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viernes, 6 de diciembre de 2013

Caramelos Envenenados






Probablemente la leyenda urbana más popular en Halloween es la de un asesino que oculto bajo un disfraz aprovecha para regalar caramelos envenenados y manzanas con agujas y cuchillas en su interior a los niños…






A Martín le tocó este Halloween la tediosa labor de acompañar a los niños del vecindario en su búsqueda de caramelos tocando puerta por puerta. Todos los años uno de los padres era el encargado de vigilar a lospequeños mientras corrían alegres acumulando dulces y chocolatinas. No es que a Martín no le gustaran los niños, los adoraba, pero tener que controlar a tanto pequeñajo era un trabajo agotador. A su hijo de ocho años le podía pegar un par de gritos para calmarlo pero cuando su misión era vigilar los hijos de los demás su función era mucho más difícil.


Aún así tenía que reconocer que lo estaba disfrutando mas de los que esperaba, los niños se estaban portando muy bien y estaba viendo a su hijo disfrutar. Además los vecinos del barrio residencial donde vivía eran realmente amables con los niños e incluso con él, ya que varios le ofrecieron golosinas y le daban ánimos con el arduo trabajo que controlar a más de una decena de fierecillas. Aunque como en todovecindario siempre hay un viejo cascarrabias al que todos los niños le tienen miedo.


Don Clemente era el prototipo de viejo viudo y amargado que aparece en las películas… El típico anciano que no devuelve el balón a los niños cuando cae en su jardín y vivía en un viejo caserón de esos que provocan un escalofrío al pasar. Martín sabía que nunca abría la puerta a los pequeños en Halloween y mucho menos les daba caramelos, pero era su obligación acompañar a los niños a golpear la puerta. Por lo menos sería una buena excusa para asustar un poco a los niños y poder controlarlos un poco mejor.


Su sorpresa fue mayúscula cuando a los pocos segundos de golpear la puerta de Don Clemente éste apareció totalmente cubierto por una sábana blanca, un disfraz improvisado de fantasma que pareció encantar a los niños. Al fin el ogro (como le llamaban algunos) se había ablandado y repartía caramelos, chocolatinas y manzanas caramelizadas entre los pequeños. Nunca articuló ni una palabra pero sin duda era todo un avance en su actitud. Martín agradeció el gesto y se despidió de Don Clemente con un apretón de manos. Le llamó la atención que usara guantes dentro de casa, pero la verdad es que el viejo era tan excéntrico que no le dio mayor importancia. Al menos no hasta pasados diez minutos…


El hijo de Martín súbitamente comenzó a vomitar, parecía que se estuviera ahogando y aunque seguía respirando lo hacía de forma muy débil y superficial. Segundos después comenzó a convulsionar en el sueloy sus labios tomaron un color azulado. El tiempo que tardó en llegar la ambulancia se le hizo eterno. Al llegar los sanitarios el niño estaba en coma, le entubaron para ayudarle a respirar y salieron a toda velocidad hacia el hospital mientras la sirena de la ambulancia sacudía con su estruendo el pacífico y tranquilo barrio.


A pesar de todo el esfuerzo del equipo médico el hijo de Martín falleció en menos de media hora. El médico de guardia nunca había visto un caso como el de esa noche, pero si había leído mientras cursaba medicina un caso similar. Un envenenamiento por cianuro.


Rápidamente revisó en la mochila que aún llevaba el cadáver del niño y encontró la bolsa de caramelos que había recolectado ese Halloween . Un inconfundible olor a almendras amargas (olor que normalmente tiene el cianuro) se desprendía de una de las chocolatinas. Al abrirla encontró en un interior un polvo blanco que claramente alguien había introducido dentro del chocolate. Siguió abriendo chocolatinas y encontró en algunas mas el polvo y algo aún más inquietante… Al partir una de las manzanas caramelizadas encontró en su interior cuchillas de afeitar y agujas. Sin duda alguien había decidido envenenar a todos los niños del barrio o al menos provocarles daños graves con agujas y cuchillas escondidas dentro de la comida.


El médico salió corriendo al pasillo y sujetando fuertemente por los hombros a Martín le empezó a preguntar si había más niños con su hijo


- Debemos avisar al resto de padres que no dejen comer nada a los niños, no podemos permitir que ningún niño más muera. – El médico en su afán por salvar vidas no había recordado avisar al padre de la muerte de su hijo.


La cara de preocupación de Martín cambió inmediatamente a una de total desolación


- ¿Ningún niño más? ¿Qué le ha pasado a mi hijo? ¿Dónde está?


Martín apartó al doctor y entró a empujones en la sala donde habían atendido a su hijo. Destrozado por el dolor de la pérdida se sentó en el suelo mientras abrazaba el cuerpecito sin vida de su hijo.


Las lágrimas pronto se convirtieron en un rostro de rabia mientras el doctor le explicaba que habían encontrado restos de cianuro en las golosinas que alguien le había regalado a los niños e incluso dentro de una manzana habían agujas y cuchillas de afeitar. Martín recordó cual fue la única casa donde habían regalado manzanas caramelizadas y entonces empezó a atar todos los cabos: la amabilidad sin precedentes de Don Clemente, porqué llevaba guantes dentro de casa y que su hijo minutos después de la visita comenzara a sentirse mal.


Sin mediar palabra salió corriendo del hospital al que justo en ese momento llegaba otro niño con los mismos síntomas de su hijo. Martín reconociendo a su vecina le dijo que avisara por teléfono al resto de madres que no dejaran comer nada a los niños. No dijo nada mas ya que subió a un taxi y salió rumbo a la casa de Don Clemente.


Martín no era un hombre muy corpulento pero cualquier persona que se hubiera cruzado con él hubiese dado un paso atrás al ver su rostro desencajado por la furia. De un patadón reventó la puerta de entrada de Don Clemente y entró en su casa con la intención de matarle con sus propias manos. Pero al llegar a la habitación del viejo se dio cuenta de que alguien se le había adelantado. Don Clemente estaba tirado en elsuelo con la cabeza destrozada y restos de sangre seca manchaban la alfombra sobre la que estaba tendido su cadáver.


Pocos minutos después llegó la policía y encontró a Martín sollozando y sentado en la cocina de Don Clemente mientras sostenía una carta en la que el verdadero asesino había escrito:


FELIZ HALLOWEEN


Un forense determinó que el viejo llevaba muerto varias horas y no pudo ser quien entregó los dulces envenenados, alguien amparado por un disfraz improvisado de fantasma había suplantado al anciano y envenenado a los pequeños. Esa noche fallecieron cuatro niños y varios más sufrieron cortes y pinchazos en sus bocas al comer chocolatinas y manzanas.


NOTA: Por aterrador que parezca en Estados Unidos se han dado casos de envenenamientos y se han localizado tanto cuchillas y agujas como drogas en los dulces que algunos desaprensivos regalan a los niños. ¿Leyenda o realidad? Yo por si acaso me pensaría mucho comerme algo que me ha regalado un desconocido.

La Mejor Decoración de Halloween






La rivalidad entre dos vecinas que se odian en secreto las llevará a hacer cualquier cosa por ganar un concurso de la casa mejor decorada en Halloween. Leyenda urbana inspirada en un supuesto hecho real…


Sara y Cathy eran las típicas vecinas envidiosas que no se soportaban la una a la otra. Detrás de la falsa cordialidad y amabilidad que demostraban cuando estaban juntas, existía un profundo rencor y envidia que ninguna de las dos dudaba en mostrar cuando la otra se daba la vuelta.


Rumores, acusaciones e incluso algún que otro arañazo en la chapa de sus coches o una rueda pinchada eran habituales. No en vano se conocían desde el instituto y el amor de un chico ya las había convertido en enemigas feroces desde entonces.


A pesar de que habían pasado muchos años y de que a ambas les había ido muy bien en la vida ―ambas estaban casadas, residían en el barrio residencial más caro de la ciudad y gozaban de todo tipo de lujos―, su rencor no hacía más que crecer y aprovechaban cualquier excusa para competir en una ridícula carrera por ver cuál era mejor y si era posible ridiculizar a la otra. Este año no iba a ser la excepción, ya que en el barrio se celebraba un concurso por Halloween para ver quién llevaba el mejor disfraz y qué casa había sido mejor adornada.


Tanto Sara como Cathy confiaban en que ganarían ambos concursos. Sara había contratado a una diseñadora de ropa famosa para que le creara el disfraz de vampiresa más espectacular y sexy que jamás se había visto, incluso le habían confeccionado una prótesis dental a medida para simular sus colmillos. El resultado era digno de súper producción de Hollywood. Por su parte, Cathy llevaba un disfraz de bruja espectacular, no resaltaba su belleza como el de Sara pero era mucho más aterrador y llevaba varios trucos de magia para asustar a los niños, así como un enorme sapo vivo que guardaba en su bolsillo para asustar a los más valientes.


En cuanto a la decoración, ambas habían tirado la casa por la ventana y habían gastado varios miles de euros en iluminación, telarañas falsas, máquinas de humo seco, las más espectaculares calabazas talladas a mano y muñecos a tamaño real de todo tipo de monstruos.


Antes de comenzar los concursos ambas se dedicaron una mirada mezclada de odio y burla, pensando que la otra no tenía ninguna opción de ganar, ya que cada una guardaba un as en la manga para ganar el primer premio.


El concurso de disfraces transcurrió según lo previsto y poco tiempo después quedaban dos finalistas, Sara y Cathy. La falsa sonrisa de ambas mientras se mostraban en público era digna de un verdadero concurso de reinas de belleza, ambas tenían preparado su discurso de falsa modestia y fingida sorpresa. Lo que no esperaba Cathy es que Sara, mientras estaban en el escenario, abriera un poco más la raja de su falsa mostrando una de sus espectaculares piernas y dejando embelesado al jurado masculino que no dudó en coronarla como mejor disfraz. De poco le sirvió a Cathy haber llevado en la mano ese repulsivo sapo que parecía soltar un moco asqueroso, su esfuerzo había sido en vano y, si perdía el premio a mejor decoración, Sara se lo estaría restregando por la cara todo el año.


Pasados unos minutos comenzó el concurso y nuevamente no había sorpresas, las dos casas mejor decoradas eran las de Sara y Cathy. El jurado se acercó a la casa de Sara y allí empezó el verdadero festival: fuegos pirotécnicos, juegos de luces sincronizados con la música que eran coordinados por unosespecialistas coreanos que le habían costado un ojo de la cara a Sara. Una decoración que parecía salida de una de las atracciones de un parque de diversiones. Pero el plato fuerte fue cuando liberaron al menos 100 gatos negros que tenían enjaulados y dispuestos a hacer aparición cuando acabara la música.


La gente quedó impresionada y estalló en aplausos, Cathy también quedó un poco preocupada, su sorpresa también era espectacular pero no esperaba que la competición fuese tan reñida. Rápidamente se apresuró a regresar a casa para coordinar el espectáculo, diez minutos después el jurado visitaría su hogar y tenía que estar todo dispuesto.


Al llegar ordenó a los miembros de su equipo (había contratado bailarines y técnicos de sonido) que se colocaran en sus puestos; pero estaba nerviosa, muy nerviosa y la gente cuando se encuentra en ese estado tiende a cometer errores.


El jurado llegó y su función comenzó, la casa en una completa oscuridad se iba iluminando a trozos y en cada una de las ventanas una pantalla y un proyector colocado por detrás mostraban diferentes habitaciones en las que había asesinos, se escuchaban gritos de tortura y salpicaba la sangre o aparecían fantasmas. Sin duda Cathy había optado más por el terror que por el espectáculo audiovisual como Sara. Pero su plato fuerte estaba a punto de comenzar…


De repente y al ritmo de Thriller de Michael Jackson, una manos empezaron a salir de debajo de la tierra de su jardín. Un espectacular grupo de baile disfrazado de zombis apareció en el cementerio figurado que había en su terreno y comenzó a bailar de forma sincronizada.


La gente bailaba, reía y grababa en vídeo todo el espectáculo, sin duda todo estaba saliendo a la perfección. Cathy desde lo alto de un árbol de su jardín preparaba el truco final, un conjunto de arneses atados a una rama alta servirían para que ella hiciera su aparición volando sobre su escoba. Era un sistema complicado que le habían tenido que explicar más de diez veces unos especialistas en escalada que había contratado. Los nervios del momento provocaron que Cathy tuviera un error fatal. Una de las cuerdas había quedado mal fijada y se soltó cuando Cathy saltó del árbol para aparecer volando sobre los zombis…


La cuerda restante se enredó en su ropa y el peso de su cuerpo comenzó a ahogarla, estaba colgando como si acabara de ahorcarse pero para su desgracia la muerte no tuvo la bondad de partirle el cuello; en su lugar, comenzó a asfixiarse lentamente mientras pataleaba luchando por su vida.


La gente no salía de su asombro, pensando que se trataba de parte del espectáculo aplaudían y coreaban el nombre de Cathy. La canción terminó y la risa malévola de la canción de Michael Jackson dio el broche final a una función impresionante. Las piernas de Cathy perdieron su fuerza y dejaron de moverse. Murió ahorcada sin que nadie se diera cuenta a pesar de que decenas de personas observaban el espectáculo.


Nadie dudaba de que Cathy debía ganar, incluso Sara reconoció en sus adentros que había sido vencida. El jurado dictaminó que era la justa ganadora del primer premio a la casa mejor decorada.


Pero nadie acudió a recoger el premio.


Mientras la gente se preguntaba dónde estaba Cathy, un grupo de niños se divertía jugando con el “muñeco” de bruja que colgaba del árbol. Le tiraban piedras y caramelos, estaba tan bien hecho que ninguno se atrevió a acercarse demasiado.


Hasta el día siguiente, nadie se dio cuenta que la bruja ahorcada que había en el jardín era en realidadCathy, quien por su rivalidad con la vecina había dado la vida para ganar el concurso.


NOTA: Esta leyenda está inspirada en un caso, supuestamente real, de un hombre que decidió suicidarse ahorcándose en el árbol de su jardín en la noche de Halloween. La gente acostumbrada a la decoración típica de estas fechas no se dio cuenta de que el hombre no era un maniquí hasta el día siguiente, permaneciendo el muerto colgado durante horas.