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martes, 21 de enero de 2014

El tren fantasma de Lincoln




En muchas ocasiones hemos escuchado historias relacionadas con barcos y casas encantadas, pero ¿y qué ocurre con los trenes? Los trenes han estado presentes alrededor de todo el mundo durante mucho tiempo, y muchas personas tienen una verdadera fascinación por este medio de transporte. Pero también forman parte de los folclores locales, así que en muchas partes del mundo se cree en las apariciones de trenes fantasmas o trenes embrujados.

Podríamos hablar largo y tendido sobre este tema, pero uno de los más trenes fantasmas más famosos de todos los tiempos fue el tren del entierro de Abraham Lincoln, lo que lo llevó de Washington a Springfield para su entierro en abril de 1865. También conocido como “El tren fantasma de Lincoln”, es uno de los eventos sobrenaturales más intrigantes de toda la historia.

La misteriosa muerte de Lincoln

Antes de nada tenemos que hacer una breve resumen a la muerte de Abraham Lincoln, el decimosexto presidente de los Estados Unidos, que estuvo rodeado de extraños sucesos y experiencias paranormales durante toda su vida. Su esposa, Mary Todd Lincoln, estuvo fuertemente involucrada en el espiritismo, tratando de comunicarse con su hijo Willie que falleció en la Casa Blanca mediante sesiones de espiritismo. Aunque Lincoln asistía a todas las sesiones, él no era un fuerte creyente, hasta el día que fue testigo de varios extraños fenómenos.

Lincoln una vez tuvo una extraña experiencia al ver una imagen doble de sí mismo en un espejo. Él encontró esto tan inquietante que lo habló con su esposa, quien le dijo que era un presagio de que sería elegido para un segundo mandato. En otra ocasión, el presidente Lincoln soñó que estaba en el ala Este de la Casa Blanca presenciando un gran funeral. Cuando le preguntó a un soldado qué pasaba, le dijeron que el presidente fue asesinado. Tres días después de relatar su sueño a su esposa y a sus amigos más íntimos, Lincoln fue asesinado. Ocurrió durante la noche del 14 de abril 1865 en el Teatro Ford en Washington D.C. El actor John Wilkes Booth irrumpió en el palco presidencial y le disparó al presidente a quemarropa antes de escapar. Lincoln vivió sólo unas pocas horas antes de morir a las 7:22 am del 15 de abril. Inmediatamente después de su muerte, las banderas fueron bajadas a media asta, las campanas de toda la ciudad sonaron, y toda una nación conmocionada se puso de luto.

La ruta funeraria

El Secretario de Defensa Edwin M. Stanton se encargó de la supervisión de los preparativos para el cortejo fúnebre. Una orden fue emitida para requisar el uso exclusivo de los ferrocarriles desde Washington a Springfield, Illinois. El cortejo fúnebre viajaría 2.661 kilómetros a lo largo de la misma ruta la cual el propio Lincoln realizó como presidente electo en 1861. La única diferencia era que el tren no iba a pasar a través de Pittsburgh o Cincinnati. El cuerpo de Lincoln, junto con el cuerpo exhumado de su hijo Willie, fue cargado a bordo del tren funeral.

El cortejo fúnebre estaba formado por nueve vehículos, incluyendo coches de equipaje y el coche fúnebre. Ocho de los coches fueron proporcionados por los jefes de los ferrocarriles para transportar sus pertenencias, el noveno fue el coche del presidente, que había sido construido para ser utilizado por el nuevo Presidente y otros funcionarios, el cual estaba compuesto por una gran sala, sala de estar y dormitorios. Este coche se vistió de luto y contenía los féretros de Lincoln y de su hijo.



Entre Albany y Nueva York, las multitudes se reunían entre los pequeños pueblos a lo largo de la ruta para ver pasar el tren funerario. El tren pasó a través de cada ciudad hacia el norte a lo largo del río Hudson, y la única parada fue en Poughkeepsie, el 25 de abril, antes de dirigirse a Albany.

Los restos de Lincoln y su hijo viajaron a través de las 444 comunidades hasta que el tren llegó a su destino final, donde los dos fueron enterrados en el cementerio de Oak Ridge en Illinois. Muchas personas afirmaron que con la llegada del tren fúnebre los relojes de la zona se detuvieron. Este viaje lúgubre fue la procesión funeral más grandiosoajamás realizada para un presidente.

Sin embargo, la historia no termina aquí. Sin contar el complot para robar su cuerpo y que el cuerpo de Lincoln fue movido 17 veces, el coche fúnebre de Lincoln cambió de propietario varias veces después de cumplir con su deber. Curiosamente, en marzo de 1911, el coche fue destruido cuando un misterioso incendio arrasó un área cerca de Minneapolis, Minnesota, donde se estaba almacenando.

Apariciones del tren fantasma

Dicho esto, cada año en el mes de abril después del viaje del cortejo fúnebre un tren fantasma ha sido avistado por muchas personas viajando por el mismo trayecto. Al parecer sale desde Washington D.C., viajando a través de Nueva York, y dirigiéndose hacia Springfield, desplazándose lentamente y de manera inquietante. Algunos testigos en los últimos años afirman haber visto un ataúd cubierto por una bandera rodeado de los espíritus de soldados vestidos con uniformes azules de la Unión.



Incluso estas apariciones fantasmales fueron publicadas en la prensa escrita “Albany Evening Times” en 1978 que decía lo siguiente:

“El tren siempre aparece en Albany el 27 de abril, en el aniversario de su primer paso. A media noche – siempre a medianoche – el tren aparece de la oscuridad, moviéndose silenciosamente por las vías con su crespón negro que fluye de sus lados y emitiendo sonidos débilmente audibles de música fúnebre. Quienes han llegado a ver el tren fantasma dicen que se desplaza sobre una alfombra negra que parece cubrir las vías, mientras que soldados espectrales de uniforme azul del ejército de la Unión lo acompañan. La aparición fantasmal se desplaza hasta desaparecer de la vista sobre algún horizonte.”

Incluso los vigilantes de seguridad que se encargan de vigilar los ferrocarriles afirman que cada año el tren fantasma aparece. Regularmente en el mes de abril, a la medianoche, el aire en las vías se vuelve muy agudo y cortante. Es en ese momento cuando los vigilantes saben que aparecerá en cualquier momento. Ellos describen idénticamente lo anteriormente citado por “Albany Evening Times”, con la diferencia de que los relojes siempre se detienen. También ha habido informes de que se puede escuchar un silbato y la aparición de un humo fantasmal, pero que no aparece ningún tren.

La leyenda sigue viva

Este es el sorprendente caso del tren fantasma de Lincoln, que comenzó con el asesinato de un hombre que vio su propia muerte, de un país entero de luto, y que trasladó el cadáver de un presidente a más de 2.600 kilómetros por el ferrocarril y en un estado de conmoción. Todos los expertos en lo paranormal están de acuerdo, se reúnen todos los ingredientes para mantener la energía fantasmal viva con el paso del tiempo. Anualmente, el 25 de abril tanto los curiosos como expertos se dirigen a las vías del tren de Poughkeepsie para intentar obtener una visión de las figuras fantasmales que rodean el ataúd negro transportados por los soldados espectrales de la Unión.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Los Niños del Ferrocarril










Cuenta la leyenda que un autobús escolar se detuvo sobre las vías del tren en un paso a nivel, su conductor…


Cuenta la leyenda que un autobús escolar se detuvo sobre las vías del tren en un paso a nivel, su conductor estaba tan borracho que no se dio cuenta de donde había aparcado mientras bajaba a orinar. Por desgracia a los pocos segundos un tren de mercancías que circulaba a gran velocidad chocó contra el bus matando a todos los niños que había dentro, los pobres angelitos casi ni se dieron cuenta. Se dice que desde entoncessus almas sin descanso penan en ese mismo punto deseando cobrarse la vida de quien les dejó a su suerte por influjo del alcohol.


Cualquiera que se detenga por la noche en el paso a nivel del tren con la luz en rojo sufrirá su ira ya que decenas de pequeñas manos invisibles empujaran su coche hacia la vías, donde serán aplastados por eltren.

Los más afortunados podrán acelerar su vehículo y escapar a tiempo, pero los espíritus de los infantes impedirán a cualquiera que haya bebido o esté borracho escapar con vida. Según los testimonios de los pocos supervivientes a veces cuando los cristales de los coches están empañados se pueden ver susmanitas apoyándose en el cristal mientras te empujan a tu muerte. Otros dicen haber escuchado las voces y lamentos de los niños mientras permanecen en el sitio.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Atrapada en el Subterráneo










Una de las leyendas más recurrentes en ciudades con Metro (trenes subterráneos) es la de que en su interior y amparados por la oscuridad de sus túneles se esconden todo tipo de delincuentes, vagabundos y personas de mal vivir que escapando del frío o de la policía se ocultan en viejas estaciones abandonadas o conductos de ventilación.


Paula había bebido mas de la cuenta por lo que aquella noche regresaría temprano a casa, se sentía bastante mal y muy mareada pero como era relativamente temprano decidió que en lugar de gastarse su dinero en un taxi, como hacía habitualmente cuando regresaba de la discoteca, aprovecharía que el Metro aún seguía abierto para ahorrarse unos cuantos euros.


El trayecto era largo y las pocas personas que viajaban en su vagón parecían tan cansadas como ella, sólo un grupo de amigos que bromeaban al fondo del tren hacían el suficiente ruido con sus bromas y risas para mantenerla despierta, pero cada vez tenía que luchar con más fuerza para no quedarse dormida. Por desgracia en la siguiente estación tenía que hacer un transbordo así que se bajó y tras caminar por los pasillos de la estación llegó al andén en el que abordaría el metro que la llevaría a casa.


El cartel luminoso avisaba que el próximo tren tardaría seis minutos en llegar, por lo que Paula decidió esperar sentada en uno de los bancos junto al andén. El silencio y la soledad de esa estación provocaron lo inevitable y a pesar de sus esfuerzos se durmió y casi sin darse cuenta se recostó en el banco usándolo como si fuera una cama. Era tan profundo su sueño provocado por la borrachera que cuando pasó el último metro de la noche ni siquiera lo sintió pasar.


Hasta pasada más de una hora no se despertó, por suerte la borrachera parecía haberse esfumado parcialmente tras la cabezadita, pero algo parecía no ir bien. El cartel que avisaba la llegada del próximo tren estaba apagado y al mirar la hora en su teléfono móvil se dio cuenta que eran casi las dos de la mañana.


Asustada empezó a subir las escaleras mecánicas de la estación, que ya estaban apagadas, para salir de allí. La parada en la que tenía que hacer trasbordo era una de las más antiguas, viejas y pequeñas de la ciudad por lo que la sensación de agobio y miedo eran mucho más intensas. Al llegar a la salida la peor de sus pesadillas se hizo realidad. Las puertas estaban cerradas y no había nadie en la estación por lo que por más que gritara nadie podría escucharla desde la calle. Además su teléfono estaba sin cobertura, esas malditas estaciones casi nunca tenían señal y las puertas de cristal herméticamente cerradas la separaban del exterior aún por unos cuentos metros.


Paula no sabía que hacer, miraba a las cámaras de seguridad y hacía gestos esperando que alguien desde algún puesto de control pudiera verla, pero ella misma sabía que eso era imposible, no había nadie controlando las cámaras porque la estación había sido cerrada desde fuera.


¿Cómo era posible que nadie la despertara? ¿No tenían los guardias de seguridad que comprobar que nadie quedara dentro de la estación antes de cerrar?


Su miedo se convertía por momentos en cólera y confusión. Desde luego no podía esperar hasta que a la mañana siguiente abrieran de nuevo el Metro, faltaban más de cuatro horas para que se reiniciara el servicio y si llegaba a casa a las 7 de la mañana su padre probablemente la mataría.


Con la mente aún nublada por el alcohol decidió que lo mejor que podía hacer era caminar por los raíles del tren hasta la siguiente parada. El camino era oscuro y realmente tétrico pero sabía que su destino no estaba muy lejos y gracias a la luz del flash de su teléfono podría alumbrar el camino. La siguiente estación era una de las más importantes, con gran cantidad de líneas y recientemente había sido remodelada por lo que estaba segura que allí podría encontrar a alguien que la permitiera salir a la calle donde abordaría un taxi.


La idea parecía muy buena, pero a la hora de la verdad recorrer aquellos túneles era realmente escalofriante, un silencio casi sepulcral hacía que hasta la más leve de sus pisadas resonaran con el eco de las paredes. Se podían escuchar los chirridos de las ratas y el goteo de algunas zonas en las que parecía que había leves escapes de agua.


Sus pasos eran cortos y se detenía a menudo a escuchar porque sentía como si alguien la observara desde la oscuridad. El miedo la invadía y paralizaba por momentos, pero ya era demasiado tarde para volverse atrás, debía estar casi a mitad de camino cuando unas voces la alertaron. Por un momento pensó en gritar para que supieran que estaba allí pero decidió ser cauta y apagar la luz de su teléfono mientras se escondía en un estrecho pasillo que había en un lateral del túnel.


Mientras permanecía escondida y en silencio pudo ver la figura de dos hombres bastante corpulentos, sus ojos cada vez se adaptaban más a la escasa iluminación de las luces de emergencia que había cada muchos metros en el túnel. Ambos parecían discutir acaloradamente por un cartón de vino y a escasos metros de donde se encontraba Paula comenzaron los empujones y golpes. El más grande de ellos le propinó un puñetazo que tumbó al otro y gloriosamente alzó su trofeo mientras de un trago se bebía casi la mitad del contenido del cartón de vino.


El más pequeño enfurecido sacó un cuchillo de la espalda y se lo clavó repetidamente en el cuello a su rival, realmente se ensañó con su cadáver y a pesar de la poca luz Paula pudo ver con claridad como tenía toda la cara manchada de sangre. Recogió el poco vino que quedaba y se lo tomó de un trago.


Paula estaba temblando del miedo, no se atrevía ni a respirar y desde luego mucho menos a moverse, si estaba lo suficientemente quieta tal vez el vagabundo asesino se iría de allí sin verla. Pero la casualidad no se quiso aliar con ella y justo cuando el asesino se daba la vuelta para marcharse del lugar la batería de su teléfono la delató. Un incesante pitido advirtiendo que la carga estaba a punto de agotarse comenzó a sonar y el vagabundo se giró de inmediato.


¿Hay alguien ahí? Puedo escucharte, ¡Sal inmediatamente o te rajo!


La pobre chica se quedó petrificada y no sabía como actuar mientras el asesino se acercaba a ella. Por instinto decidió tirarle el teléfono con tan mala puntería que este pasó por encima del vagabundo y golpeó la pared del fondo. Él, que todavía no había visto a la chica, escuchó un ruido a sus espalda y se giró, momento que aprovechó Paula para salir de la oscuridad y empujarle a la vez que salía corriendo.


El vagabundo enfureció de tal manera que no dejaba de gritar e insultar a Paula, se levantó y comenzó a perseguirla por los túneles. Ella no era una buena deportista pero el miedo se apoderó de sus piernas y le dio fuerza para correr dejando atrás los zapatos de medio tacón que llevaba aquella noche, sus pies se ensangrentaron mientras corría sobre la gravilla y guijarros del suelo de túnel. Sin embargo el miedo era más fuerte que el dolor y no se detuvo a pesar de que en varias ocasiones estuvo a punto de caerse al tropezar por culpa de la casi total oscuridad de su ruta de huída.


Al llegar a la estación Paula ya había logrado sacar unos cuantos metros a su perseguidor y subió al andén para adentrarse en los pasillos que la llevaban a la salida del Metro. A sus piernas empezaban a fallarle las fuerzas pero no se podía parar a descansar así que casi extenuada subió el último tramo de escaleras.


Lo que vio allí la heló la sangre, la estación estaba al igual que la anterior cerrada y no parecía haber nadie, comenzó a gritar desesperada, a gesticular a las cámaras y golpear las puertas. Pero su perseguidor que conocía a la perfección los horarios y hábitos de los trabajadores del metro ya había subido la escalera y la había cortado toda posible ruta de escape.


El asesino se abalanzó sobre ella y tras inmovilizarla la violó y sometió durante más de una hora. Cuando había saciado todos sus apetitos sexuales sacó de nuevo el oxidado y ensangrentado cuchillo con el que había matado al otro vagabundo y se lo hundió repetidamente en el pecho hasta que Paula dejó de patalear y murió con una horrible expresión de terror en su rostro.


Al día siguiente los trabajadores se encontraron con un surco de sangre que se perdía en la profundidad del túnel, asustados deciden revisar las cintas de vídeo que grabaron esa noche y pudieron observar la desgarradora escena de la violación y asesinato y como el vagabundo arrastraba el cuerpo de Paula dejándolo caer escaleras abajo para de nuevo arrastrarlo hasta la oscuridad de las vías del tren.


La policía localizó los dos cuerpos pero no encontraron ni rastro del asesino, del cual se dice que todavía utiliza los túneles del subterráneo para esconderse de noche.

El Tren al Infierno










Unos delincuentes tras un tiroteo con la policía consiguen escapar en un tren subterráneo. Pronto descubren que la infernal máquina no se detiene en las estaciones que pasan y cada vez acelera más su marcha hacia un destino desconocido…


Cuenta la leyenda que dos atracadores fueron cercados por la Policía y, en su huída, tuvieron que abandonar su vehículo de fuga y adentrarse en una estación de metro. En su desesperada carrera, comenzó un tiroteo en los pasillos de la estación, en el cual un certero disparo de uno de los ladrones impactó directamente en la frente de uno de los policías, matándolo al instante.


En mitad de la confusión, y mientras el resto de agentes se parapetaban tras unas columnas, la pareja de delincuentes consiguió subirse a un tren mientras escuchaban a su espalda la detonación de más disparos de los policías. Pocos instantes después la máquina emprendió su marcha, escapando dentro de ella los ladrones.


Era de noche y el vagón estaba prácticamente vacío, sólo había dos personas más en el tren que acababan de abordar. Un mugriento mendigo encapuchado que parecía inconsciente por su borrachera, aunque no soltaba una bolsa de papel con la cual protegía una botella de licor. Y un hombre con aspecto de abogado que, perfectamente trajeado, dormía con la boca abierta y muy probablemente se habría pasado de estación hacía bastante tiempo. Los atracadores, al comprobar que no estaban en peligro, empezaron a reír su suerte y a trazar un plan de fuga:


“Probablemente en la puerta de la próxima estación nos esté esperando la mitad de la Policía de la ciudad; así que, en cuanto bajemos de este trasto, tenemos que meternos corriendo en el túnel. Dentro ya buscaremos cómo escondernos o escapar” –dijo el que parecía más inteligente de ambos; el otro, asintió mientras vigilaba al resto de pasajeros.


La estación se acercaba y, asustados por la posibilidad de que un grupo de agentes armados les esperaran en el andén, se agazaparon bajo los asientos: de ese modo, los asientos servirían de parapeto en caso de comenzar de nuevo un tiroteo. Pero, para su sorpresa, el tren no solamente no se detuvo en la estación sino que además aumentó su velocidad de marcha.


“Estos cabrones nos están tendiendo una trampa, seguro que nos quieren llevar a un lugar que ya tengan controlado para evitar que muera alguien más en la estación. Seguro que han dado la orden al maquinistapara que no se detenga”


Visiblemente asustados, comenzaron a caminar como locos por el interior del tren mientras buscaban un modo de escapar; pero las puertas parecían selladas e incluso, disparando a la manilla que les permitía cambiar de vagón, no consiguieron su propósito.


Una nueva estación pasó ante sus ojos a toda velocidad, pero esta vez se dieron cuenta de un detalle que en la anterior ocasión no detectaron. La gente que había en el andén esperando no parecía inmutarse, como si no pudieran ver la potente máquina que cruzaba a toda velocidad por la vía.


El tren aumentaba su velocidad con cada metro recorrido y parecía adentrarse en las entrañas de la tierra. Pues cada vez se podía percibir con más claridad la inclinación del vagón y su vertiginoso descenso.


“¿Qué mierda pasa aquí? Esto no lo está haciendo ningún policía” – dijo el más callado.


De repente la luz del tren comenzó a parpadear y tras cada momento de oscuridad el vagón parecía distorsionarse y volverse cada vez más tétrico. Una especie de material viscoso similar a la sangre comenzó a brotar de la paredes, los asientos que antes parecían nuevos envejecieron de golpe y se mostraban oxidados y con el plástico derretido. Era como si hubieran sido expuestos a altas temperaturas o alguien se hubiera dedicado a quemarlos con una llama.


Aterrorizados e incapaces de articular palabra, vieron como una nueva estación se acercaba, pero esta vez no encontraron un andén a su paso. En su lugar había una especie de cámara de tortura en la que despellejaban vivo a un desdichado que gritaba de dolor mientras lloraba sangre. Las cámaras se sucedían una por una y la velocidad del tren se había aminorado, como para “deleitar” a sus pasajeros con las más crueles y brutales formas de torturar y causar dolor, que cada vez eran más sádicas y salvajes.


De repente el tren se detuvo y el mendigo, que hasta el momento parecía inconsciente a causa de su borrachera, se levantó. Los atracadores se quedaron petrificados al observar bajo su capucha unos brillantes ojos amarillos y un rostro rojo adornado por una puntiaguda barba.


“Tú te bajas aquí, estafador: –dijo mientras levantaba con un solo brazo al hombre trajeado y lo lanzaba fuera del vagón.


Inmediatamente un par de sombras que aparecieron del suelo le levantaron y llevaron hasta un foso lleno degusanos. El estafador comenzó a gritar mientras los gusanos le atravesaban la piel y comenzaban a devorarle por dentro.


“Estos gusanos te devorarán en vida, como tú lo hiciste al lucrarte como un parásito del trabajo y el dinero de los demás para llevar una vida de lujos- dijo el falso mendigo que al que ya fácilmente se podía distinguir como un demonio. – Vosotros no tendréis tanta suerte, vosotros vais mucho más abajo”


Al día siguiente las crónicas de todos los periódicos anunciaron la muerte de un policía y dos atracadores que fueron abatidos a pocos metros del tren en el que pretendían escapar.






NOTA: El relato anterior no es en sí una leyenda urbana, sino más bien un cuento que dramatiza del temor que sienten muchas personas al adentrarse en la tierra. Son muchas las leyendas de personas que avanzando por el interior de una cueva y corren una suerte similar a la de los protagonistas de esta historia, desapareciendo en sus profundidades. Y es que el hombre por naturaleza se siente incómodo cuando sabe que se encuentra enterrado varios metros y con toneladas de tierra sobre su cabeza. Así mismo los trenes suburbanos (el metro) parecen una mina inagotable de mitos y leyendas contemporáneas donde los protagonistas reciben un justo castigo por sus culpas o errores.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La Leyenda del Teke Teke





Una escalofriante leyenda urbana japonesa habla de una chica que tras ser asustada, en una broma por unas compañeras de clase, acabó en las vías del tren donde murió partida en dos. Desde entonces vaga convertida en un torso…


Entre los japoneses circula una escalofriante leyenda que habla de un espíritu femenino al que le falta la mitad inferior del cuerpo. Dicen que se arrastra con las manos (terminadas en dedos largos, con garras que pueden cortar carne como mantequilla) y que se desplaza haciendo un sonido del cual recibe su nombre: “Teke Teke”.


La versión más difundida cuenta que, en vida, aquel espectro era una joven mujer, que esperaba el tren pero cayó en las vías, no tuvo tiempo de escapar de una muerte horrenda en la que su cuerpo, fue partido en dos… Muy probablemente algunos la vieron caer y no la ayudaron, ya que el Teke Teke es un fantasma que arde en ira, buscando afanosamente compartir con cuantos pueda su amargo destino. Así, cuentan que ha empujado a personas que estaban esperando el tren, que ha atacado con sus garras dejando caras y espaldas sanguinolentas, o incluso, según los más extremistas, que es capaz de arrastrarte y lanzarte a las vías del tren o, si te la encuentras solo en alguna oscura noche, puede destrozarte y usar sus garras para dividir tu cuerpo en dos. Pero el asunto va aún mas lejos; pues, en cualquiera de los casos en que la víctima muere, la versión extrema de la leyenda afirma que se convierte en otro “teke teke” más…
¿Víctima de una mala broma?


Una teoría dice que el Teke Teke es el fantasma de una colegiala japonesa que vaga por las estaciones de tren en Japón. En vida era una chica asustadiza e impresionable, y eso la hacía blanco frecuente de bromas pesadas. Un día de verano (temporada de cigarras en Japón) esas bromas fueron demasiado lejos, y sus compañeros, viéndola que esperaba el tren con la mirada perdida, se acercaron sigilosamente por atrás y le lanzaron una cigarra en el hombro, haciéndola dar un brinco que la hizo terminar en las vias férreas, donde un veloz Shinkansen (tren de alta velocidad) la partió en dos. Desde ese día, ella pena cerca de las estaciones, buscando acabar con bromistas como los que la precipitaron a su muerte, aunque no duda en acabar con inocentes también…
La historia del escolar asesinado


Esta historia, supuestamente real, es ampliamente conocida entre los escolares japoneses. Trata sobre una víctima del fantasma y es como sigue:


Un estudiante de una escuela solo para hombres salió más tarde de lo debido, cuando de pronto, antes de que abandonara el colegio, escuchó un extraño ruido detrás de él. Inquietado, el muchacho se giró y vio que, observándolo desde una de las ventanas del segundo piso de un edificio lleno de aulas, estaba una hermosa chica de misterioso aspecto. Ella lo veía con los brazos apoyados en el alféizar y la cara entre las manos, él no podía ocultar el asombro que le producían aquellas dulces facciones y aquellos ojos negros, profundos y templados. ¿Qué hacía una chica así en un colegio de hombres? Él no lo sabía, y dejó de importarle cuando ella sonrió coqueta y maliciosamente, pero este no fue más que el principio del fin, porque tras un par de segundos ella saltó por la ventana y cayó al pavimento, sin destrozarse, y revelando que su cuerpo carecía de mitad inferior…


Congelado por el terror, el muchacho la vio arrastrarse con los brazos, haciendo un ruido que era como “tek, tek, tek, tek, tek”… Trató de gritar pero la voz no le salía, trató de salir corriendo pero sus piernas solo podían temblar y temblar… Ahora sabía que se trataba del Teke Teke, pero era demasiado tarde; y ella, que iba dejando una estela de sangre nacida de sus órganos expuestos, saltó violentamente sobre él, sacó una guadaña —así dicen, aunque es más creíble pensar que lo mató sin guadaña— y lo cortó en dos, condenándolo con ello a ser otro “teke teke” más.
Kashima Reiko, la leyenda hermana


Muy semejante a la leyenda del Teke Teke, es la leyenda de Kashima Reiko, una chica que también murió pisada por un tren, aunque no fue dividida en dos sino que simplemente perdió sus dos piernas. Desde entonces, dicen que ronda por los baños en busca de víctimas, que toca la puerta y pregunta al ocupante dónde están sus piernas. Kashima espera que la persona le diga que sus piernas están en la Estación Meishin, y que fue ella misma quien se lo dijo. Si la víctima responde indebidamente, Kashima le arrancará salvajemente sus propias piernas…
Explicación racional


Hay varios hechos que nos permiten entender racionalmente la leyenda. Para empezar, la historia (expuesta anteriormente) del chico que murió a manos de una teke teke o de la Teke Teke, es generalmente contada entre los escolares, y son los mismos maestros quienes la alimentan y agregan detalles como aquello de que el espectro persigue a los niños que andan solos por la noche. Esto hace pensar en la leyenda de Hanako San, pues los profesores dicen que Hanako (una chica fantasma) pena sobre todo en baños sucios y descuidados. Como se ve, este tipo de leyendas, al menos en gran parte, sobreviven en la tradición oral pues los profesores, aprovechándose de la credulidad de los estudiantes de primaria, las usan para hacer que los alumnos no hagan ciertas cosas.


Desde otro ángulo muy diferente, esta leyenda, al igual que la de Kashima Reiko, constituye una proyección simbólica, a nivel de las tradiciones orales, del miedo a sufrir una muerte particularmente terrible. De allí que, tanto el Teke Teke como Kashima, no se contentan con aterrorizar sino que buscan hacer que otros mueran de la misma manera; aunque estas situaciones, como bien puede intuirse, están vinculadas a una tendencia cultural que ha atravesado diversas épocas y lugares: la tendencia a percibir a los fantasmas como entes malignos.


De todas formas, estas sencillas explicaciones no invalidan la posibilidad de que algunas víctimas de trenes japonesas hayan quedado partidas por la mitad y posteriormente hayan penado. Así que, si el lector va algún día a Japón, será mejor que no ande solo de noche en las estaciones de tren, porque podría ver algún fantasma partido arrastrándose y, si está cerca de las vías del tren, el susto podría ser suficiente para hacerlo caer y convertirse en un teke teke más…