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jueves, 16 de enero de 2014

Herman Webster Mudgett – El Dr. Holmes




Este ingenioso asesino y estafador construyó un hotel dotado de pasadizos secretos y trampas mortales para asesinar a sus víctimas, su intención era apropiarse de su dinero cobrando suseguro de vida o pidiendo dinero a sus familiares.
Un asesino con una metodología nada ortodoxa


“Holmes Castle” (arriba): Su estructura estaba horadada por pasadizos secretos, trampas, espejos que permitían ver cuanto acontecía en las habitaciones, y hasta cañerías de gas colocadas debajo del parquet, que se accionaban desde el subsuelo y hacían posible que los huéspedes pasasen involuntariamente del sueño diario al sueño eterno.

El 1° de mayo de 1893 se inauguró en Chicago la Exposición Universal, que debía reflejar el gigantesco progreso de la Humanidad en las industrias y en las ciencias. Era la edad de la seguridad. Y del optimismo. Por esos días, abrió sus puertas en la ciudad de los vientos un fastuoso hotel. La obra fue proyectada por un tal Campbell y realizada bajo la dirección de un tal doctor Holmes. Ambos tenían un rasgo común: no existían. Habían sido creados por un tal Herman Webster Mudgett, quien recurrió a ese arbitrio para estafar a albañiles y proveedores de materiales de construcción y equipamiento del suntuoso establecimiento.

Si el aspecto exterior del edificio era por lo menos extraño, su interior era inquietante: toda su estructura estaba horadada por pasadizos secretos, trampas, espejos que permitían ver cuanto acontecía en las habitaciones, y hasta cañerías de gas colocadas debajo del parquet, que se accionaban desde el subsuelo y hacían posible que los huéspedes pasasen involuntariamente del sueño diario al sueño eterno.

Si los clientes hubiesen tenido oportunidad de echar un vistazo a los sótanos, seguramente se habrían marchado sin detenerse a recoger sus equipajes. Porque hubiesen descubierto un horno crematorio, una tinaja con ácido sulfúrico, una mesa de disección anatómica, con decenas de bisturíes, sierras y otras herramientas relativamente afines con la industria hotelera. Si nadie se preocupaba por las desapariciones, menos intriga despertaban las cartas falsificadas que enviaba a los familiares de sus huéspedes para que sus familiares o socios les girasen más fondos, porque lo estaban pasando bomba.

Con, probablemente, unas doscientas muertes sobre la conciencia, este Barba Azul sádico y obseso sexual puede considerarse, en la lista de premios de los grandes criminales, como una especie de “recordman” en todas las categorías. Su mansión del suburbio de Englewood en Chicago -el Holmes Castle- es aún hoy la casa de matar más sofisticada de toda la historia de la Criminología.
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Seductor y estafador


En Holmes (arriba), donjuanismo y crimen iban de la mano. A los 18 se casó con una joven rica y la arruinó para pagar sus estudios, luego se casó con una viuda que lo mantenía, después se casó con una millonaria y estafó a su familia para hacerse construir una casa; finalmente, se hizo amante de una viuda, le quitó la gerencia de su farmacia y falsificó papeles para quitarle todos sus bienes, haciéndola desaparecer para iniciar su Holmes Castle…

El Dr. Holmes, cuyo verdadero nombre era Herman Webster Mudgett, nació en 1860 en Gilmanton, en una honrada y muy puritana familia de New Hampshire. Muy pronto manifestó hacia las mujeres -y sobre todo hacia las mujeres de fortuna- el interés poco corriente que iba a hacer de él un auténtico donjuán del crimen. A los dieciocho años, se casó con una rica joven llamada Clara Louering. Para pagar sus estudios de Medicina, la arruinó, y después, una vez obtenidos con lustre sus diplomas en la Universidad de Michigan, la abandonó para irse a vivir con una guapa viuda que se complació en subvenir a sus necesidades gracias a las rentas de su respetable casa de huéspedes. Siendo ya médico, dejó sin pena a aquella segunda conquista, ejerció durante un año en el estado de Nueva York y fue después a establecerse en Chicago.

Alto, guapo, con aire distinguido, siempre elegantemente vestido, Mudgett tenía innumerables éxitos amorosos. Al llegar a su nueva ciudad no tardó en seducir a una joven encantadora (y casualmente millonaria) llamada Myrta Belknap. Para vencer las reticencias que la virtuosa señorita le oponía, tomó el nombre de Holmes, se casó con ella y, gracias a unas falsificaciones de escrituras, se apresuró a estafar 5,000 dólares a su familia política para hacerse construir, en Wilmette, una casa suntuosa.

Consiguió entonces, en las afueras de Englewood, la gerencia de una farmacia propiedad de una viuda excesivamente ingenua, de quien se hizo a la vez su amante y hombre de confianza. A base de falsificaciones de contabilidad y de malversaciones de fondos, logró hacerse dueño de la totalidad de los bienes de la desgraciada, después la hizo “desaparecer” y puso en obra su gran proyecto.
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El “Holmes Castle”


Para construir su castillo el Dr. Holmes recurrió a varias empresas. Éstas nunca eran pagadas e interrumpían pronto sus obras. De esa manera, el propietario era el único en conocer detalladamente un edificio (arriba) cuyo extraño arreglo habría podido suscitar la curiosidad.

Para construir su castillo el Dr. Holmes recurrió a varias empresas. Estas nunca eran pagadas e interrumpían pronto sus obras. De esa manera, el propietario era el único en conocer detalladamente un edificio cuyo extraño arreglo habría podido suscitar la curiosidad.

La exposición de 1893 se estaba preparando y debía atraer a Chicago una muchedumbre considerable, entre la cual habría, por supuesto, multitud de mujeres guapas, ricas y solas. Ingeniosamente, Holmes decidió por lo tanto aprovechar aquella situación. Gracias a una serie de hábiles estafas adquirió un terreno y emprendió la construcción de un enorme hotel con aspecto de fortaleza medieval, cuya disposición interior concibió él mismo. Cada una de las habitaciones de aquel extraño inmueble estaba provista de trampas y de puertas correderas que daban a un laberinto inextricable de pasillos secretos desde los cuales, por unas ventanillas visuales disimuladas en las paredes, el doctor podía observar a escondidas el vaivén de sus clientes y sobre todo de sus clientas.

Disimulada bajo el entarimado, una instalación eléctrica perfeccionada le permitía por otra parte seguir en un panel indicador instalado en su despacho el menor desplazamiento de sus futuras víctimas. Con sólo abrir unos grifos de gas, podía finalmente, sin desplazarse, asfixiar a los ocupantes de unas cuantas habitaciones.

Un montacargas y dos “toboganes” servían para hacer bajar los cadáveres a una bodega ingeniosamente instalada, donde eran, según los casos, disueltos en una cubeta de ácido sulfúrico, reducidos a polvo en un incinerador o simplemente hundidos en una cuba llena de cal viva. En una habitación, bautizada como “el calabozo”, estaba instalado un impresionante arsenal de instrumentos de tortura. Entre las máquinas sádicas instaladas por el ingenioso doctor, una de ellas llamó particularmente la atención de los periodistas. Era un autómata que permitía cosquillear la planta de los pies de las víctimas hasta hacerles literalmente morir de risa.

El Holmes Castle fue terminado en 1892 y la exposición de Chicago abrió sus puertas el 1 de mayo de 1893. Durante los seis meses que duró, la fábrica de matar del Dr. Holmes no se desocupó. El verdugo escogía a sus “clientas” con mucha precaución. Tenían que ser ricas, jóvenes, guapas, estar solas y, para evitar las visitas inoportunas de amigos o familiares, su domicilio tenía que estar situado en un estado lo más alejado posible de Chicago.

¿Cuántas mujeres fueron violadas, torturadas y asesinadas en el castillo del Dr. Holmes? La cifra de doscientas es una aproximación verosímil. Seguramente por modestia, Holmes sólo confesó veintisiete, lo cual sería bien poco si se toma en cuenta la importancia de las instalaciones que había colocado.
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Los últimos crímenes


Luego de su captura, Holmes fue condenado a muerte. Lo ahorcaron un 07/05/1896 a sus 35 años. Durante el juicio, disfrutó burlándose de la justicia con cosas como confesar el asesinato de gente viva. Nunca se supo cuántas personas mató, pero pudieron ser tranquilamente unas 200…

Con el final de la Exposición, las rentas del hotel acusaron una caída brutal, y Holmes se encontró pronto corto de dinero. El medio más sencillo que imaginó para procurarse ingresos fue incendiar el último piso de su inmueble y reclamar a su asegurador una prima de 60,000 dólares, sin pensar un instante que la compañía podría muy bien hacer una investigación antes de pagárselos. Descubierto, nuestro doctor tuvo que refugiarse en Texas, donde se apresuró a realizar diversas estafas que lo llevaron por primera vez a la cárcel. Liberado bajo fianza, vuelve a salir unos meses después no sin haber puesto en pie una nueva operación criminal.

La idea era sencilla e ingeniosa. Una cómplice, llamada Pitizel, debía hacerse un seguro de vida en una compañía de Filadelfia. Se presentaría luego como suyo un cadáver anónimo desfigurado por un accidente. No habría más que repartir la prima que cobraría la Sra. Pitizel, mientras que el “muerto” iría durante algún tiempo a hacerse olvidar a Sudamérica. Para su desgracia, Holmes tuvo la mala idea de cambiar su plan y de matar realmente a Pitizel. Aquella solución tenía en su opinión la ventaja de ahorrarle la búsqueda peligrosa de un cadáver y, sobre todo, permitirle quedarse él solo la totalidad de la prima, deshaciéndose ulteriormente de la Sra. Pitizel y de sus hijos, lo cual, para él sólo era un simple trabajo rutinario.

Muy cooperador acudió, pues, a la morgue para reconocer el cuerpo de su amigo, fue a Boston a buscar a la desdichada viuda y la trajo a Filadelfia para que cobrara su dinero. La denuncia de un antiguo compañero de celda, Marion Hedgepeth, vino a sembrar la duda en el ánimo de los aseguradores.

La Policía hizo una investigación. Remontó con paciencia todos los eslabones de la cadena. Holmes confesó primero la estafa a la compañía aseguradora y, ante las pruebas abrumadoras reunidas en su contra, los asesinatos de Pitizel y de sus hijos.

Holmes fue condenado a muerte por el Tribunal de Filadelfia y ahorcado el 7 de mayo de 1896. Sólo tenía treinta y cinco años.

¿Doscientas víctimas?

Ante el tribunal, Holmes afirmó haber asesinado a veintisiete personas a lo largo de su vida. Eso es poco creíble. El acusado disfrutaba burlándose de la justicia; confesaba, por ejemplo, el asesinato de personas que estaban vivas. Por lo tanto nunca sabremos con certeza el número de sus víctimas. A juzgar por los descubrimientos hechos en su castillo, es considerable. La cifra de doscientas es propuesta por los criminólogos como la más verosímil.

viernes, 10 de enero de 2014

Edmund Emil Kemper – El Gigante Asesino




Con sus 2’05 metros de altura y 135 kg era apodado “El Gigante Asesino”, una infacia difícil y una temprana afición de matar a sus gatos le convirtieron en un despiadado asesino que no dudó en asesinar a su propia madre.
Un niño sádico


Criado por una madre terrible que lo encerraba en el sótano, Edmund (arriba) se vuelve muy tímido y se aísla más y más. Sueña con vengarse e imagina juegos mórbidos en los cuales tienen un papel esencial la muerte y la mutilación.

Edmund Emil Kemper nació el 18 de diciembre de 1948 en California. Como la mayoría de los asesinos recurrentes, se crió en el seno de una familia conflictiva cuyos padres reñían constantemente y que con el tiempo terminarían divorciándose.

Criado por una madre terrible, que no vacilaba en encerrarlo en el sótano de su casa, Edmund Kemper se vuelve muy tímido y se aísla más y más. Sueña con vengarse e imagina juegos mórbidos en los cuales tienen un papel esencial la muerte y la mutilación.

Una de sus grandes y enfermizas fantasías infantiles era la de poder convertir a las personas en muñecos (cosa que, en cierta forma, haría al crecer…), fantasía que estaba ligada a esa tendencia de unir sexo y muerte, tendencia que siempre manifestó como, por ejemplo, en aquella ocasión en que él y su hermana menor Susan hablaban sobre el secreto amor de Kemper por su profesora de escuela primaria. Su hermana, ligeramente sorprendida al escuchar algo que en realidad era más o menos común, le preguntó al pequeño Kemper que por qué no se atrevía a besar a su maestra. La respuesta la dejó atónita: “No puedo. Tendría que matarla primero”. Años después, Kemper contaría que en cierta noche llegó tomó una bayoneta de su padrastro y se quedó parado mirando a la casa de su maestra; según dijo, “imaginando que la mataba y me la llevaba para hacer el amor con ella”.


Su primera víctima es el gato de la familia. Le entierra vivo y le corta la cabeza, la cual lleva orgulloso a casa, donde la exhibe en su cuarto como un trofeo.

Pero nadie tomaba en serio sus fantasías morbosas, ni siquiera cuando a los ocho años jugó a la silla eléctrica o a la cámara de gas con su hermana, desempeñando él papel de víctima mientras su hermana hacía de verdugo y lo ejecutaba.

Su primera víctima es el gato de la familia. Le entierra vivo y le corta la cabeza, la cual lleva orgulloso a casa, donde la exhibe en su cuarto como un trofeo.

Es incapaz de expresar cualquier sentimiento de afecto y sus compañeros evitan su presencia, pues les asusta la manera en la que Kemper les mira fijamente, sin pronunciar palabra.

A los 13 años mata a su segunda víctima de sus experimentos, otro gato. Mata al animal a machetazos y su madre descubre los restos del animal ocultos en el armario. Le había cortado el cráneo para exponer el cerebro y luego lo apuñaló innumerables veces.
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Nace el asesino

En 1963, su madre lo manda a vivir a la granja de sus abuelos paternos, que viven en un rancho de California. Es allí a los 15 años de edad, cuando dispara contra su abuela con un rifle del calibre 22 y luego la apuñala una y otra vez para desahogar su ira, porque según él, era más estricta y le imponía más castigos que su propia madre. Después le pegó un tiro a su abuelo y dejó el cadáver tendido en el jardín. Tras estos crímenes, llama a su madre desconcertado para informarla. Cuando los policías le interrogan sobre los motivos, responde: “Solo quería saber lo que sentíría matando a mi abuela”.


Con 15 años, Edmund toma un rifle y le dispara a su abuela, luego la apuñala una y otra vez para desahogar su ira, porque según él, era más estricta y le imponía más castigos que su propia madre. Después le pegó un tiro a su abuelo y dejó el cadáver tendido en el jardín. Arriba vemos a los abuelos de Ed (Edmund) cuando eran jóvenes.

Las autoridades lo internaron en un hospital de alta seguridad en Atascadero. En 1969 pese a la oposición de los psiquiatras, lo soltaron cuando tenía 21 años, para ponerlo de nuevo al cuidado de su madre.


En 1969, a sus 21 años, Ed fue soltado del hospital mental de Atascadero (arriba). Poco después, en mayo de 1972, recogió a dos autoestopistas de 18 años, las mató a puñaladas, les sacófotos a los cadáveres, los descuartizó y enterró al día siguiente.

Para aquel entonces ya medía 2,05 metros de estatura y pesaba unos 135 kilos.

El “gigante asesino” no elegía sus víctimas al azar: las somete a un cuestionario escrupuloso, preparando con anterioridad una lista de características físicas y morales de sus futuras víctimas. Es absolutamente necesario que correspondan a la imagen que tiene de las estudiantes que su madre le había prohibido frecuentar.

Así, en mayo de 1972 recogió en su coche a dos autostopistas de 18 años, las llevó a un sitio apartado y allí las mató a puñaladas. Luego, trasladó los cuerpos a casa de su madre, les sacó fotografías con una Polaroid, las descuartizó y les cortó la cabeza, al día siguiente enterró los cadáveres en las montañas cerca de las inmediaciones y arrojó las cabezas a un barranco.


Ed solía violar a sus víctimas una vez muertas. De niño, cuando su hermana le preguntó por qué no besaba a la profesora que le gustaba, Ed lúgubremente respondió: “No puedo, tendría que matarla primero”

En septiembre de 1972, cuatro meses después, mató a otra joven de 15 años de una manera similar, recogiéndola cuando hacía autostop, estrangulándola, violando el cadáver y llevándoselo a casa.

Mientras se entregaba a esta orgía criminal acudió a una de las evaluaciones psiquiátricas a las que debía someterse con regularidad, y fingió tal lucidez que, según los peritos que lo examinaron, ya no representaba una amenaza para sí mismo ni para los demás. Ese día llevaba en el maletero de su coche la cabeza decapitada de su víctima más reciente.

Ed espera otros cuatro meses antes de volver a matar. En febrero de 1973, amenaza a punta de pistola a otra estudiante para que se meta en el maletero, antes de llegar a su casa la ha matado, luego coloca el cadáver encima de su cama y lo viola. Desmiembra el cuerpo en la bañera y arroja los restos al mar, la cabeza la entierra al pie de la ventana del cuarto de su madre.

En febrero de 1973, otras dos chicas caen bajo los golpes del “gigantón de Santa Cruz”. Kemper amontona los cadáveres en el maletero y regresa a casa de su madre, donde cena tranquilamente. Luego baja a decapitar los cuerpos.
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Cerrando con broche de oro su historial de sangre

Finalmente Kemper mata a su madre a martillazos mientras dormía, antes de decapitarla y de violar su cadáver. Más tarde pone la cabeza de su madre sobre la repisa de la chimenea y le lanza flechitas mientras la insulta.

Esa noche telefonea a una amiga de su madre y la invita a cenar. Tan pronto como se sienta la golpea, la estrangula y la decapita.


Finalmente Ed mata a su madre a martillazos mientras dormía, antes de decapitarla y de violar su cadáver. Más tarde pone la cabeza de su madre sobre la repisa de la chimenea y le lanza flechitas mientras la insulta. Esa noche telefonea a una amiga de su madre y la invita a cenar. Tan pronto como se sienta la golpea, la estrangula y la decapita. Arriba, a la derecha, vemos a la madre de Ed.



Tras esto decide entregarse a la Policía. El objetivo principal había desaparecido, dijo más tarde a la Policía intentando explicar su decisión por entregarse. En sus confesiones posteriores reconoce que lo que más deseaba era saborear su propio triunfo sobre la muerte de los demás. Él vencía a la muerte y vivía mientras los demás morían. Esto actuaba sobre él como una droga, empujándolo a querer cada día más gloria en su victoria personal a la muerte. En vida, la muerte siempre estaba con él.

Al preguntarle cómo reaccionaba cuando veía a una muchacha bonita en la calle, contestaba: “Un lado de mí dice “que chavala tan atractiva, me gustaría hablar con ella, salir con ella”, pero otra parte de mí se pregunta cómo quedaría su cabeza pinchada en un palo.”

Edmund Kemper fue declarado culpable de ocho asesinatos en primer grado. Cuando le preguntaron qué castigo pensaba que merecía, contestó que “la muerte por tortura”.


“Yo intentaba herir a la sociedad donde más le doliera, y eso era buscando futuros miembros de la sociedad burguesa: de clase alta o de clase media alta. Se pavoneaban por delante de mis narices porque podían hacer todas las malditas cosas que les vinieran en gana”, dijo Kempes luego de su captura.

Con ocho condenas por asesinato en primer grado, Kemper escapa a la pena de muerte porque acaba de ser abolida en el estado de California, donde más tarde fue restablecida.
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La famosa entrevista

En 1978, Robert Ressler (psicólogo y criminólogo que acuñó el término de “serial killer”), y John Douglas (Jefe de la unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI), que en aquella época estaban haciendo un estudio sobre la psicología del asesino en serie, decidieron interrogar a Kemper en su celda de California, en dónde se encontraba cumpliendo varias condenas de cadena perpetua.

El reo aceptó entusiasmado la entrevista, y tras entregar sus armas y firmar un documento que exime toda responsabilidad a las autoridades carcelarias de lo que pueda pasar en el interior, los dos hombres se encontraron cara a cara con aquel curioso asesino de talla descomunal y tupido bigote.


Robert Ressler, un famoso criminólogo y psicólogo del FBI, le hizo una entrevista a Ed Kemper, en la cual descubrió a unhombre de gran “complejidad intelectual” (tenía 145 de IQ) y a un ser lleno de frustración y resentimiento, sobre todo con su madre, quien lo odiaba desde niño y lo castigaba injustamente.

Su inteligencia era como su talla, sobresaliente. Según los registros de la prisión, su cociente intelectual era de 145.

Allí les comentó que su madre siempre le había odiado, pues desde niño él se parecía a su padre. Cuando cumplió 10 años ya era un gigante para su edad, y como su madre temía que pudiera abusar sexualmente de su hermana, lo hacía dormir en un sótano que no tenía ventanas.

Recluido como un preso y obligado a sentirse culpable y peligroso cuando no había hecho nada malo, se fue obsesionando con la idea de matar. Cuando sus padres se separaron, mató y descuartizó a los dos gatos de la familia, (según los dos investigadores, la crueldad infantil hacia los animales es el rasgo principal de los tres que caracterizan la personalidad del asesino múltiple. Las otras dos son la piromanía y la enuresis o incontinencia urinaria durante el sueño).

Kemper trató una vez de entrar a formar parte de la Policía de Carreteras de California, pero lo rechazaron. También esta característica es común en muchos de estos criminales. Si se tiene en cuenta que la mayoría de ellos son individuos fracasados y resentidos, no es de extrañar que en algún momento se ilusionen con la idea de convertirse en policías, que son los representantes de la autoridad e inspiran respeto.

Kemper les contó que posteriormente frecuentaba los sitios de reunión de los agentes y entablaba conversación con ellos, lo cual no sólo le hacía sentirse integrante del grupo sino que le proporcionaba información reservada sobre el avance de las investigaciones de sus crímenes.

Una inquietante anécdota que los investigadores relataban, es que al final de la tercera entrevista, Robert Ressler aprieta el timbre para llamar a la guardia, llama tres veces en un cuarto de hora. Sin respuesta, Kemper advierte a su entrevistador de que no sirve de nada ponerse nervioso, pues es la hora del relevo y de la comida de los condenados a muerte, y agrega que nadie contestará a la llamada antes de otro cuarto de hora por lo menos: “Y si de repente me vuelvo majareta, vaya problema que tendrías , ¿verdad? Podría desenroscarte la cabeza y ponerla encima de la mesa para darle la bienvenida al guardia…”.


En medio de la entrevista, Ed le dijo a Ressler (arriba, a la derecha): “Y si de repente me vuelvo majareta, vaya problema que tendrías , ¿verdad? Podría desenroscarte la cabeza y ponerla encima de la mesa para darle la bienvenida al guardia…”. Tras eso discutió nerviosamente con Ed hasta que vino un guardia, entonces Ed le guiñó un ojo, le puso la mano en el hombro y le dijo sonriendo: “Ya sabes que sólo bromeaba, ¿no?”

Nada tranquilo, Ressler le contesta que esto no volvería más fácil su estancia en la cárcel. Kemper le responde que tratar así a un agente del FBI provocaría, al contrario, un enorme respeto entre los demás prisioneros. “No te imagines que he venido aquí sin medios de defensa”, le dice Ressler. “Sabes tan bien como yo que está prohibido a los visitantes llevar armas”, responde Kemper, mofándose.

Conocedor de las técnicas de negociación Ressler intenta ganar tiempo. Finalmente, el guardia aparece y abre la puerta, Ressler suspira con alivio. Al salir de la sala de entrevistas, Kemper le dirige un guiño y, poniéndole el brazo sobre el hombro, le dice sonriendo: “Ya sabes que sólo bromeaba, ¿no?”

Harvey Murray Glatman




Este inteligente (CI de 130) y trastornado asesino fue marcado desde niño por su fealdad y el consiguiente rechazo femenino. Enfermándose sexualmente, se convirtió en un resentido fotógrafo voyeurista que fantaseaba con las imágenes de sus víctimas, a las que violaba y asesinaba estrangulándolas…
Havey Murray Glatman, un voyeurista rencoroso


Su fealdad lo marcó. Desde niño lo molestaban y le ponían apodos (“el feo”, “el gorilita”) y desde la pubertad ya sentía el rechazo del sexo opuesto. Por todo esto, Harvey se fue llenando de odio y resentimiento y se hizo solitario e introvertido.

Havey Murray Glatman nació en Colorado, el 10 de diciembre de 1927. Su infancia fue marcada por su fealdad, era un niño feo, todo el mundo estaba de acuerdo en eso, sus compañeros de clase se burlaban de él constantemente, incluso sus familiares le hacían continuos desprecios. Se sentía distinto, ya incluso desde pequeño le pusieron apodos como “el monito”, “el gorilita”, “el feo”.

Poco a poco fue incubando un síndrome de odio, un odio hacia todos y se fue distanciando, la soledad se volvía una obsesión, la presencia de la gente se volvía molesta pues tenía temor a que se burlaran de él, de que opinaran que era feo. Su conducta se volvió mucho más introvertida y se empezó a aislar.

Tenía unas orejas descomunales y muy separadas del cuerpo, las facciones caídas y ojos ligeramente saltones, una boca muy inflada. Sin duda no era una persona agraciada, se sentía diferente y crecía en él un sentimiento de venganza hacia quienes se burlaban de él, especialmente hacia las muchachas que le rehuían. Era un hombre muy inteligente, su cociente intelectual era de 130 pero su personalidad había sido desvirtuada por su fealdad, estaba marcado.

Su frustración sexual empezó a crecer, no podía tener relaciones sexuales pues las mujeres le aborrecían y recurrió a prácticas onanistas, pero carecían de erotismo, no tenían intensidad, necesitaba del género femenino, tenía que acercarse a ellas. Sus primeros intentos fueron muy tímidos, comenzó a robar a sus compañeras y a masturbarse con los objetos que obtenía, fantaseaba con las dueñas de esos bolsos que robaba, leía sus agendas y creaba unas fantasías que sabía nunca se harían realidad.

Pero Harvey necesitaba algo más, con 17 años se hizo con una replica exacta de un revolver. Cuando encontraba una chica aislada, sola en la calle, la apuntaba con su revolver y la obligaba a quitarse la ropa, él solo se quedaba en eso, no intentaba nada más. Tan solo deseaba observar mujeres desnudas y que se desnudaran para él.


Por su frustración sexual, Harvey se había vuelto un onanista voyeurista que gustaba de fotografiar chicas a escondidas. Y es que esas imágenes no le decían que no, no le retiraban la mirada y siempre le sonreían…

Pero empezó a pensar que eso solo le otorgaba unos minutos de goce, ahí comenzó su afición por la fotografía. Sacaba fotos a escondidas y con sumo cuidado iba pegando estas fotografías en las paredes de su habitación.

Más tarde se trasladó a Nueva York y un mundo nuevo se abrió para él, habían miles de mujeres a las que fotografiar, de este modo se obsesionó con las fotografías, esas imágenes no le decían que no, no le retiraban la mirada y siempre le sonreían. Se masturbaba fantaseando con las fotografías de desconocidas que captaba por la calle.

Pronto el dinero del que disponía se agotó y tuvo que recurrir al robo para poder subsistir, robos incluso con agresión. Fue pillado por la Policía y condenado a cinco años de prisión en Sing Sing. Durante estos cinco años se mostró impasible, imperturbable.

En 1951 Harvey sale de la cárcel, su odio era inmenso. Se mudó a Los Ángeles donde montó un taller de reparación de televisores. Continuó con su afición a la fotografía, acumulando fotos, él en la cárcel había descubierto las revistas porno y soñaba con ser fotógrafo de esas modelos, que posaran para él, dóciles, complacientes, a pesar de su fealdad ellas siempre le sonreirían.

Así el 31 de Julio de 1957 conoció a la que fue su primera víctima, Judith Ann Dull, esta chica era una modelo en alza, su intención era darse a conocer y ser una importante modelo y sabía que algunos momentos debería “ceder” a algunas peticiones. No queda muy claro cómo pero llegó a Harvey, éste la engañó, la convenció de que trabajaba para una estupenda revista y que sería su imagen, que sería su salto a la fama. En principio la sesión sería en un estudio fotográfico, pero Harvey le dijo que tenía unaserie de problemas y la preguntó si tendría problemas en realizar la sesión en su pequeños estudio, en sucasa, Judith accedió, no le pareció peligroso, pues era muy amable y considerado con ella. Harvey la dijo que para que las fotos fueran más comerciales deberían ser provocativas y que si ella no mostraba inconvenientes había pensado en realizar una sesión simulando que estaba atada de pies y manos. De este modo consiguió inmovilizarla, levantó ligeramente su jersey y falda y comenzó la sesión, la pidió que mirara con provocación a la cámara, ella obedecía a todas sus peticiones. Pero Harvey quiso llegar a más, forzar a la joven, ella se percató del hecho, intentó resistirse pero estaba atada de pies y manos y Harvey consiguió consumar dos veces la violación.


La modelo Judith Ann Dull fue la primera víctima de Harvey, quien la engañó diciéndole que trabajaba para una revista y así le hizo tomarse fotos (arriba) en que la inmovilizó para luego violarla, llevarla al desierto y estrangularla.

Judith estaba aterrorizada y él se empezó a dar cuenta de la magnitud de lo que acababa de hacer, con sus antecedentes penales si la chica le denunciaba sería su final, pasaría el resto de su vida en la cárcel. No, no la podía dejar escapar con vida. A punta de pistola (esta vez una pistola real) la condujo hacía su coche y tomaron dirección al ardiente desierto, se adentraron 200 kilómetros, allí en este solitario paraje, la volvió a forzar y le sacó más fotografías, ella entre sollozos le pido clemencia, que la dejase seguir con vida, que ella no le denunciaría. Pero él estaba decidido, la estranguló con una cuerda, tras su asesinato cayó de rodillas junto al cadáver y llorando le pidió perdón. Abandonó el cuerpo en aquel desierto y regresó convencido de que sería detenido, pensaba que la Policía iba a encontrar el cadáver y le iban a detener, pero no fue así…

Estuvo varios meses muy arrepentido, pero… cuando decidió revelar el carrete vio las fotos de Judith y empezó a enamorarse de aquella imagen y a saborear el triunfo, amplió las fotos y las colgó por todo su apartamento.

Empezó a preparar un nuevo asesinato, llegó el año 1958 y decidió inscribirse en un club de solteros, dio un nombre falso y contactó con una joven de 24 años llamada Shirley Ann Bridgeford, quedó con ella el 8 de Marzo de 1958, pero Shirley al conocerle quedó asombrada por el rostro de Harvey y entonces él comenzó su odio hacia ella, la encañonó con su pistola y la condujo al desierto, allí repitió metódicamente todos las acciones que había realizado con Judith: la violó, la fotografió y la estranguló con una cuerda.

Esta vez no hubo arrepentimiento, había encontrado su verdadera vocación, ya buscaba su nueva víctima. Buscó en los contactos del periódico y así conoció a Ruth Mercado, una chica de alterne de la cual se enamoró, soñó con cambiar su vida, con empezar una nueva con la ayuda de Ruth. Pero Ruth como otras le rechazó, sin dinero no tendría sus atenciones. Una vez más visita al desierto, a pesar de que la amaba, la forzó, fotografió y la asesinó como a las demás.


Harvey se había enamorado de Ruth Mercado y hasta había soñado con iniciar una nueva vida a su lado. Sin embargo Ruth terminó rechazándolo en parte porque Harvey no tenía dinero. A Harvey le dolió pero Ruth debía ser castigada, por lo que la llevó al desierto, la violó, la fotografío (arriba) y finalmente la asesinó…

Ya eran tres los asesinatos pero por suerte no hubo ninguno más. Volvió a su primer modus operandi y puso anuncios en el periódico anunciándose como fotógrafo para las nuevas modelos, así fue como conoció a Lorraine Vigil, una joven que estaba muy necesitada de dinero y veía en el posado fotográfico un modo de ganar algo extra. Harvey recurrió de nuevo a su método: la encañonó, luego la llevaría al desierto, donde repetiría el proceso. Pero Lorraine se reveló y empezaron un forcejeo, durante este forcejeo Harvey disparó y la hirió en una pierna pero ella continuó atacándole hasta que la Policía les encontró, una patrulla de carretera que pasaba en ese instante detuvo a Harvey.



Gracias a la valentía de esta joven, consiguió salvar su vida y a saber de cuántas más mujeres que podría haber asesinado si no le hubiesen detenido, pues en menos de un año ya llevaba 3 asesinatos y una tentativa más.

Harvey Murray Glatman lo confesó todo y fue juzgado y sentenciado a muerte, el juicio duró solo tres días y Harvey no quiso apelar. Sabía que era justo el castigo y optó por la muerte.

El 8 de Agosto de 1959 fue ejecutado, no profirió ni un solo lamento ni una sola queja. Sus últimas palabras fueron: “Es mejor así, tarde o temprano esto tenía que terminar así”

Ted Bundy




Bajo su aspecto tímido, su gran simpatía y su capacidad para dar confianza a los demás, se escondía un peligroso asesino y violador de mujeres y niñas, capaz de cometer atroces crímenes sin mostrar compasión alguna.
Ted Bundy, un asesino de mujeres

“Un hombre guapo, elegante, romántico, tierno, encantador…” Así lo definían sus amigos, sus novias y los que lo conocían, posiblemente lo contrario que pensasen las jóvenes que asesinó.


Ted de niño (arriba). Más tarde, de adolescente, disfrutaría mutilando animales

Nació en 1946, hijo de una joven chica soltera que provenía de una familia puritana. Es rechazado por ella durante los primeros años de su vida por ser hijo ilegítimo. Ella (la madre de Ted) trata de disimular a su hijo, que es considerado como una vergüenza para la familia, tratándolo como si fuese su hermano. Bundy se crió en casa de su abuelo, un hombre violento que pegaba a su mujer.

Las secuelas de estos rechazos en la infancia, serían visibles en la adolescencia, a través de su carácter sumamente tímido e infantil y de su tendencia a la soledad. Comienza a aislarse de sus compañeros de juego y adopta un cruel y extraño comportamiento hacia cuanto le rodea, por ejemplo, mutilando los animales que atrapa.

Más tarde cursa estudios de Derecho y colabora en algún partido político trabajando activamente en las campañas. Pero en esa etapa de su vida, decepcionado por una sociedad en la que no encaja, comienza su etapa como asesino en serie.


Durante su etapa como estudiante de Derecho, Ted Bundy, decepcionado de una sociedad en la que no encaja, inicia su vida de asesino en serie.

El primero de sus crímenes tendría lugar en Washington en 1974, cuando ataca a una mujer mientras dormía golpeándola con una barra de hierro. Apenas un mes más tarde asesina a una joven en el mismo campus universitario, llevándose el cuerpo lejos de allí una vez muerta ésta, pero dejando la habitación llena de sangre.

En todos sus crímenes adoptaba un mismo ritual: seguía a la joven víctima por las calles, luego la estrangulaba y la golpeaba en su propia casa. A veces la secuestraba para llevarla a un lugar más seguro. Una vez muerta la sodomizaba con el miembro o con el objeto que tenía más a mano mientras mordía su cuerpo.

Bundy podría considerarse un ejemplo claro de lo que sería un asesino en serie psicópata. No sólo por haber sufrido una infancia traumática, sino porque además su aspecto inspiraba siempre confianza a las víctimas. Si bien al principio cometía sus crímenes por la noche guardándose de un posible testigo que pudiese identificarlo ante un tribunal, poco a poco se iría confiando y abordaría a las futuras víctimas por el día.

Apoyado en su atractivo y su carismática personalidad, se paseaba por los supermercados pidiendo ayuda a mujeres jóvenes para conducir su coche Wolkswagen, fingiendo que tenía un brazo roto y sin que éstas sospechasen lo más mínimo que hablaban con su futuro asesino.


Usando su carisma y atractivo, se paseaba por los supermercados pidiendo ayuda a chicas para conducir su coche, fingiendo que tenía un brazo roto. Ellas no sospechaban que hablaban con su futuro asesino…

Tras sus primeros crímenes, Bundy comienza a viajar por una buena parte del país: Washington, Utah, Colorado y Florida, dejando a su paso una serie de crímenes y secuestros.

Es arrestado una primera vez el 16 de agosto de 1974 en Utah tras ser identificado por una mujer que meses antes había intentado secuestrar. Se le condena a cumplir una pena de prisión en Colorado, pero logra escaparse antes de ser encerrado y desaparece durante más de dos meses. Dos meses que le servirían para seguir cometiendo espeluznantes crímenes, esta vez tres jóvenes entre las cuales una tan sólo contaba con 12 años.

Es nuevamente detenido en Florida. En el juicio, él mismo se defendería en tanto que abogado, apoyado por un grupo de jóvenes “fans” que reclamaban su inocencia ante las puertas del Juzgado. A pesar de todo, la prueba irrefutable que lo culpó, la aportaría un odontólogo forense, tras comparar las marcas de unos mordiscos en uno de los cadáveres con los dientes de Bundy. Evidentemente ambos moldes coincidían. Después de seis horas de deliberación, el jurado lo condenaría al corredor de la muerte por 14 homicidios de primer grado…

Tenía una fijación especial por asesinar a mujeres jóvenes de pelo oscuro y largo, que le recordaban a su ex novia, la cual lo había rechazado unos años atrás. Pero las jóvenes víctimas vendrían a representar del mismo modo a su madre, por haberlo abandonado de pequeño. El asesino confesaría personalmente a los psiquiatras: “Toda la rabia que he estado desahogando con las mujeres que maté, estaba dirigida contra mi madre”.



Podríamos considerarle como una mezcla entre asesino organizado y desorganizado. Tanto podía mostrarse con una personalidad muy inmadura, dejar indicios en el lugar del crimen, o por lo contrario prepararlo cuidadosamente, seleccionar a las víctimas y dejar pocas huellas.

Él mismo se consideraba un adicto al crimen, y aunque aseguraba que podría dejar de matar en cuanto se lo propusiese, no dejó de hacerlo hasta su detención. Aseguraba no haber matado a 14 mujeres, confesó haber asesinado y violado a 28 mujeres en los años 70.

Los múltiples test psiquiátricos realizados evaluarían una personalidad propia de esquizofrénico: Cambios de humor muy repentinos, impulsivo, sin emociones, afán de protagonismo, ataques de histeria, doble personalidad, inestabilidad emocional, rechazo a la sociedad, ansiedad, depresión, complejo de inferioridad, inmadurez, mentiras que termina por creerse él mismo, obsesivo, egocéntrico, falsa realidad adaptada por él mismo, manía persecutoria…



Ted Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica nueve años después de su sentencia, el 24 de enero de 1989, tras haber sido culpado por haber asesinado a 14 jóvenes.

miércoles, 8 de enero de 2014

Jack El Destripador




Cinco crímenes perpetados en Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas, hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, mas en su momento revolucionaron Londres y el mundo entero. Sin embargo el caso sigue sin resolverse, por lo cual Jack aún permanece entre los grandes del crimen
El famoso Jack el Destripador

Ha pasado más de un siglo y todavía perdura el misterio. Cinco crímenes perpetuados en Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, en su momento revolucionaron Londres y el mundo entero.

Durante cien años, investigadores, detectives, policías y muchos aficionados han tratado de establecer un perfil psicológico que ayudase a determinar la personalidad o el nombre del asesino, pero hasta ahora solo se han podido identificar los nombres de unos posibles sospechosos. Tal vez por ese motivo Jack el Destripador se ha convertido en el asesino enserie más conocido de la historia. Su nombre nos evoca una silueta entre la niebla del Londres Victoriano, una sombra con capa y sombrero negro, que ataca a sus víctimas y desaparece para siempre de la escena del crimen… no en vano se han escrito sobre él cientos de libros, canciones, óperas y películas. Es la perfecta historia de suspense, el gran misterio sin resolver.
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Las víctimas

En el año 1888, Whitechapel era uno de los peores distritos de todo Londres. En las calles, hombres, mujeres y niños arrastraban una vida de pobreza y delincuencia en la que muchas veces el único alivio era el que podía ofrecerles una botella de alcohol barato. Los callejones oscuros desembocaban en baresmugrientos y burdeles miserables en los que algunas mujeres se ganaban la vida prostituyendo sus cuerpos por unos pocos peniques. Fue precisamente aquí, en el East End londinense, donde tuvo lugar el breve reinado de terror del temido descuartizador que firmaba sus crímenes como “Jack el Destripador”.

Su primer crimen oficial, por así decirlo, el que reconocen todas las crónicas, tuvo lugar el 31 de agosto, aunque en su día se sospechó que por lo menos dos asesinatos anteriores menos publicitados habrían sido también obra suya.


Su primera víctima fue una prostituta cuyo cadáver encontraron tirado en las frías calles de Londres. La mujer, mediante cuchilladas, había sido casi decapitada…

Ese día estaba amaneciendo muy lentamente. Las calles todavía estaban oscuras, y a pesar del frío algún que otro paseante comenzaba a circular por el barrio. Uno de ellos distingue a lo lejos el cuerpo de una mujer tendido en el suelo que a primera vista parecía desmayada, pero cuando se acerca para tratar de ayudarla, ve que unas terribles heridas la habían casi decapitado. Horrorizado, no deja pasar un minuto y avisa al primer policía que hacía su ronda por el barrio, quién acompañado de un médico distingue bajo la luz de una linterna que la muerte le había sido provocada por dos golpes con arma blanca que le habían seccionado la tráquea y el esófago. El cuerpo, todavía caliente en partes, indicaba que el momento del crimen no debía de haber sido de más de media hora antes de haber encontrado el cuerpo. Tras un examen más detallado en la sala de autopsias, descubren además que había sido brutalmente golpeada en la mandíbula inferior izquierda (posiblemente por una persona zurda), y que su abdomen había sido mutilado.

Por lo demás, el asesino no había dejado otras pistas tras de sí, ni testigos, ni el arma homicida. Ninguno de los vecinos oyó nada. La identificación de la víctima no fue tarea fácil, aunque unos días después su padre y su ex marido identifican el cuerpo de una mujer de 42 años, prostituta, llamada Anne Mare Nichols y conocida como Polly.

Polly había estado casada y tenía cinco niños, pero su adicción al alcohol había hecho que su matrimonio se rompiera. Desde entonces, sola, había vivido de sus pobres ingresos de prostituta.

El lunes 6 de agosto, varias semanas antes del primer crimen oficial del Destripador, Marta Tabram, una prostituta de 39 años, había sido hallada muerta con 39 puñaladas; y algunos meses antes, Emma Smith, una prostituta 45 años, había sido agredida salvajemente en la cabeza y le habían introducido un objeto en la vagina. Seguramente estos dos crímenes no tenían nada que ver con nuestro asesino, más que nada porque la firma del Destripador era más ritualista que los simples golpes y puñaladas, pero aún así, el terror ya se había apoderado de las almas de los habitantes del distrito londinense.


Annie Chapman: su cadáver fue hallado cerca de un mercado a las 6 am; el intestino estaba fuera, en un gran charco de sangre

Annie Chapman era una mujer sin hogar propio que vivía en pensiones comunes cuando disponía de dinero para el alojamiento de una noche, y cuando no era así, se dedicaba a vagar por las calles en busca de clientes que le proporcionasen alguna moneda para bebida, refugio y alimento. No siempre había sido así, unos años antes estaba casada y con tres niños, pero todos murieron, unos por enfermedad y otros por accidente. Fue un golpe muy duro, nunca se repuso. Así, en estado de depresión permanente comenzó a beber para sobrellevar su soledad.

Su cuerpo fue hallado mutilado en la calle del Mercado de Spitalfields a las 6 de la mañana, y nadie había ido testigo de los hechos. Su intestino estaba en el suelo entre un gran charco de sangre y una profunda incisión cruzaba su cuello de lado a lado.

Todo parecía indicar que había sido asesinada en ese mismo sitio. No había señales de defensa por parte de la víctima, y lo curioso es que cerca de su cadáver se encontraron un pequeño pañuelo, un peine y un cepillo de dientes, que parecían haber sido colocados en un orden concreto por el asesino.

Según el médico forense que vio el cadáver, el asesino había agarrado a Annie por la barbilla y la había degollado por la espalda de izquierda a derecha, y por la fuerza empleada, posiblemente con la tentativa de decapitarla. Eso le había causado la muerte. Las otras heridas infligidas y las mutilaciones abdominales habían sido realizadas post mortem: el abdomen había sido abierto para extraer la vagina, el útero y la vejiga, que no fueron hallados. Las incisiones eran limpias, como si se tratase del trabajo de un experto en anatomía, o por lo menos el de alguien con los conocimientos anatómicos y la habilidad suficiente para poder abrir el cuerpo y extraer los órganos con mucho cuidado de no dañar otras partes internas. El instrumento utilizado parecía ser un cuchillo estrecho con lámina fina y muy afilada, la clase de cuchillo que utilizaban los cirujanos y los carniceros.

Una señora de nombre Elizabeth Long que se dirigía al mercado esa mañana, pudo aportar un testimonio valioso: a las cinco y media de la madrugada había visto a un hombre conversando con una prostituta que identificó como Annie Chapman. Lamentablemente el hombre estaba de espaldas y no pudo ver su rostro, pero sí distinguió la silueta de un hombre de unos 40 años, elegante, que portaba un sombrero y un abrigo oscuros. La hora de la muerte se estimó entonces entre las cinco y media y las seis de la mañana, hora en la que fue descubierto el cadáver, lo que significaba que el asesino actuaba rápidamente y con gran precisión.

La falta de indicios hacía que la investigación avanzase lentamente. Todo el mundo había relacionado las muertes entre ellas, y a pesar de que la policía se mantenía en el más absoluto de los silencios, los periódicos no dejaban de alimentar cada rumor escuchado, lo que servía para aumentar la cólera y el miedo de los vecinos. Desde Scotland Yard se llegó a ofrecer una gratificación para quien aportase algún dato válido sobre la identidad del asesino, pero lo único que consiguieron fue que los vecinos aprovechasen sus diferencias y se denunciasen entre ellos, deteniendo simplemente a algunos falsos culpables, excéntricos o alcohólicos que aseguraba ser el descuartizador de prostitutas, aunque tras numerosas investigaciones y por el hecho de que todos carecían de habilidades médicas o que tenían coartadas, no tardaban en recuperar la libertad.

El 25 de septiembre, la Agencia Estatal de Noticias recibió una nota en tinta roja firmada por el propio Jack el Destripador cuyo contenido era:

“Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha cogido, pero en realidad todavía no me han pescado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a chillar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito…”

Firmado: Jack el Destripador, desde el Infierno.

A partir de entonces seguiría escribiendo cartas y poemas destinados al jefe de la policía londinense jactándose de su habilidad para escabullirse en la oscuridad de las calles y evitar ser atrapado por la multitud que le perseguía, o haciendo alarde de la perfección de sus crímenes y anticipando otros nuevos ataques, siempre seguro de sí.

El domingo 30 de septiembre, se descubría otro cadáver en la calle Berner sobre la una de la mañana. Tras pedir ayuda a la policía, vieron que se trataba de una mujer, cuyas faldas habían sido levantadas por encima de sus rodillas. Un forense llegó a la escena del crimen con su ayudante un cuarto de hora más tarde. Entre los dos detallaron sus conclusiones de la exploración: ”La difunta yace sobre su lado izquierdo, su cara mira hacia la pared derecha. Sus piernas han sido separadas, y algunos miembros están todavía calientes. La mano derecha está abierta sobre el pecho y cubierta de sangre, y la izquierda está parcialmente cerrada sobre el suelo. El aspecto de la cara era bastante apacible, la boca ligeramente abierta. En el cuello hay una larga incisión que comienza sobre el lado izquierdo, 2 ½ pulgadas por debajo del ángulo de la mandíbula casi en línea recta, seccionando la tráquea completamente en dos, y terminándose sobre el lado contrario… “

El asesino no se había ensañado tanto esta vez como en las anteriores. Posiblemente había sido interrumpido mientras la degollaba y hubiese huido antes de completar su ritual.

La joven prostituta fue identificada como Elizabeth Stride, de origen sueco, que había venido a Inglaterra para ganarse la vida tras el fallecimiento de su marido y sus dos hijos en un accidente marítimo.


Kate Eddowes era una pobre mujer que se había prostituido después de huir por los malos tratos de su marido. Jack la mató sin piedad alguna.

Esta vez, varios testigos declararon haberla visto momentos antes de su muerte acompañada por un hombre de unos treinta años con pelo y bigote negros, vestido con un abrigo negro y un sombrero alto, que portaba un bulto, como un maletín.

Mientras la policía se enfrentaba al hallazgo de este nuevo cadáver, a pocas calles allí un guarda nocturno descubría el cuerpo de otra víctima degollada. Su abdomen había sido abierto y los intestinos se encontraban en el suelo, además tenía varias heridas por todo el cuerpo. Los miembros estaban todavía calientes, la data de la muerte no debía ser de más de media hora desde el descubrimiento del cadáver.

No había otros indicios más que un escrito con tiza blanca sobre una pared que decía: “No hay porqué culpar a los judíos”, supuestamente obra del asesino. Antes de que la inscripción pudiese ser fotografiada, el Comisario de la Policía londinense Charles Warren ordenó que fuese borrada, según él porque se trataba de una falsa pista del criminal tratando de culpabilizar a la comunidad judía, y si algún londinense lo leía, podía provocar una revuelta contra ellos.

La víctima era Kate Eddowes, quien como las demás, tenía por oficio el de la prostitución y como afición, la bebida. Sus padres habían muerto cuando ella era joven y a los 16 años se fue a vivir con un hombre, con quién tendría tres hijos. Los malos tratos por parte de éste obligaron a que se fuera de casa, y su adicción al alcohol la obligó a alquilar su cuerpo en las calles.

Como en las muertes de Polly Nichols y Annie Chapman, la garganta de Kate había sido degollada de izquierda a derecha, le habían seccionado el vientre y extraído algunos órganos, entre ellos uno de los riñones.

Después de esto, las cosas parecieron volver a la normalidad en Whitechapel. No hubo ningún otro asesinato durante un mes y las prostitutas regresaron a las calles más tranquilas. Desgraciadamente, la paz duró poco, pues el 9 de noviembre, otra mujer apareció salvajemente asesinada.


Mary Kelly era una bella joven que se prostituía para mantenerse a ella y al vividor de su pareja; Jack “la castigó” al quitarle órganos y destrozarla a cuchilladas…

Se trataba de Mary Kelly, una atractiva joven de 21 años que se dedicaba a la prostitución para poder mantenerse a ella misma y a su pareja, que se encontraba sin trabajo.

Esa mañana, el locatario subió a la habitación de Mary para cobrar el alquiler mensual, pero nadie contestó a su llamada. Decidió abrir la puerta él mismo, horrorizándose por lo que descubrió…

Sin duda era el crimen más violento de Jack el Destripador. El cadáver estaba tumbado sobre la cama con múltiples heridas de arma blanca, completamente mutilado y con la arteria carótida seccionada. La ferocidad de este asesinato asombró a los cirujanos veteranos de policía. El médico forense necesitó varias páginas para redactar el informe de las lesiones y órganos extraídos.

Este asesinato creó el pánico absoluto en el barrio, haciendo estallar episodios esporádicos de violencia en la muchedumbre. La actividad policial era frenética, cada rincón fue registrado, cada sospechoso detenido e interrogado a fondo, pero no por eso la policía dejaba de ser duramente criticada. Nunca más se volvió a saber del asesino. No hubo más cartas ni más crímenes, parecía que Jack el Destripador hubiese abandonado la escena del crimen para siempre, y finalmente el caso fue cerrado en 1892, el mismo año en que el Inspector encargado del caso se retiró.


Tras matar a Mary Kelly, Jack El Destripador quedó satisfecho y cerró su corta pero brillante carrera criminal, burlándose de la Policía pues el caso jamás fue resuelto. Jack desapareció en la niebla del Londres Victoriano, envestido en una gloria criminal que todavía hoy perdura…

Lo cierto es que nadie puede saber si ésta es la verdadera historia o si es otro de los relatos que inspira este terrible personaje. Lo único que hoy en día tenemos claro es que no se trataba de un delincuente cualquiera. Sus hechos demuestran que era una persona con gran inteligencia y tal vez una educación superior a la población de Withechapel, incluso puede que fuese alguien de clase alta. Tal vez tuviese un trastorno de la sexualidad o un trastorno mental que le provocase esa compulsividad y obsesión a la hora de cometer los crímenes. Su afán de reconocimiento y el hecho que resaltase con las cartas enviadas a la prensa su inteligencia, demuestra que también era una persona insegura y llena de complejos. Pero mientras Scotland Yard mantenga sus archivos en el más absoluto secreto, otros autores seguirán suscitando sospechosos que mantengan la leyenda del Destripador viva.

Charles Manson y Familia









Tal vez uno de los asesinos en serie más famosos de todos los tiempos y probablemete una de las mentes criminales que más seguidores tuvo. Aún en nuestros días existen peticiones de ingresar en su “familia”
Infancia y adolescencia

Charles Milles Manson nació en Cincinnati, Ohio (EEUU), el 12 de noviembre de 1934. Fue hijo ilegítimo de una joven adolescente de 17 años, Kathleer Maddox. La identidad de su verdadero padre es un misterio, a pesar de que su madre interpuso una demanda judicial para demostrar la paternidad de un hombre con el que convivió unos años; y es que, como dijo el mismo Manson, su madre era una: “prostituta de diecisiete años”.

Su infancia transcurrio viajando de ciudad en ciudad hasta que a los 8 años su madre salió de prisión, donde cumplía una pena de cinco años por robo y agresión. Durante el tiempo de ausencia materna convivió con su tía, una beata contraria a cualquier forma de placer, el cual consideraba pecaminoso.

Vivió con su madre (alcohólica) unos años hasta que, por medio de un robo, reunió el dinero necesario para “independizarse”. A los 14 años fue detenido por primera vez y a partir de ese momento su vida transcurrió entre fugas e ingresos a prisión, por lo cual se podría decir que su formación fue la que recibió en los centros penitenciarios junto a otros presos.
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Los hijos de Mansón

Recién cumplida su mayoría de edad ya contaban entre sus hazañas el robo, una violación homosexual a un compañero, agresiones y varias fugas.

En 1953 con 19 años se casa con una enfermera de 17 años, habiendo tenido hasta ese momento solo relaciones homosexuales. Tuvo su primer hijo pero el matrimonio fracasó y se divorciaron en 1958. Un año después se casó con una prostituta para que no declarara contra él y de ese matrimonio nació su segundo hijo.
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Entrada al esoterismo y fundación de “La Familia”


Manson ha pasado a la inmortalidad como un personaje asociado al satanismo, el esoterismo y el crimen, tal y como se evidencia en la ilustración artística de arriba.

Posteriormente ingresó en prisión, donde comenzó a formarse en el esoterismo y pasó a formar parte de la Iglesia de la Cienciología, todo esto desencadenó en que en 1967, cuando abandonó la cárcel con 32 años, llevase 17 años de su vida en la cárcel.

Esta formación esotérica le llevó a contar con un grupo de seguidores: “su familia”. Según su filosofía, solo los que les siguiesen se salvarían del apocalipsis.

Manson, que se autodenominaba “Satán” (además de “Jesucristo”, el “Espíritu”, el “Anticristo” y el “Demonio”), predicaba una curiosa doctrina, una mezcla de conceptos orientalistas y una reinterpretación de la Biblia.

Hippies, drogas, sexo libre, rock…Aquello era demasiado para un tipo que había aprendido a base de abusos a manipular a la gente y a ser temido por sus enemigos. El bueno de Manson fue bien acogido en la comunidad alternativa californiana. Tanto que se fue a vivir con una bibliotecaria -y ecologista radical- llamada Mary Brunner. Al poco tiempo, el tipo que posteriormente se autoproclamaría Anticristo, metió en casa a una chica de 16 años que encontró en la calle. Esto no molestó a Mary, que creía firmemente en los principios Hyppies, dando lugar a lo que sería el germen de “La Familia”, institución creada a la medida de Manson.

Pronto comenzaron a recorrer toda la costa en un destartalado autobús escolar, predicando la palabra del ecologismo y el sexo libre, y captando la atención de numerosos seguidores. Eran ya una de las atracciones de Los Ángeles: ricos, famosos y celebridades recibían con los brazos abiertos a la comuna. Como Dennis Wilson, baterista de los Beach Boys que los alojó en su casa.
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La ira de Manson

Fue Wilson el que desencadenó la ira de Manson. El chico de la playa le había presentado a un productor musical -hijo de Doris Day- que vivía en una lujosa mansión en la calle Cielo Drive 10500, lugar al que acudiría Manson cada dos por tres para convencerle de que le produjera un disco. Ver como meses depués los Beach Boys sacaban el álbum 20/20 con la canción “Never learn not to love” -calco de un tema compuesto por Manson- tuvo que ser suficiente para que el líder de La Familia gritara “¡¡Cerdos!!”.

En ese periodo Bobby Beausoleil -miembro de la familia- se pelea con un traficante de mescalina llamado Gary Hinman. Manson, Beausoleil y Susan Atkins no dudan en presentarse en casa de Hinman para pedirle dinero. El tipo se niega, así que Manson le corta una oreja y se va de la casa diciendo a sus seguidores que hagan con él lo que quieran. Y vaya si lo hicieron. O eso parece por el estado en el que quedó el cadáver del traficante.
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Retiro al Valle de la Muerte, inicio de las atrocidades y detención de Mansón

«Usted no lo entiende. Lennon, el profeta, me dijo: “Charlie, levántate; ¡degüella a esos cerdos que se lo pasan bomba en sus mansiones de Hollywood! Los tiempos han llegado. ¡Tú eres el Hijo del Hombre y el Ángel Exterminador…!”»
(Charles Manson)


Sharon Tate, actriz que fue esposa del famoso y millonario director de cine Roman Polanski.Ella marcó la mejor etapa de la vida del director, pero esa etapa acabó con su asesinato…

Este no era el primer delito de sangre cometido por La Familia, aunque sí el más grave. La detención de B. Beausoleil por el asesinato de Hinman a los pocos días de producirse, provoca que Manson busque un nuevo refugio para sus “hijos”. Nada mejor que una granja abandonada, en el desértico Valle de la Muerte. Allí la familia se prepara para lo que Manson denomina el Helter Skelter: el fin del mundo, en el que los negros se levantarán en armas para dominar a los blancos…una teoría que Manson refuerza basándose en signos que sólo él percibe, como las advertencias incluidas a este respecto estaba el White Album de Los Beatles.

El viernes 8 de agosto de 1969 Manson ordenó la ejecución de todas las personas que se encontrasen en el 10050 de Cielo Drivey. Para ello envió a Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten, acompañadas por Tex Watson, miembros todos de “su familia”.

La vivienda era por aquel entonces de Roman Polanski. Entre las personas asesinadas se encontraba la esposa de éste, Sharon Tate, que se encontraba embarazada de 8 meses, el matrimonio Jay y Gibby Folger, y Wojtek Frykowski. Las mujeres de Mason mataron salvajemente a Sharon Tate cortándole sus pechos y ocasionándole un desangramiento.

En una de las paredes se podía leer escrito con sangre humana: ”¡Cerdos!!”.


En este montón de carne y sangre terminó la bella Sharon Tape luego de que la banda de Manson la asesinara brutalmente en su propia mansión…

Al día siguiente, Manson organiza el asesinato del matrimonio La Bianca para extender el rumor de que ha comenzado una cacería por parte de negros radicales. Esta vez sí acude con el grupo, pero da instrucciones y se marcha antes de que empiece el espectáculo.

Pocos días después detienen a S. Atkins acusándola de participar en la muerte del traficante de mescalina. En prisión, habla largo y tendido sobre su maravilloso líder y sus aventuras con La Familia. La Policía detuvo a Manson el 12 de octubre del 69 junto a otros miembros del clan.
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Charles Manson en la actualidad

Luego de que se le condenara a cadena perpetua por nueve asesinatos, Manson no se quedó inerte sino que siguió produciendo música, pintura y poesía, convirtiéndose así el arte en el eje de su vida luego de que las rejas le quitaran la posibilidad de volver a delinquir.

Tanto es el arte que ha producido Manson que incluso existe una web dedicada por completo a sus obras:http://www.charliesarts.com Inclusive se sabe que en 2011, desde la prisión, acabó “Trees”, su último álbum musical, disponible en la web al igual que sus otros álbumes.

Pero lejos de solo producir arte, Mansón también ha constituido, luego de su captura, un motivo artístico para otros. Por ejemplo, Leonard Cohen hace referencia a Manson en su canción “The Future”, y el famoso grupo gótico Paradise Lost le dedicó la canción “Forever Failure” dentro de “Draconian Times”, el cual es hasta la actualidad el álbum más representativo del grupo.

Sin embargo, pese a esta continuidad positiva de Manson como ícono cultural, su huella criminal no se ha apagado del todo pues La Familia, si bien ya no existe como el peligroso grupo que fue responsable de la muerte de Sharon Tate, sí existe como un grupo de individuos agrupados bajo una misma actitud cultural e ideológica cuyo principal símbolo es Charles Manson; y, como es de prever, estos individuos, en su conflicto contra lo superfluo y lo establecido, suelen a veces presentar actitudes de índole satánica (como el propio Manson) y manejarse, por ende, en los umbrales donde amenaza la inspiración del crimen “justificado”.

Quizá por eso recientemente, en abril del 2012, las autoridades le han negado a Charles Manson su pedido de libertad condicional “al no ver nada positivo en cuanto a la idoneidad” de la medida; puesto que, aún a sus 77, Manson podría resultar un poco peligroso…

Finalmente y aparte de todo lo dicho, a Manson se le han efectuado algunas entrevistas, se han escrito libros en torno a su figura y también se han elaborado documentales sobre él. Por todo ello, Manson vive y seguirá viviendo un tiempo más; aunque, pese a su actividad artística, no haya podido frenar la palpable decadencia que el tiempo le ha impreso, tal y como se ve en las siguientes fotografías:



ANEXO: Citas de Charles Manson, un asesino que filosofaba mucho:

«Mírame hacia abajo y verás a un tonto, mírame hacia arriba y verás a tu dios, mírame de frente y te verás a ti».

«¿Cuánto ha trabajado para tener ese anillo de oro? ¿Dos o tres semanas para conseguirlo? Una vez que lo tiene se lo pone en el dedo y va por ahí sin darse cuenta de que lo que lleva en su dedo. Podría comprar a un hermano en África, hay alguien que se está muriendo de hambre pero ese hombre lleva un anillo de oro como si nada, yo lo tiraría y lo olvidaría, no voy a esclavizarme por un pedazo de oro, están esclavizando a gente para que ellos puedan llevar anillos de oro en sus dedos» (Dicho en una entrevista, refiriéndose al guardia de la cárcel)


Charles Manson, un asesino muy crítico de la sociedad

«Mi padre es una prisión, mi madre un sistema, soy lo que ustedes me hicieron. Los miro y me digo: ustedes quieren matarme y yo ya estoy muerto. Toda mi vida estuve muerto». (Escrito en una carta personal de 1996).

«La sociedad ha sido injusta conmigo. Mataremos a cualquier cerdo que esté en la casa. Entren y atrápenlos».

«Yo no he matado a nadie. No he ordenado que maten a nadie. Esas criaturas que van por ustedes con sus cuchillos son sus hijos. Yo no les enseñé nada; lo hicieron ustedes» (Palabras durante el juicio)

«Todo el mundo te dice “te vamos a ayudar”, todo el mundo tiene buenas intenciones, pero no tienen la capacidad para cumplir».

«Si ustedes abrieran las puertas, yo saldría a la calle y tendrían esta cosa llamada Charlie Manson que han creado. Porque no me han visto. No realmente. Yo sólo podría asesinar a toda la Humanidad». (Escrito en una carta personal de 1996)

«¿Remordimiento por qué? Ustedes me han hecho lo que han querido. ¿Eso no me da los mismos derechos? Puedo hacer lo que sea que quiera, cada vez que lo quiera, y es culpa de ustedes» (Palabras durante una entrevista en San Quintín)

«Si escupen en mi cara y me humillan en los periódicos por nada, ¿Qué creen que va a suceder cuando salga de aquí?» (Palabras durante una entrevista en San Quintín)

Erzsébet Bathory – La Condesa Sangrienta









Este personaje resulta verdaderamente interesante para la historia del crimen en serie, partiendo del hecho que sea una de las pocas mujeres que haya asesinado de una manera tan cruel a cerca de 650 jóvenes, incluyendo niñas…Todo ello para conservar su juventud, bañándose en la sangre de sus víctimas
La Condesa Sangrienta


Una de las representaciones oficiales de Elizabeth Báthory, cuyo número de víctimas fue aproximadamente 650…

El caso de este personaje resulta verdaderamente interesante para la historia del crimen en serie, partiendo en un principio del hecho que sea una de las pocas mujeres que haya asesinado de una manera tan cruel… a cerca de 650 doncellas.

Además de una perversión sádica y sexual, la Condesa Elizabeth Báthory sentía especial atracción por la sangre, y no sólo se contentaba de beberla, como es habitual en los llamados asesinos vampíricos, sino que se bañaba en ella con el fin de impedir que su piel envejeciese al paso de los años.

Nace en 1560 en el seno de una de las más ricas familias húngaras. Si bien pertenecía a la más ilustre y distinguida aristocracia, siendo su primo Primer Ministro de Hungría, y su tío Rey de Polonia, también existen antecedentes esotéricos entre los miembros de su familia, como pueden ser un tío adorador de Satán y otros familiares adeptos a la magia negra o la alquimia, entre los que se puede contar a la propia Báthory, ya que desde su infancia había sido influida por las enseñanzas de una nodriza que se dedicaba a las prácticas brujeriles.

Cuando sólo contaba con 15 años se casa con un noble, el conde Nadasdy, gran guerrero conocido como “El Héroe Negro”, y se van a vivir en un solitario castillo en los Cárpatos.

El conde no tarda en ser reclamado en una batalla, por lo que se ve obligado a dejar sola a Elizabeth por un tiempo. Al cabo de muchos momentos en espera de su marido, ésta se aburre por el continuo aislamiento al que estaba sometida, y se fuga para mantener una relación con un joven noble al que las gentes del lugar denominaban “el vampiro” por su extraño aspecto. En breve regresa de nuevo al castillo y empieza a mantener relaciones lésbicas con dos de sus doncellas.


Bathory se había rodeado de brujos, hechiceros y alquimistas. Su nodriza, basándose en magia negra, le dijo que bañarse en sangre de doncella la mantendría joven y bella: Bathory siguió su concejo, mucho más allá de la cuenta…

Desde ese momento, y para distraerse de las largas ausencias de su marido, comienza a interesarse sobremanera por el esoterismo, rodeándose de una siniestra corte de brujos, hechiceros y alquimistas.

A medida que pasaban los años, la belleza que la caracterizaba se iba degradando, y preocupada por su aspecto físico pide consejo a la vieja nodriza. Ésta, le indica que el poder de la sangre y los sacrificios humanos daban muy buenos resultados en los hechizos de magia negra, y le aconseja que si se bañaba con sangre de doncella, podría conservar su belleza indefinidamente…

En esa época, la Condesa tubo su primer hijo, al que siguieron tres más, y si bien su papel maternal le absorbía la mayor parte del tiempo, en el fondo de su mente seguían resonando las palabras tentadoras de la nodriza: “belleza eterna”. Al principio intentó alejarlas de sí, posiblemente no por falta de deseo o valor, sino por temor a las consecuencias de cara a la aristocracia, pero años más tarde cuando su marido fallece no tarda en probar los placeres sugeridos por la bruja.

Al poco tiempo moriría su primera víctima: una joven sirvienta estaba peinando a la Condesa, cuando accidentalmente le dio un tirón. Ésta, en un ataque de ira le propinó tal bofetada que la sangre de la doncella salpicó su mano. Al mirar la mano manchada de sangre, creyó ver que parecía más suave y blanca que el resto de la piel, llegando a la conclusión que su vieja nodriza estaba en lo cierto y que la sangre rejuvenecía los tejidos. Con la certeza de que podría recuperar la belleza de su juventud y conservarla a pesar de sus casi cuarenta años, mandó que cortasen las venas de la aterrorizada sirvienta y que metiesen su sangre en una bañera para que pudiera bañarse en ella.


Bathory recorría con su carroza los Cárpatos en busca de doncellas que, una vez en el castillo, eran encadenadas y acuchilladas por un verdugo, un sirviente o ella misma, mientras las víctimas se desangraban y llenaban su bañera…

A partir de ese momento, los baños de sangre serían su gran obsesión, hasta el punto de recorrer los Cárpatos en carruaje acompañada por sus doncellas en busca de jóvenes hembras a quienes engañaban prometiéndoles un empleo como sirvientas en el castillo. Si la mentira no resultaba, se procedía al secuestro drogándolas o azotándolas hasta que eran sometidas a la fuerza. Una vez en el castillo, las víctimas eran encadenadas y acuchilladas en los fríos sótanos bien por un verdugo, un sirviente o por la propia Condesa, mientras las víctimas se desangraban y llenaban su bañera.

Una vez dentro de la pila, hacía que derramasen la sangre por todo su cuerpo, y al cabo de unos minutos, para que el tacto áspero de las toallas no frenase el poder de rejuvenecimiento de la sangre, ordenaba que un grupo de sirvientas elegidas por ella misma lamiesen su piel. Si estas mostraban repugnancia o recelo, las mandaba torturar hasta la muerte. Si por el contrario reaccionaban de forma favorable, la Condesa las recompensaba.


A veces, las víctimas más sanas y bellas eran encerradas por años para irles extrayendo pequeñas cantidades de sangre mediante incisiones, a fin de que Elizabeth pudiera bebérsela y conservar su belleza (retratada arriba por un fan).

En algunas ocasiones, las víctimas que le parecían más sanas de mejor aspecto eran encerradas durante años en los sótanos para ir extrayendo pequeñas cantidades de sangre mediante incisiones afín que la dueña del castillo pudiera bebérsela.

Por otro lado, las calaveras y los huesos eran también aprovechados por los hechiceros del castillo, convencidos que sólo un sacrificio humano podía dar buenos resultados para realizar sus experimentos alquímicos.

Durante once años, los campesinos aterrados veían el carruaje negro con el emblema de la Condesa Báthory rastrear el pueblo en busca de jóvenes, que desaparecían misteriosamente dentro del castillo y que nunca volvían a salir.

Los cuerpos sin vida eran sepultados en las inmediaciones del castillo, hasta que finalmente, sea por pereza o descuido, tan sólo los arrojaban al campo para que las alimañas acabasen con ellos.

Algunos aldeanos no las tenían todas consigo por los gritos estremecedores que se oían salir del lugar, y se empezaron a extender rumores por todo el pueblo de que algo raro sucedía en el castillo.

Finalmente estos pueblerinos empiezan a rondar por las inmediaciones, en dónde se encuentran con los restos de más de una docena de cuerpos sin vida. Éstos armaron una revuelta insistiendo que el castillo estaba maldito y era además una residencia de vampiros, quejándose ante el propio soberano.

Atacar a una familia de poder en esa época era algo verdaderamente difícil, y sobre todo si como en este caso, el acusado además de ser una persona distinguida entre la nobleza tenía amigos igual de poderosos por todas partes. Por ese motivo, el emperador comienza por no prestar atención a las quejas de su pueblo, pero finalmente envía una tropa de soldados que irrumpen en el castillo en 1610.


En base a las ruinas que quedaron, los expertos piensan que así (imagen superior) lucía el castillo de la perversa condesa

Al entrar, los soldados encuentran en el gran salón del castillo un cuerpo pálido y desangrado de mujer en el suelo, otro aún con vida pero terriblemente torturada, que había sido pinchada con un objeto para extraerle la sangre, y una última ya muerta tras ser salvajemente azotada, desangrada y parcialmente quemada. En los alrededores del castillo, desentierran además otros cincuenta cadáveres.

En los calabozos, se encuentran a gran cantidad de niñas, jóvenes y mujeres aún en vida a pesar que algunos de ellos tenían señales de haber sido sangrados en numerosas ocasiones. Una vez éstos liberados, sorprenden a la Condesa y a algunos de sus brujos en una de las habitaciones del castillo en medio de uno de estos sangrientos rituales. Rápidamente son detenidos y conducidos a la prisión más cercana.

Los crímenes sádicos de Báthory habían durado aproximadamente diez años.

En el juicio, sobraban pruebas para condenar a Elizabeth Báthory culpable de los múltiples crímenes cometidos, pues no sólo se habían encontrado ochenta cadáveres sino que los guardias estaban de testigos para declarar que la habían visto matar con sus propios ojos.

Ésta confesaría haber asesinado junto con sus hechiceros y verdugos, a más de 600 jóvenes y haberse bañado en “ese fluido cálido y viscoso” afín de conservar su “hermosura y lozanía”.

Le seducía el olor de la muerte, la tortura y las orgías lesbianas. Decía que todo lo mencionado poseía un “siniestro perfume”. Sus cómplices fueron condenados culpables, unos decapitados y otros quemados en la hoguera.


Bathory fue condenada a morir emparedada en su cuarto, donde solo quedaría una ranura para alimentarla. Vivió cuatro años así, hasta que dejó de comer y murió a los 54 años sin emitir palabra alguna desde que la encerraron…

Báthory, aún contando con el privilegio de pertenecer a la nobleza y ser amiga personal del rey Húngaro, fue condenada por éste mismo a una muerte lenta: la emparedaron en el dormitorio de su castillo, dejándole una pequeña ranura por la cual le daban algunos desperdicios como comida y un poco de agua. Murió a los cuatro años de permanecer en esa tumba, sin intentar comunicarse con nadie ni pronunciar la mínima palabra. Fue una especie de suicidio, de repente dejó de tocar alimento alguno y falleció en 1614 cuando contaba con 54 años.

Resulta curioso señalar un paralelismo entre esta mujer y otro vampiro histórico muy conocido: Gilles de Rais, pues aunque éste cometió sus crímenes dos siglos antes, procedían de manera muy similar: ambos pertenecían a la alta nobleza. Él era homosexual y ella lesbiana (de ahí que sus víctimas fuesen principalmente mujeres), y lo más sorprendente e inquietante es que tanto los sirvientes de uno como de otro participaban en los macabros baños de sangre.

NOTA: Pili Abeijon es el autor del texto