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viernes, 10 de enero de 2014

Harvey Murray Glatman




Este inteligente (CI de 130) y trastornado asesino fue marcado desde niño por su fealdad y el consiguiente rechazo femenino. Enfermándose sexualmente, se convirtió en un resentido fotógrafo voyeurista que fantaseaba con las imágenes de sus víctimas, a las que violaba y asesinaba estrangulándolas…
Havey Murray Glatman, un voyeurista rencoroso


Su fealdad lo marcó. Desde niño lo molestaban y le ponían apodos (“el feo”, “el gorilita”) y desde la pubertad ya sentía el rechazo del sexo opuesto. Por todo esto, Harvey se fue llenando de odio y resentimiento y se hizo solitario e introvertido.

Havey Murray Glatman nació en Colorado, el 10 de diciembre de 1927. Su infancia fue marcada por su fealdad, era un niño feo, todo el mundo estaba de acuerdo en eso, sus compañeros de clase se burlaban de él constantemente, incluso sus familiares le hacían continuos desprecios. Se sentía distinto, ya incluso desde pequeño le pusieron apodos como “el monito”, “el gorilita”, “el feo”.

Poco a poco fue incubando un síndrome de odio, un odio hacia todos y se fue distanciando, la soledad se volvía una obsesión, la presencia de la gente se volvía molesta pues tenía temor a que se burlaran de él, de que opinaran que era feo. Su conducta se volvió mucho más introvertida y se empezó a aislar.

Tenía unas orejas descomunales y muy separadas del cuerpo, las facciones caídas y ojos ligeramente saltones, una boca muy inflada. Sin duda no era una persona agraciada, se sentía diferente y crecía en él un sentimiento de venganza hacia quienes se burlaban de él, especialmente hacia las muchachas que le rehuían. Era un hombre muy inteligente, su cociente intelectual era de 130 pero su personalidad había sido desvirtuada por su fealdad, estaba marcado.

Su frustración sexual empezó a crecer, no podía tener relaciones sexuales pues las mujeres le aborrecían y recurrió a prácticas onanistas, pero carecían de erotismo, no tenían intensidad, necesitaba del género femenino, tenía que acercarse a ellas. Sus primeros intentos fueron muy tímidos, comenzó a robar a sus compañeras y a masturbarse con los objetos que obtenía, fantaseaba con las dueñas de esos bolsos que robaba, leía sus agendas y creaba unas fantasías que sabía nunca se harían realidad.

Pero Harvey necesitaba algo más, con 17 años se hizo con una replica exacta de un revolver. Cuando encontraba una chica aislada, sola en la calle, la apuntaba con su revolver y la obligaba a quitarse la ropa, él solo se quedaba en eso, no intentaba nada más. Tan solo deseaba observar mujeres desnudas y que se desnudaran para él.


Por su frustración sexual, Harvey se había vuelto un onanista voyeurista que gustaba de fotografiar chicas a escondidas. Y es que esas imágenes no le decían que no, no le retiraban la mirada y siempre le sonreían…

Pero empezó a pensar que eso solo le otorgaba unos minutos de goce, ahí comenzó su afición por la fotografía. Sacaba fotos a escondidas y con sumo cuidado iba pegando estas fotografías en las paredes de su habitación.

Más tarde se trasladó a Nueva York y un mundo nuevo se abrió para él, habían miles de mujeres a las que fotografiar, de este modo se obsesionó con las fotografías, esas imágenes no le decían que no, no le retiraban la mirada y siempre le sonreían. Se masturbaba fantaseando con las fotografías de desconocidas que captaba por la calle.

Pronto el dinero del que disponía se agotó y tuvo que recurrir al robo para poder subsistir, robos incluso con agresión. Fue pillado por la Policía y condenado a cinco años de prisión en Sing Sing. Durante estos cinco años se mostró impasible, imperturbable.

En 1951 Harvey sale de la cárcel, su odio era inmenso. Se mudó a Los Ángeles donde montó un taller de reparación de televisores. Continuó con su afición a la fotografía, acumulando fotos, él en la cárcel había descubierto las revistas porno y soñaba con ser fotógrafo de esas modelos, que posaran para él, dóciles, complacientes, a pesar de su fealdad ellas siempre le sonreirían.

Así el 31 de Julio de 1957 conoció a la que fue su primera víctima, Judith Ann Dull, esta chica era una modelo en alza, su intención era darse a conocer y ser una importante modelo y sabía que algunos momentos debería “ceder” a algunas peticiones. No queda muy claro cómo pero llegó a Harvey, éste la engañó, la convenció de que trabajaba para una estupenda revista y que sería su imagen, que sería su salto a la fama. En principio la sesión sería en un estudio fotográfico, pero Harvey le dijo que tenía unaserie de problemas y la preguntó si tendría problemas en realizar la sesión en su pequeños estudio, en sucasa, Judith accedió, no le pareció peligroso, pues era muy amable y considerado con ella. Harvey la dijo que para que las fotos fueran más comerciales deberían ser provocativas y que si ella no mostraba inconvenientes había pensado en realizar una sesión simulando que estaba atada de pies y manos. De este modo consiguió inmovilizarla, levantó ligeramente su jersey y falda y comenzó la sesión, la pidió que mirara con provocación a la cámara, ella obedecía a todas sus peticiones. Pero Harvey quiso llegar a más, forzar a la joven, ella se percató del hecho, intentó resistirse pero estaba atada de pies y manos y Harvey consiguió consumar dos veces la violación.


La modelo Judith Ann Dull fue la primera víctima de Harvey, quien la engañó diciéndole que trabajaba para una revista y así le hizo tomarse fotos (arriba) en que la inmovilizó para luego violarla, llevarla al desierto y estrangularla.

Judith estaba aterrorizada y él se empezó a dar cuenta de la magnitud de lo que acababa de hacer, con sus antecedentes penales si la chica le denunciaba sería su final, pasaría el resto de su vida en la cárcel. No, no la podía dejar escapar con vida. A punta de pistola (esta vez una pistola real) la condujo hacía su coche y tomaron dirección al ardiente desierto, se adentraron 200 kilómetros, allí en este solitario paraje, la volvió a forzar y le sacó más fotografías, ella entre sollozos le pido clemencia, que la dejase seguir con vida, que ella no le denunciaría. Pero él estaba decidido, la estranguló con una cuerda, tras su asesinato cayó de rodillas junto al cadáver y llorando le pidió perdón. Abandonó el cuerpo en aquel desierto y regresó convencido de que sería detenido, pensaba que la Policía iba a encontrar el cadáver y le iban a detener, pero no fue así…

Estuvo varios meses muy arrepentido, pero… cuando decidió revelar el carrete vio las fotos de Judith y empezó a enamorarse de aquella imagen y a saborear el triunfo, amplió las fotos y las colgó por todo su apartamento.

Empezó a preparar un nuevo asesinato, llegó el año 1958 y decidió inscribirse en un club de solteros, dio un nombre falso y contactó con una joven de 24 años llamada Shirley Ann Bridgeford, quedó con ella el 8 de Marzo de 1958, pero Shirley al conocerle quedó asombrada por el rostro de Harvey y entonces él comenzó su odio hacia ella, la encañonó con su pistola y la condujo al desierto, allí repitió metódicamente todos las acciones que había realizado con Judith: la violó, la fotografió y la estranguló con una cuerda.

Esta vez no hubo arrepentimiento, había encontrado su verdadera vocación, ya buscaba su nueva víctima. Buscó en los contactos del periódico y así conoció a Ruth Mercado, una chica de alterne de la cual se enamoró, soñó con cambiar su vida, con empezar una nueva con la ayuda de Ruth. Pero Ruth como otras le rechazó, sin dinero no tendría sus atenciones. Una vez más visita al desierto, a pesar de que la amaba, la forzó, fotografió y la asesinó como a las demás.


Harvey se había enamorado de Ruth Mercado y hasta había soñado con iniciar una nueva vida a su lado. Sin embargo Ruth terminó rechazándolo en parte porque Harvey no tenía dinero. A Harvey le dolió pero Ruth debía ser castigada, por lo que la llevó al desierto, la violó, la fotografío (arriba) y finalmente la asesinó…

Ya eran tres los asesinatos pero por suerte no hubo ninguno más. Volvió a su primer modus operandi y puso anuncios en el periódico anunciándose como fotógrafo para las nuevas modelos, así fue como conoció a Lorraine Vigil, una joven que estaba muy necesitada de dinero y veía en el posado fotográfico un modo de ganar algo extra. Harvey recurrió de nuevo a su método: la encañonó, luego la llevaría al desierto, donde repetiría el proceso. Pero Lorraine se reveló y empezaron un forcejeo, durante este forcejeo Harvey disparó y la hirió en una pierna pero ella continuó atacándole hasta que la Policía les encontró, una patrulla de carretera que pasaba en ese instante detuvo a Harvey.



Gracias a la valentía de esta joven, consiguió salvar su vida y a saber de cuántas más mujeres que podría haber asesinado si no le hubiesen detenido, pues en menos de un año ya llevaba 3 asesinatos y una tentativa más.

Harvey Murray Glatman lo confesó todo y fue juzgado y sentenciado a muerte, el juicio duró solo tres días y Harvey no quiso apelar. Sabía que era justo el castigo y optó por la muerte.

El 8 de Agosto de 1959 fue ejecutado, no profirió ni un solo lamento ni una sola queja. Sus últimas palabras fueron: “Es mejor así, tarde o temprano esto tenía que terminar así”

Dean Corll – Candy Man




El hombre de los dulces fue responsable de los asesinatos de al menos 27 niños y jóvenes. Para ello Dean Corll tenía una habitación especial de torturas donde violaba, torturaba e incluso castraba a sus víctimas.
Candy Man


Dean tenía dos amigos cómplices: David Owen Brooks y Elmer Wayne Henley, quienes le “vendían” a jóvenes incautos que accedían engañados a ir a la casa de Dean.

El Hombre de Los Dulces fue responsable de los asesinatos de al menos 27 niños y jóvenes de Houston, Texas. Para ello Dean Corll tenía una habitación especial de torturas donde violaba, torturaba e incluso castraba a sus víctimas. Para llevar a cabo sus crímenes fue ayudado por dos de sus amigos: David Owen Brooks y Elmer Wayne Henley, quienes le “vendían” a jóvenes incautos que accedían engañados a ir a la casa de Dean. Por cada “presa” Corll ofrecía 200 dólares a sus cómplices.

Las fechorías de Corll se dieron a conocer sólo cuando Henley lo traicionó y asesinó en defensa propia, para el resto de sus vecinos Dean Corll era, hasta el momento, un hombre de ejemplar bondad al que le encantaba regalar dulces a los niños.
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Origen de un extraño monstruo

Dean Arnold Corll nació en Fort Wayne, Indiana, irónicamente el 24 de diciembre de 1939. Su padre Arnold Edwin Corll no era una figura muy estable, pues castigaba a sus hijos severamente por el más pequeño error. Debido a las constantes peleas con su esposa Mary Robinson, ambos se divorciaron cuando Dean apenas era un niño, sin embargo se volvieron a casar después de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando se separaron por última ocasión, Dean y Stanley (su hermano menor) fueron a vivir con las hermanas mayores de su madre, debido a que Mary tenía que trabajar para mantener a sus hijos. Dean enfermó por una fiebre reumática que le ocasionó un soplo cardíaco y para alejarse de su padre se mudaron a Pasadena, Texas.

Su madre se volvió a casar nuevamente y con su segundo esposo empezaron un negocio de dulces de nuez desde su garaje; Corll, ya con 11 años, ayudaba en la empresa familiar, pero además él era generoso y regalaba muestras a los chicos del barrio. En los estudios Dean era percibido como un buen estudiante de impecable aspecto disciplina. Dean utilizaba parte de su tiempo para ayudar día y noche a su madre, y seguir con sus estudios, pero la condición de su corazón limitó sus aspiraciones atléticas, por lo que se dedicó a estudiar Música y aprendió a tocar el trombón.


Corll había sido un joven (arriba) aparentemente normal y saludable (de mente) hasta los 30, edad en que se volvió tétrico y empezó a buscar la compañía de jóvenes adolescentes con quienes se drogaba en reuniones…

Cuando Dean tenía 19 años se mudaron nuevamente, en esta ocasión a Houston Heights, lugar donde abrieron una pequeña tienda. Tras el segundo divorcio de su madre, Mary nombró a Dean como vicepresidente de la compañía, él se cambió a un departamento justo encima de la tienda. El negocio iba por buen camino y ya contaba con algunos empleados, Corll pasaba mucho de su tiempo libre en la compañía de jóvenes menores que él y tenía el habito de regalar dulces a los niños locales, razón por la cual los medios de comunicación le dieron el apodo “El Hombre de Los Dulces” una vez que sus crímenes se dieron a conocer.

En 1964 Corll se alistó en el servicio militar a pesar de su condición cardíaca, durante su tiempo como soldado se dio cuenta de su homosexualidad, por este motivo fue dado de baja después de haber servido por 10 meses. Pronto regresó a la tienda de dulces para ayudar a su madre. Con el tiempo se convirtió en el dueño de la empresa y daba dulces gratis a los niños para que visiten la tienda, a muchos de los locales les parecía extraño que Corll pase mucho tiempo con niños y en especial con adolescentes, sin embargo nadie se acordó de esto cuando las desapariciones de jóvenes comenzaron a producirse.

Después del tercer matrimonio fracasado de su madre en 1968, Mary se mudó a Colorado. Ella y Dean se mantenían en contacto por teléfono, pero ella jamás volvió a ver a su hijo de nuevo. La empresa de dulces empezó a fallar y, como su padre antes que él, Dean tomó untrabajo de electricista en “Houston Lighting and Power Company”, lugar donde trabajó hasta el día que lo mataron.

Cuando había cumplido los 30 años experimentó un severo cambio de personalidad volviéndose híper sensitivo y tétrico. Entonces empezó a pasar más tiempo con adolescentes y a hacer reuniones donde se drogaban con fundas de papel que contenían pintura o pegamento.
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Un singular trío…

Lo más extraño de Corll era tal vez la elección de sus amigos, quienes en gran parte eran adolescentes masculinos entre 13 y 20 años. De todos sus conocidos sólo dos eran bien cercanos a Dean: Elmer Wayne Henley de 14 años y David Owen Brooks de 15 años.


El trío del mal: David Owen Brooks (izquierda), Dean Corll (centro) y Elmer Wayne Henley (derecha).

Los tres pasaban mucho tiempo en la casa de Corll o paseando en su furgoneta blanca, pero en una ocasión Brooks entró al apartamento de Dean para encontrarlo desnudo con dos muchachos atados y desnudos también, tan nervioso se puso Corll, que liberó a los jóvenes y le regaló el coche a Brooks para comprar su silencio. Pronto la demencia de Corll le llevó a ofrecerles a David y a Wayne la cantidad de $200 por cada muchacho que le trajesen.
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Los homicidios en masa

La característica que todas las víctimas compartían era que todos eran adolescentes hombres de menos de veinte años. El primero en morir fue Jeffrey Konen de 18 años, quien desapareció el 25 de Septiembre de 1970, mientras hacía autostop. Konen fue dejado en la esquina de la carretera de Westheimer, fue recogido por Corll, quien le ofreció llevarlo a su casa en Braeswood Place. La amable apariencia convenció al joven Jeffrey de subirse al coche. Konen fue la única víctima de esa edad y que no vivía en el barrio de Corll. El resto de la víctimas eran adolescentes mas jóvenes que vivían en Houston Heights, un barrio pobre, una de ellos fue Homer García de 15 años, quien conoció a Henley cuando estudiaba en la escuela de conducción, él fue invitado a una de las fiestas en la casa de Corll.


La Policía por su parte recibía muchos reportes de jóvenes desaparecidos o jóvenes fugados de sus casas, aunque los padres negaban que sus hijos escaparan de casa. Las víctimas a menudo estaban solas o en parejas, y eran invitadas a las fiestas en el apartamento (arriba) de Corll.

La Policía por su parte recibía muchos reportes de jóvenes desaparecidos o jóvenes fugados de sus casas, aunque los padres negaban que sus hijos escaparan de casa. Las víctimas a menudo estaban solas o en parejas, y eran invitadas a las fiestas en el apartamento de Corll. Los jóvenes que frecuentaban esos eventos eran amigos de Henley o Brooks, excepto Malley Winkle y Billy Baulch, quienes trabajaron con Dean en la empresa de dulces en los sesenta.

La investigación apuntaba a Corll como sospechoso, pero los comentarios de las personas no eran testimonios positivos para la investigación, puesto que todos los interrogados confirmaban que Dean era un hombre bueno.
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Las víctimas de Dean Corll


Algunas víctimas de Corll (de izquierda a derecha): William Lawrence de15 años, Homer Louis Garcia de 15, Mark Scott de17, Jeffrey Alan Konen de 18, Jerry Lynn Waldrop de 13 y Donald Waldrop de 15 años.

Los homicidios de Corll mostraban el mismo modus operandi: los adolescentes eran estrangulados, muertos por disparos y violados. De acuerdo con los reportes policíacos, el orden de las desapariciones seria el siguiente:

- 25 de Septiembre de 1970: Jeffrey Konen de 18 años. Enterrado en High Island Beach.

- 15 de Diciembre de 1970: Danny Yates de 15 años y James Glass de 14, desaparecieron en una reunión de su religión, engañados por David Brooks, ambos fueron torturados y estrangulados por Corll.

- 30 de Enero de 1971: Donald Waldrop de 17 años y Jerry Waldrop, 13, quienes de acuerdo con Brooks, el padre de ambos era un constructor que en aquel tiempo trabajó en un apartamento continuo al de Corll cuando éste los estranguló.

- 9 de Marzo de 1971: Randell Lee Harvey de 15 años desapareció camino a su casa, cerca de una estación de gasolina. Corll le disparó en la cabeza y lo sepultó con el resto, cerca del cobertizo de su bote. Su cuerpo fue identificado el 17 de Octubre del 2008.

- 29 de Mayo de 1971: David Hilligeist de 13 años, desapareció yendo a la piscina local, David era uno de los amigos de la infancia de Henley. Malley Winkle de 16 años, antiguo empleado de la tienda de dulces y novio de la hermana de Randell Lee fue visto por última ocasión subiendo junto con Hilliegeist a una furgoneta blanca.

- 17 de Agosto de 1971: Ruben Watson de 17 años desapareció yendo al cine, esta fue la última víctima identificada antes que Henley comenzara a participar en los secuestros y asesinatos.

- 24 de Marzo de 1972: Frank Aguirre de 18 años, era el novio de Rhonda Williams, cuya presencia en la casa de Corll desató la confrontación final entre Henley y Dean. Frank fue enterrado en High Island Beach.

- 21 de Mayo de 1972: Johnny Dejome de 16 años y Billy Baulch de 17 años, desaparecieron yendo a la tienda, Henley lo estranguló y después le disparó en la cabeza. Billy trabajó con Dean en la tienda de dulces durante los sesenta, fue enterrado en High Islan beach.

- 2 de Octubre de 1972: Wally Jay Simoneaux de 14 años y Richard Hembree de 13, fueron vistos por última vez junto a una furgoneta blanca aparcada en una tienda. Fueron enterrados cerca del cobertizo del bote de Corll.

- 22 de Diciembre de 1972: Mark Scott de 18 años fue torturado y asesinado por Corll, Mark era amigo de Henley y Brooks.

- 4 de Junio de 1973: Billy Ray Lawrence de 15 años, su caso fue diferente porque Corll lo mantuvo con vida por cuatro días antes de matarlo y enterrarlo en el lago Sam Rayburn. Billy era amigo de Henley.

- 15 de Junio de 1973: Ray Blackburn de 20 años, era de Lousiana, estaba casado y tenía un hijo. Fue la víctima más adulta de Corll.

- 13 de Julio de 1973: Homer García de 15 años, conocía a Henley por los cursos de conducción. Le dispararon y enterraron en el lago Sam Rayburn.

- 19 de Julio de 1973: Tony Baulch de 15 años. Corll asesinó a su hermano mayor el año anterior, Tony fue enterrado cerca del cobertizo de su bote.

- 25 de Julio de 1973: Marty Jones de 18 años y su amigo Charles Cary Cobble de 17 fueron vistos por última vez en la compañía de Henley. A Charles le dispararon dos veces en la cabeza.

- 3 de Agosto de 1973: James Dreymala de 13 años se convertiría en la última victima de Corlls, él fue engañado para que entre al apartamento de Dean en Pasadena a recolectar tapas de las botellas de sodas para venderlas.
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La última fiesta de Corll


Viendo que su vida peligraba y que Corll había ido muy lejos, en un altercado surgido dentro de una de las citas macabras de Corll, Henley tomó la pistola de Corll y lo mató de 6 tiros. Luego llamó a la Policía (arriba).

La noche del 8 de Agosto de 1973, Henley llevó a su novia Rhonda y a Tim Kerley a la casa de Corll, quien se molestó en el instante que vio a la chica, después de unas cervezas y un poco de hierba se calmó. En algún momento los tres adolescentes perdieron el conocimiento y se levantaron atados, Henley se despertó cuando estaba siendo esposado por Corll, sabiendo lo que le esperaba logró convencerlo de que lo deje libre y lo ayudaría, Dean aceptó, y tras intentar violar a Tim Kerley, el joven luchó tanto que Dean frustrado salió de la habitación, en ese momento Henley tomó el arma que Corll había dejado, una pistola calibre 22. Cuando Corll regresó, intentó atacar a Henley pero éste le disparó seis veces: en la espalda, hombro y cabeza.

El asesino serial había muerto y Henley, resignado ante la culpa, llamó a la Policía. Mientras esperaban éste le dijo a Tim: “me hubieran dado $200 por ti”. Cuando los oficiales interrogaron al cómplice, este les contó todo sobre los asesinatos, la Policía, escéptica, no creía la historia hasta que Henley les mencionó algunos nombres de los adolescentes desaparecidos.

Al investigar el apartamento se toparon con una oscura verdad. Dean Carll los había matado a todos en su cámara de tortura.
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La cámara de torturas y las nuevas víctimas


Corll realizaba torturas como: meter varas metálicas en el ano, introducir a la víctima en cajas donde ésta tenía calambres, castrar con máquina de afeitar. Arriba vemos una tabla de tortura que frecuentemente empleaba.

Un cuarto oscuro, diseñado sólo para la tortura y la muerte, un cuarto investido de un extraño olor. Tenía un piso alfombrado cubierto por plástico y una larga tabla con esposas adjuntadas, la cual sería el último lugar de reposo de las víctimas. Habían cuerdas y varios juguetes sexuales, objetos todos que describían la naturaleza de los crímenes. También había un extraño cajón de madera con huecos hechos para que el aire entre.

A ese terrible lugar Corll llevaba a los jóvenes (de 13 a 20 años) que elegía como presas. Ahí los desnudaba, los violaba y los atormentaba haciéndoles cosas como meterles gruesos consoladores que les dejaba metidos en el ano; o, peor aún, duras, frías y lacerantes varillas de acero… También solía introducirlos en cajas de madera, donde tras cierto tiempo sus víctimas experimentaban agudos calambres. Gustaba de arrancarles el vello púbico, pelo por pelo. Y era cada vez más sádico, ya que llegó a un punto en que les partía los dedos, les quebraba a martillazos los omoplatos y otros huesos de piernas y brazos, los asfixiaba con bolsas plásticas, les hacía cortes en tal o cual parte del cuerpo, e incluso, a algunos los castraba con tijeras, cuchillos, y hasta navajas de afeitar…


Corll no solo era el Candy Man por engañar a sus jóvenes víctimas con caramelos y dulces: también lo era por enterrar a sus cadáveres de forma particular (arriba): cubriéndolos con cal, apretándolos, envolviéndolos en rollos de plástico que ataba en ambos extremos para que el cadáver pareciese un macabro caramelo gigante…


Henley ayudó mucho en las investigaciones. Actualmente cumple 6 cadenas perpetuas y tiene como hobby la pintura, ha envejecido (arriba) y sigue arrepentido de sus crímenes.

En los días que siguieron después de la muerte de Corll, Henley llevó a los oficiales al cementerio personal de Corll. Cerca del cobertizo de su bote había un terreno donde, tras cavar por algunas horas, descubrieron varios cuerpos bañados en cal y envueltos en plástico. Y es que Corll, según contaron ex empleados de la dulcería, solía comprar a menudo unos rollos de plástico transparente; eran estos los royos con los que envolvía a los cadáveres de sus víctimas, atando los extremos de tal forma que los muertos pareciesen caramelos. Pero Henley no se detuvo allí, y tras confesar toda su participación, los llevó al resto de “cementerios” que Corll había creado en todo Houston. La Policía descubrió un total de 27 cadáveres, que al ser examinados mostraban señales de haber sido estrangulados y torturados, algunos también habían sido castrados, otros fueron muertos a balazos, algunos tenían objetos insertados por el recto, y absolutamente todos habían sido sodomizados.

Cuando la investigación y búsqueda de cadáveres estaba terminando, Henley insistió en que faltaban tres cuerpos más que habían asesinado, cuerpos que jamás fueron encontrados. Aunque sí descubrieron dos huesos que no eran de las víctimas encontradas cerca del cobertizo del bote de Corll, por lo que no se descarta que hubiese más víctimas que nunca aparecieron.

Albert DeSalvo – El Estrangulador de Boston




Entre el 14 de junio de 1962 y el 4 de enero de 1964, se cometieron trece asesinatos a manos del “Estrangulador de Boston”. Las víctimas, todas mujeres, casi siempre mostraban haber sido violadas…reiteradamente…
El Estrangulador de Boston

Entre el 14 de junio de 1962 y el 4 de enero de 1964, se cometieron trece asesinatos por estrangulamiento en la ciudad de Boston. Las víctimas, todas mujeres, casi siempre mostraban haber sido violadas reiteradamente.


Cuando empezó su ola de asesinatos, DeSalvo solía dejar desordenados los apartamentos de sus víctimas, como para aparentar un robo

Seis de entre ellas tenían entre 55 y 75 años. Las otras cinco tenían entre 19 y 23. Además, existen otras dos víctimas de 85 y 69 años de edad, pero no se ha podido demostrar que haya sido el mismo asesino.

La primera de una larga serie de víctimas sería Anna Slesers, de 55 años. Fue hallada por su hijo, estrangulada con el cordón de su bata. Su vagina mostraba evidencias de un ataque sexual con un objeto desconocido. Suapartamento mostraba indicios de haber sido saqueado… o más bien como si el agresor se hubiese esforzado en hacer que la escena pareciese de un robo…

A las dos semanas fue asesinada Nina Nichols, de 68 años. La mujer había sido estrangulada con sus medias y tenía síntomas de haber sido asaltada sexualmente. El lugar del crimen presentaba un aspecto similar al de la primera víctima: cada cajón estaba revuelto y todas las cosas esparcidas por el suelo a modo de robo, pero la Policía encontró varios dólares y algunos objetos de valor en el suelo, que el “ladrón” no se había molestado en llevar.

Ese muy mismo día, a unas quince millas, Helen Blake, de 65 años, encontró una muerte similar.

Su apartamento también había sido “saqueado”.


Ya que DeSalvo solía asesinar y violar mujeres mayores, la Policía creyó que se podía tratar de unhombre con complejo de Edipo que odiase a sumadre o a su mujer y que intentase borrar la imagen de esa madre temida

La Policía hizo sonar la alarma advirtiendo a todas las mujeres en el área de Boston de cerrar con llave todas sus puertas y ser extremadamente cautas con los extraños, mientras se daba comienzo a una dura investigación.

Los detectives bostonianos comenzaron a interrogar a todos los hombres con antecedentes en el ámbito sexual: exhibicionistas, violadores, agresores, mirones…

Lo que buscaban era una persona con trastornos mentales, posiblemente con un complejo de Edipo o que odiase a su madre (o a su mujer), y que por sus agresiones a hembras de edad considerada tratase de borrar la imagen de esa madre temida.

Mientras la investigación se llevaba a cabo, siguieron apareciendo más cadáveres, todos ellos extrangulados y con salvajes muestras de violación. Pero no todas las víctimas eran mujeres blancas de edad avanzada. Las siguientes víctimas eran estudiantes de 20 y 30 años, entre las cuales también se hallaba una chica de color. En esta ocasión, el asesino dejó restos de semen en una alfombra cerca del cuerpo, y una vecina afirmó haber visto un hombre extraño en el edificio, que describió así: “de unos 30 años, estatura media, pelo ondulado, chaqueta oscura y pantalón verde oscuro de trabajo.”

No mucho después, la Policía encontró un nuevo cadáver con 22 puñaladas, además del estrangulamiento típico, pero no mostraba signos de violación. El cuchillo de la agresión fue hallado en la cocina.

Los meses pasaban y la Policía de Boston comenzaba a desesperarse. El asesino no dejaba pistas considerables para poder atraparle, y las mujeres seguían abriendo las puertas de sus casas a desconocidos a pesar de las advertencias de los agentes.

El Fiscal General de Boston (USA), incluso acudió a Peter Hurkos, un sensitivo con capacidades de videncia, en 1961, para pedir su colaboración en la búsqueda del Estrangulador de Boston.

Para cuando Hurkos se unió a la Policía, “el estrangulador” ya se había cobrado 11 de sus 13 víctimas.


Peter Hurkos, detective psíquico que participó en la búsqueda de El Estrangulador de Boston

La Policía entregó al “detective psíquico” las medias y pañuelos –con doble nudo- que “El estrangulador” utilizaba para asesinar a sus víctimas, con las que llegaba a acostarse toda la noche para “impregnarse de su energía”. Además facilitaron a Hurkos más de 300 fotografías de las víctimas y el lugar de los crímenes. En honor a la verdad debemos reconocer que Hurkos consiguió sorprender a los agentes, al facilitar datos concretos sobre algunos de los crímenes, que no se habían filtrado a la Prensa ni –teóricamente- Hurkos podía conocer. De hecho Hurkos tocaba las fotografías por el reverso, y era capaz de describir las escenas que recogían sin verlas. Más aún, llegó a identificar una foto que no tenía relación con el caso, y que la Policía había colocado entre las demás para sondear la autenticidad o falsedad de sus poderes. Así que, tras ganarse la confianza de los investigadores, no les faltó tiempo para proceder a una detención cuando el vidente apuntó a un fetichista, Thomas O´Brian, como el presunto homicida múltiple… No deja de ser interesante, desde el punto de vista criminológico, que la Policía se decida a ejecutar una detención basada en el testimonio de un vidente… Esto es relativamente compresible si analizamos en detalle el informe de Hurkos sobre O`Brian (en realidad un nombre falso facilitado por la Policía para proteger la identidad del detenido).

Es cierto que los datos aportados por Hurkos sobre Thomas O´Brian resultaron absolutamente precisos. Lamentablemente no se trataba del asesino. Al menos no para la Policía de Boston.

Un día, una mujer dio la alertó a la Policía que patrullaba por una de las calles bostonianas. Un hombre acababa de entrar en su casa y al ver que su marido también se encontraba allí, había huído corriendo. La descripción coincidía con el hombre que buscaban, y al poco tiempo Albert DeSalvo, El Estrangulador de Boston, fue detenido.


Las violaciones de DeSalvo estaban vinculadas a su desmesurada libido. Cuando estaba casado (arriba), le pedía a suesposa 5 0 6 veces diarias.

DeSalvo era un hombre de 29 años, casado, con dos hijos y trabajaba como empleado en una fábrica de caucho. Nació en Chelsea, Massachusetts, el 3 de septiembre de 1931. Sus padres, Frank y Charlotte tenían otros cinco niños. Su padre era un hombre gravemente abusivo que regularmente les pegó a su esposa y niños. Pronto Albert se convirtió en un pequeño delincuente, y fu arrestado más de una vez.

Su madre volvió a casarse y prefirió dejar al joven delincuente de lado para no tener problemas en su nueva relación.

Cuando estuvo en edad, Albert se alistó en el ejército, y en Alemania conoció a su esposa, Irmgard Beck, una mujer atractiva de una familia respetable.

Cuando tuvieron su primer hijo, la mujer tuvo tantos problemas en el parto que le aterraban las relaciones sexuales, cosa que enojaba a DeSalvo, cuyo apetito sexual era anormalmente voraz y solicitaba sexo muchas veces al día (algunos días incluso 5 o 6 veces).

Confesó que no recordaba haber cometido ningún crimen, que sólo recordaba como iba a trabajar y volvía rápidamente a casa para jugar con sus hijos antes de que fueran a dormir. Además, se sentía muy disgustado por los crímenes que le contaba la Policía.

Un psiquiatra que colaboraba con la Policía, James A. Brussels, llegó a hablar de personalidad múltiple, para luego determinar que era muy extraño que DeSalvo, si tenía personalidad múltiple, no lo mostrase en el curso de los exámenes psiquiátricos. Concluyó que en su caso, la causa de perturbación que le llevaba a olvidar lo que había hecho anteriormente era sin duda debido a una esquizofrenia. No un desdoblamiento, pero sí una ruptura de la personalidad.

DeSalvo fue considerado demente, pero fue condenado a cadena perpetua en 1966.

En el psiquiátrico penitenciario murió apuñalado por un compañero de celda en 1973.

Joachim Kroll – El Caníbal




Este hombre pequeño, común y corriente, se convirtió en un asesino en serie y caníbal. Solía asesinar y violar a sus víctimas (casi siempre mujeres) y luego llevarse trozos de carne para comérselos en su casa. Así estuvo actuando durante casi 21 años…
El Caníbal

Joachim Kroll nació en Hindenburg, Alemania. Sólo fue tres años a la escuela y nunca aprendió a leer ni a escribir (tenía un IQ bien bajo, de 76). Su madre, que era viuda, falleció cuando él era un adolescente. A raíz de su muerte, sus cinco hermanos y hermanas fueron separados y, con el tiempo, perdieron el contacto con Joachim.


Fue al matar a Klara de 24 años cuando a Joachim le empezó a gustar la carne humana. Años después, reveló que había envuelto la carne en un papel y luego se la había comido en la cena

No se sabe mucho del pasado de Kroll. A saber qué razones se aunaron para que este hombre pequeño, común y corriente se convirtiera en asesino en serie y caníbal. En 1955, a la edad de 22 años, Joachim acechó a Irmgard Strehl, de 19 años, cuando ésta iba por una carreterarural cerca de la ciudad de Walstedde. Irmgard fue asesinada por estrangulación y luego violada, un destino que correrían todas las mujeres que fueron víctimas de Joachim. Su cadáver fue encontrado a varios metros de la carretera.

Durante cuatro años, los extraños impulsos que llevaban a Joachim a matar y a violar permanecieron latentes. Luego, en rápida sucesión, volvió a las andadas, dos veces en un mes. Las víctimas fueron Klara Tesmer, de 24 años, y Manuela Knoot, de 16.

Fue al matar a Klara cuando a Joachim le empezó a gustar la carne humana. Cuando se encontró su cadáver en un bosque cercano, la Policía se quedó horrorizada al ver los grandes trozos de carne que le habían arrancado de los muslos y los hombros.

Años después, Joachim reveló que había envuelto la carne en un papel y luego se la había comido en la cena. Desgraciadamente, un tal Heinrich Ott fue arrestado y acusado del asesinato de Klara. A la espera del juicio, Ott sufrió una depresión aguda y se ahorcó.

En 1962, Joachim volvió a actuar. Su primera víctima fue Petra Giese, de 13 años. Dos meses después, mató a Monika Tafel, de 12 años. Ambas, originarias de la región de Bruckhausen, habían sido asesinadas por estrangulamiento, y después violadas. De nuevo, se encontraron signos de canibalismo. Dos hombres inocentes fueron arrestados, declarados culpables y encarcelados por estos asesinatos.

Vinzenz Kuehn, un conocido pederasta, pasó seis años en prisión por el asesinato de Petra Giese. Walter Quicker, un hombre que amaba a los niños, pero que nunca había tocado a uno solo, fue declarado sospechoso del asesinato de Monika Tafel. Como no había ninguna prueba en su contra, fue liberado. Lamujer de este hombre totalmente inocente se divorció de él por el incidente. Sus amigos y conocidos le hicieron el vacío. Unos meses después del asesinato, se colgó en el mismo bosque donde se había encontrado el cadáver de Monika Tafel.

Tres años después de estos crímenes, Joachim volvió a matar. Estaba buscando una víctima femenina en Grossenbaum cuando se topó con una pareja que había aparcado en un callejón conocido por ser refugio de enamorados. Hermann Schmitz y su novia, Marion Veen, se estaban besando en el asiento delanterode su automóvil. Joachim se puso delante del vehículo y empezó a mover los brazos como loco. Creyendo que este hombre obviamente agitado tenía algún problema, Schmitz salió del automóvil. Joachim le asestó varias puñaladas.


En su frigorífico encontraron trozos de carne de la niña desaparecida. En el congelador, descubrieron más trozos de carne humana bien empaquetados.

Marion, quien entendió lo que estaba pasando rápidamente, se pasó al asiento del conductor y puso el vehículo en marcha. Joachim logró apartarse de un salto en el último momento. Corrió hacia los matorrales y desapareció, en medio de la noche. Marion colocó una horquilla debajo de la corneta para que esta no parara de sonar, esperando así llamar la atención. Entre tanto, detuvo el vehículo y corrió al lado de Hermann. No había nada que pudiera hacer. Estaba muerto.

En septiembre de 1966, Joachim asesinó y violó a Ursula Rohling, de 20 años. Inmediatamente se sospechó de su novio, Adolf Schickel, la última persona vista en su compañía. Aunque fue arrestado, después lo dejaron en libertad. Adolf tuvo que hacer frente a las burlas de sus amigos y vecinos, que estaban totalmente convencidos de su culpabilidad. Cuatro meses después de recuperar su libertad, se llenó los bolsillos con piedras y se ahogó en un río cercano.

Joachim siguió asesinando. En Bredeney, engañó a una niña de cinco años, Ilona, consiguiendo que se subiera a un tren. Al cabo de veinte millas, ambos bajaron del tren. Joachim la estranguló y violó, y luego se llevó partes de su cadáver.

A este hombre enloquecido no le importaba la edad de sus víctimas. Llamó a una puerta elegida al azar. Cuando Maria Hettgen, de 61 años, abrió, murió a puñaladas. Poco después, Jutta Rahn, de 13 años, corrió la misma suerte. Se sospechó que un hombre llamado Peter Schay, sobre el que la Policía estaba investigando, era el asesino, principalmente porque tenía el mismo grupo sanguíneo que el asesino.

No obstante, como no había pruebas de que hubiera participado en el asesinato, se le dejó libre. Durante varios años, los amigos y vecinos de este hombre inocente le hicieron el vacío, hasta que Joachim confesó haber asesinado a Jutta.

En 1976, a Oscar Muller, de Laar, Alemania Occidental, su vecino de la puerta de al lado le dijo que el inodoro de su piso estaba atascado. Oscar fue a verlo con la idea de arreglarlo. Se quedó horrorizado al darse cuenta de que en el inodoro flotaban diminutos trozos humanos. Salió del edificio y rápidamente encontró a un agente de policía. En el barrio había varios policías porque esa misma mañana había desaparecido de un parque cercano Monika Kettner, una niña de cuatro años. Un agente acompañó a Oscar, echó un vistazo al inodoro y llamó a sus superiores.


En el juicio, Joachim contó cómo conoció a Gabriele Puettmann en un banco de un parque. Tenía la intención de matarla y violarla, pero cuando le enseñó fotos pornográficas, ella saltó y se fue corriendo. Finalmente se le condenó a cadena perpetua

Un grupo de detectives fue a ver a uno de los vecinos de Oscar, Joachim Kroll, para registrar su piso. En su frigorífico encontraron trozos de carne de la niña desaparecida. En el congelador, descubrieron más trozos de carne humana bien empaquetados. El asesino era consciente de que sus 21 años de asesinatos iban a concluir. Confesó todos los asesinatos que recordaba, pero admitió que había muchos otros de los que no se acordaba. La Policía cree que no pasó un solo año en que no se cobrara una víctima, aunque no se acordara de todas ellas.

Mientras contaba con todo lujo de detalles los crímenes de los que se acordaba, Joachim contó con toda tranquilidad como conoció a Gabriele Puettmann en un banco de un parque. Tenía la intención de matarla y violarla pero cuando le enseñó fotos pornográficas, Gabriele saltó y se fue corriendo.

Gabriele nunca le habló a sus padres del incidente pero cuando, once años después, fue nombrada en la confesión de Joachim, se dio cuenta de lo afortunada que había sido al lograr escapar de las garras de uno de los caníbales más conocidos de Alemania.

Como en Alemania Occidental no existía la pena capital, la máxima pena a la que pudo ser condenado Joachim Kroll fue cadena perpetua.

Ted Bundy




Bajo su aspecto tímido, su gran simpatía y su capacidad para dar confianza a los demás, se escondía un peligroso asesino y violador de mujeres y niñas, capaz de cometer atroces crímenes sin mostrar compasión alguna.
Ted Bundy, un asesino de mujeres

“Un hombre guapo, elegante, romántico, tierno, encantador…” Así lo definían sus amigos, sus novias y los que lo conocían, posiblemente lo contrario que pensasen las jóvenes que asesinó.


Ted de niño (arriba). Más tarde, de adolescente, disfrutaría mutilando animales

Nació en 1946, hijo de una joven chica soltera que provenía de una familia puritana. Es rechazado por ella durante los primeros años de su vida por ser hijo ilegítimo. Ella (la madre de Ted) trata de disimular a su hijo, que es considerado como una vergüenza para la familia, tratándolo como si fuese su hermano. Bundy se crió en casa de su abuelo, un hombre violento que pegaba a su mujer.

Las secuelas de estos rechazos en la infancia, serían visibles en la adolescencia, a través de su carácter sumamente tímido e infantil y de su tendencia a la soledad. Comienza a aislarse de sus compañeros de juego y adopta un cruel y extraño comportamiento hacia cuanto le rodea, por ejemplo, mutilando los animales que atrapa.

Más tarde cursa estudios de Derecho y colabora en algún partido político trabajando activamente en las campañas. Pero en esa etapa de su vida, decepcionado por una sociedad en la que no encaja, comienza su etapa como asesino en serie.


Durante su etapa como estudiante de Derecho, Ted Bundy, decepcionado de una sociedad en la que no encaja, inicia su vida de asesino en serie.

El primero de sus crímenes tendría lugar en Washington en 1974, cuando ataca a una mujer mientras dormía golpeándola con una barra de hierro. Apenas un mes más tarde asesina a una joven en el mismo campus universitario, llevándose el cuerpo lejos de allí una vez muerta ésta, pero dejando la habitación llena de sangre.

En todos sus crímenes adoptaba un mismo ritual: seguía a la joven víctima por las calles, luego la estrangulaba y la golpeaba en su propia casa. A veces la secuestraba para llevarla a un lugar más seguro. Una vez muerta la sodomizaba con el miembro o con el objeto que tenía más a mano mientras mordía su cuerpo.

Bundy podría considerarse un ejemplo claro de lo que sería un asesino en serie psicópata. No sólo por haber sufrido una infancia traumática, sino porque además su aspecto inspiraba siempre confianza a las víctimas. Si bien al principio cometía sus crímenes por la noche guardándose de un posible testigo que pudiese identificarlo ante un tribunal, poco a poco se iría confiando y abordaría a las futuras víctimas por el día.

Apoyado en su atractivo y su carismática personalidad, se paseaba por los supermercados pidiendo ayuda a mujeres jóvenes para conducir su coche Wolkswagen, fingiendo que tenía un brazo roto y sin que éstas sospechasen lo más mínimo que hablaban con su futuro asesino.


Usando su carisma y atractivo, se paseaba por los supermercados pidiendo ayuda a chicas para conducir su coche, fingiendo que tenía un brazo roto. Ellas no sospechaban que hablaban con su futuro asesino…

Tras sus primeros crímenes, Bundy comienza a viajar por una buena parte del país: Washington, Utah, Colorado y Florida, dejando a su paso una serie de crímenes y secuestros.

Es arrestado una primera vez el 16 de agosto de 1974 en Utah tras ser identificado por una mujer que meses antes había intentado secuestrar. Se le condena a cumplir una pena de prisión en Colorado, pero logra escaparse antes de ser encerrado y desaparece durante más de dos meses. Dos meses que le servirían para seguir cometiendo espeluznantes crímenes, esta vez tres jóvenes entre las cuales una tan sólo contaba con 12 años.

Es nuevamente detenido en Florida. En el juicio, él mismo se defendería en tanto que abogado, apoyado por un grupo de jóvenes “fans” que reclamaban su inocencia ante las puertas del Juzgado. A pesar de todo, la prueba irrefutable que lo culpó, la aportaría un odontólogo forense, tras comparar las marcas de unos mordiscos en uno de los cadáveres con los dientes de Bundy. Evidentemente ambos moldes coincidían. Después de seis horas de deliberación, el jurado lo condenaría al corredor de la muerte por 14 homicidios de primer grado…

Tenía una fijación especial por asesinar a mujeres jóvenes de pelo oscuro y largo, que le recordaban a su ex novia, la cual lo había rechazado unos años atrás. Pero las jóvenes víctimas vendrían a representar del mismo modo a su madre, por haberlo abandonado de pequeño. El asesino confesaría personalmente a los psiquiatras: “Toda la rabia que he estado desahogando con las mujeres que maté, estaba dirigida contra mi madre”.



Podríamos considerarle como una mezcla entre asesino organizado y desorganizado. Tanto podía mostrarse con una personalidad muy inmadura, dejar indicios en el lugar del crimen, o por lo contrario prepararlo cuidadosamente, seleccionar a las víctimas y dejar pocas huellas.

Él mismo se consideraba un adicto al crimen, y aunque aseguraba que podría dejar de matar en cuanto se lo propusiese, no dejó de hacerlo hasta su detención. Aseguraba no haber matado a 14 mujeres, confesó haber asesinado y violado a 28 mujeres en los años 70.

Los múltiples test psiquiátricos realizados evaluarían una personalidad propia de esquizofrénico: Cambios de humor muy repentinos, impulsivo, sin emociones, afán de protagonismo, ataques de histeria, doble personalidad, inestabilidad emocional, rechazo a la sociedad, ansiedad, depresión, complejo de inferioridad, inmadurez, mentiras que termina por creerse él mismo, obsesivo, egocéntrico, falsa realidad adaptada por él mismo, manía persecutoria…



Ted Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica nueve años después de su sentencia, el 24 de enero de 1989, tras haber sido culpado por haber asesinado a 14 jóvenes.

miércoles, 8 de enero de 2014

Bob Berdella – El Carnicero de Kansas




Bob Berdella asesinó a seis hombres jóvenes, desmembrándolos en su bañera y guardando los pedazos en bolsas que acumulaba hasta la recogida de la basura durante los lunes por la mañana. Aparentemente siempre actuaba los fines de semana…
Los primeros años


Teniendo unos 16 años Berdella (arriba de joven ) entró a trabajar a un restaurante y allí fue abusado sexualmente por un compañero, este hecho habría de volverlo homosexual y alejarlo de la Iglesia Católica.

Robert (“Bob”) Berdella nació en el seno de una familia católica un 31 de enero de 1949 en Cuyahoga Falls, Ohio (Estados Unidos). Su único hermano fue Daniel, siete años menor que él.

El padre de Berdella murió a los 39 años de un paro cardíaco en 1955, cuando Bob era un muchacho tranquilo y distante de apenas dieciséis años. Entonces la madre de Bob se fue a vivir con otrohombre, cosa que su hijo Bob jamás aceptó. Así, en parte por eso último pero sobre todo por la muerte de su padre, Bob, que recién a los doce años había sido bautizado, decidió buscar consuelo y refugio en la Iglesia, donde, según diría él mismo más tarde, se despertó su interés por diversos grupos religiosos y ocultos.

También fue siendo adolescente cuando Bob entró a trabajar en un restaurante. Allí un compañero de trabajo abusó sexualmente de Bob, a causa de lo cual Bob se volvió homosexual y se alejó de la Iglesia. Paralelamente a esto Bob encontró su gran pasión por el Cine y la Fotografía, pasando así las tardes en soledad, metido dentro de algún cine por horas enteras.

Fue dentro de los cines donde Bob, según declaró muchos años después, vio una película que para él constituyó una revelación siniestra, una revelación que posteriormente habría de verse manifestada hasta cierto punto en sus crímenes. Se trataba en efecto de El Coleccionista, film donde se muestra a un tímido joven que colecciona mariposas, que un día ve a una chica que le encanta, la comienza a seguir y luego la secuestra y la encierra en un sótano hasta conseguir que ella ceda a sus deseos…
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Bob adulto antes de los asesinatos

Con 18 años, Bob ingresó al Instituto de Arte de Kansas en 1967. Nunca terminó la carrera. Una vez adentro, en lugar de dedicarse a estudiar se envició con el alcohol y las drogas hasta el punto de ser detenido por posesión de drogas y sentenciado a cinco años, mas la sentencia fue suspendida aunque poco después se lo arrestó por posesión de LSD y marihuana pero se lo liberó en cuestión de días.


Berdella había entrado a estudiar Arte pero se dedicó a drogarse siendo detenido más de una vez. Finalmente desertaría de los estudios y encontraría su vocación trabajando de cocinero, gracias a lo cual consiguió casa (arriba) en solo un año.

Todo parecía ir mal para el vicioso Bob hasta que en 1968 entró a trabajar de cocinero en un restaurante. Había encontrado su vocación. Así, en apenas un año logró comprar una casa en Charlotte Street y, entre 1970 y 1980, no solo que ayudó a formar una patrulla vecinal contra el crimen barrial sino que se convirtió en un chef de prestigio al que solicitaban importantes restaurantes y clubes.

Gracias a ese éxito como chef, Bob consiguió ahorrar suficiente dinero como para renunciar en 1981 e iniciar su propio negocio con un local de artículos etnográficos, antiguedades y objetos góticos. Dicho lugar se llamó el “Bob’s Bazaar Bizarre” y estaba situado en un mercado local.

Ya con 33 años Bob se hizo pareja de un veterano de la guerra de Vietnam, aunque la relación fue un desastre, quizá en parte por los conocidos problemas psicológicos que tienen los veteranos de guerra. Entonces, tras la ruptura Bob comenzó a frecuentar prostitutos hombres, involucrándose sentimentalmente con varios, llevándose algunos a vivir a su casa a cambio de compartir gastos, y hablándoles a casi todos sobre la necesidad de enderezar sus vidas y dejar de prostituirse.
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Todo empezó con la venganza

Hay asesinos en los que la violencia y el crimen van avanzando de manera gradual hasta llegar a su culminación en la figura del homicidio. Casos así son Garavito, el Monstruo de Los Andes, Daniel Camargo, Carl Panzram, etc…Sin embargo hay otros que han llevado toda la vida mostrándose como personas normales, como sujetos que encajan en la sociedad y que hasta a veces dan la impresión de ser buenos (como John Gacy el llamado “Payaso Asesino”), sujetos que sorpresivamente, de un día para otro, revelan al monstruo que llevan dentro a causa de un siniestro impulso que de pronto los asalta o a causa de un suceso que de forma completamente explicable sirve como el detonante de toda la ira que llevan dentro de sí…El caso de Bob Berdella está dentro de los segundos, en la variante de aquellos en los que un suceso puntual desencadena la ira aunque, en su caso, es evidente que el despertar de la ira solo es relevante en tanto que conlleva el despertar de su personalidad sádica, la cual posteriormente actuará sin necesidad de la ira como factor motivacional.

Concretamente todo comenzó cuando Jerry Howell —amigo de Berdella desde años atrás— se negó a pagar una suma considerable de dinero que Berdella le había prestado hace ya cierto tiempo, ante lo cual éste último decidió tomar medidas maquiavélicas en el marco de las cuales la amistad de años con Howell no valía nada comparada al dinero y al castigo que supuestamente Howell debía recibir por su falta; ya que, en una mente marcada por el trastorno de personalidad sádica como la de Berdella, el castigo y la voluntad de control van de la mano y, en su oscura simbiosis, pueden producir al demonio de la tortura…


La primera víctima de Bob fue su amigo Jerry Howell (arriba, en ambas fotos), a quien drogó, ató, violó, torturó y desmembró por no pagarle una deuda. Su fin fue espantoso: Howell murió asfixiado por su propia sangre y el vómito que le vino debido al dolor que sintió cuando Bob empezó a cortarlo con sierra eléctrica.

Era pues un 4 de julio de 1984 cuando Bob, investido de falsa camaradería, pasó por la casa de Howell para llevárselo a charlar y tomar cervezas. Sin embargo, apenas consiguió llevarlo a su casa, le suministró a Howell varios calmantes sin que éste se fijara y después, cuando ya estaba inconsciente, lo sodomizó varias veces y, en un momento de arrebato, le introdujo un pepino en el ano, desgarrándoselo y ocasionándole con ello un desangre, tras lo cual lo ató y se fue a trabajar a su bazar.

De regreso le inyectó aún más medicamentos para que siguiera sedado y lo colgó del techo con la cabeza hacia el suelo, haciéndole heridas para que gotee sangre y empleando después su colección de cuchillos de cocinero para cortarlo en pedazos. No obstante los cuchillos solo lograron cortar hasta cierto punto, punto en el cual se pensaría que Howell ya estaba muerto pero no: estaba vivo, no había tenido la suerte de tener un paro cardíaco como consecuencia del dolor y seguía por tanto en las manos perversas de Berdella, quien al ver que sus cuchillos no cortaban fue por una sierra eléctrica.

Howell, devorado por el terror más vivo, habría querido creer que estaba en una pesadilla al estilo de Masacre en Texas pero no, él estaba en la realidad y lo más insólito era que aquello le estaba pasando por una simple deuda y que el monstruo que sonreía con la sierra en la mano era un hombre al que por años consideró su amigo.

La sierra se acercó a Howell con su ruido frenético y los huesos de Howell omitieron un sonido grotesco mientras éste, en lugar de desmayarse, comenzó a vomitar del dolor hasta que finalmente murió ahogado en una mezcla de sangre y vómito.

Una vez concluida la labor de cortar a Howell, Berdella empacó los restos de la víctima en negras bolsas de plástico, sacó las bolsas afuera y dejó que el camión recolector haga lo suyo llevándose al basurero los restos de Howell.
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El placer de la tortura

Tras el asesinato de Howell, Berdella vio el enorme goce que le ocasionaba torturar y, sabiendo que una vez dado el primer paso el límite psicológico estaba cruzado y podía seguir sin problema, decidió iniciar un diario en el que narraría todos sus crímenes, describiendo con lujo de detalle los métodos, las torturas empleadas y los asesinatos como tales. Pero he aquí que salió a flote su pasión por el Cine y la Fotografía, por lo cual pensó que sería una idea genial acompañar la bitácora escrita con videocasetes y fotografías de su cámara Polaroid. Para él no había consideración alguna hacia el dolor ajeno, era un verdadero psicópata y todo lo que importaba era el placer de la tortura y el deleite estético de contribuir al gore y al snuff[1] con “joyas” de su autoría…

Por eso no dilató demasiado el proyecto y eligió a Robert Sheldon como segunda víctima. Sheldon, como era ex amante de Berdella y había estado varias veces en su casa, fue sin mayor problema a casa de éste un 10 de abril de 1985. Una vez ahí, Berdella lo drogó y, mientras Sheldon yacía inconsciente, lo ató y esperó a que despertara.


La segunda víctima de Bob fue su ex amante Robert Sheldon (arriba en ambas fotos), a quien violó repetidamente y, entre otras torturas, le inyectó Drano (líquido destapa caños) en los ojos, le arrancó trocitos de carne y le destrozó las manos a golpes con una barra de hierro.

Ya despierto Sheldon, Berdella quiso probar una de las múltiples ideas de tortura que tenía en mente, por lo que tomó una jeringa, la llenó con un líquido destapa-caños llamado Drano, e inyectó el líquido en los ojos de Sheldon, dándoles así un aspecto macabro al estilo de las portadas de depressive black metal. Tras eso le molió las manos a golpes con una barra de hierro, dejándoselas como horrendos amasijos inoperantes de carne y hueso.

Cuatro fueron los días en que Berdella se entretuvo golpeándolo, inyectándole sustancias, cortándole trocitos del cuerpo y violándolo una y otra vez. Y habría sufrido más, si no fuera porque un amigo de Berdella vino de visita y el torturador, para evitarse problemas por los posibles gritos o lamentos de Sheldon, le puso una funda en la cabeza, cerró la puerta y lo dejó morir asfixiado.


Bob eligió a su amigo Mark Wallace (arriba) como tercera víctima. Con Mark quería probar torturas eléctricas, pero sin querer lo mató rápido al calcular mal el voltaje.

Después que el visitante se marchó, Berdella repitió el mismo procedimiento de la primera víctima y fue por su sierra eléctrica, lo cortó en pedazos y lo metió en bolsas de basura, conservando únicamente la cabeza y enterrándola en el patio.

La tercera víctima de Berdella fue nuevamente alguien allegado: su amigo Mark Wallace. A Wallace, al igual que a los anteriores, lo llevó a su casa, lo drogó y lo ató. Grande fue la suerte de Wallace al morir rápido debido a un error de Berdella, ya que éste quería probar torturas con descargas eléctricas y calculó mal el voltaje, matando así a su víctima y a su posible “entretenimiento”. Como siempre, tras acabar lo cortó en pedazos y metió los pedazos en fundas para que se las lleve el camión de la basura.

James Ferris, también amigo de Berdella, fue la cuarta víctima. Nunca debió pensar en pedirle a Berdella que lo aloje en su casa. Sin embargo tuvo aún más suerte que Wallace, ya que Berdella, quizá por costos, empleó una droga de uso veterinario para dormirlo y, en vez de darle un sueño temporal, le dio un sueño eterno…Cuenta Berdella que ésta experiencia lo frustró muchísimo, ya que la víctima no solo que se libró de toda tortura sino que murió sin dolor alguno. En cuanto al cadáver, nuevamente la elección fue cortarlo y mandarlo a la basura.


Todd Stoops (arriba), otro amigo de Berdella, fue su cuarta víctima. Por su fortaleza física Todd resistió varias semanas, en las cuales Berdella lo violó repetidas veces, le inyectó Drano en los ojos y en la garganta y hasta le metió el puño en el ano, desgarrándoselo y causándole abundante sangrado…

Todd Stoops, pese a su amistad con Berdella, fue a la Policía y les contó a los agentes que, algunos de los hombres que se habían reportado como desaparecidos, habían pasado con el dueño del Bazar Bizarro de Bob. Por el momento la Policía no hizo nada, en parte porque quedaba claro que Todd simplemente tenía sospechas y no estaba seguro de que Bob fuera un asesino.

Lo racional hubiese sido que Todd, sospechando de su amigo Berdella, no pusiera un solo pie en casa de éste, pero quizás por la autoconfianza que le daba ser un hombre físicamente fuerte, o quizás simplemente por falta de agudeza, Todd visitó a Berdella, quien echó al suelo toda la fuerza de Todd con una de sus inyecciones somníferas.

Ahora que Todd estaba bien atado, Berdella sí que podía entretenerse libremente y esta vez no arruinaría todo con experimentos arriesgados. Empezó así con el estilo clásico, desnudándolo y violándolo, culminando las violaciones no ya con un pepino (como con su primera víctima) sino con su propio puño, el cual introdujo con brutalidad por el ano de Todd, desgarrándoselo de una forma tan salvaje que la sangre brotó a borbotones…

Y mientras Todd gritaba Berdella le inyectaba Drano en los ojos y en las cuerdas vocales, y lo filmaba y fotografiaba, reduciendo así sus gritos y lamentos a meros contenidos de su macabra colección audiovisual.

Ninguna víctima resistió más que Todd, ninguna víctima sufrió más que Todd. Fueron semanas, varias semanas infernales en que la fiebre lo acompañó mientras las torturas y las violaciones fueron su pan de cada día hasta que a comienzos de julio de 1986 la luz de la muerte lo salvó de una vida que no podía ofrecerle más que oscuridad. Ya muerto, Todd fue cortado en pedazos y entregado al basurero.


La quinta víctima de Bob fue el prostituto gay Larry Pearson (arriba), quien primero intentó disfrutar de las torturas (cosa que a Bob le gustó mucho); pero al final, cuando se cansó e intentó rebelarse, causó la ira de Bob, quien estando fuera de sí lo asesinó con una larga lluvia de puñetazos…

Después de Todd, Berdella decidió variar el menú y ya no eligió a otro amigo sino a un joven prostituto: Larry Pearson, a quien Berdella convenció para que fuera a su casa, donde lo drogó, lo ató, lo violó y torturó. Al inicio Pearson, un tanto acostumbrado al masoquismo por su profesión, intentó ahorrarse sufrimiento y disfrutar (era homosexual) en lo posible de las sádicas excentricidades de Berdella, quien estaba feliz de que Pearson encontrase algo de placer en medio del tormento. Pero el dolor predominaba por mucho sobre el placer y, al cabo de seis semanas, Pearson no aguantó más e intentó revelarse. Furioso, Berdella le dio puñetazos sin parar, hasta matarlo. Posteriormente cortó el cuerpo y dejó que el camión de la basura se encargara, aunque esta vez guardó la cabeza de la víctima en el congelador, tras lo cual desenterró la cabeza de Sheldon y puso la de Pearson en su lugar, guardando a la cabeza de Sheldon en su closet.
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Escapando del terror

La última víctima de Berdella no fue ni un prostituto ni un amigo de Berdella: fue Chris Bryson, un chico al cual, tras invitar a una fiesta, Berdella subió en su coche, bebió cervezas con él y finalmente lo llevó a su casa.

Al ingresar en casa de Berdella, Bryson vio desperdicios y deshechos por doquier. Sintió entonces como un olor nauseabundo penetraba en sus fosas nasales. Era un olor a excremento y a orina de perro, y a algo más…

Tratando de relajar al muchacho, Berdella comenzó a hablarle de que había estudiado Arte y lo llevó al segundo piso para supuestamente mostrarle su colección de piezas artísticas. No bien hubo subido Bryson cuando Berdella le dio un golpe brutal en la cabeza y, sin darle tiempo de reaccionar, le clavó una inyección somnífera.


Chris Bryson (arriba) fue la última víctima de Berdella. Su caso fue especial porque él, gracias a su inteligente actitud de docilidad, consiguió que Berdella le ate las manos por delante y no a los barrotes de la cama, gracias a lo cual, cuando Berdella se fue, Chris pudo desatarse y saltar (esto lo lesionó) por una ventana del segundo piso para finalmente acudir a un vecino y llamar a la Policía.

Cuando Bryson despertó vio que estaba desnudo y fuertemente atado a los barrotes de una cama. Junto a él estaba Berdella con una sonrisa diabólica y un objeto que bien podría simbolizar el rol que le tocaría vivir: un collar de perro…

Una vez puesto el collar en el cuello de Bryson, Berdella le metió un trapo en la boca y fue por sus implementos de director de cine y fotógrafo. Consternado y aterrado, Bryson vio a Berdella colocando la filmadora en la posición adecuada, tras lo cual se volvió hacia él mientras el frío ojito de vidrio seguía mirándolos a ambos, registrando cada acción de la escena…

Durante toda la larga noche Berdella torturó, violó y golpeó a Bryson, levantándose de cuando en cuando para tomar fotos con su cámara Polaroid, cambiar la posición de la filmadora y, sobre todo, anotar en su diario cada cosa de la que Bryson era víctima.

Según se sabe, al comienzo Bryson gritaba como loco, pero Berdella le inyectó Drano en la garganta y lo amenazó con que perdería la voz si seguía gritando.

Ya en la mañana el torturador abrió la puerta y le aplicó alcohol en los ojos, se sentó encima de él y después tomó una barra metálica y empezó a golpearlo en las manos y en las rodillas. No contento con eso, fue por sus pinzas eléctricas y se las colocó en el muslo derecho y en el escroto, aplicándole una tras otra descarga mientras lo fotografiaba con la Polaroid, riéndose…

Para prevenir actitudes rebeldes, Berdella le mostró las fotos de las otras víctimas, fotos en las que aparecían hombres torturados, destrozados, sometidos a horrores que hacían deseable la muerte. Le dijo que si cooperaba le perdonaría la vida, por lo que debía mostrar la actitud propia de un esclavo sexual.

Bryson no podía saber si Berdella decía o no la verdad, pero era claro que si no cooperaba la muerte sería prácticamente segura y el sufrimiento mucho mayor, de modo que intentó seguir el consejo de Berdella durante cuatro días sembrados de torturas y violaciones.

Afortunadamente sus esperanzas no fueron frustradas y, tras esos cuatro días, Berdella le desató las manos de los barrotes de la cama y se las ató por encima, le dio un cigarrillo y, antes de salir de la habitación, le dejó el control remoto entre las rodillas y la televisión encendida.

Pasados unos minutos, el problema era que Bryson no sabía si Berdella se había ido o no de casa, por lo que bajó el volumen del televisor para intentar responder a su pregunta. Al parecer Berdella sí se había marchado, de modo que Bryson tenía la oportunidad de intentar un escape.

Con cierta habilidad Bryson consiguió zafarse y, con las cuerdas colgando, miró a la ventana y se percató de que la única forma segura de escape era romper el vidrio de la ventana y saltar a la calle desde el segundo piso en que se encontraba. Entonces reunió valor, saltó y se lesionó un pie al caer.

El dolor de la caída era muy grande pero Berdella podía aparecer en cualquier momento. Consciente de eso, Bryson ignoró su dolor y corrió hacia la casa más cercana. Para suerte suya el dueño de casa estaba presente y, aunque no le permitió entrar porque estaba desnudo, sí le hizo el favor de llamar a la Policía.

Los policías llegaron con rapidez a la escena y le colocaron una manta a Bryson, quien yacía desnudo sobre el porche del vecino, con un collar de perro en el cuello, con los ojos rojos e hinchados y con marcas en las muñecas, los tobillos y otras partes.

Tras oír la terrible historia de Bryson, los agentes no sabían si decía la verdad o si simplemente se trataba de una pelea entre dos amantes homosexuales. Por ello resolvieron esperar a que Berdella volviese para interrogarlo.

Al aparecer Berdella, la Policía lo arrestó por sospechoso de asalto sexual y le pidió que firmara una autorización de ingreso a su domicilio.
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La casa del horror

A pesar de que Berdella no firmó la autorización de ingreso a su domicilio, la Policía consiguió una orden y entró a la casa del torturador.


Cuando los policías (arriba, en el jardín de Bob) ingresaron a la casa de Bob, encontraron videocasets y fotos de las víctimas siendo torturadas, así como también una bitácora de sus crímenes, drogas, gotas para ojos, pinzas eléctricas y otros elementos de tortura, dos cráneos y varios restos humanos.

Cuando los agentes abrieron la puerta se toparon con basura, excremento y orine seco de los tres chow chow (a los cuales tuvieron que asegurar) de Berdella y un cuarto cerrado en el segundo piso. Allí, en el cuarto cerrado, yacían revistas porno y pedazos de cuerdas en el suelo, y había un televisor y una cama junto a la cual había un dispositivo eléctrico con cables y una mesita con inyecciones, drogas y distintos frascos con gotas para los ojos.

En otra habitación fue que los policías encontraron la colección del horror: un par de cráneos, dientes guardados en un sobre, una columna vertebral humana; una sierra con restos de cabello, sangre seca y hueso; libros y máscaras propias del mundo de la magia negra; videocasetes de los asesinatos y torturas, fotos de las víctimas[2] (incluyendo a Bryson) y una bitácora (diario) de crímenes. Los hallazgos siniestros también estaban en el jardín, donde se encontró otro cráneo, pedazos de vertebra y piel humana; además, la aplicación de Luminol (sustancia usada para revelar sangre seca) reveló enormes cantidades de sangre en cubetas, recipientes, otros objetos y varias partes de la casa.
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Juicio y fin prematuro


Arriba vemos el cráneo de Robert Sheldon, usado para incriminar a Berdella, quien finalmente obtuvo una cadena perpetua (y no la pena de muerte) a cambio de confesar todos sus crímenes.

En la Universidad de Kansas los investigadores determinaron que uno de los cráneos hallados en la casa de Berdella pertenecía a Larry Pearson, gracias a lo cual se lo pudo acusar de homicidio. Berdella aceptó haber matado a Pearson y posteriormente se probó que también Sheldon había sido víctima suya. Nunca encontraron los restos de las víctimas que empaquetó en fundas de basura.

En todo caso, ante los hechos descubiertos el fiscal quería la pena de muerte, pero la defensa contribuyó para que, a cambio de una confesión completa de todos los crímenes, se le diera solamente una cadena perpetua. El trato fue aceptado y el 13 de diciembre Berdella inició un relato que le tardaría tres días y tendría más de setecientas páginas…

Después del corto juicio que tuvo, Berdella comenzó a cumplir su condena siendo para aquel entonces un asesino que los medios de comunicación habían hecho famoso. Así, queriendo aprovechar esta atención pública Berdella se quejó de que había muchas cucarachas en su celda. Lejos de despertar compasión, un popular disc jockey local instó a su audiencia a enviar muchas más cucarachas a la celda de Berdella, quien se seguía quejando ante los reporteros de los tratos en prisión e incluso había tenido el descaro de decir que era una buena persona, queriendo probar aquello a través de la construcción de un fondo para las familias de las víctimas hecho a base de la venta de sus bienes, gracias a los cuales se consiguió 50.000 dólares que, por parte de los familiares de las víctimas, fueron tomados como una burla insultante.


Berdella solo pudo cumplir cuatro años de su cadena perpetua debido a un paro cardíaco que lo mató el 8 de octubre de 1992 cuando tenía 43 años.

Las últimas quejas de Bob fueron que los guardias de prisión no le daban sus medicamentos para problemas cardíacos. Consecuentemente Berdella apenas cumplió cuatro años de su cadena perpetua porque, a sus 43 años, murió por paro cardíaco un 8 de octubre de 1992.

Peter Kürten – El Vampiro de Düsseldorf








Entre 1925 y 1930, la ciudad alemana de Düsseldorf se vio sumida en el miedo por los asesinatos de éste demente asesino que se bebía la sangre de sus víctimas después de violarlas y degollarlas…
El Vampiro de Düsseldorf

A temprana edad ya disfruta estrangulando ardillas y maltratando perros callejeros y otros animales para ver correr su sangre. Además, goza en actos zoofílicos con ovejas a las que degollaba una vez alcanzado el orgasmo…

El temible “vampiro de Düsseldolf” está considerado como uno de los más sanguinarios asesinos en serie de todos los tiempos por los expertos criminólogos y psicólogos que han seguido su caso de cerca.

Nació en 1883 en Colonia (Alemania) en una familia tan pobre como numerosa (era el tercero de trece hermanos), y todos habitaban bajo pésimas condiciones en un espacio muy reducido y un ambiente familiar deplorable. Su padre, en el paro, era alcohólico y de muy mal carácter, pegaba frecuentemente a su mujer e hijos. Cuando sólo contaba con ocho años, Peter hace una primera tentativa de fuga y se escapa de casa harto de los malos tratos…

Cuando su familia se traslada a Düsserdolf en 1894, se evade de nuevo y comienza a vivir como un vagabundo realizando pequeños hurtos para sobrevivir, dando muestras a tan temprana edad de instintos criminales: disfruta estrangulando ardillas y maltratando a los perros callejeros que se cruzaban en su camino, así como a otros animales para ver correr su sangre, cometiendo además actos zoofílicos con ovejas a las que degollaba una vez alcanzado el orgasmo. En una ocasión trata incluso de violar a una de sus hermanas más jóvenes.

La primera condena la cumpliría en 1897 por robo, y así muchos más actos delincuentes que lo obligan a pasar cerca de veinte años entre rejas.

En 1913 comete su primer crimen sexual: viola y degolla salvajemente a Christine Kelin, una niña de 13 años.

Años más tarde, cuando él mismo contaba con cuarenta, su vida parece dar un giro y contrae matrimonio con una mujer de buena familia. Cambia de aspecto vistiendo con mucha elegancia y sencillez, se peinaba con brillantina (producto casi desconocido en Alemania en aquella época), usaba gafas, lucía un recortado bigote, e incluso usaba polvos faciales.

Como la mayoría de los sádicos sexuales, Kürten parece llevar una vida normal como cualquier buen esposo. Trabajaba como conductor de camiones, y su mujer jamás sospechó que tras un hombre tan educado y atento como su marido podría esconderse el autor de crímenes tan sangrientos.

Entre 1925 y 1930 se suceden en la pequeña localidad alemana una serie de crímenes que estremecen y sensibilizan a toda la población, similar a la que padeció Londres en tiempos de otro conocido asesino: Jack el Destripador.

A su tercera víctima, una niña de 9 años, la rocía de gasolina y le prende fuego para complacerse viéndola arder en una terrible agonía. Era un monstruo infernal, tal y como muestra la ilustración artística de arriba.

A pesar de que la policía alemana contaba con métodos muy por encima de los que disponía Scotland Yard en 1888, tardaron varios años en tener alguna pista del misterioso criminal a quién terminaron apodando unos “El Vampiro de Düsserdolf” y otros “El rey del crimen sexual”.

Kürten tiene por costumbre el beber la sangre de sus víctimas y de matar animales cuando tiene sed. A veces se divierte incendiando las casas abandonadas, esperando ver arder algún vagabundo que durmiese en su interior. De hecho, a su tercera víctima, una niña de nueve años llamada Rose Ohliger, la rocía de gasolina y le prende fuego para complacerse viéndola arder en una terrible agonía.

La policía, viendo por momentos su autoridad y reputación comprometidos, lleva a cabo continuas redadas y abundantes controles rutinarios a la busca y captura del feroz asesino. Incluso algunos grupos de delincuentes y bandas callejeras se unen a la “caza” del vampiro con tanto interés por detener la ola de crímenes como las mismas fuerzas de seguridad.

Hasta la fecha, se le inculpaban nada menos que ocho terribles asesinatos y catorce asaltos. Afortunadamente para todos, cometió un grave error en 1930 que le costaría su detención. Tras un atentado criminal fallido contra María Butlier, la mujer logra escapar y proporcionar una detallada descripción de Kürten.

Al mismo tiempo, éste se asusta al leer la prensa y ver su retrato robot en la portada de los periódicos, por lo que confiesa la totalidad de los crímenes a su esposa mientras charlaban, quitándole importancia a los hechos como si se tratase de simples travesuras infantiles. La señora en un principio se desmaya de la impresión, pero finalmente, asustada y asqueada pone las declaraciones de su marido en conocimiento de la Policía (que tubo que poner en libertad a algún detenido que coincidía con la descripción del verdadero asesino).

Durante el juicio, este cínico trastornado se disculpó con los padres de sus víctimas alegando que necesitaba beber sangre como quienes necesitan del alcohol…

Durante el juicio, se dedicó a escribir cartas a los padres de las víctimas en las que se disculpaba de una manera muy peculiar: alegando que él necesitaba beber la sangre lo mismo que otras personas necesitan beber el alcohol…

(Pese a que no disculpe en absoluto sus crímenes, lo cierto es que sí padecía de “hematodipsia”, una patología que consiste en obsesión compulsiva por consumir sangre, bajo implicaciones sexuales.)

Finalmente tras una hora y media de deliberación, el jurado pronunció su veredicto de culpabilidad para Peter Kürten, quién fue sentenciado a nueve penas de muerte. (Según las leyes de la época, era posible condenar a más de una pena de muerte). Hasta el último minuto se creyó que iba a recurrir al veredicto para tratar de librarse de ser decapitado, pero el asesino no apeló y guardó la calma hasta el día de la ejecución con calma absoluta. Sólo se manifestó para pedir una última voluntad, y era que cuando lo decapitase el verdugo, le dejasen escuchar durante unos minutos cómo su propia sangre goteaba en el suelo…

El 2 de julio de 1931, a las seis de la mañana, en el patio de la prisión de Klügelpüts (Colonia), se cumplía su deseo.

ANEXO AL TEXTO ORIGINAL DE PILI ABEIJON: La historia (tomada de http://serial-killer.comyr.com/?q=node/70) del asesinato de la primera víctima, contada en base a palabras del propio asesino:

“Entré en una casa en el Wolfstrasse, cuyo inquilino era de apellido Klein, fui hasta la primera planta. Abrí varias puertas y no encontré nada digno de robar; pero en la cama vi a una muchacha durmiendo de aproximadamente 10 años, cubierta con una manta gruesa de plumas”.

Kürten agarró a la muchacha por el cuello y empezó a estrangularla. La niña luchó por unos momentos antes de quedar inconsciente, después Kurten colocó el cuerpo de la chica en el borde de la cama e introdujo sus dedos en la vagina de la pobre criatura, después de lo cual, en palabras del propio asesino:“Tenía un pequeño cuchillo de bolsillo con el cual corté su garganta. Oí los chorros y el goteo de la sangre en la estera al lado de la cama. Salió a borbotones en un arco. La escena entera duró cerca de tres minutos. Entonces salí, cerré la puerta otra vez y regresé a mi casa en Düsseldorf “



NOTA: Texto de Pili Abeijon

Irma Grese – El Ángel de Auschwitz









De niña fue tímida y tranquila pero, tras crecer y adherirse a la causa nazi, fue nombrada supervisora de prisioneros en Auschwitz: allí, habría de convertirse en una de las mujeres más crueles de la historia. Entregaba prisioneras desnutridas a los perros, disparaba arbitrariamente a los presos, latigueaba los senos de las mujeres “bien dotadas” con morboso deleite, entre otras atrocidades…


Nadie sospechó que, bajo esa sonrisa, se escondía una sádica cuyos crímenes la convertirían en la mujermás joven (23 años) en ser enviada a la horca bajo las leyes británicas…

Irma Ilse Ida Grese nació un 7 de octubre de 1923 en Wrechen, Alemania. En su infancia fue una niña tranquila y algo tímida. Dotada de una gran bellezafísica, nadie imaginó que, tras aquel rostro angelical, se escondía la semilla de un monstruo cruel y sádico. El monstruo solo necesitaba del escenario adecuado para manifestare: así, a los 19 años fue nombrada supervisora de prisioneros en Auschwitz. La historia nunca olvidará como se reía entregando famélicas judías a los perros hambrientos, como depravadamente disfrutaba de latiguear los senos de las prisioneras “más dotadas” o de apagar vidas a su antojo apretando el gatillo de su pistola. Tras la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, sus crímenes la convirtieron en la mujer más joven en ser enviada a la horca bajo las leyes británicas, siendo ejecutada un 13 de diciembre de 1945 a sus 23 años. Tras su muerte, en su alojamiento se hallaron tres lámparas con las pantallas hechas de piel humana; según se rumorea, de prisioneros despellejados por sus propias manos.

Odiada profundamente por sus víctimas judías, la combinación de su maldad y belleza han hecho que se la recuerde bajo títulos como “El Ángel de Auschwitz”, “El Ángel de la Muerte” o “La Bestia Bella”. También se la ha llamado “La Perra de Belsen”.

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El monstruo antes de manifestarse

Irma fue hija de un lechero disidente del Partido Nazi y de una mujer llamada Berta. Durante su infancia fue una niña normal; inclusive, según declaraciones de su hermana Helen (efectuadas durante el juicio): “de niña era bastante tímida y en modo alguno violenta. Evitaba los enfrentamientos y, en caso de peleas entre niños, siempre huía”.

El único suceso traumático del que se tiene noticia fue el suicidio de su madre en 1936, cuando Irma era apenas una preadolescente. No se sabe si esto influyó en su indisciplina escolar, pero lo cierto es que a los 15 años abandonó el colegio como consecuencia de su desgano y de los intereses que había empezado a mostrar por integrarse a las juventudes hitlerianas, deseando por ello unirse a la Liga de la Juventud Femenina Alemana, agrupación que su padre desaprobaba.

Lo anterior, junto con lo que queda de relevante antes de su transformación, fue narrado por boca de la propia Irma Grese durante el Juicio de Bergen-Belsen, en el cual los tribunales británicos la juzgaron a ella y a 44 personas más implicadas en la administración del campo de concentración de Bergen-Belsen. Sus palabras fueron: “En 1938 dejé la escuela elemental y durante seis meses estuve empleada como jornalera en una granja. Después, trabajé en una tienda, en Luchen, otros seis meses. Cuando cumplí los 15 conseguí un puesto de limpiadora en un hospital en Hohenlunchen, y allí permanecí dos años. Intenté convertirme en enfermera, pero la Oficina de Trabajo no me lo permitió y me enviaron a una lechería en Fürstenberg. En Julio de 1942 volví a solicitar un puesto de enfermera; pero, a pesar de que protesté contra ello, la Oficina de Trabajo me asignó al campo de Ravensbrück, como parte del cuerpo auxiliar femenino de las SS. Estuve allí hasta Marzo de 1943”

Otra versión —que casi seguramente es la verdadera dado que se sabe que Irma mintió en el juicio al negar algunas acusaciones reales— dice que ella, pese a que en realidad sí prefería desempeñarse como enfermera, no estaba inconforme con su puesto en Ravensbruck, apareciéndose campantemente en casadurante un permiso. Al verla en el uniforme de las SS con esa actitud de complacencia, su padre y ella tuvieron una muy acalorada discusión, tras la cual Irma fue expulsada de casa ya que no estaba dispuesta a renunciar a su nazismo.

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La Bestia Bella y sus crímenes

En 1943 Irma entró en el Campo de concentración de Auschwitz, como una SS Oberaufseherin (guardia femenina). Con impresionante rapidez, a finales del mismo año fue ascendida a supervisora, llegando a ser la segunda mujer de más alto rango después de María Mandel. Dicen que fue su enorme fanatismo nazi y su considerable sadismo lo que le abrió la puerta a tan veloz ascenso, aunque su belleza estuvo implicada en el asunto, tal y como queda claramente sugerido en el hecho de le gustaba ‹‹compartir su belleza›› con oficiales de alto rango como Joseph Mengele y Josef Kramer, además de otros menos conocidos, desconocidos o no confirmados.

Aproximadamente unas 30000 prisioneras le fueron delegadas en Auschwitz, lo cual representó el terreno ideal para desatar abiertamente sus pulsiones crueles, cosa que Irma no dudó en aprovechar: primero en Auschwitz, luego en Ravensbruck y finalmente en Bergen Belsen. En aquel recorrido tuvo lugar el proceso psicológico en que Irma fue incrementando sus tendencias oscuras, desembocando ya desde sus primeras etapas en el sadismo exacerbado que la llevaría a la fama y a la horca.


“Sacudía fustazos a donde se le antojaba, y a nosotras no nos tocaba más que aguantar lo mejor que pudiésemos. Nuestras contorsiones de dolor y la sangre que derramábamos la hacían sonreír” (Olga Lengyel, superviviente del Holocausto)

Olga Lengyel fue una de las víctimas que sobrevivió a la crueldad de Irma Grese. Años después del Holocausto, Olga reunió documentación y ordenó recuerdos para escribir Los hornos de Hitler; de allí, como introducción al siniestro perfil de Irma, se pueden citar estas palabras: ‹‹Irma Grese se adelantaba hacía las prisioneras con su andar ondulante y sus caderas en movimiento. Los ojos de las cuarenta mil desventuradas mujeres, mudas e inmóviles, se clavaban en ella. Era de estatura mediana, estaba elegantemente ataviada y tenía el cabello impecablemente arreglado.

El terror mortal inspirado por su presencia la complacía indudablemente y la deleitaba. Porque aquella muchacha de veintidós años carecía en absoluto de entrañas. Con mano segura escogía a sus víctimas, no sólo de entre las sanas, sino de entre las enfermas, débiles e incapacitadas.

Las que, a pesar de su hambre y penalidades, seguían manifestando un poco de su belleza física anterior eran las primeras en ser seleccionadas. Constituían los blancos especiales de la atención de Irma Grese.

Durante las “selecciones”, el “ángel rubio de Belsen”, como más adelante había de llamarla la prensa, manejaba con liberalidad su látigo. Sacudía fustazos adonde se le antojaba, y a nosotras no nos tocaba más que aguantar lo mejor que pudiésemos. Nuestras contorsiones de dolor y la sangre que derramábamos la hacían sonreír››

Las palabras anteriores muestran ya que Irma se fijaba mucho en la belleza de las prisioneras, eligiendo como blanco a las de mejor aspecto. Detrás de eso no estaba la envidia sino una sexualidad retorcida. Testigo de sus sangrientas exquisiteces fue Gisella Pearl, médica de los prisioneros que en el Juicio de Bergen-Belsen declaró: “Grese gustaba de azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer”. Complementariamente, la pervertida Bestia Bella tenía otras costumbres ligadas a su perfil de predadora sexual: 1) tenía una esclava sexual con la cual mantenía un sádico romance lésbico, 2) con relativa frecuencia, mandaba a traer prisioneras de buen aspecto para usarlas sexualmente, uso en el que la tortura y la degradación solían hacerse presentes, 3) se vinculó sexualmente a varios oficiales e incluso parece que a ciertos prisioneros masculinos, por lo cual algunas veces obligó a un médico prisionero húngaro a que le practique abortos, so pena de muerte


“Grese gustaba de azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer” (Gisella Pearl, superviviente del Holocausto)

Además de sádica sexual, Irma Grese era una auténtica asesina cuya maldad no se frenaba ni con los niños, un ser que en promedio tenía la responsabilidad de unas 30 muertes…La revista digital FDM, en un artículo de Mónica González Álvarez, nos muestra parte de lo dicho en estos términos: ‹‹Otro de sus “modus operandi”, consistía en asesinar a las internas pegándoles un tiro a sangre fría. Los abusos sexuales y las torturas a niños estaban a la orden del día. Irma no conocía ni tenía límites. Su extremada depravación le llevó a pegar sádicas palizas con un látigo trenzado hasta provocar la muerte de las víctimas››. Habría pues que imaginarla con ese instrumento que tanto la enorgullecía, tal y como, luego de su captura, evidenció en un interrogatorio cuando poéticamente dijo que su estimado látigo “era muy ligero, traslúcido como vidrio blanco”. Y es que, siendo como era ella una persona de aspecto impecable que daba gran importancia a la belleza, cabe sospechar que, en su retorcida mente, la naturaleza translúcida de su látigo otorgaba un estimulante aspecto estético a su uso, ya que la sangre de las prisioneras debía de parecerle bastante elegante en su contraste cromático con el aspecto cristalino del látigo; elemento que, al igual que sus botas y su manera de caminar, le brindaban el aspecto de una belleza asesina…

Aunque quizá lo más escalofriante de todo era el placer que se pintaba en la cara de Irma cuando las mordidas de los perros recaían sobre prisioneras judías que, en muchos casos, el hambre prolongada había reducido a puro hueso y pellejo. Luba Triszinska, sobreviviente del Holocausto, afirmó durante el Juicio de Bergen Belsen que Irma: “No daba de comer a los perros, los mantenía enjaulados durante días con el bozal puesto. Cuando una prisionera caía al suelo desfallecida, mandaba a su criada polaca que trajese los perros y los azuzaba, lanzándolos contra aquellas mujeres desnutridas que apenas podían defenderse y que eran despedazadas vivas por los animales”.

El ejercicio era realmente usado como medida disciplinar por los militares alemanes, tal y como se hacía y aún se hace en todo ejército. Sin embargo Irma tomó esto como base para sus excesos inhumanos, ya que a veces obligaba a los internos a hacer flexiones durante “horas”. Mientras, se paseaba con su precioso látigo de celofán, vigilando a los presos para darle un tremendo azote a aquellos que osasen parar, disfrutando así del dolor de unos y el temor de otros.

Finalmente y aunque parezca difícil de darle crédito a la palabra “horas”, Klara Lebowitz, sobreviviente del Holocausto, dijo que: “Grese obligaba a los internos a permanecer en formación, durante horas, sosteniendo grandes piedras sobre sus cabezas”

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La esclava de Irma, un capítulo especial de su depravación


Con sólo 13 años, una chica española fue tomada como esclava sexual y doméstica por Irma

Fue en Polonia donde Irma logró localizar a una chica española a la cual, años antes, había conocido en Wrechen, una ciudad alemana ubicada a tan solo 60 kilómetros de Berlín. Irma, que era bisexual, había desarrollado una oscura obsesión erótica (por tanto, más que simplemente ‘sexual’) por la pequeña púber española que, para ese entonces, contaba apenas con 13 años.

La chica española (su identidad real se desconoce) había tenido el infortunio de que su padre, que ostentaba un cargo importante en el gobierno de Primo de Rivera pero vivía en Alemania, se había tenido que regresar a España durante la Guerra Civil Española, dejando a su hija en Polonia. En qué circunstancias específicas la dejó, es algo que no se encuentra en las fuentes de internet; ya que, prácticamente todo lo que en el ciberespacio se ha dicho sobre el tema, ha estado ligado a la publicación de La Bella Bestia, un libro en el que Alberto Vázquez-Figueroa narra la historia de la esclava sexual de Irma Grese, esclava cuya identidad nunca proporcionó pues, la información que ella le dio al escritor, pedía a cambio el que sus nombres y apellidos nunca se revelen y el que todo aquello se publique solo tras la muerte de ella[1]. El hecho es que las circunstancias de la chica, conjugadas con el poder de Irma, fueron suficientes para que ella la convierta en su “criada”, título este que ocultaba su rol de esclava doméstica y sexual, estando lo segundo en el contexto de las tendencias sádicas de Irma y habiendo sido, por parte de la chica española, vivido como una violación a sus 13 años y como una explotación en el tiempo que siguió…

Grese tuvo a la “callada joven de ojos oscuros” durante mucho tiempo, haciéndola pasar como polaca y llevándola a donde fuese: en el campo de concentración de Ravensbruck, la tuvo dentro de su propia casa; en Auschwitz, dentro de una buhardilla cercana a la casa en que ella habitaba; en Bergen Belsen, en una casa cercana al campo.

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Juicio y condena


En el juicio, Irma negó muchas acusaciones y mostró cierto cinismo y arrogancia

El 17 de septiembre de 1945 comienza, en Lüneburg, el juicio de Bergen-Belsen, dirigido contra el comandante Josef Kramer y otros 44 implicados en la administración de los campos de concentración de Bergen-Belsen. A pesar de ocupar el noveno lugar en la lista de acusados, Irma resulta llamativa y se convierte en la estrella del proceso, adquiriendo allí su sobrenombre de “La Rosa de Auschwitz”. Durante el juicio, los niños corean su nombre cada día.

Sabe que va a ser condenada a muerte, que entre los llamados a dar testimonio hay prisioneras judías que le guardan un profundo y natural rencor. Estando en sus últimos días, opta por el cinismo, la provocación y la arrogancia. Se muestra indiferente y despreciativa con el tribunal, es lacónica: “no”, “sí”, “no sé”, “nunca vi nada de eso”; insolente en ocasiones: “Yo debería saber mejor que usted si tenía o no tenía un perro, ¿no le parece?”, “Me gustaría que dejara usted de repetir la palabra ‘regularmente’”; tiende a negar algunas acusaciones al punto del cinismo sarcástico: “Yo soy incapaz de hacer planes. Nunca hice ningún plan para matar prisioneros”.

Los testimonios contra ella incluyen cosas terribles, las identidades de quienes emitieron los testimonios están en el paréntesis del final en cada caso numerado:

1. Hacer que los perros devoren a prisioneras desnutridas y/o cansadas (Luba Triszinska)

2. Azotar los senos de las prisioneras “bien dotadas” para que se les infecten las heridas y ella se excite en la operación de extirpación sin anestesia (Gisella Pearl)

3. Tener aventuras bisexuales y, en los últimos tiempos, varios romances lésbicos con internas (Isabella Leittner y Olga Lengyel)

4. Obligar a los internos a hacer flexiones por horas, latigueando al que paraba (Helene Klein)

5. Golpear a los internos (Gitla Dunkleman y Dora Szafran)

6. Poner en formación por horas a los internos, portando piedras pesadas en sus cabezas (Klara Lebowitz)

7. Ser una de las personas responsables, en Auschwitz, de seleccionar presos para las cámaras de gas (Gertrude Diament y Ilona Stein)

8. Haber sido responsable, durante su estancia en el Comando de Castigo, de al menos 30 muertes diarias (Helene Kopper)

Sin embargo Irma Grese no aceptó todos los cargos que se formularon en su contra: negó haber usado perros contra las prisioneras, haber disparado a sangre fría a las internas, haber azotado senos con su látigo, entre otras cosas. Solamente aceptó haber golpeado a las prisioneras pero con las manos y “por alguna buena razón”, haber presenciado selecciones para las cámaras de gas, haber empleado el látigo para poner y mantener el orden en las formaciones y haber sometido a los internos a sesiones deportivas como una forma de castigo. Con todo, los testimonios y las evidencias bastaron para formular cargos suficientes como para justificar la sentencia de muerte en la horca.

Entretanto la prensa sensacionalista se había encargado de causar revuelo en torno a su figura, dando como resultado el que, cuando murió, ya era famosa.

En la actualidad sigue ocupando un sitial importante entre la lista de las mujeres más malvadas de la historia, apareciendo en algunos portales de la web como casi igual de malvada que Elizabeth Bathory (la condesa que se bañaba en sangre de vírgenes) o incluso, para unos cuantos, aún más malvada. Por último, se sabe que, ella y otras nazis como Ilse Koch, están ligadas al origen de la dominatrix nazi, un ícono de la cultura sadomasoquista…
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ANEXOS:

1-Fragmentos de las “Memorias de Albert Pierrepoint”, verdugo encargado de ejecutar a la Bestia Bella:

‹‹La mañana siguiente (…) atravesé el corredor y llamé: “Irma Grese”. (…) Una puerta se abrió, pero la entrada era demasiado baja para mí. “Sígame”, dije en inglés, y O’Neil repitió la orden en alemán. A las 9’34 de la mañana nos dirigimos a la sala de ejecuciones. Ella se volvió un segundo y miró a los oficiales que tenía a su espalda. Después subió los escalones tan rápido como pudo y se situó justo en el centro de la plataforma, sobre la marca de tiza. Se quedó allí, muy firme. Cuando iba a colocarle el capuchón blanco, repitió, con voz lánguida: “Rápido”.››

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2-Fragmentos que ilustran la crueldad de Irma Grese, extraídos del libro “Los hornos de Hitler”:

a) Una escena de abuso salvaje y arrogancia, vivida en carne propia por la autora del libro:

‹‹Con lentitud calculada, sacó un revólver de su mesa y avanzó hacia mí. Formábamos un rudo contraste: yo, con la cabeza rapada, andrajosa, sucia, empapada de lluvia, y ella con el pelo magníficamente peinado y cuidado, con su belleza deslumbradora y su maquillaje perfecto. El impecable vestido hecho a la medida realzaba su esbelta figura.
—¡Puerca! —silbó entre dientes.
Me aparté, encogida, del cañón frío de su revólver cuando me lo pasó por la sien izquierda. Sentí su cálido aliento.
—Conque tienes miedo, ¿no?
De pronto, descargó la culata de su arma sobre mi cabeza, una y otra y otra vez. Me golpeó la cara con el puño, una y otra vez.
Probé el sabor de mi sangre. Me tropecé y fui a caer sobre la piel de lobo.
Cuando abrí los ojos, estaba tirada en el barro, bajo la lluvia, que seguía cayendo.››

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b) Sobre lo que la Bella Bestia planeaba hacer con su vida tras la nunca habida victoria alemana…:

‹‹En cuanto terminó la operación, empezó a charlar:
—Después de la guerra, me propongo dedicarme al cine. Ustedes verán mi nombre luminoso en las marquesinas. Conozco la vida y he visto mucho. Las experiencias que he tenido me van a ser muy útiles para mi carrera artística››

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c) Sobre cómo, además de su esclava sexual permanente, tenía otras que, sin correr la misma suerte, solo duraban por temporadas antes de ser enviadas a la muerte:

‹‹Las jefas del campo eran famosas por sus aberraciones. La Griese era bisexual. Su criada, que era amiga mía, me informó de que muchas veces Irma Griese tenía relaciones homosexuales con internadas, a las que después mandaba al crematorio. Una de sus favoritas era una “blocova”, que estuvo siendo su esclava una larga temporada hasta que la jefa del campo se cansó de ella.››

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d) Celos, orgullo y crueldad: Irma Grese se venga de una pareja de prisioneros:

‹‹Nos pegamos a la pared de la barraca de madera. Por un pequeño resquicio que se abría entre las tarimas, podía distinguir parte del interior de la habitación. Alguien estaba gritando y quejándose a la izquierda. A juzgar por el restallido de la fusta, estaba azotando a alguien furiosamente. Con voz ronca y destemplada, Griese barbotaba maldiciones. Pero lo único que se podía divisar desde donde yo estaba era el couch que caía enfrente del ojo de la cerradura. Sin embargo, un momento después, la escena se hizo más animada y dramática.

Griese se acercaba al sofá, arrastrando a una mujer desnuda por el pelo. Cuando llegó al diván, se sentó, pero no soltó la cabellera de la mujer, sino que fue tirando cada vez más de la mata espesa de pelo, mientras descargaba una y otra vez, la fusta sobre las caderas de la mujer. La víctima se veía obligada a acercarse más y más. Finalmente se quedó de rodillas ante su verdugo.

—Kommhier —gritó Irma, dirigiéndose a un rincón de la habitación que caía fuera de mi visión. De nuevo repitió:

—Ven acá. ¿Vienes o no?


Irma había llamado a un guapo prisionero georgiano para tener sexo; él, que por fidelidad a su chica se negó, hubo de recibir la terrible venganza de la Bestia Bella

Y blandió el látigo una vez más, obligando brutalmente a ponerse de pie a la mujer.

Y de pronto, en el espacio que podía y dominar desde mi observatorio, apareció la figura de un prisionero. Era el apuesto georgiano. Lo conocíamos.

Aquel hombre era increíblemente bello. Se dice que la raza georgiana es la que produce los hombres mejor parecidos, y aquél era, por cierto, un ejemplar perfecto. Tenía una estatura tan elevada que poco le faltaba para tocar con la cabeza el techo de la barraca. A pesar del hambre y de los malos tratos, conservaba todavía un pecho robusto de atleta. La cara se le había quedado magra por las privaciones, pero sus rasgos fisonómicos eran acaso por eso más atractivos.

La historia de este georgiano bien plantado había circulado de boca en boca por todo el campo. Lo había mandado al Lager de mujeres para reparar la carretera. Allí había conocido a la delicada joven polaca que parecía una virgen y que ahora se arrodillaba, desnuda, bajo los latigazos de Irma Griese.

La escena no necesitaba explicación. La comprendimos perfectamente. Irma había visto a aquel magnífico espécimen de virilidad, al arrogante georgiano, y se lo había acaparado para ella, como cualquier potentado oriental. Le había mandado presentarse en su habitación, pero cuando el digno joven, cuyo espíritu no se había quebrantado ni por el cautiverio ni por la fama que tenía Irma de aterrar a la gente, se negó a ceder a sus deseos, Irma trató de obligarle a hacerse su esclavo, haciéndole mirar cómo atormentaba a la muchacha a quien él quería.

…[…]…

Se abrió la puerta. Primero salió el hombre. No se me olvidarán jamás sus ojos negros, que echaban lumbre, y la ira que se reflejaba en su faz. Luego emergió la muchacha polaca. Su estado era verdaderamente lamentable. Tenía cruzada la cara de verdugones rojos, lo mismo que su escote. Aquella sádica no le había perdonado siquiera el rostro.

…[...]…

No volví a ver al apuesto georgiano. La hermosa bestia lo había mandado fusilar. ¿Y la muchacha? Nos enteramos de qué había sido de ella por la criada de Irma. El “ángel rubio” la había mandado al burdel de Auschwitz.››