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viernes, 10 de enero de 2014

Aileen Carol Wuornos




Considerada una de las mayores asesinas en serie de la historia, esta prostituta reconoció asesinar con su pistola a seis hombres que según su versión trataron de violarla, pero en realidad se trataba de una perturbada mental.
Aileen Carol Wuornos, una prostituta asesina

En la víspera de la Navidad de 1989, el cuerpo de un hombre llamado Richard Mallory fue encontrado en los bosques de Daytona Beach, en el estado de Florida. El cadáver tenía tres impactos de una pistola calibre 22.

Un año después, otros seis cuerpos asesinados en forma similar habían sido descubiertos. Todas las víctimas eran hombres de mediana edad que aparecieron muertos cerca de alguna ruta o camino. Todos habían sido robados y asesinados con una pistola calibre 22.

El FBI sospechó desde un comienzo que los crímenes habían sido perpetrados por una o dos mujeres con rasgos de asesinas en serie. El móvil de los homicidios, sin embargo, no estaba en absoluto claro.

En diciembre de 1990 se obtuvieron los primeros retratos hablados de la posible pareja de asesinas en serie. No pasó mucho tiempo antes que diversos testigos reconocieran en ellos a Tyria J. Moore, de 28 años de edad, y a Aileen Wuornos, de 34. Ambas vivían a la deriva en diversas localidades del estado de Florida y eran amantes.


Alieen de niña. A los 15, quedaría embarazada de un padre no identificado, daría su hijo a unhogar de Detroid y empezaría a prostituirse.

Aileen Carol Wuornos había nacido en Rochester, Michigan, el 29 de febrero de 1956. Hija de padres adolescentes que se separaron meses antes de su nacimiento, Aileen quedó al cuidado de su madre, Diane, al igual que su hermano mayor Keith. Pero la joven madre fue incapaz de criar a la niña, y en marzo de 1960, Aileen fue adoptada legalmente por sus abuelos maternos.

A los seis años de edad, en 1962, Aileen sufre severas quemaduras en el rostro cuando jugaba junto a su hermano y, nueve años más tarde, queda embarazada de un padre que permaneció sin identificarse, entregando a su hijo recién nacido a un hogar de Detroit.

En esos mismos días, Aileen y su hermano dejan la casa de los abuelos, y ella empieza a trabajar en la calle como prostituta.

En 1974, usando el alias de Sandra Ketsch, Aileen Wuornos es encarcelada en Colorado por conducta impropia, conducir ebria y disparar una pistola calibre 22 desde un vehículo en movimiento.

En 1976, de vuelta en Michigan, Aileen es arrestada en Antrim County por golpear la cabeza de un barman con una bola de billar. Pocos días después, su hermano Keith muere de un cáncer en la garganta y Aileen hereda los 10 mil dólares de su seguro de vida. Con el dinero, se compra un auto nuevo y viaja a Florida en busca de una vida mejor.

Sin embargo en 1981 Aileen cae de nuevo en la cárcel, esta vez en Edgewater, Florida, por robar a mano armada una tienda. Sale de prisión 13 meses más tarde, en junio de 1983.

Su siguiente arresto, en mayo de 1984, se debe al intento de cobrar cheques falsos en un banco de Key West. Siguen detenciones por conducir sin licencia, robo de coche, resistencia al arresto, obstrucción a la justicia y por amenazar a un hombre con una pistola calibre 22 para robarle 200 dólares.


A fines de 1986 Aileen conoce a Tyria J. Moore (arriba). Ambas se hacen amantes y, tras un año, la pasión se enfría pero siguen siendo amigas y juntas efectúan andanzas delincuentes como uso de nombres falsos o amenazas telefónicas a empleados de supermercado.

Es a fines de 1986, que Aileen Wuornos conoce a Tyria J. Moore en un bar de Daytona. Ambas se hacen amantes, y cuando después de un año de tortuosa relación la pasión se desvanece, siguen siendo inseparables amigas.

De ahí en adelante las andanzas delincuentes de la pareja se multiplican con asombrosa rapidez. Aileen recurre a varios nombres falsos y junto a Tarya suman incidentes de todo tipo con la Policía, desde conducir sin licencia hasta amenazas telefónicas a empleados de supermercado.

Por 1989, Aileen Wuornos es una mujer de carácter agresivo y fácilmente irritable, que viaja siempre con una pistola en su bolso y que trabaja en forma esporádica en bares y paradas de camiones.

El 30 de noviembre de ese año, un electricista de 51 años de nombre Richard Mallory, conocido por su afición al alcohol y a las mujeres, es visto con vida por última vez. Al día siguiente su coche es encontrado en Ormond Beach, junto a su billetera, documentos personales, una botella vacía de vodka y varios condones.

El 13 de diciembre de 1989, el cuerpo de Richard Mallory es hallado en los bosques cercanos a Daytona Bech con tres disparos en el pecho efectuados por una pistola calibre 22.

Esas pistas, sin embargo, no llevan a la Policía a descubrir al culpable. El caso se archiva y permanece sin novedades hasta el 1 de junio de 1990, cuando un hombre desnudo es hallado muerto cerca de Tampa, con seis disparos de una pistola calibre 22. Cuando la Policía lo identifica como David Spears, de 43 años de edad, ya ha aparecido un tercer cuerpo desnudo de un hombre de 40 años asesinado con nueve tiros de una calibre 22.

La cuarta víctima se llama Peter Siems y es un hombre de 65 años, que es visto por última vez cuando sale de su casa en Júpiter, Florida, para ir a visitar a unos parientes en Arkansas. Su coche aparece un mes más tarde, chocado y abandonado. Testigos cuentan a la Policía que a bordo del auto iban dos mujeres, una rubia y otra de pelo castaño oscuro, y entregan información para realizar un retrato hablado. La mujer rubia iba herida, y una huella de su mano ensangrentada queda grabada en el auto.


El 16/01/1991, Aileen confiesa seis asesinatos y alega que todos fueron en defensa propia pues esos hombres intentaban violarla. Antes de que terminara ese mes, ella y su abogado venden los derechos cinematográficos de su vida, de la que después saldría Monster, asesina en serie, donde Charlize Theron interpreta (arriba) a Alieen.

Para noviembre de 1990, los hombres asesinados de forma similar en el estado de Florida ya son nueve. Los medios de comunicación siguen a estas alturas el caso de muy cerca, y presionan a las autoridades policiales para que asuman que se trata de dos asesinas en serie y publiquen sus retratos hablados, lo que ocurre a fines de ese mes.

En las tres semanas siguientes, la Policía recibe cuatro llamadas teléfonicas que identifican a las sospechosas como Tyria Moore y Lee Blahovec (uno de los tantos pseudónimos de Aileen Wuornos).

Mientras, para obtener algo de dinero, Aileen sigue vendiendo los objetos de valor que ha robado a sus víctimas. Es así como el 6 de diciembre, vende la cámara y el detector de radar de Richard Mallory en Daytona, y parte a Ormond Beach a vender una caja de herramientas que pertenecía a Spears.

El 9 de enero de 1991, Aileen Wuornos finalmente es detenida en un bar de Harbor Oaks. Al día siguiente Tyria Moore es conducida a la casa de sus hermanas en Pennsylvania, y acepta colaborar con la Policía.

El 16 de enero, Aileen confiesa seis asesinatos, y alega que todos fueron cometidos en defensa propia, pues esos hombres intentaban violarla. Antes de que terminara ese mes, ella y su abogado venden los derechos cinematográficos de su vida.

El 27 de enero de 1992, un jurado declaró a Aileen Wuornos culpable de homicidio en primer grado y recomendó la pena de muerte. El 30 de enero de 1992 Aileen Carol Wuornos fue sentenciada a morir ejecutada. La pena se cumplió en el otoño de 2002.

miércoles, 8 de enero de 2014

Erzsébet Bathory – La Condesa Sangrienta









Este personaje resulta verdaderamente interesante para la historia del crimen en serie, partiendo del hecho que sea una de las pocas mujeres que haya asesinado de una manera tan cruel a cerca de 650 jóvenes, incluyendo niñas…Todo ello para conservar su juventud, bañándose en la sangre de sus víctimas
La Condesa Sangrienta


Una de las representaciones oficiales de Elizabeth Báthory, cuyo número de víctimas fue aproximadamente 650…

El caso de este personaje resulta verdaderamente interesante para la historia del crimen en serie, partiendo en un principio del hecho que sea una de las pocas mujeres que haya asesinado de una manera tan cruel… a cerca de 650 doncellas.

Además de una perversión sádica y sexual, la Condesa Elizabeth Báthory sentía especial atracción por la sangre, y no sólo se contentaba de beberla, como es habitual en los llamados asesinos vampíricos, sino que se bañaba en ella con el fin de impedir que su piel envejeciese al paso de los años.

Nace en 1560 en el seno de una de las más ricas familias húngaras. Si bien pertenecía a la más ilustre y distinguida aristocracia, siendo su primo Primer Ministro de Hungría, y su tío Rey de Polonia, también existen antecedentes esotéricos entre los miembros de su familia, como pueden ser un tío adorador de Satán y otros familiares adeptos a la magia negra o la alquimia, entre los que se puede contar a la propia Báthory, ya que desde su infancia había sido influida por las enseñanzas de una nodriza que se dedicaba a las prácticas brujeriles.

Cuando sólo contaba con 15 años se casa con un noble, el conde Nadasdy, gran guerrero conocido como “El Héroe Negro”, y se van a vivir en un solitario castillo en los Cárpatos.

El conde no tarda en ser reclamado en una batalla, por lo que se ve obligado a dejar sola a Elizabeth por un tiempo. Al cabo de muchos momentos en espera de su marido, ésta se aburre por el continuo aislamiento al que estaba sometida, y se fuga para mantener una relación con un joven noble al que las gentes del lugar denominaban “el vampiro” por su extraño aspecto. En breve regresa de nuevo al castillo y empieza a mantener relaciones lésbicas con dos de sus doncellas.


Bathory se había rodeado de brujos, hechiceros y alquimistas. Su nodriza, basándose en magia negra, le dijo que bañarse en sangre de doncella la mantendría joven y bella: Bathory siguió su concejo, mucho más allá de la cuenta…

Desde ese momento, y para distraerse de las largas ausencias de su marido, comienza a interesarse sobremanera por el esoterismo, rodeándose de una siniestra corte de brujos, hechiceros y alquimistas.

A medida que pasaban los años, la belleza que la caracterizaba se iba degradando, y preocupada por su aspecto físico pide consejo a la vieja nodriza. Ésta, le indica que el poder de la sangre y los sacrificios humanos daban muy buenos resultados en los hechizos de magia negra, y le aconseja que si se bañaba con sangre de doncella, podría conservar su belleza indefinidamente…

En esa época, la Condesa tubo su primer hijo, al que siguieron tres más, y si bien su papel maternal le absorbía la mayor parte del tiempo, en el fondo de su mente seguían resonando las palabras tentadoras de la nodriza: “belleza eterna”. Al principio intentó alejarlas de sí, posiblemente no por falta de deseo o valor, sino por temor a las consecuencias de cara a la aristocracia, pero años más tarde cuando su marido fallece no tarda en probar los placeres sugeridos por la bruja.

Al poco tiempo moriría su primera víctima: una joven sirvienta estaba peinando a la Condesa, cuando accidentalmente le dio un tirón. Ésta, en un ataque de ira le propinó tal bofetada que la sangre de la doncella salpicó su mano. Al mirar la mano manchada de sangre, creyó ver que parecía más suave y blanca que el resto de la piel, llegando a la conclusión que su vieja nodriza estaba en lo cierto y que la sangre rejuvenecía los tejidos. Con la certeza de que podría recuperar la belleza de su juventud y conservarla a pesar de sus casi cuarenta años, mandó que cortasen las venas de la aterrorizada sirvienta y que metiesen su sangre en una bañera para que pudiera bañarse en ella.


Bathory recorría con su carroza los Cárpatos en busca de doncellas que, una vez en el castillo, eran encadenadas y acuchilladas por un verdugo, un sirviente o ella misma, mientras las víctimas se desangraban y llenaban su bañera…

A partir de ese momento, los baños de sangre serían su gran obsesión, hasta el punto de recorrer los Cárpatos en carruaje acompañada por sus doncellas en busca de jóvenes hembras a quienes engañaban prometiéndoles un empleo como sirvientas en el castillo. Si la mentira no resultaba, se procedía al secuestro drogándolas o azotándolas hasta que eran sometidas a la fuerza. Una vez en el castillo, las víctimas eran encadenadas y acuchilladas en los fríos sótanos bien por un verdugo, un sirviente o por la propia Condesa, mientras las víctimas se desangraban y llenaban su bañera.

Una vez dentro de la pila, hacía que derramasen la sangre por todo su cuerpo, y al cabo de unos minutos, para que el tacto áspero de las toallas no frenase el poder de rejuvenecimiento de la sangre, ordenaba que un grupo de sirvientas elegidas por ella misma lamiesen su piel. Si estas mostraban repugnancia o recelo, las mandaba torturar hasta la muerte. Si por el contrario reaccionaban de forma favorable, la Condesa las recompensaba.


A veces, las víctimas más sanas y bellas eran encerradas por años para irles extrayendo pequeñas cantidades de sangre mediante incisiones, a fin de que Elizabeth pudiera bebérsela y conservar su belleza (retratada arriba por un fan).

En algunas ocasiones, las víctimas que le parecían más sanas de mejor aspecto eran encerradas durante años en los sótanos para ir extrayendo pequeñas cantidades de sangre mediante incisiones afín que la dueña del castillo pudiera bebérsela.

Por otro lado, las calaveras y los huesos eran también aprovechados por los hechiceros del castillo, convencidos que sólo un sacrificio humano podía dar buenos resultados para realizar sus experimentos alquímicos.

Durante once años, los campesinos aterrados veían el carruaje negro con el emblema de la Condesa Báthory rastrear el pueblo en busca de jóvenes, que desaparecían misteriosamente dentro del castillo y que nunca volvían a salir.

Los cuerpos sin vida eran sepultados en las inmediaciones del castillo, hasta que finalmente, sea por pereza o descuido, tan sólo los arrojaban al campo para que las alimañas acabasen con ellos.

Algunos aldeanos no las tenían todas consigo por los gritos estremecedores que se oían salir del lugar, y se empezaron a extender rumores por todo el pueblo de que algo raro sucedía en el castillo.

Finalmente estos pueblerinos empiezan a rondar por las inmediaciones, en dónde se encuentran con los restos de más de una docena de cuerpos sin vida. Éstos armaron una revuelta insistiendo que el castillo estaba maldito y era además una residencia de vampiros, quejándose ante el propio soberano.

Atacar a una familia de poder en esa época era algo verdaderamente difícil, y sobre todo si como en este caso, el acusado además de ser una persona distinguida entre la nobleza tenía amigos igual de poderosos por todas partes. Por ese motivo, el emperador comienza por no prestar atención a las quejas de su pueblo, pero finalmente envía una tropa de soldados que irrumpen en el castillo en 1610.


En base a las ruinas que quedaron, los expertos piensan que así (imagen superior) lucía el castillo de la perversa condesa

Al entrar, los soldados encuentran en el gran salón del castillo un cuerpo pálido y desangrado de mujer en el suelo, otro aún con vida pero terriblemente torturada, que había sido pinchada con un objeto para extraerle la sangre, y una última ya muerta tras ser salvajemente azotada, desangrada y parcialmente quemada. En los alrededores del castillo, desentierran además otros cincuenta cadáveres.

En los calabozos, se encuentran a gran cantidad de niñas, jóvenes y mujeres aún en vida a pesar que algunos de ellos tenían señales de haber sido sangrados en numerosas ocasiones. Una vez éstos liberados, sorprenden a la Condesa y a algunos de sus brujos en una de las habitaciones del castillo en medio de uno de estos sangrientos rituales. Rápidamente son detenidos y conducidos a la prisión más cercana.

Los crímenes sádicos de Báthory habían durado aproximadamente diez años.

En el juicio, sobraban pruebas para condenar a Elizabeth Báthory culpable de los múltiples crímenes cometidos, pues no sólo se habían encontrado ochenta cadáveres sino que los guardias estaban de testigos para declarar que la habían visto matar con sus propios ojos.

Ésta confesaría haber asesinado junto con sus hechiceros y verdugos, a más de 600 jóvenes y haberse bañado en “ese fluido cálido y viscoso” afín de conservar su “hermosura y lozanía”.

Le seducía el olor de la muerte, la tortura y las orgías lesbianas. Decía que todo lo mencionado poseía un “siniestro perfume”. Sus cómplices fueron condenados culpables, unos decapitados y otros quemados en la hoguera.


Bathory fue condenada a morir emparedada en su cuarto, donde solo quedaría una ranura para alimentarla. Vivió cuatro años así, hasta que dejó de comer y murió a los 54 años sin emitir palabra alguna desde que la encerraron…

Báthory, aún contando con el privilegio de pertenecer a la nobleza y ser amiga personal del rey Húngaro, fue condenada por éste mismo a una muerte lenta: la emparedaron en el dormitorio de su castillo, dejándole una pequeña ranura por la cual le daban algunos desperdicios como comida y un poco de agua. Murió a los cuatro años de permanecer en esa tumba, sin intentar comunicarse con nadie ni pronunciar la mínima palabra. Fue una especie de suicidio, de repente dejó de tocar alimento alguno y falleció en 1614 cuando contaba con 54 años.

Resulta curioso señalar un paralelismo entre esta mujer y otro vampiro histórico muy conocido: Gilles de Rais, pues aunque éste cometió sus crímenes dos siglos antes, procedían de manera muy similar: ambos pertenecían a la alta nobleza. Él era homosexual y ella lesbiana (de ahí que sus víctimas fuesen principalmente mujeres), y lo más sorprendente e inquietante es que tanto los sirvientes de uno como de otro participaban en los macabros baños de sangre.

NOTA: Pili Abeijon es el autor del texto

Irma Grese – El Ángel de Auschwitz









De niña fue tímida y tranquila pero, tras crecer y adherirse a la causa nazi, fue nombrada supervisora de prisioneros en Auschwitz: allí, habría de convertirse en una de las mujeres más crueles de la historia. Entregaba prisioneras desnutridas a los perros, disparaba arbitrariamente a los presos, latigueaba los senos de las mujeres “bien dotadas” con morboso deleite, entre otras atrocidades…


Nadie sospechó que, bajo esa sonrisa, se escondía una sádica cuyos crímenes la convertirían en la mujermás joven (23 años) en ser enviada a la horca bajo las leyes británicas…

Irma Ilse Ida Grese nació un 7 de octubre de 1923 en Wrechen, Alemania. En su infancia fue una niña tranquila y algo tímida. Dotada de una gran bellezafísica, nadie imaginó que, tras aquel rostro angelical, se escondía la semilla de un monstruo cruel y sádico. El monstruo solo necesitaba del escenario adecuado para manifestare: así, a los 19 años fue nombrada supervisora de prisioneros en Auschwitz. La historia nunca olvidará como se reía entregando famélicas judías a los perros hambrientos, como depravadamente disfrutaba de latiguear los senos de las prisioneras “más dotadas” o de apagar vidas a su antojo apretando el gatillo de su pistola. Tras la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, sus crímenes la convirtieron en la mujer más joven en ser enviada a la horca bajo las leyes británicas, siendo ejecutada un 13 de diciembre de 1945 a sus 23 años. Tras su muerte, en su alojamiento se hallaron tres lámparas con las pantallas hechas de piel humana; según se rumorea, de prisioneros despellejados por sus propias manos.

Odiada profundamente por sus víctimas judías, la combinación de su maldad y belleza han hecho que se la recuerde bajo títulos como “El Ángel de Auschwitz”, “El Ángel de la Muerte” o “La Bestia Bella”. También se la ha llamado “La Perra de Belsen”.

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El monstruo antes de manifestarse

Irma fue hija de un lechero disidente del Partido Nazi y de una mujer llamada Berta. Durante su infancia fue una niña normal; inclusive, según declaraciones de su hermana Helen (efectuadas durante el juicio): “de niña era bastante tímida y en modo alguno violenta. Evitaba los enfrentamientos y, en caso de peleas entre niños, siempre huía”.

El único suceso traumático del que se tiene noticia fue el suicidio de su madre en 1936, cuando Irma era apenas una preadolescente. No se sabe si esto influyó en su indisciplina escolar, pero lo cierto es que a los 15 años abandonó el colegio como consecuencia de su desgano y de los intereses que había empezado a mostrar por integrarse a las juventudes hitlerianas, deseando por ello unirse a la Liga de la Juventud Femenina Alemana, agrupación que su padre desaprobaba.

Lo anterior, junto con lo que queda de relevante antes de su transformación, fue narrado por boca de la propia Irma Grese durante el Juicio de Bergen-Belsen, en el cual los tribunales británicos la juzgaron a ella y a 44 personas más implicadas en la administración del campo de concentración de Bergen-Belsen. Sus palabras fueron: “En 1938 dejé la escuela elemental y durante seis meses estuve empleada como jornalera en una granja. Después, trabajé en una tienda, en Luchen, otros seis meses. Cuando cumplí los 15 conseguí un puesto de limpiadora en un hospital en Hohenlunchen, y allí permanecí dos años. Intenté convertirme en enfermera, pero la Oficina de Trabajo no me lo permitió y me enviaron a una lechería en Fürstenberg. En Julio de 1942 volví a solicitar un puesto de enfermera; pero, a pesar de que protesté contra ello, la Oficina de Trabajo me asignó al campo de Ravensbrück, como parte del cuerpo auxiliar femenino de las SS. Estuve allí hasta Marzo de 1943”

Otra versión —que casi seguramente es la verdadera dado que se sabe que Irma mintió en el juicio al negar algunas acusaciones reales— dice que ella, pese a que en realidad sí prefería desempeñarse como enfermera, no estaba inconforme con su puesto en Ravensbruck, apareciéndose campantemente en casadurante un permiso. Al verla en el uniforme de las SS con esa actitud de complacencia, su padre y ella tuvieron una muy acalorada discusión, tras la cual Irma fue expulsada de casa ya que no estaba dispuesta a renunciar a su nazismo.

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La Bestia Bella y sus crímenes

En 1943 Irma entró en el Campo de concentración de Auschwitz, como una SS Oberaufseherin (guardia femenina). Con impresionante rapidez, a finales del mismo año fue ascendida a supervisora, llegando a ser la segunda mujer de más alto rango después de María Mandel. Dicen que fue su enorme fanatismo nazi y su considerable sadismo lo que le abrió la puerta a tan veloz ascenso, aunque su belleza estuvo implicada en el asunto, tal y como queda claramente sugerido en el hecho de le gustaba ‹‹compartir su belleza›› con oficiales de alto rango como Joseph Mengele y Josef Kramer, además de otros menos conocidos, desconocidos o no confirmados.

Aproximadamente unas 30000 prisioneras le fueron delegadas en Auschwitz, lo cual representó el terreno ideal para desatar abiertamente sus pulsiones crueles, cosa que Irma no dudó en aprovechar: primero en Auschwitz, luego en Ravensbruck y finalmente en Bergen Belsen. En aquel recorrido tuvo lugar el proceso psicológico en que Irma fue incrementando sus tendencias oscuras, desembocando ya desde sus primeras etapas en el sadismo exacerbado que la llevaría a la fama y a la horca.


“Sacudía fustazos a donde se le antojaba, y a nosotras no nos tocaba más que aguantar lo mejor que pudiésemos. Nuestras contorsiones de dolor y la sangre que derramábamos la hacían sonreír” (Olga Lengyel, superviviente del Holocausto)

Olga Lengyel fue una de las víctimas que sobrevivió a la crueldad de Irma Grese. Años después del Holocausto, Olga reunió documentación y ordenó recuerdos para escribir Los hornos de Hitler; de allí, como introducción al siniestro perfil de Irma, se pueden citar estas palabras: ‹‹Irma Grese se adelantaba hacía las prisioneras con su andar ondulante y sus caderas en movimiento. Los ojos de las cuarenta mil desventuradas mujeres, mudas e inmóviles, se clavaban en ella. Era de estatura mediana, estaba elegantemente ataviada y tenía el cabello impecablemente arreglado.

El terror mortal inspirado por su presencia la complacía indudablemente y la deleitaba. Porque aquella muchacha de veintidós años carecía en absoluto de entrañas. Con mano segura escogía a sus víctimas, no sólo de entre las sanas, sino de entre las enfermas, débiles e incapacitadas.

Las que, a pesar de su hambre y penalidades, seguían manifestando un poco de su belleza física anterior eran las primeras en ser seleccionadas. Constituían los blancos especiales de la atención de Irma Grese.

Durante las “selecciones”, el “ángel rubio de Belsen”, como más adelante había de llamarla la prensa, manejaba con liberalidad su látigo. Sacudía fustazos adonde se le antojaba, y a nosotras no nos tocaba más que aguantar lo mejor que pudiésemos. Nuestras contorsiones de dolor y la sangre que derramábamos la hacían sonreír››

Las palabras anteriores muestran ya que Irma se fijaba mucho en la belleza de las prisioneras, eligiendo como blanco a las de mejor aspecto. Detrás de eso no estaba la envidia sino una sexualidad retorcida. Testigo de sus sangrientas exquisiteces fue Gisella Pearl, médica de los prisioneros que en el Juicio de Bergen-Belsen declaró: “Grese gustaba de azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer”. Complementariamente, la pervertida Bestia Bella tenía otras costumbres ligadas a su perfil de predadora sexual: 1) tenía una esclava sexual con la cual mantenía un sádico romance lésbico, 2) con relativa frecuencia, mandaba a traer prisioneras de buen aspecto para usarlas sexualmente, uso en el que la tortura y la degradación solían hacerse presentes, 3) se vinculó sexualmente a varios oficiales e incluso parece que a ciertos prisioneros masculinos, por lo cual algunas veces obligó a un médico prisionero húngaro a que le practique abortos, so pena de muerte


“Grese gustaba de azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer” (Gisella Pearl, superviviente del Holocausto)

Además de sádica sexual, Irma Grese era una auténtica asesina cuya maldad no se frenaba ni con los niños, un ser que en promedio tenía la responsabilidad de unas 30 muertes…La revista digital FDM, en un artículo de Mónica González Álvarez, nos muestra parte de lo dicho en estos términos: ‹‹Otro de sus “modus operandi”, consistía en asesinar a las internas pegándoles un tiro a sangre fría. Los abusos sexuales y las torturas a niños estaban a la orden del día. Irma no conocía ni tenía límites. Su extremada depravación le llevó a pegar sádicas palizas con un látigo trenzado hasta provocar la muerte de las víctimas››. Habría pues que imaginarla con ese instrumento que tanto la enorgullecía, tal y como, luego de su captura, evidenció en un interrogatorio cuando poéticamente dijo que su estimado látigo “era muy ligero, traslúcido como vidrio blanco”. Y es que, siendo como era ella una persona de aspecto impecable que daba gran importancia a la belleza, cabe sospechar que, en su retorcida mente, la naturaleza translúcida de su látigo otorgaba un estimulante aspecto estético a su uso, ya que la sangre de las prisioneras debía de parecerle bastante elegante en su contraste cromático con el aspecto cristalino del látigo; elemento que, al igual que sus botas y su manera de caminar, le brindaban el aspecto de una belleza asesina…

Aunque quizá lo más escalofriante de todo era el placer que se pintaba en la cara de Irma cuando las mordidas de los perros recaían sobre prisioneras judías que, en muchos casos, el hambre prolongada había reducido a puro hueso y pellejo. Luba Triszinska, sobreviviente del Holocausto, afirmó durante el Juicio de Bergen Belsen que Irma: “No daba de comer a los perros, los mantenía enjaulados durante días con el bozal puesto. Cuando una prisionera caía al suelo desfallecida, mandaba a su criada polaca que trajese los perros y los azuzaba, lanzándolos contra aquellas mujeres desnutridas que apenas podían defenderse y que eran despedazadas vivas por los animales”.

El ejercicio era realmente usado como medida disciplinar por los militares alemanes, tal y como se hacía y aún se hace en todo ejército. Sin embargo Irma tomó esto como base para sus excesos inhumanos, ya que a veces obligaba a los internos a hacer flexiones durante “horas”. Mientras, se paseaba con su precioso látigo de celofán, vigilando a los presos para darle un tremendo azote a aquellos que osasen parar, disfrutando así del dolor de unos y el temor de otros.

Finalmente y aunque parezca difícil de darle crédito a la palabra “horas”, Klara Lebowitz, sobreviviente del Holocausto, dijo que: “Grese obligaba a los internos a permanecer en formación, durante horas, sosteniendo grandes piedras sobre sus cabezas”

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La esclava de Irma, un capítulo especial de su depravación


Con sólo 13 años, una chica española fue tomada como esclava sexual y doméstica por Irma

Fue en Polonia donde Irma logró localizar a una chica española a la cual, años antes, había conocido en Wrechen, una ciudad alemana ubicada a tan solo 60 kilómetros de Berlín. Irma, que era bisexual, había desarrollado una oscura obsesión erótica (por tanto, más que simplemente ‘sexual’) por la pequeña púber española que, para ese entonces, contaba apenas con 13 años.

La chica española (su identidad real se desconoce) había tenido el infortunio de que su padre, que ostentaba un cargo importante en el gobierno de Primo de Rivera pero vivía en Alemania, se había tenido que regresar a España durante la Guerra Civil Española, dejando a su hija en Polonia. En qué circunstancias específicas la dejó, es algo que no se encuentra en las fuentes de internet; ya que, prácticamente todo lo que en el ciberespacio se ha dicho sobre el tema, ha estado ligado a la publicación de La Bella Bestia, un libro en el que Alberto Vázquez-Figueroa narra la historia de la esclava sexual de Irma Grese, esclava cuya identidad nunca proporcionó pues, la información que ella le dio al escritor, pedía a cambio el que sus nombres y apellidos nunca se revelen y el que todo aquello se publique solo tras la muerte de ella[1]. El hecho es que las circunstancias de la chica, conjugadas con el poder de Irma, fueron suficientes para que ella la convierta en su “criada”, título este que ocultaba su rol de esclava doméstica y sexual, estando lo segundo en el contexto de las tendencias sádicas de Irma y habiendo sido, por parte de la chica española, vivido como una violación a sus 13 años y como una explotación en el tiempo que siguió…

Grese tuvo a la “callada joven de ojos oscuros” durante mucho tiempo, haciéndola pasar como polaca y llevándola a donde fuese: en el campo de concentración de Ravensbruck, la tuvo dentro de su propia casa; en Auschwitz, dentro de una buhardilla cercana a la casa en que ella habitaba; en Bergen Belsen, en una casa cercana al campo.

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Juicio y condena


En el juicio, Irma negó muchas acusaciones y mostró cierto cinismo y arrogancia

El 17 de septiembre de 1945 comienza, en Lüneburg, el juicio de Bergen-Belsen, dirigido contra el comandante Josef Kramer y otros 44 implicados en la administración de los campos de concentración de Bergen-Belsen. A pesar de ocupar el noveno lugar en la lista de acusados, Irma resulta llamativa y se convierte en la estrella del proceso, adquiriendo allí su sobrenombre de “La Rosa de Auschwitz”. Durante el juicio, los niños corean su nombre cada día.

Sabe que va a ser condenada a muerte, que entre los llamados a dar testimonio hay prisioneras judías que le guardan un profundo y natural rencor. Estando en sus últimos días, opta por el cinismo, la provocación y la arrogancia. Se muestra indiferente y despreciativa con el tribunal, es lacónica: “no”, “sí”, “no sé”, “nunca vi nada de eso”; insolente en ocasiones: “Yo debería saber mejor que usted si tenía o no tenía un perro, ¿no le parece?”, “Me gustaría que dejara usted de repetir la palabra ‘regularmente’”; tiende a negar algunas acusaciones al punto del cinismo sarcástico: “Yo soy incapaz de hacer planes. Nunca hice ningún plan para matar prisioneros”.

Los testimonios contra ella incluyen cosas terribles, las identidades de quienes emitieron los testimonios están en el paréntesis del final en cada caso numerado:

1. Hacer que los perros devoren a prisioneras desnutridas y/o cansadas (Luba Triszinska)

2. Azotar los senos de las prisioneras “bien dotadas” para que se les infecten las heridas y ella se excite en la operación de extirpación sin anestesia (Gisella Pearl)

3. Tener aventuras bisexuales y, en los últimos tiempos, varios romances lésbicos con internas (Isabella Leittner y Olga Lengyel)

4. Obligar a los internos a hacer flexiones por horas, latigueando al que paraba (Helene Klein)

5. Golpear a los internos (Gitla Dunkleman y Dora Szafran)

6. Poner en formación por horas a los internos, portando piedras pesadas en sus cabezas (Klara Lebowitz)

7. Ser una de las personas responsables, en Auschwitz, de seleccionar presos para las cámaras de gas (Gertrude Diament y Ilona Stein)

8. Haber sido responsable, durante su estancia en el Comando de Castigo, de al menos 30 muertes diarias (Helene Kopper)

Sin embargo Irma Grese no aceptó todos los cargos que se formularon en su contra: negó haber usado perros contra las prisioneras, haber disparado a sangre fría a las internas, haber azotado senos con su látigo, entre otras cosas. Solamente aceptó haber golpeado a las prisioneras pero con las manos y “por alguna buena razón”, haber presenciado selecciones para las cámaras de gas, haber empleado el látigo para poner y mantener el orden en las formaciones y haber sometido a los internos a sesiones deportivas como una forma de castigo. Con todo, los testimonios y las evidencias bastaron para formular cargos suficientes como para justificar la sentencia de muerte en la horca.

Entretanto la prensa sensacionalista se había encargado de causar revuelo en torno a su figura, dando como resultado el que, cuando murió, ya era famosa.

En la actualidad sigue ocupando un sitial importante entre la lista de las mujeres más malvadas de la historia, apareciendo en algunos portales de la web como casi igual de malvada que Elizabeth Bathory (la condesa que se bañaba en sangre de vírgenes) o incluso, para unos cuantos, aún más malvada. Por último, se sabe que, ella y otras nazis como Ilse Koch, están ligadas al origen de la dominatrix nazi, un ícono de la cultura sadomasoquista…
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ANEXOS:

1-Fragmentos de las “Memorias de Albert Pierrepoint”, verdugo encargado de ejecutar a la Bestia Bella:

‹‹La mañana siguiente (…) atravesé el corredor y llamé: “Irma Grese”. (…) Una puerta se abrió, pero la entrada era demasiado baja para mí. “Sígame”, dije en inglés, y O’Neil repitió la orden en alemán. A las 9’34 de la mañana nos dirigimos a la sala de ejecuciones. Ella se volvió un segundo y miró a los oficiales que tenía a su espalda. Después subió los escalones tan rápido como pudo y se situó justo en el centro de la plataforma, sobre la marca de tiza. Se quedó allí, muy firme. Cuando iba a colocarle el capuchón blanco, repitió, con voz lánguida: “Rápido”.››

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2-Fragmentos que ilustran la crueldad de Irma Grese, extraídos del libro “Los hornos de Hitler”:

a) Una escena de abuso salvaje y arrogancia, vivida en carne propia por la autora del libro:

‹‹Con lentitud calculada, sacó un revólver de su mesa y avanzó hacia mí. Formábamos un rudo contraste: yo, con la cabeza rapada, andrajosa, sucia, empapada de lluvia, y ella con el pelo magníficamente peinado y cuidado, con su belleza deslumbradora y su maquillaje perfecto. El impecable vestido hecho a la medida realzaba su esbelta figura.
—¡Puerca! —silbó entre dientes.
Me aparté, encogida, del cañón frío de su revólver cuando me lo pasó por la sien izquierda. Sentí su cálido aliento.
—Conque tienes miedo, ¿no?
De pronto, descargó la culata de su arma sobre mi cabeza, una y otra y otra vez. Me golpeó la cara con el puño, una y otra vez.
Probé el sabor de mi sangre. Me tropecé y fui a caer sobre la piel de lobo.
Cuando abrí los ojos, estaba tirada en el barro, bajo la lluvia, que seguía cayendo.››

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b) Sobre lo que la Bella Bestia planeaba hacer con su vida tras la nunca habida victoria alemana…:

‹‹En cuanto terminó la operación, empezó a charlar:
—Después de la guerra, me propongo dedicarme al cine. Ustedes verán mi nombre luminoso en las marquesinas. Conozco la vida y he visto mucho. Las experiencias que he tenido me van a ser muy útiles para mi carrera artística››

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c) Sobre cómo, además de su esclava sexual permanente, tenía otras que, sin correr la misma suerte, solo duraban por temporadas antes de ser enviadas a la muerte:

‹‹Las jefas del campo eran famosas por sus aberraciones. La Griese era bisexual. Su criada, que era amiga mía, me informó de que muchas veces Irma Griese tenía relaciones homosexuales con internadas, a las que después mandaba al crematorio. Una de sus favoritas era una “blocova”, que estuvo siendo su esclava una larga temporada hasta que la jefa del campo se cansó de ella.››

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d) Celos, orgullo y crueldad: Irma Grese se venga de una pareja de prisioneros:

‹‹Nos pegamos a la pared de la barraca de madera. Por un pequeño resquicio que se abría entre las tarimas, podía distinguir parte del interior de la habitación. Alguien estaba gritando y quejándose a la izquierda. A juzgar por el restallido de la fusta, estaba azotando a alguien furiosamente. Con voz ronca y destemplada, Griese barbotaba maldiciones. Pero lo único que se podía divisar desde donde yo estaba era el couch que caía enfrente del ojo de la cerradura. Sin embargo, un momento después, la escena se hizo más animada y dramática.

Griese se acercaba al sofá, arrastrando a una mujer desnuda por el pelo. Cuando llegó al diván, se sentó, pero no soltó la cabellera de la mujer, sino que fue tirando cada vez más de la mata espesa de pelo, mientras descargaba una y otra vez, la fusta sobre las caderas de la mujer. La víctima se veía obligada a acercarse más y más. Finalmente se quedó de rodillas ante su verdugo.

—Kommhier —gritó Irma, dirigiéndose a un rincón de la habitación que caía fuera de mi visión. De nuevo repitió:

—Ven acá. ¿Vienes o no?


Irma había llamado a un guapo prisionero georgiano para tener sexo; él, que por fidelidad a su chica se negó, hubo de recibir la terrible venganza de la Bestia Bella

Y blandió el látigo una vez más, obligando brutalmente a ponerse de pie a la mujer.

Y de pronto, en el espacio que podía y dominar desde mi observatorio, apareció la figura de un prisionero. Era el apuesto georgiano. Lo conocíamos.

Aquel hombre era increíblemente bello. Se dice que la raza georgiana es la que produce los hombres mejor parecidos, y aquél era, por cierto, un ejemplar perfecto. Tenía una estatura tan elevada que poco le faltaba para tocar con la cabeza el techo de la barraca. A pesar del hambre y de los malos tratos, conservaba todavía un pecho robusto de atleta. La cara se le había quedado magra por las privaciones, pero sus rasgos fisonómicos eran acaso por eso más atractivos.

La historia de este georgiano bien plantado había circulado de boca en boca por todo el campo. Lo había mandado al Lager de mujeres para reparar la carretera. Allí había conocido a la delicada joven polaca que parecía una virgen y que ahora se arrodillaba, desnuda, bajo los latigazos de Irma Griese.

La escena no necesitaba explicación. La comprendimos perfectamente. Irma había visto a aquel magnífico espécimen de virilidad, al arrogante georgiano, y se lo había acaparado para ella, como cualquier potentado oriental. Le había mandado presentarse en su habitación, pero cuando el digno joven, cuyo espíritu no se había quebrantado ni por el cautiverio ni por la fama que tenía Irma de aterrar a la gente, se negó a ceder a sus deseos, Irma trató de obligarle a hacerse su esclavo, haciéndole mirar cómo atormentaba a la muchacha a quien él quería.

…[…]…

Se abrió la puerta. Primero salió el hombre. No se me olvidarán jamás sus ojos negros, que echaban lumbre, y la ira que se reflejaba en su faz. Luego emergió la muchacha polaca. Su estado era verdaderamente lamentable. Tenía cruzada la cara de verdugones rojos, lo mismo que su escote. Aquella sádica no le había perdonado siquiera el rostro.

…[...]…

No volví a ver al apuesto georgiano. La hermosa bestia lo había mandado fusilar. ¿Y la muchacha? Nos enteramos de qué había sido de ella por la criada de Irma. El “ángel rubio” la había mandado al burdel de Auschwitz.››