentía como dos ojos le punzaban en la nuca, como si alguien le mirara fijamente.

Entonces la vio…

En el último asiento había una chica sentada que no dejaba de mirarle, giró su cuerpo para revisar la parte de atrás sin usar el espejo, pero no había nadie. Temblando y con el cuerpo casi agarrotado por el miedo, regresó su mirada a la carretera, pero casi involuntariamente volvió a mirar por el espejo. La chica se levantó y comenzó a avanzar hacia él, de nuevo se giró y no pudo ver a nadie. Un nuevo escalofrío le recorrió la espalda, estaba tan asustado que quería bajarse del autobús y salir corriendo pero incluso para eso era demasiado cobarde.

Julián se giraba una y otra vez a mirar la parte trasera del autobús, no había nadie, pero él sabía que estaba ahí, podía sentir su mirada clavándose en él. No se atrevía a mirar ese espejo que parecía tener algún extraño vínculo con el mundo de los muertos. Pero como la polilla que se acerca demasiado a la llama y acaba quemándose por no poder controlar sus instintos, Julián miró una vez más por el espejo.

La chica no se había movido desde la última vez, estaba en el mismo lugar, como congelada, pero al regresar la mirada de Julián al espejo fue como si se reactivara, avanzó inexorablemente hasta el asiento del piloto ―mientras Julián, paralizado, no podía apartar la mirada de la joven que se le acercaba―, extendió su mano y agarró el hombro del conductor.

Julián sintió como el frío más intenso que jamás pudo imaginar le quemaba el hombro, justo una fracción de segundo después una fuerte luz le alertó de que debía mirar de nuevo hacia la carretera: allí, un camión que circulaba por su carril le avisaba con sus luces de que estaban a punto de colisionar. Julián giró bruscamente el volante y el autobús perdió el control precipitándose por una ladera, el viaje terminó tan bruscamente como comenzó al impactar de frente contra un enorme árbol que igualmente se doblegó ante varias toneladas de acero.

Julián despertó un día después en el hospital, la mirada incriminatoria de una enfermera le alertó de que algo iba mal, deseaba que todo fuera tan sólo un sueño, o mejor dicho una pesadilla. Pero una pareja de policías que habían estado esperando en la puerta de su habitación apareció tras que la enfermera les comunicó que él había recobrado la consciencia.

Buenas tardes, señor, estamos aquí porque existen indicios de que el autobús que usted conducía atropelló a una joven la noche del viernes, se han encontrado restos de sangre que coinciden con los de la víctima y un fuerte impacto en su carrocería.

¿Reconoce usted a la chica de esta foto?

Julián palideció al instante al reconocer al fantasma que vio en el espejo e inmediatamente sintió de nuevo un frío desgarrador en el hombro: la chica aún seguía con él, esperando que cometiera el error de mirar de nuevo a un espejo. La quemadura con la marca de sus dedos en su hombro estaría ahí siempre para recordárselo.

NOTA: Esta leyenda es una versión de una más conocida en la que el conductor de un autobús, que se encuentra vacío, observa atónito como, sin detener el vehículo en ningún momento, aparece una misteriosa chica en el asiento de atrás. La chica le solicita que pare al pasar junto a un cementerio y, tan misteriosamente como apareció, se esfuma al mirar por el espejo retrovisor una vez que el conductor la ha dejado junto al camposanto.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Dile a mis Padres







Una chica se escapa de casa desobedeciendo a sus padres para ir a la fiesta de una amiga. Fuerade casa la espera su novio, quien ya está bastante borracho, él la llevará hasta la fiesta aunque conduciendo a toda velocidad…


Sandra siempre había sido una adolescente conflictiva, sus notas empeoraban cada vez más, discutía continuamente con sus padres y desobedecía sus instrucciones cada vez que se daban la vuelta. Sus progenitores estaban desesperados, no querían que la chica perdiera el curso y las habladurías sobre lo “fácil” que era con los chicos ya habían llegado a sus oídos. A sus ojos ella seguía siendo la misma niña a la que tenían que cambiar los pañales y vieron dar sus primeros pasos con un año de edad.


Pero lo cierto es que Sandra ya se consideraba a sí misma una mujer, con dieciséis años se creía lo suficientemente madura como para tomar sus propias decisiones y molestar a sus padres se había convertido en el más divertido de sus pasatiempos. Cuando salía de fiesta llegaba siempre un par de horas después del “toque de queda”, tenía cada vez peores compañías y el desfile de novios parecía no terminar nunca.


Pero el detonante definitivo fue cuando sus padres encontraron una prueba de embarazo en su cuarto de baño. Malo era que “la niña” se hubiese hecho mujer, pero más preocupante era que además lo hiciera sin protección. Los padres estaban destrozados, amaban tanto a su única hija que sin saberlo la habían consentido demasiado y se había convertido en una arpía, en una manipuladora a la que ni sus propias compañeras de instituto soportaban. Era la típica niña mimada que hacía siempre lo que quería y cuando quería. Por el contrario sus padres eran excelentes personas, queridos y respetados por todos sus conocidos, aunque se habían volcado en atenciones a una hija que nunca les devolvió el amor que la profesaban.


Pero todo había llegado demasiado lejos, debían escarmentarla y controlar su comportamiento. Castigarla sin salir hasta que acabara el curso les pareció la única opción, incluso estaban barajando la opción de enviarla a un nuevo centro el año que viene. Uno que era conocido por lo estricto de sus profesores y los excelentes resultados para “domar” a fierecillas como Sandra.


La adolescente por supuesto no estaba dispuesta a respetar el castigo y mucho menos esa noche, así que fingió un dolor de cabeza para irse temprano a dormir, algo realmente impensable en ella. Cerró la puerta, apagó la luz y escondió bajo las sábanas unos almohadones para dar el aspecto de que había alguien durmiendo. No era la primera vez que lo hacía y descender por el tejado que había junto a su ventana le resultó una tarea fácil.


El novio la esperaba un par de calles más allá con un potente todoterreno que seguramente pertenecía a sus padres. Nada más subir le plantó un beso con lengua y le ofreció un trago de tequila con una botella que ya estaba casi por la mitad. Entre risas y con la música a todo volumen salieron hacia la fiesta de Alicia, una chica que había repetido varios cursos e incluso había sido detenida por la Policía en dos ocasiones, probablemente la joven más peligrosa y temida del instituto.


Sandra llevaba semanas hablando de esa fiesta ya que Alicia había prometido que con su mayoría de edad compraría todo el alcohol que pudiera y montaría la fiesta más salvaje que jamás pudieran recordar.


Al llegar allí se encontraron exactamente con lo que Sandra se había imaginado, la gente bailaba junto a la piscina medio desnuda, pocos habían sido avisados para que llevaran un traje de baño por lo que la mayoría estaban en ropa interior. En la zona de la barra decenas de botellas coronaban unos juegos en los que se retaba a la gente a beber por un embudo, o se organizaban torneos de chupitos. Se veían grupos de jóvenes besándose y metiéndose mano en cada rincón, y luces que se apagaban en las habitaciones de arriba.


Sandra estaba feliz y no tardó en integrarse a la perfección en la fiesta, su novio por su parte se dirigió como un misil a la zona de las bebidas, agarró una botella en cada mano y se fue a la piscina donde se puso a flirtear con una rubia que parecía seguirle el juego.


A Sandra le cambió la cara cuando vio la escena, como una tigresa se acercó a su pareja y le dio un apasionado beso para disuadir a la otra chica. Pero el chico le dijo:


“Esta es mi vecina, la pobre no tiene como regresar a casa y con la ropa mojada no puede llamar a un taxi, voy a acercarla un momento a casa y regreso a la fiesta en unos minutos”


Sandra, que no era tonta, no estaba dispuesta a dejar que “su chico” se fuera con una cualquiera. A pesar de que quería continuar en la fiesta dijo que los acompañaría. La cara del novio era un poema, obviamente su intención era irse con la rubia a algún lugar apartado. Pero Sandra no le iba a dejar tranquilo. Así que a regañadientes montó con las dos chicas en el coche y, enfadado como iba, bebía trago tras trago de una de las botellas que se había llevado de la fiesta. Sandra, que conocía bien al chico, sabía que ya había bebido demasiado pero tenía una cara de furia que le indicaba que era mejor no recriminarle nada.


Diez minutos después y con el vehículo haciendo eses por la evidente borrachera del chico llegaron a su destino. La chica rubia se bajó del coche y guiñando un ojo le dijo:


“Gracias, vecino, otro día nos vemos por el barrio”.


Sandra sabía que el chico no vivía por la zona, por lo que no tardó ni un minuto en enfrentarse a su novio gritando y empujándole mientras conducía de vuelta a la fiesta. Él, realmente borracho y enfadado, conducía a toda velocidad mientras forcejeaba con ella.


De repente se encontraron con una fuerte luz de frente… El impacto fue brutal.


Sandra, que no llevaba el cinturón puesto, fue la única que no murió en el acto. Salió despedida del todoterreno y se golpeó fuertemente contra el techo del otro coche y después contra un árbol. Su cuerpo quedó tendido junto a la carretera mientras los dos vehículos se habían convertido en un amasijo de hierro y trozos de carne destrozada, carne que pertenecía a su novio y a una pareja que viajaba en el otro coche, una pareja que no había tenido culpa de nada y que se había encontrado con el vehículo de un borracho mientras avanzaba correctamente por su carril.


La Policía y un equipo de urgencias llegó al lugar a los pocos minutos, Sandra aún estaba con vida aunque el golpe había sido mortal. Con su último aliento y tosiendo sangre por la boca le dijo al médico que la atendió que le dijera a sus padres las siguientes palabras:


“Dígale a mis padres que todo ha sido culpa mía, que debí hacerles caso y que los quiero”


El doctor, que había atendido escasos segundos antes a los otros accidentados, corroborando su muerte, observó impotente cómo la chica se apagaba.


El golpe había sido tremendo y la cortina de humo que había levantado fue tal que la gente que había en la fiesta de Alicia se acercó a ver qué había pasado a dos calles del lugar. Una de las amigas de la infancia de Sandra la reconoció antes de que la cubrieran con una manta.


-¡Doctor, doctor, ella es mi amiga! ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha dicho?

-Siento mucho comunicarle que su amiga ha fallecido por el accidente, trató de decirme algo pero no pude entenderla.


Un enfermero que acompañaba al médico se sintió intrigado al ver que no le había explicado las últimas palabras de la chica.


-¿Por qué no le dijo el mensaje que le ha dejado a sus padres?


El doctor apesadumbrado le contestó:


-No sabía qué decirle, la pareja que ha muerto en el otro coche… Eran sus padres.


Al parecer los padres habían descubierto el engaño de su hija y habían ido a buscarla a la fiesta de la que llevaba hablando semanas. Al llegar allí y no encontrarla decidieron volver a casa para ver si había regresado. Con la mala fortuna de que en el camino se chocaron de frente contra el todoterreno en el que iba su hija.

Camionero Fantasma







Un hombre detiene su coche para prestar ayuda a un desconocido que le entrega un sobre con dinero y una dirección. Es de vital importancia que lleve el dinero a su mujer que está a punto de dar a luz. Sin embargo hay algo extraño…


Cuenta la leyenda que un camionero llamado Ignacio Velázquez avanzaba a gran velocidad con su tráiler por una zona montañosa. Aunque habitualmente era muy precavido y un gran conductor, la noticia de que su mujer estaba a punto de dar a luz le había obligado a saltarse las precauciones que normalmente tomaba mientras conducía. Sabía que debía llegar lo más rápidamente posible para entregar un dinero que era necesario para que asistieran el parto de su esposa, por lo que no dudó ni un instante en arriesgar su vida entre abismos y zonas rocosas para llegar lo antes posible. Era un cantidad de dinero muy grande porque sumaba el total de dos meses de trabajo y la venta de una finca que recientemente había heredado.


Cuando faltaban pocos kilómetros para el desvío que le llevaría junto a su esposa y el primer hijo que ésta alumbraría, su camión perdió el control y salió de la carretera. El impacto contra las rocas fue brutal, pero Ignacio consiguió salir del vehículo sin un solo rasguño. Aturdido por la situación y sin saber muy bien qué hacer, intentó que algún coche le llevara hasta su mujer, pero era un carretera poco transitada y tras varios minutos no pasó ningún otro vehículo. Decidido a llegar junto a los que quería de una forma u otra, comenzó a caminar en dirección a su destino; anduvo por aquella carretera varios kilómetros, pero por alguna extraña razón parecía no avanzar y, cuanto más se alejaba del lugar del accidente, más oscuro se volvía todo. Desesperado por la situación decidió sentarse en una roca, aunque no se sentía cansado, mas estaba tan confundido que necesitaba hacer una pausa, y cual fue su sorpresa que, al mirar hacia atrás buscando algún coche para hacer autostop, encontró a su camión estrellado contra las rocas. Era como si no hubiera caminado ni diez metros a pesar de todo su esfuerzo, como si estuviera atado a aquel lugar y le fueraimposible escapar. Se había convertido en un alma en pena atado a este mundo

Sin embargo el deseo de Ignacio por ayudar a su familia era tan fuerte que ni la muerte le podía impedir que cumpliera con la promesa que le había hecho a su mujer de que llegaría con el dinero. Para él, el tiempo no transcurría a la misma velocidad que para nosotros y cada día era como si volviera a comenzar y no pudiera comprender que la vida seguía su curso normal, cada día empezaba con la misma angustia por no poder ayudar a los que amaba ni despedirse de ellos.


Con el tiempo y casi sin darse cuenta, su espíritu se volvía cada vez mas fuerte, incluso corpóreo, hasta que llegó un momento en el que pudo aparecerse a los conductores que viajaban por esa vía a la misma hora en que él falleció en el accidente con su camión. La mayoría de conductores, asustados, aceleraban el paso o le ignoraban. Hasta que un día…


Una noche un joven llamado Daniel circulaba a altas horas de la madrugada por la carretera, cuando vislumbró a un hombre a un lado de la calzada que parecía haber salido de la nada. Pensando que hacía autostop detuvo su coche y bajó la ventanilla.


-Buenas, señor ¿a dónde va?

-Amigo, necesito ayuda, mi nombre es Ignacio Velázquez y mi mujer está a punto de dar a luz. Mi camión se ha salido de la calzada, no puedo dejarlo aquí con toda la carga (mintió el fantasma para no desvelar que estaba ligado a aquel lugar), pero es de vital importancia que mi mujer reciba este sobre con dinero para que atiendan su parto y las necesidades del niño. Esta es la dirección dónde vivimos, una matrona se encuentra con ellos- le dijo mientras le ofrecía un papel con una dirección anotada y un sobre bastante abultado lleno de dinero.


Daniel no veía el camión que parecía señarlarle el hombre, pero sintió al mirarle a los ojos que era un hombre bondadoso y desesperado que realmente necesitaba su ayuda. Había algo extraño en él, como si por alguna razón sus ojos no pudieran enfocarle y le viera borroso, pero no le dio mayor importancia y lo atribuyó a su cansancio y a que llevaba mas de una hora con la mirada fija en la carretera y concentrado para evitar salirse de la calzada en alguno de los peligrosos abismos.


Alargó su mano para recoger el sobre y la dirección y de forma casual rozó la mano de Ignacio. Un escalofrío subió por su brazo hasta su espalda, un frío tan intenso que le hizo estremecerse. Quedó paralizado, y ante la atenta mirada de Ignacio, bajó la vista para leer la nota y vio que estaba a pocos kilómetros y no le desviaba mucho de su camino, levantó la cabeza nuevamente para confirmar al hombre que cumpliría con su cometido. Pero éste parecía haber desaparecido, miró a un lado y al otro pero no había rastro de él ni de su camión. Se había esfumado con tan rápidamente como había aparecido.


Daniel era una buena persona y a pesar de lo extraño de la situación no dudó en ayudar a aquel buen hombre y a su mujer que sin duda necesitaría aquel dinero. Habían transcurrido un par de horas y había empezado a amanecer cuando llegó a la casa de Ignacio y su mujer, no conocía el pueblo y las indicaciones no eran tan claras como pensó inicialmente. Llamó a la puerta pero nadie le abría. Una vecina, viendo su insistencia mientras golpeaba la puerta, le dijo que ya nadie vivía allí.


- Allí no vive nadie ya, si busca a doña Matilde (el nombre de la mujer de Ignacio), se cambió de casa hace tiempo.


Aquello era realmente raro, pero Daniel era un hombre de principios y estaba decidido a hacer todo lo que estuviera en su mano para ayudar. Pidió la nueva dirección a la vecina y, aunque estaba en la otra punta de la ciudad, no dudó en acercarse para entregar el sobre. Una hora después llegó a la nueva dirección y llamó a la puerta.


- Buenos días ¿está doña Matilde?-dijo pensando que quien le abrió la puerta sería la matrona.

- Buenos días, sí soy yo, ¿qué desea?

- Me envía su marido con este sobre con dinero para atender su parto, pero debe haber un error porque obviamente usted se encuentra en perfecto estado.

- Eso es imposible, mi marido falleció en un accidente de tráfico el día que nació mi pequeñín.


Pudo ver a un niño de unos cinco años jugando en el suelo detrás de doña Matilde. Daniel estaba confundido, pero algo en su interior le decía que era el lugar y la persona correcta, por lo que extendió su mano y le entregó el sobre sin hacer más preguntas. La mujer abrió el sobre y estalló en lágrimas cuando encontró junto al dinero una nota escrita a mano por su marido que le decía:


“No he faltado a mi promesa, aquí está el dinero, siempre estaré con vosotros. Os quiero”


Daniel estaba tan aturdido por la situación que se derrumbó en el asiento de su coche y empezó a pensar en lo sucedido: la extraña forma de aparecer en la calzada, su mano tan fría como el hielo, como desapareció en un instante. Era todo tan siniestro que debería estar muerto de miedo… Pero no era así, sentía una gran paz y la sensación de haber hecho lo correcto. Recostó su cabeza en el respaldo del asiento e instintivamente miró por el espejo retrovisor.


Reflejado en él estaba Ignacio, que le sonreía y le daba las gracias. Daniel dio un salto en su asiento y se giró para mirar tras su vehículo en el lugar que debiera estar el hombre que se reflejaba. Pero allí no había nadie, miró nuevamente al espejo, pero todo rastro de aquel buen hombre había desaparecido.


NOTA: Esta leyenda está basada en la historia de “El trailero fantasma”, una leyenda bastante conocida en México y que narra cómo el fantasma de un hombre aparece pidiendo ayuda para entregar un sobre con dinero a su familia. Muchos aprovechan para quedarse con el sobre y su contenido, pero el fantasma les castiga secando su cuerpo hasta dejarles como un esqueleto o apareciendo en el asiento del copiloto y provocando un accidente que les cuesta la vida.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El Puente de los Lamentos






Una de las leyendas urbanas más aterradoras y difundidas en Estados Unidos cuenta la historia de un puente, en el que si detienes tu vehículo por la noche, podrás escucharse los lamentos y llantos de un bebé. ¿Te atreverías a comprobarlo?…


Tom viajaba de noche por una carretera comarcal de Ohio, era un viaje tranquilo y porque no decirlo tal vez un poco aburrido. Para entretenerse había sintonizado una frecuencia de radio en la que un loco predicador hablaba de la salvación eterna, por supuesto después de hacer una generosa donación a su iglesia. Tom solamente de escucharle se estaba poniendo enfermo, ¿cómo podia existir gente que le creyera? ¿no estaría prohibido vender productos falsos como las astillas de la cruz de Cristo o las lágrimas de la virgen María? Estaba tan indignado que casi no se dio cuenta de una jovencita que caminaba por el árcen de lacarretera y le hacía gestos para que se detuviera.


Casi frenando en seco Tom detuvo su vehículo pocos metros por delante de la chica.


- Cielo, como se te ocurre caminar sola a estas horas con el frío que hace, he estado a punto de llevarte por delante con mi coche – dijo Tom mientras reducía el volumen de la radio.

- Gracias por detenerse señor, tengo mucha prisa porque mi bebé me está esperando, se me ha hecho de noche y nadie se ha detenido para ayudarme, usted debe ser la tercera persona que veo en media hora y el primero que me ayuda.

- No te precoupes, si no me desvía mucho del camino te acercaré a tu casa.


Tom no acostumbraba a recoger autoestopistas y probablemente si no hubiera estaba tan absorto con el programa de radio que escuchaba no se hubiera arriesgado a detener su vehículo para ayudar a una desconocida. En todo caso al ver la cara de preocupación de la que parecía casi una niña y escuchar lahistoria de que debía reunirse con su bebé se conmovió.


- Hola, me llamo Tom, no se como no te has congelado en una noche como esta – le dijo mientras le ofrecía una sonrisa.

-Muchas gracias Tom, soy Sarah, no tenía previsto caminar hasta tan tarde, realmente no estoy lejos de casa, sólo hay que llegar al próximo puente que está a un par de kilómetros, allí está mi bebé esperándome.


Tom no se atrevía a preguntarle la edad a la chica, le había dejado impresionado que nombrara dos veces a su bebé pues no aparentaba tener mas de catorce o quince años. Fijándose un poco en las ropas de Sarah se dio cuenta que probablemente perteneciera a algún tipo de congregación amish porque sus holgadas vestimentas parecían casi sacadas del siglo pasado. Estaba confuso y no sabía que tema de conversación sacar pues aunque se moría de ganas de comentar con alguien las estupideces que pregonaba en su discurso el predicador, sabía que los amish eran bastante religiosos y lo que menos pretendía era incomodar a la chiquilla. Casi sin darse cuenta se creo un incómodo silencio que duró un par de minutos hasta que…


-¡Es aquí! – dijo la chica al acercarse al puente que le había mencionado antes.


Tom redujo la velocidad del vehículo hasta que como por arte de magia, al situarse sobre el puente, el coche se detuvo solo. Las luces, la radio y la calefacción se apagaron y por más que trataba de arrancar nuevamente le resultaba imposible. Y entonces sintió algo a su izquierda…


Era como si todos los animales que habitan la noche se hubieran puesto de acuerdo para hacer un silencio absoluto, no se escuchaba nada, ni tan siquiera el viento mover las hojas de los árboles cercanos. Cuando de repente un suave llanto se empezó a oir, era como un susurro que cada vez se hacía más fuerte. Bajó la ventanilla para escuchar mejor y cuando se dio la vuelta vio que la chica ya no estaba en el asiento del copiloto.


Era verdaderamente extraño, porque no había escuchado abrirse o cerrarse la puerta de su acompañante, también le resultó raro que se fuera sin despedirse pues se había mostrado muy educada durante los escasos minutos que la había conocido. Pero lo que verdaderamente le atormentaba era ese llanto que cada vez era más intenso, como el de un bebé que lleva desatendido horas. Bajó del vehículo y se acercó al borde del puente donde parecía que se escuchaba con mayor intensidad. No había duda provenía de debajo del puente.


Tom no era un hombre valiente pero se encontraba como hipnotizado por los quejidos de lo que parecía un bebé, pensó que tal vez Sarah había bajado a atender a su hijo y por eso, con las prisas, no se había despedido, así que regresó a la entrada del puente y bajó al río por uno de los laterales.


Descendió hasta encontrarse cerca del río, el lugar del que parecía provenir el llanto. Misteriosamente, y aunque no podía ver nada, cada vez podía escuchar con más claridad el lamento del bebé, era extraño porque parecía provenir de las aguas y por más que miraba junto a su lecho no podía ver nada, pero entonces lo sintió…


Como si una fría aguja de hielo se clavara en su espalda, le sacudió un escalofrío que le dejó prácticamente petrificado. Podía notar como alguien le miraba desde el puente, una mirada fija que le helaba la sangre. Lentamente levantó la cabeza para ver quien le vigilaba y cayó al suelo de la impresión…


Colgando del puente se encontraba el cadáver se Sarah que parecía haberse ahorcado con una cuerda atada a la barandilla del puente. Sus fríos ojos de muerta le miraban fijamente, su rostro tenía una extraña mueca de dolor y su boca parecía desencajada, pero lo más aterrador estaba por llegar. Porque aunque Sarah parecía llevar varios días muerta en el lugar, empezó a moverse. Un brazo se extendió y con un dedo señaló el lecho del río.


Tom aún desde el suelo estaba tan petrificado por el miedo que no se atrevía a moverse, pero como la luz atrae a los insectos nocturnos casí sin poder evitarlo giró su cabeza hasta mirar al lugar donde apuntaba el dedo en descomposición de Sarah.


En el agua podía verse el cuerpo de un recién nacido flotando boca abajo y una vez más escuchó el llanto desconsolado.


El miedo dio camino al pánico y el terror que antes le paralizaba ahora le obligaba a correr, a correr tan rápido como podía. Subió tropezando por la cuesta por la que había descendido al cauce del río y se metió nuevamente en su coche. Pero no arrancaba y cada vez se escuchaba más cerca el llanto del niño y el lamento del espíritu de Sarah. Totalmente desesperado empezó a empujar el vehículo que, tan misteriosamente como se había apagado, se encendió solo al cruzar el puente. Subió al coche y condujo tan rápido como pudo para escapar del Puente de los Lamentos.


NOTA: La leyenda de los “Puentes del llanto del bebé” (Crybaby Bridge) es una de las más conocidas en Estados Unidos y tiene especial difusión en el estado de Ohio donde prácticamente todos los puentes de construcción antigua tiene su propia leyenda. La mayoría de estas historiastiene un punto en común, una madre demasiado joven que tras ocultar su embarazo decide arrojar a su bebé recién nacido al río desde un puente para que sus padres no la descubran. El bebé muere ahogado (o golpeado por las rocas según la versión) y la madre sufre tal sentimiento de culpa que acaba suicidándose ahorcándose desde una viga del puente (o lanzándose al río ella también). Desde ese momento el alma en pena del bebé no cesa de llorar cada noche y el espíritu de la madre trata de encontrarlo a la orilla del río o busca ayuda de los conductores que circulan sobre el puente.


En casi todas las versiones si detienes el vehículo sobre el puente y te paras a escuchar podrás oir el llanto, y lo que es más escalofriante, tu vehículo se detendrá y no podrás arrancarlo de nuevo. La única forma de ponerlo en marcha nuevamente será empujarlo hasta cruzar completamente el puente.


Existen muchas variantes de esta leyenda, en algunas el espíritu de la madre y el niño te pueden llegar a incitar a suicidarte, ahorcándote como lo hizo la madre o simplemente saltando al río donde las frías aguas o un golpe contra las rocas acabará con tu vida. En otras versiones se habla de un orfanato que se incendió y los niños asustados al escapar acabaron ahogándose en el río. Por eso es posible escuchar más de un lamento.