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viernes, 10 de enero de 2014

Edmund Emil Kemper – El Gigante Asesino




Con sus 2’05 metros de altura y 135 kg era apodado “El Gigante Asesino”, una infacia difícil y una temprana afición de matar a sus gatos le convirtieron en un despiadado asesino que no dudó en asesinar a su propia madre.
Un niño sádico


Criado por una madre terrible que lo encerraba en el sótano, Edmund (arriba) se vuelve muy tímido y se aísla más y más. Sueña con vengarse e imagina juegos mórbidos en los cuales tienen un papel esencial la muerte y la mutilación.

Edmund Emil Kemper nació el 18 de diciembre de 1948 en California. Como la mayoría de los asesinos recurrentes, se crió en el seno de una familia conflictiva cuyos padres reñían constantemente y que con el tiempo terminarían divorciándose.

Criado por una madre terrible, que no vacilaba en encerrarlo en el sótano de su casa, Edmund Kemper se vuelve muy tímido y se aísla más y más. Sueña con vengarse e imagina juegos mórbidos en los cuales tienen un papel esencial la muerte y la mutilación.

Una de sus grandes y enfermizas fantasías infantiles era la de poder convertir a las personas en muñecos (cosa que, en cierta forma, haría al crecer…), fantasía que estaba ligada a esa tendencia de unir sexo y muerte, tendencia que siempre manifestó como, por ejemplo, en aquella ocasión en que él y su hermana menor Susan hablaban sobre el secreto amor de Kemper por su profesora de escuela primaria. Su hermana, ligeramente sorprendida al escuchar algo que en realidad era más o menos común, le preguntó al pequeño Kemper que por qué no se atrevía a besar a su maestra. La respuesta la dejó atónita: “No puedo. Tendría que matarla primero”. Años después, Kemper contaría que en cierta noche llegó tomó una bayoneta de su padrastro y se quedó parado mirando a la casa de su maestra; según dijo, “imaginando que la mataba y me la llevaba para hacer el amor con ella”.


Su primera víctima es el gato de la familia. Le entierra vivo y le corta la cabeza, la cual lleva orgulloso a casa, donde la exhibe en su cuarto como un trofeo.

Pero nadie tomaba en serio sus fantasías morbosas, ni siquiera cuando a los ocho años jugó a la silla eléctrica o a la cámara de gas con su hermana, desempeñando él papel de víctima mientras su hermana hacía de verdugo y lo ejecutaba.

Su primera víctima es el gato de la familia. Le entierra vivo y le corta la cabeza, la cual lleva orgulloso a casa, donde la exhibe en su cuarto como un trofeo.

Es incapaz de expresar cualquier sentimiento de afecto y sus compañeros evitan su presencia, pues les asusta la manera en la que Kemper les mira fijamente, sin pronunciar palabra.

A los 13 años mata a su segunda víctima de sus experimentos, otro gato. Mata al animal a machetazos y su madre descubre los restos del animal ocultos en el armario. Le había cortado el cráneo para exponer el cerebro y luego lo apuñaló innumerables veces.
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Nace el asesino

En 1963, su madre lo manda a vivir a la granja de sus abuelos paternos, que viven en un rancho de California. Es allí a los 15 años de edad, cuando dispara contra su abuela con un rifle del calibre 22 y luego la apuñala una y otra vez para desahogar su ira, porque según él, era más estricta y le imponía más castigos que su propia madre. Después le pegó un tiro a su abuelo y dejó el cadáver tendido en el jardín. Tras estos crímenes, llama a su madre desconcertado para informarla. Cuando los policías le interrogan sobre los motivos, responde: “Solo quería saber lo que sentíría matando a mi abuela”.


Con 15 años, Edmund toma un rifle y le dispara a su abuela, luego la apuñala una y otra vez para desahogar su ira, porque según él, era más estricta y le imponía más castigos que su propia madre. Después le pegó un tiro a su abuelo y dejó el cadáver tendido en el jardín. Arriba vemos a los abuelos de Ed (Edmund) cuando eran jóvenes.

Las autoridades lo internaron en un hospital de alta seguridad en Atascadero. En 1969 pese a la oposición de los psiquiatras, lo soltaron cuando tenía 21 años, para ponerlo de nuevo al cuidado de su madre.


En 1969, a sus 21 años, Ed fue soltado del hospital mental de Atascadero (arriba). Poco después, en mayo de 1972, recogió a dos autoestopistas de 18 años, las mató a puñaladas, les sacófotos a los cadáveres, los descuartizó y enterró al día siguiente.

Para aquel entonces ya medía 2,05 metros de estatura y pesaba unos 135 kilos.

El “gigante asesino” no elegía sus víctimas al azar: las somete a un cuestionario escrupuloso, preparando con anterioridad una lista de características físicas y morales de sus futuras víctimas. Es absolutamente necesario que correspondan a la imagen que tiene de las estudiantes que su madre le había prohibido frecuentar.

Así, en mayo de 1972 recogió en su coche a dos autostopistas de 18 años, las llevó a un sitio apartado y allí las mató a puñaladas. Luego, trasladó los cuerpos a casa de su madre, les sacó fotografías con una Polaroid, las descuartizó y les cortó la cabeza, al día siguiente enterró los cadáveres en las montañas cerca de las inmediaciones y arrojó las cabezas a un barranco.


Ed solía violar a sus víctimas una vez muertas. De niño, cuando su hermana le preguntó por qué no besaba a la profesora que le gustaba, Ed lúgubremente respondió: “No puedo, tendría que matarla primero”

En septiembre de 1972, cuatro meses después, mató a otra joven de 15 años de una manera similar, recogiéndola cuando hacía autostop, estrangulándola, violando el cadáver y llevándoselo a casa.

Mientras se entregaba a esta orgía criminal acudió a una de las evaluaciones psiquiátricas a las que debía someterse con regularidad, y fingió tal lucidez que, según los peritos que lo examinaron, ya no representaba una amenaza para sí mismo ni para los demás. Ese día llevaba en el maletero de su coche la cabeza decapitada de su víctima más reciente.

Ed espera otros cuatro meses antes de volver a matar. En febrero de 1973, amenaza a punta de pistola a otra estudiante para que se meta en el maletero, antes de llegar a su casa la ha matado, luego coloca el cadáver encima de su cama y lo viola. Desmiembra el cuerpo en la bañera y arroja los restos al mar, la cabeza la entierra al pie de la ventana del cuarto de su madre.

En febrero de 1973, otras dos chicas caen bajo los golpes del “gigantón de Santa Cruz”. Kemper amontona los cadáveres en el maletero y regresa a casa de su madre, donde cena tranquilamente. Luego baja a decapitar los cuerpos.
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Cerrando con broche de oro su historial de sangre

Finalmente Kemper mata a su madre a martillazos mientras dormía, antes de decapitarla y de violar su cadáver. Más tarde pone la cabeza de su madre sobre la repisa de la chimenea y le lanza flechitas mientras la insulta.

Esa noche telefonea a una amiga de su madre y la invita a cenar. Tan pronto como se sienta la golpea, la estrangula y la decapita.


Finalmente Ed mata a su madre a martillazos mientras dormía, antes de decapitarla y de violar su cadáver. Más tarde pone la cabeza de su madre sobre la repisa de la chimenea y le lanza flechitas mientras la insulta. Esa noche telefonea a una amiga de su madre y la invita a cenar. Tan pronto como se sienta la golpea, la estrangula y la decapita. Arriba, a la derecha, vemos a la madre de Ed.



Tras esto decide entregarse a la Policía. El objetivo principal había desaparecido, dijo más tarde a la Policía intentando explicar su decisión por entregarse. En sus confesiones posteriores reconoce que lo que más deseaba era saborear su propio triunfo sobre la muerte de los demás. Él vencía a la muerte y vivía mientras los demás morían. Esto actuaba sobre él como una droga, empujándolo a querer cada día más gloria en su victoria personal a la muerte. En vida, la muerte siempre estaba con él.

Al preguntarle cómo reaccionaba cuando veía a una muchacha bonita en la calle, contestaba: “Un lado de mí dice “que chavala tan atractiva, me gustaría hablar con ella, salir con ella”, pero otra parte de mí se pregunta cómo quedaría su cabeza pinchada en un palo.”

Edmund Kemper fue declarado culpable de ocho asesinatos en primer grado. Cuando le preguntaron qué castigo pensaba que merecía, contestó que “la muerte por tortura”.


“Yo intentaba herir a la sociedad donde más le doliera, y eso era buscando futuros miembros de la sociedad burguesa: de clase alta o de clase media alta. Se pavoneaban por delante de mis narices porque podían hacer todas las malditas cosas que les vinieran en gana”, dijo Kempes luego de su captura.

Con ocho condenas por asesinato en primer grado, Kemper escapa a la pena de muerte porque acaba de ser abolida en el estado de California, donde más tarde fue restablecida.
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La famosa entrevista

En 1978, Robert Ressler (psicólogo y criminólogo que acuñó el término de “serial killer”), y John Douglas (Jefe de la unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI), que en aquella época estaban haciendo un estudio sobre la psicología del asesino en serie, decidieron interrogar a Kemper en su celda de California, en dónde se encontraba cumpliendo varias condenas de cadena perpetua.

El reo aceptó entusiasmado la entrevista, y tras entregar sus armas y firmar un documento que exime toda responsabilidad a las autoridades carcelarias de lo que pueda pasar en el interior, los dos hombres se encontraron cara a cara con aquel curioso asesino de talla descomunal y tupido bigote.


Robert Ressler, un famoso criminólogo y psicólogo del FBI, le hizo una entrevista a Ed Kemper, en la cual descubrió a unhombre de gran “complejidad intelectual” (tenía 145 de IQ) y a un ser lleno de frustración y resentimiento, sobre todo con su madre, quien lo odiaba desde niño y lo castigaba injustamente.

Su inteligencia era como su talla, sobresaliente. Según los registros de la prisión, su cociente intelectual era de 145.

Allí les comentó que su madre siempre le había odiado, pues desde niño él se parecía a su padre. Cuando cumplió 10 años ya era un gigante para su edad, y como su madre temía que pudiera abusar sexualmente de su hermana, lo hacía dormir en un sótano que no tenía ventanas.

Recluido como un preso y obligado a sentirse culpable y peligroso cuando no había hecho nada malo, se fue obsesionando con la idea de matar. Cuando sus padres se separaron, mató y descuartizó a los dos gatos de la familia, (según los dos investigadores, la crueldad infantil hacia los animales es el rasgo principal de los tres que caracterizan la personalidad del asesino múltiple. Las otras dos son la piromanía y la enuresis o incontinencia urinaria durante el sueño).

Kemper trató una vez de entrar a formar parte de la Policía de Carreteras de California, pero lo rechazaron. También esta característica es común en muchos de estos criminales. Si se tiene en cuenta que la mayoría de ellos son individuos fracasados y resentidos, no es de extrañar que en algún momento se ilusionen con la idea de convertirse en policías, que son los representantes de la autoridad e inspiran respeto.

Kemper les contó que posteriormente frecuentaba los sitios de reunión de los agentes y entablaba conversación con ellos, lo cual no sólo le hacía sentirse integrante del grupo sino que le proporcionaba información reservada sobre el avance de las investigaciones de sus crímenes.

Una inquietante anécdota que los investigadores relataban, es que al final de la tercera entrevista, Robert Ressler aprieta el timbre para llamar a la guardia, llama tres veces en un cuarto de hora. Sin respuesta, Kemper advierte a su entrevistador de que no sirve de nada ponerse nervioso, pues es la hora del relevo y de la comida de los condenados a muerte, y agrega que nadie contestará a la llamada antes de otro cuarto de hora por lo menos: “Y si de repente me vuelvo majareta, vaya problema que tendrías , ¿verdad? Podría desenroscarte la cabeza y ponerla encima de la mesa para darle la bienvenida al guardia…”.


En medio de la entrevista, Ed le dijo a Ressler (arriba, a la derecha): “Y si de repente me vuelvo majareta, vaya problema que tendrías , ¿verdad? Podría desenroscarte la cabeza y ponerla encima de la mesa para darle la bienvenida al guardia…”. Tras eso discutió nerviosamente con Ed hasta que vino un guardia, entonces Ed le guiñó un ojo, le puso la mano en el hombro y le dijo sonriendo: “Ya sabes que sólo bromeaba, ¿no?”

Nada tranquilo, Ressler le contesta que esto no volvería más fácil su estancia en la cárcel. Kemper le responde que tratar así a un agente del FBI provocaría, al contrario, un enorme respeto entre los demás prisioneros. “No te imagines que he venido aquí sin medios de defensa”, le dice Ressler. “Sabes tan bien como yo que está prohibido a los visitantes llevar armas”, responde Kemper, mofándose.

Conocedor de las técnicas de negociación Ressler intenta ganar tiempo. Finalmente, el guardia aparece y abre la puerta, Ressler suspira con alivio. Al salir de la sala de entrevistas, Kemper le dirige un guiño y, poniéndole el brazo sobre el hombro, le dice sonriendo: “Ya sabes que sólo bromeaba, ¿no?”

Henry Lee Lucas y Ottis Toole




Esta pareja de psicópatas se dedicó a sembrar de muerte las carreteras de los EEUU durante años, recogiendo autoestopistas y personas con el coche averiado para asesinarles y violar sus cadáveres…
Henry Lee Lucas

Henry nace en Virginia el 23 de agosto de 1936. Fue un hijo no deseado, su madre (Viola Lucas) prostituta le crió con palizas y continuas humillaciones.


Aún joven (arriba) en 1960, Henry tuvo una disputa con su madre en la que se descontroló, la coció a puñaladas y violó su cadáver

Siendo pequeño vio a su madre prostituirse y golpear a su padre, Anderson Lucas, un alcohólico al que le faltaban las piernas. Soportó que le vistieran como si fuera una niña. Por supuesto se crió desnutrido, sin atención, sin educación ni valores.

Sus primeras experiencias sexuales las mantuvo con animales a los que violaba para luego asesinarlos.

En 1950 los padres tuvieron una discusión que terminó con la marcha del padre. Para cuando lo encontraron al día siguiente estaba muerto y congelado en el bosque. Henry Lee no quiso quedarse a vivir solo con su madre y se marchó también, pero como era joven y no sabía hacer nada se dedicó a robar, lo que le llevó a reformatorios y a la penitenciaría.

En la cárcel tuvo sus primeras experiencias sexuales con hombres y cuando salió de allí, en 1960, en el transcurso de una violenta disputa con su madre, Henry preso de un ataque de ira le propinó diversas puñaladas que acabaron con su vida. Luego violó el cadáver de su propia madre. Le detuvieron y le sentenciaron a prisión y cinco años de reclusión en un centro psiquiátrico. Allí se le diagnosticó una psicopatía con desviaciones sexuales y sadismo.

En 1970 y sin estar curado abandonó la cárcel y se marchó a vivir a casa de su hermana y su cuñado. Estos estaban engañados respecto a su salud. Le creían curado. Henry Lee trató de no llamar demasiado la atención pero mató al perro de la familia, recordeamos que violaba perros y ovejas a las que degollaba durante la violación para aumentar su excitación.

Más adelante se casó con una amiga de su hermana que tenía dos hijas. Ella trabajaba y él solía quedarse en casa con las niñas. Henry Lee violaba a la mayor (9 años) y obligaba a mirar a la menor (8 años).

Un día,sin previo aviso, abandonó a la familia y se fue a recorrer el país.

Estuvo asesinando en solitario hasta que en Miami conoció al que se convertiría en su amante y consejero: Ottis Toole, un psicópata apodado “el caníbal de Jacksonville”.

A Henry Lee Lucas se le relacionó con unos 300 casos más aunque él habló de 900.
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Ottis Toole


Ottis se masturbaba tras incendiar casas abandonadas

Otis Toole padecía cierto grado de retraso mental. Vivió una infancia lúgubre y de abusos, marcada por una abuela satanista y una hermana que le sometió a todo tipo de perversiones sexuales desde que Ottis tenía seis años. A los 7 años ya se vestía de niña. Se libró de su hermana cuando a ésta la metieron en un reformatorio. Entonces se hizo amante de un vecino. Le fascinaba el fuego y se masturbaba después de prender fuego en casas abandonadas. Se convirtió en un adicto sin recuperación a las drogas y el alcohol antes de cumplir los diez años.

Precoz para el vicio y el crimen, con 13 años se ofrecía gratis para hacer felaciones a los borrachos y, con apenas 14 años, ya había cometido su primer asesinato. Llegado a los 25, Ottis ya había cumplido trece condenas.

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Henry Lee y Ottis

Años después Toole se enamoró de Henry Lee Lucas sin saber que ambos tenían la misma perversión necrófila y el asesinato. A Ottis le faltaba la inteligencia que tenía Henry Lee, y a éste le faltaba la fuerza bruta de Ottis. Ambos descuidaban su higiene pero lograban acercarse a las personas por su “simpatía”.


Juntos se dedicaron a asesinar y descuartizar por la autopista I-35 repartiendo luego los trozos por todo el país

Juntos se dedicaron a asesinar y descuartizar por la autopista I-35 repartiendo luego los trozos por todo el país, lo que hizo que la Policía tuviera problemas para encontrar pistas. Henry Lee Lucas violaba y asesinaba preferentemente mujeres usando un cuchillo, y Ottis se dedicaba a los hombres y les disparaba. Ambos violaban a sus víctimas, después las asesinaban y descuartizaban y después las volvían a violar.

Ottis no abandonó su piromanía y juntos quemaron vivo a un anciano en su casa mientras observaban como pedía auxilio asomado a la ventana.

Una sobrina de 15 años de Otis (que parecía tener diez años) se unió a la pareja en sus andanzas. Llamaba a las puertas de las casas mostrando su inocente aspecto y, cuando se abrían las puertas, entraban de golpe los tres. Se hizo noviade Henry y los problemas con Ottis comenzaron, porque Henry, que quería comportarse como una persona normal, dejando incluso de asesinar para dedicarse a su novia. Durante un tiempo se dedicaron a cuidar de una anciana, pero Henry no aguantó mucho y decidieron volver a la carretera. Tras vivir en otro pueblo la joven pidió a Henry que le llevara a ver a su familia a Florida. Esto no gustó a Henry pero aún así aceptó. Hicieron auto-stop y surgió una discusión que terminó con la jovencita asesinada con el famoso cuchillo de Henry, directo al corazón. Una vez muerta la violó. Más adelante diría que aquel fue el mejor polvo con su chica. Después volvió a visitar a la anciana que la chica y él estuvieron cuidando sólo para asesinarla, pero esta vez había pistas tras él.


Sobrina de 15 años de Ottis

Al final fue detenido y terminó confesando no sólo sus dos últimos crímenes sino tantos otros de los que ni siquiera era sospechoso.

Con Henry Lee caía también Ottis, que fue detenido y hasta confesó haber compartido algunos de los crímenes de su amante. A Ottis le cayó cadena perpetua y murió finalmente en la cárcel, y a Henry, pena de muerte. Esta fue rechazada finalmente en 1988 y Henry siguió vivo en prisión con un cómputo de 11 asesinatos demostrados. De todos modos creen que es responsable de ciento cincuenta y siete asesinatos, de los cuales ciento ocho los cometió en compañía de Ottis.
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¿Secta satánica?


“Teníamos una especie de altar y les rajábamos la garganta, bebíamos la sangre y a veces cocíamos los cadáveres” (Ottis Toole)

Además de la crueldad de sus crímenes, los dos personajes confiesan otro hecho muy inquietante: Ottis asegura tener relación con una secta satánica, para la cual los dos asesinos secuestrarían niños, con los cuales se llevarían a cabo sacrificios rituales, pornografía dura e incluso películas snuff, en las cuales se tortura a la víctima y se la mata lentamente mientras una cámara graba las escenas en un plano fijo.

Según unas declaraciones de Toole: “Hubo una época en que ganábamos dinero vendiendo niños a México, que empleaban para películas porno… otros los vendían directamente a gente rica… teníamos una especie de altar y les rajábamos la garganta, bebíamos la sangre y a veces cocíamos los cadáveres… a veces los nuevos miembros cortaban los cuerpos antes de follárselos… y después follaban a los animales y los mataban… y después había una gran fiesta durante la cual comíamos a alguien y a los animales…”

Esta cuestión presenta gran cantidad de dudas, pues la Policía nunca pudo probar la existencia de este grupo de satanistas como estructura organizada.

Ted Bundy




Bajo su aspecto tímido, su gran simpatía y su capacidad para dar confianza a los demás, se escondía un peligroso asesino y violador de mujeres y niñas, capaz de cometer atroces crímenes sin mostrar compasión alguna.
Ted Bundy, un asesino de mujeres

“Un hombre guapo, elegante, romántico, tierno, encantador…” Así lo definían sus amigos, sus novias y los que lo conocían, posiblemente lo contrario que pensasen las jóvenes que asesinó.


Ted de niño (arriba). Más tarde, de adolescente, disfrutaría mutilando animales

Nació en 1946, hijo de una joven chica soltera que provenía de una familia puritana. Es rechazado por ella durante los primeros años de su vida por ser hijo ilegítimo. Ella (la madre de Ted) trata de disimular a su hijo, que es considerado como una vergüenza para la familia, tratándolo como si fuese su hermano. Bundy se crió en casa de su abuelo, un hombre violento que pegaba a su mujer.

Las secuelas de estos rechazos en la infancia, serían visibles en la adolescencia, a través de su carácter sumamente tímido e infantil y de su tendencia a la soledad. Comienza a aislarse de sus compañeros de juego y adopta un cruel y extraño comportamiento hacia cuanto le rodea, por ejemplo, mutilando los animales que atrapa.

Más tarde cursa estudios de Derecho y colabora en algún partido político trabajando activamente en las campañas. Pero en esa etapa de su vida, decepcionado por una sociedad en la que no encaja, comienza su etapa como asesino en serie.


Durante su etapa como estudiante de Derecho, Ted Bundy, decepcionado de una sociedad en la que no encaja, inicia su vida de asesino en serie.

El primero de sus crímenes tendría lugar en Washington en 1974, cuando ataca a una mujer mientras dormía golpeándola con una barra de hierro. Apenas un mes más tarde asesina a una joven en el mismo campus universitario, llevándose el cuerpo lejos de allí una vez muerta ésta, pero dejando la habitación llena de sangre.

En todos sus crímenes adoptaba un mismo ritual: seguía a la joven víctima por las calles, luego la estrangulaba y la golpeaba en su propia casa. A veces la secuestraba para llevarla a un lugar más seguro. Una vez muerta la sodomizaba con el miembro o con el objeto que tenía más a mano mientras mordía su cuerpo.

Bundy podría considerarse un ejemplo claro de lo que sería un asesino en serie psicópata. No sólo por haber sufrido una infancia traumática, sino porque además su aspecto inspiraba siempre confianza a las víctimas. Si bien al principio cometía sus crímenes por la noche guardándose de un posible testigo que pudiese identificarlo ante un tribunal, poco a poco se iría confiando y abordaría a las futuras víctimas por el día.

Apoyado en su atractivo y su carismática personalidad, se paseaba por los supermercados pidiendo ayuda a mujeres jóvenes para conducir su coche Wolkswagen, fingiendo que tenía un brazo roto y sin que éstas sospechasen lo más mínimo que hablaban con su futuro asesino.


Usando su carisma y atractivo, se paseaba por los supermercados pidiendo ayuda a chicas para conducir su coche, fingiendo que tenía un brazo roto. Ellas no sospechaban que hablaban con su futuro asesino…

Tras sus primeros crímenes, Bundy comienza a viajar por una buena parte del país: Washington, Utah, Colorado y Florida, dejando a su paso una serie de crímenes y secuestros.

Es arrestado una primera vez el 16 de agosto de 1974 en Utah tras ser identificado por una mujer que meses antes había intentado secuestrar. Se le condena a cumplir una pena de prisión en Colorado, pero logra escaparse antes de ser encerrado y desaparece durante más de dos meses. Dos meses que le servirían para seguir cometiendo espeluznantes crímenes, esta vez tres jóvenes entre las cuales una tan sólo contaba con 12 años.

Es nuevamente detenido en Florida. En el juicio, él mismo se defendería en tanto que abogado, apoyado por un grupo de jóvenes “fans” que reclamaban su inocencia ante las puertas del Juzgado. A pesar de todo, la prueba irrefutable que lo culpó, la aportaría un odontólogo forense, tras comparar las marcas de unos mordiscos en uno de los cadáveres con los dientes de Bundy. Evidentemente ambos moldes coincidían. Después de seis horas de deliberación, el jurado lo condenaría al corredor de la muerte por 14 homicidios de primer grado…

Tenía una fijación especial por asesinar a mujeres jóvenes de pelo oscuro y largo, que le recordaban a su ex novia, la cual lo había rechazado unos años atrás. Pero las jóvenes víctimas vendrían a representar del mismo modo a su madre, por haberlo abandonado de pequeño. El asesino confesaría personalmente a los psiquiatras: “Toda la rabia que he estado desahogando con las mujeres que maté, estaba dirigida contra mi madre”.



Podríamos considerarle como una mezcla entre asesino organizado y desorganizado. Tanto podía mostrarse con una personalidad muy inmadura, dejar indicios en el lugar del crimen, o por lo contrario prepararlo cuidadosamente, seleccionar a las víctimas y dejar pocas huellas.

Él mismo se consideraba un adicto al crimen, y aunque aseguraba que podría dejar de matar en cuanto se lo propusiese, no dejó de hacerlo hasta su detención. Aseguraba no haber matado a 14 mujeres, confesó haber asesinado y violado a 28 mujeres en los años 70.

Los múltiples test psiquiátricos realizados evaluarían una personalidad propia de esquizofrénico: Cambios de humor muy repentinos, impulsivo, sin emociones, afán de protagonismo, ataques de histeria, doble personalidad, inestabilidad emocional, rechazo a la sociedad, ansiedad, depresión, complejo de inferioridad, inmadurez, mentiras que termina por creerse él mismo, obsesivo, egocéntrico, falsa realidad adaptada por él mismo, manía persecutoria…



Ted Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica nueve años después de su sentencia, el 24 de enero de 1989, tras haber sido culpado por haber asesinado a 14 jóvenes.

miércoles, 8 de enero de 2014

Tsutomu Miyazaki – El Asesino Otaku



Este asesinó japonés nació con una deformidad en las manos que lo acomplejó e hizo ser marginado, además de que tenía un miembro anormalmente pequeño, por lo que evitaba a las mujeres. Refugiado en el anime, los cómics y la pornografía, su único vínculo cálido era su abuelo, por lo que al morir éste, él se convirtió en asesino necrófilo de niñas…

La vida de Tsutomu Miyazaki comenzó en Itsukaichi, Tokio, un fatídico 21 de agosto de 1962, día en que éste nació prematuramente. Pesaba apenas 2,2 kg, y las articulaciones de sus manos estaban fusionadas del tal forma que le era imposible doblar las muñecas hacia arriba. Aquello marcó su vida. Cuando tenía cinco años, un compañero de clase se burlaba con frecuencia de sus “manos divertidas.” Debido al complejo que desarrolló con respecto a sus manos, siempre evitaba mostrarlas en las fotos familiares.


Tsutomu en la escuela secundaria

Desde el momento en que llegó a la escuela primaria Itsukaichi, Miyazaki fue en cierto modo invisible, por lo que sus compañeros y profesores lo recuerdan como un niño tranquilo, solitario e incapaz de hacer amigos. Pero Tsutomu, al igual que otros niños, tenía sueños para su futuro, tal y como muestra en estas palabras de un ensayo escrito en tercer grado: ‹‹Cuando sea grande, quiero comprar un coche e ir conduciendo. Me detendré en unrestaurante y comeré un poco de curry, arroz o algo. Incluso podría visitar a mis parientes››. Sin embargo, lo cierto es que muchas veces terminaba culpando a sus manos deformes por no conseguir sus metas. Se sentía frustrado, y su refugio eran las historietas y el manga, que leía avidamente hasta altas horas de la noche.

Por otra parte, Tsutomu era definitivamente un niño inteligente. Encerrado en su propio mundo, estudió duro y llegó a alcanzar la mayor puntuación entre los estudiantes que dieron el examen de ingreso para entrar en la Meidai Nakano High School. Cada día, por tres años, Tsutomu dedicó dos horas al estudio, consiguiendo siempre altas calificaciones. No obstante, posteriormente empezó a desmotivarse por los estudios y, en lugar de unirse a los grupos de estudios, se retiraba a dibujar cómics en un rincón apartado.

En cuanto a la universidad, inicialmente Tsutomu planeaba, sobre todo en base a su alto rendimiento en Inglés, ingresar a la Universidad de Meiji, afiliada a su colegio; sin embargo, tras su desmotivación académica acabó en el rango 40 de los 56 estudiantes de su aula, cosa que le impidió entrar en la Universidad de Meiji, pero él no se dio por vencido y se puso a estudiar Fotografía Técnica en una universidad local, graduándose en 1983, para posteriormente ingresar a trabajar en una imprenta que pertenecía a un conocido de su padre.


Tsutomu estudió Fotografía Técnica y, tras ahorrar dinero en su trabajo inicial, fue a vivir con su familia, en un apartamento junto a lacasa principal, con una hermana

Después trabajar algunos años en la imprenta y ahorrar más de 3 millones de yenes, Tsutomu se trasladó de nuevo a la casa familiar, donde compartió con su hermana mayor una habitación doble anexada a la casa principal, cerca de los negocios de impresión de su padre. Adicionalmente Katsumi Miyazaki, padre de Tsutomu, poseía el _Akikawa Shimbun_, un importante periódico local en el área de Itsukaichi, la zona más interior de Tokio, donde la familia Miyazaki gozaba de una significativa influencia política.

Pese al status de la familia de Tsutomu, ésta tuvo poca influencia sobre él, quizá por lo distante que se mostraba pues, por ejemplo, su padre y su madre eran dos adictos al trabajo, y eso conllevaba una falta de contacto que intentaban compensar con cosas materiales como el sedánNissan Langley que le regalaron, y que usó para sus crímenes… “Si hubiese tratado de hablar con mis padres acerca de mis problemas, ellos me habrían ignorado”, diría Tsutomu tras su captura, agregando que incluso llegó a “pensar en el suicidio”.

Setsuko y Haruko, las dos hermanas menores de Tsutomu, lo encontraban repulsivo… Únicamente su abuelo Shokichi, hombre reconocido que había servido en el consejo de la ciudad, se mostró interesado en él.

Paralelamente, Tsutomu evitaba el contacto con las mujeres de su edad, no solo por el complejo de sus manos deformes sino por una especie de sentimiento de inferioridad sexual; y es que, según contó sobre él uno de sus compañeros de secundaria: “Su pene no era más grueso que un lápiz ni más largo que un palillo de dientes”. Pese a dicha falencia, Tsutomu presentaba un apetito sexual más elevado que el promedio, al punto de que en la universidad solía aprovechar los partidos de tenis para fotografiar o filmar la entrepierna de las jugadoras… Como era de imaginarse, su vida sexual era un asunto puramente onanista, aunque terminó en el sendero de la parafilia porque, cansado de la pornografía normal, en 1984 empezó a consumir pornografía infantil. Se volvió pedófilo, tal y como suele sucederle a quienes sufren sentimientos de inferioridad sexual.

“Cuando era niño, él no hizo amigos cercanos, por lo que no consiguió información sobre el sexo en el mundo real. En cambio, se volvió hacia los vídeos, los cómics, y la pornografía.”, dijo sobre Tsutomu el Dr. Oda.

¿Cómo pues, los vicios antinaturales que tenía Miyazaki lo llevaron a matar? Según el profesor Ishii de la Universidad Aoyama Gakuin, “la gente crece en ambientes similares pero nunca se convierte en asesina”

El detonante de los asesinatos parece haber sido la muerte del abuelo de Tsutomu en mayo de 1988, tres meses antes del primer asesinato. Su abuelo era el único vínculo humano cálido que tenía Tsutomu en su vida adulta, y su muerte marcó una ruptura con la sociedad, significando un episodio tan doloroso en su vida que, tras la cremación de su abuelo, ingirió parte de sus cenizas para encarnarlo en alguna forma…

La muerte del abuelo también alejó a Tsutomu de su familia, con la que ya venía mostrándose agresivo. Por ejemplo, una vez su hermana más joven lo pilló espiándola mientras se bañaba, e indignada le gritó, pero él montó en cólera, entró al baño, la agarró de los pelos y le golpeó la cabeza contra la bañera, golpeando después a su propia madre cuando ésta, tras enterarse, le dijo que debía pasar más tiempo trabajando y menos tiempo con sus vídeos…

En el fondo Tsutomu se sentía desamparado, por lo que tras salir a la luz sus crímenes él dijo: “Me sentía solo, y cada vez que veía a una niña jugando sola, era casi como verme a mí mismo.”
La bestia detrás del otaku

Entre 1988 y 1989, Tsutomu mutiló y mató a cuatro niñas, de cuatro a siete años; después abusó sexualmente de sus cadáveres y, con su tercera y cuarta víctima, devoró partes de los cuerpos…

Durante el día, Miyazaki era un hombre tranquilo, y un empleado afable y obediente, pero ese mismo otaku descente y aparentemente inofensivo, fue el monstruo que seleccionó más o menos de forma azarosa a cuatro inocentes niñas, siendo incluso tan cruel que, con el mismo cinismo burlón con que Albert Fish envió una carta a la madre de una de sus víctimas, mandó cartas a las familias de las víctimas, describiendo mórbida y detallosamente lo que hizo en cada caso…

Crónica de los horrores de Miyazaki


Entre 1988 y 1989, Tsutomu mutiló y mató a cuatro niñas, de cuatro a siete años; después abusó sexualmente de sus cadáveres y, con su tercera y cuarta víctima, devoró partes de los cuerpos…

Poco después de las 3 pm del 22 de agosto de 1988, la pequeña Mary Konno de cuatro años de edad, salió de su casa ubicada en el complejo de apartamentos Iruma, en Saitama. Ella supuestamente iba a jugar con una amiga, pero ya eran las 6:23 pm y no regresaba, por lo que su padre, el arquitecto Shigeo Konno, llamó a la Policía para notificar su desaparición, sin saber que, mientras alguien atendía su llamada, su hija estaba siendo estrangulada a unos 50 kilómetros, en medio del silencio cómplice de los árboles…

Volviendo en el tiempo, Mary estaba caminando en medio del complejo de apartamentos a inicios de la tarde, cuando de pronto un Nissan Langley se detuvo cerca, el vidrio del conductor se bajó y un hombre joven de mirada apacible le preguntó: “¿No te gustaría ir a un lugar más fresco?”. Hacía sol, así que Mary asintió con la cabeza y se sentó junto al desconocido.

En su gran inocencia, Mary jugaba alegremente con los botones de la radio del coche, mientras Tsutomu avanzaba hacia Hachioji, al oeste de Tokio. Justo antes de llegar al puente Musashino, Tsutomu giró a la derecha, en dirección a Itsukaichi.

Había transcurrido una hora cuando Tsutomu se detuvo en un estrecho camino tierroso, en medio de los bosques que rodeaban la central Shintama, un complejo de adusta apariencia, que se alzaba en medio de la vegetación cual si fuera una inmensa y profética lápida.

El hombre y la niña se bajaron del coche y caminaron, hasta donde comenzaba el camino a Komine Pass, por un sendero montañoso rodeado de árboles hinoki y sugi. Las cigarras saltaban por uno y otro lado y el ruido de las palomas se escuchaba en medio de aquel verdor impregnado por un calor sofocante. En este punto cualquier criatura habría corrido o llorado, pero el corazón de Mary era tan blanco como las nubes, y ésta siguió caminando con el monstruo hasta que, tras unos 20 o 30 minutos, ambos se sentaron al borde del desolado sendero.

Mary estaba cansada y algo perturbada, de modo que empezó a sollozar. Tsutomu entró en pánico: ¿qué pasaba si la niña gritaba y alguien venía? Para prevenir eso, mejor era matarla de una vez, así que el monstruo colocó las manos en el cuello de la niñita mientras el rostro de ésta esbozó una mueca de pánico antes de congelarse para siempre… Moría la niña y nacía el asesino de 26 años, quien ahora tomaba el cuerpo inerte de la pequeña, lo desnudaba, lo acariciaba con lascivia, incapaz de sentir remordimiento o pesar alguno… Finalmente tomó las prendas de vestir de la niña, la dejó en posición de reposo y regresó a su coche.

Después de su desaparición, los patrulleros de la Policía advertían con altavoces a los padres sobre el peligro de no mantener vigilados en todo momento a sus hijos pequeños. A pesar de que fue etiquetado oficialmente como un caso de desaparición, desde el principio la Policía inició la investigación como si de un asesinato se tratase.

La búsqueda infructuosa de Mary Konno finalmente disminuyó después de cuatro semanas; pero, apenas transcurridas dos semanas desde el decline de la búsqueda, Tsutomu volvió a cobrarse una vida inocente la tarde del 3 de octubre de 1988, cuando vio a la niña Masami Yoshizawa de siete años caminando al borde de una carretera ubicada en la prefectura de Saitama. Entonces la convenció de subir al coche y se dirigió a las colinas de Komine Pass, donde cometió su primer asesinato. Allí, viendo que no hubiera ningún testigo y en un momento en que la niña estaba desprevenida, el asesino le apretó el cuello, la desnudó una vez muerta y abusó sexualmente del cadáver; sin embargo, se llevó un gran susto al ver que el cuerpecito de la niña, aparentemente inerte, se estremeció súbitamente. En ese momento no pudo seguir, y aterrado corrió al coche y se marchó antes de que el sol cayese, dejando el cadáver de Masami a una distancia aproximada de apenas 100 metros del cadáver de Mary.

Tras reportarse la desaparición, grupos de búsqueda locales se repartieron por toda la zona, y pronto la cara de Masami apareció en cientos de carteles emitidos por la Policía, que terminaría entrevistando a unos 2.300 residentes locales. Otra vez más, no se encontraron pistas sobre el paradero de la víctima.

El 12 de diciembre, el asesinato de una niña de cuatro años de edad, originaria de Kawagoe, haría la diferencia y pondría a Tsutomu en peligro de ser capturado, en gran parte porque el cadáver aparecería poco después del asesinato, y eso desataría una enorme cacería policial bajo la sospecha de que también Mary y Misami habían caído por la misma causa: un asesino serial de niños…

Y es que Tsutomu nunca había mostrado mucho aprecio por la vida: ya antes, había estrangulado un perrito con alambre, lanzado al río un gato y hervido en agua a otro… Como explicó el Dr. Oda, su inmersión en el insano mundo de cierto tipo de vídeos, le había “quitado la conciencia de la realidad”, de modo que “todo se convirtió en un elemento para él, incluyendo a las personas”, por lo que a fin de cuentas, “las niñas que mató no eran más que personajes del libro de comics de su propia vida”…

El caso del 12 de diciembre antes aludido era el de Erika Namba, quien regresaba de la casa de un amigo cuando el asesino la metió en su coche y, sin hacer caso de sus lágrimas, condujo hasta el área de aparcamiento de la Casa de la Joven Naturaleza, en Naguri. Allí, Tsutomu obligó a Erika a desnudarse en el asiento trasero, y empezó a fotografiarla con luz estroboscópica, hasta que otro coche pasó cerca, iluminando momentáneamente el rostro de Tsutomu y haciendo que Erika solloce de nuevo, cosa que encolerizó al asesino, el cual la estranguló, quitándole la vida a eso de las 7 pm.

Tras matarla, el asesino envolvió cuidadosamente el cadáver en una sábana y lo puso en el baúl del coche, se deshizo de la ropa de la víctima dejándola en el bosque cerca de la zona de estacionamiento, y dejó el cadáver con las manos y los pies atados, a unos 50 km de la casa en donde alguna vez fue una niña alegre y llena de vida…


Portada de una película japonesa inspirada en el asesino, que llegó a causar gran revuelo social y mediático, no solo por los asesinatos sino porque, entre otras cosas, envió cartas a las familias de las víctimas, y a una familia hasta le mandó los restos carbonizados de la niña junto a una foto…

Al día siguiente el cadáver de Erika fue encontrado y quinientos policías antidisturbios exploraron el bosque en busca de más pistas, pero no encontraron nada. Sin embargo ya estaba claro que todas las chicas eran de la Prefectura de Saitama y todos los cadáveres estaban cercanos entre sí, por lo cual, como dijo un periodista, “tan pronto como encontraron el cuerpo de la tercera chica, empezaron a tratar el asunto como un caso de asesinato en serie”.

Las anteriores no eran las únicas pistas raras, ya que la Policía encontró que las familias de las víctimas tenían algo en común: todas habían sido molestadas por llamadas telefónicas inusuales, en que el teléfono sonaba pero la persona al otro lado de la línea no decía nada, siendo capaz de timbrar por unos 20 minutos hasta que se le contestase, solo para comunicar ese incómodo silencio. Así mismo, tanto los Namba como los Konno habían recibido tarjetas postales con alusiones a sus niñas muertas…

Debido a la histeria popular desatada tras la muerte de Erika, Tsutomu no volvió a matar hasta el siguiente verano, pero antes cometió algunas atrocidades.

Así, el 6 de febrero el padre de Mary encontró una caja con restos humanos calcinados, 10 dientes de leche, pantaloncitos de niña, sandalias y una prenda infantil de ropa interior, además de una hoja de papel con estas palabras: “Mary. Huesos. Cremación. Investigar. Probar”

El siniestro envío desató una serie de investigaciones, alboroto social y alarma mediática, pero en ese marco de acontecimientos se dudaba de que los restos fueran de Mary, por lo que el asesino, en un gesto desmedido de megalomanía criminal, envió una confesión escrita de 3 páginas el 11 de febrero. Junto a la carta de 3 páginas, adjuntaba una foto de la víctima y, entre otras cosas, escribía lo siguiente: ‹‹Puse la caja de cartón con los restos de Mary delante de su casa. Hice todo. Desde el inicio del incidente Mari hasta el final. Vi la conferencia de prensa de la Policía, donde dijeron que los restos no eran Mary. Ante las cámaras, su madre dijo que el informe le dio nuevas esperanzas de que Mary aún podría estar viva. Supe entonces que tenía que escribir esta confesión para que la madre de Mary no siguiera esperando en vano. Lo repito: los restos son de Mary››. La carta estaba firmada por un tal “Yoko Imada”, nombre evidentemente ficticio que había sido elegido porque hacía juego de palabras con “ahora te diré” en japonés.

La confesión causó gran alboroto. Peritos en caligrafía examinaron la nota de confesión, pero no pudieron establecer el sexo del autor. Más de medio millón de folletos que citaban la confesión, fueron entregados por la Policía en hogares de las zonas donde vivieron las víctimas.

La Policía posteriormente identificó que la cámara con que se tomó la foto adjuntada a la confesión era una Mamiya 6×7, y que el tipo de letra de las postales estaba hecha con fotocomposición.

El 11 de marzo de 1989 se efectuó el funeral de Mary con los restos devueltos por el asesino; pero, cuando los Konno volvían del funeral, encontraron otra carta del tal Yuko Imada, en la que notificaba, a manera de una especie de crónica forense, los cambios que fue sufriendo el cadáver de Mary…

Pero… ¿Por qué Tsutomu hacía todas esas cosas? ¿Quería llamar la atención y vengarse? ¿Acaso había un sentido social en todo eso? Según el profesor Akira Ishii:

“Nada de eso tenía un significado social, para él era como jugar a un videojuego, además del punto de causar sensación. No estaba tratando de obtener el reconocimiento de la sociedad. Tenía una sociedad en su mente, de la cual él era el núcleo”

En el verano de 1989, la inquietud de Tsutomu había crecido y él trabajaba menos y pasaba más tiempo editando sus cintas de vídeo. En el primer día de junio, vio a las niñas jugando cerca de la Escuela Primaria Akishima, y ​​convenció a una de ellas para fotografiarle las bragas. Cuando empezó a fotografiarla, algunos vecinos lo vieron y lo persiguieron. Él escapó, pero cinco días después volvería con mucha más fuerza.

El 6 de junio, en un parque de Ariake cerca de la bahía de Tokio, Tsutomu se encontró con la niña Ayako Nomoto de cinco años. La niña jugaba sola, y el monstruo se acercó y la convenció de dejarse fotografiar, a lo que ella accedió tomándole muchas fotos de forma tal que ella se acostumbrase, se divirtiese y cogiese confianza. Entonces finalmente le dijo para tomarle más fotos en el interior de su coche, y la inocente niña aceptó.

El asesino estacionó el coche a unos 800 metros y le entregó a la niña un palo de goma, pero ésta, al ver las manos deformes de Tsutomu, lanzó un comentario que al asesino le pareció ofensivo… Lleno de ira, Tsutomu se puso unos guantes de vinilo, exclamó “¡esto es lo que sucede con los niños que dicen cosas así!”, gruñó, la agarró por el cuello, la estranguló y, habiéndola matado, pateó y pateó el cadáver por unos cuatro o cinco minutos, tras los cuales se calmó y envolvió el cuerpecito inerte en una sábana, poniéndolo después en el maletero del coche.

Esta vez, el enfermo no se deshizo del cadáver sino que fue, alquiló una cámara y se llevó el cuerpo a su apartamento, donde esperó dos horas, lo puso en una mesa, lo abrió de piernas para destacar la vagina, y comenzó a tomar fotografías y a filmar mientras se masturbaba. Posteriormente y tras saciarse, ató las manos y pies del cadáver con nylon

Esta vez, tomó el cuerpo a casa, con parada en una tienda de video en Koenji alquilar una cámara. La casa estaba a oscuras cuando se estacionó al lado del bungalow de dos habitaciones. Esperó dos horas, luego llevó el pequeño cadáver en el interior, donde se quitó la ropa y se limpió con una toalla. Él la puso sobre la mesa baja _kotatsu_, extendió las piernas y se pega la vagina aparte. A continuación, tomó fotografías y vídeos mientras se masturbaba.

Dos días más tarde, el olor del cadáver se hizo insoportable. Tsutomu sabía que debía deshacerse del cadáver, así que le cortó la cabeza, las manos y los pies, dejando el torso en un baño público del cementerio de Hanno, tostando las manos y comiendo un poco de éstas en su patio trasero, y arrojando todo el resto en una colina del bosque de Mitakeyama, a unos 230 metros de su casa.

No obstante lo último tampoco resultaba seguro ya que la Policía podía encontrar los restos fácilmente, por lo que, unas dos semanas después del crimen, fue a la colina, rescató los restos, los metió en una bolsa que guardó detrás de su habitación, y finalmente esparció esos restos por el bosque, quemando el pelo del cadáver, la ropa, las sábanas usadas para envolverlo anteriormente y la bolsa de plástico.

Cinco días más tarde, después que la Policía había distribuido 10.000 folletos con la descripción y la fotografía de Ayako Nomoto, el torso mutilado de la niña fue encontrado en el cementerio e identificado como perteneciente a ella tras los exámenes forenses.


Tsutomu asistiendo a la Policía en la revisión de la escena del crimen, en el año 1989.

Con toda la alarma policial y la preocupación social que existía en torno al problema, Tsunomo debió desistir de sus crímenes, pero ni con eso se abstuvo de volver a la acción el domingo 23 de julio de 1989. En ese día, Tsutomu vio a dos hermanas que jugaban cerca de un lavado público en Hachioji, tras lo cual detuvo su coche y se bajó. “Quédate aquí”, dijo la niña mayor a la menor cerca de un río, tras lo cual salió corriendo a casa de su padre, quien inmediatamente corrió hacia el lugar de los hechos solo para encontrar a su hija menor desnuda junto a un desconocido que le fotografiaba la vagina… Furioso, el padre de la niña agarró a Tsutomu y lo tiró al suelo, pero éste se apartó y salió corriendo hacia la orilla pantanosa del río, sobre la que corrió hasta volver a su coche, pero allí estaban esperándolo algunos policías que lo detuvieron bajo el cargo de “obligar a una menor a cometer actos indecentes”
El fin de Tsutomu Miyazaki


Éste era el cuarto del asesino, en el que habían más de 5000 vídeos, mucho anime, manga, pornografía y fotos de víctimas…

Tras capturarlo, la Policía creía haber encontrado por fin a su asesino en serie.

Diecisiete días más tarde, Miyazaki confesó haber asesinado a Ayako Nomoto, cuyo cráneo fue hallado al día siguiente en las colinas de Okutama. También confesó el asesinato de Erika Namba y el de Mari Konno, de los cuales los videoclips fueron encontrados entre las 6.000 cintas en la habitación de Miyazaki. Posteriormente, el 6 de septiembre se encontraron los restos de Masami Yoshizawa en los bosques cerca Komine Pass, en Itsukaichi.

En 1989, Tsutomu Miyazaki fue declarado culpable de lo que se conoció como “Los crímenes del Otaku”

Después de la condena de su hijo, el padre de Tsutomu, que se había negado a pagar la defensa legal de su hijo por razones morales, no toleró el deshonor y, como es relativamente habitual entre los japoneses que experimentan el oprobio público, se suicidó.

Durante la década de 1990, Tsutomu permaneció encarcelado mientras se lo sometía a una serie de evaluaciones psiquiátricas, concluyéndose, en 1997, por parte de un equipo de psiquiatras de la Universidad de Tokio, que Miyazaki, a pesar de que sufría de trastorno de personalidad múltiple y esquizofrenia extrema, aún era consciente de la gravedad moral y de las consecuencias humanas de sus crímenes, y por ende era responsable de ellos.

Poco después se lo condenó a muerte en la horca. Sin embargo estuvo en el corredor de la muerte por muchos años, intentando reducir su condena a cadena perpetua, además de que solicitó que, si lo matan, le apliquen inyección letal y no ahorcamiento, pena a la cual temía profundamente. En cuanto a su vida en prisión, siguió siendo la misma que antes: leyó mangas, cómics, y vio series y películas de anime, en la pequeña tv donde esperó la condena inapelable de la muerte, ratificada por la Corte Suprema de Justicia el 17 de enero del 2006, y aplicada en junio del 2008, mes en el cual un martes, junto a dos criminales más, Miyazaki fue ahorcado, ya que la Corte Suprema de Justicia consideró, en base a los análisis psiquiátricos, que el asesino no tenía ningún trastorno mental cuya naturaleza lo pudiese librar de responsabilidad penal.